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[Sistema esquelético]
Laurasiatheria constituye una de las grandes radiaciones
de mamíferos placentarios y reúne animales tan diferentes como
musarañas, erizos, topos, murciélagos, pangolines, carnívoros, caballos,
rinocerontes, tapires, hipopótamos, rumiantes, cerdos y cetáceos. Esta relación
resulta difícil de reconocer observando únicamente sus esqueletos, porque
millones de años de adaptación ecológica han transformado profundamente
sus cráneos. Los estudios moleculares identificaron este clado y posteriormente
numerosos análisis filogenómicos confirmaron su existencia. Entre sus
principales ramas vivientes se encuentran Eulipotyphla, Chiroptera,
Carnivora, Pholidota, Perissodactyla y Cetartiodactyla, aunque las
relaciones exactas entre algunas ramas profundas han sido difíciles de resolver
debido a una diversificación evolutiva muy rápida ocurrida cerca del
origen de los principales linajes placentarios (Zhou et al., 2012). PubMed Central (PMC)
Esta enorme
variedad proporciona un excelente ejemplo de evolución craneal modular.
Todos conservan los fundamentos del cráneo placentario: una mandíbula
constituida esencialmente por el dentario, articulación dentario–escamoso,
tres huesecillos en el oído medio, paladar secundario y una caja
craneana que protege un encéfalo relativamente grande. Sin embargo, rostro,
dentición, musculatura, cavidad nasal, oído y región cerebral pueden
modificarse parcialmente de manera independiente. Por ello, un murciélago puede
transformar radicalmente su nariz para la ecolocalización, un lobo
reforzar las estructuras de mordida y una ballena desplazar las aberturas
nasales hacia la parte superior del cráneo sin abandonar el mismo plan
anatómico mamaliano.

Figura
1. [Laurasiatheria]
es un gran linaje de mamíferos placentarios originado durante el
Cretácico. Incluye Eulipotyphla, Chiroptera, Carnivora, Pholidota,
Perissodactyla y Cetartiodactyla. Su rápida diversificación temprana
produjo formas voladoras, acuáticas, depredadoras y herbívoras. La convergencia
dificulta reconstruir algunas relaciones, pero datos genómicos y fósiles
confirman una profunda radiación adaptativa previa y posterior al límite
K–Pg.
Eulipotyphla: pequeños cráneos para explorar, excavar y capturar presas
Los eulipotiflos
incluyen musarañas, erizos, topos y solenodontes. Muchos conservan una
configuración craneal que, superficialmente, recuerda a la esperada para
pequeños mamíferos insectívoros ancestrales: hocico alargado, caja craneana
relativamente pequeña y numerosos dientes puntiagudos. Sin embargo, no son
fósiles vivientes ni reproducciones exactas del antepasado de Laurasiatheria.
Cada familia ha experimentado millones de años de evolución independiente y
presenta especializaciones sensoriales, locomotoras y alimentarias.
Las musarañas
poseen cráneos estrechos y ligeros adecuados para capturar rápidamente insectos,
lombrices y pequeños vertebrados. En algunas especies, las puntas de los
dientes presentan pigmentación rojiza producida por altas concentraciones de
hierro en el esmalte, lo que aumenta la resistencia al desgaste. Los topos, en
cambio, combinan el hocico sensorial con una poderosa especialización
excavadora. En especies como Condylura cristata, el famoso órgano
estrellado situado alrededor de las narinas contiene miles de receptores
táctiles y permite localizar presas con extraordinaria rapidez. El cráneo
participa así en un sistema en el que alimentación, olfato y tacto están
íntimamente integrados.
La aparente
simplicidad craneal de estos animales es, por tanto, engañosa. El rostro
concentra estructuras sensoriales complejas y la dentición puede mostrar
grandes diferencias según la dieta. Esta rama permite comprender que la especialización
evolutiva no siempre produce cráneos grandes o llamativos: modificaciones
microscópicas del esmalte, de los nervios, de las cavidades nasales o de los
músculos pueden ser tan importantes como una enorme cresta ósea.

Figura
2. [Los
topos] son eulipotiflos de la familia Talpidae, adaptados
principalmente a ambientes subterráneos. Presentan extremidades excavadoras,
hocico sensorial y fuerte musculatura, mientras muchas especies consumen
lombrices e insectos. Su éxito evolutivo se relaciona con la explotación de nichos
fosoriales, protección frente a depredadores y estabilidad ambiental. La
vida subterránea evolucionó varias veces mediante convergencia evolutiva.

Figura
3. [El
cráneo del topo común], Talpa europaea, presenta rostro alargado,
caja craneana compacta y dentición puntiaguda, adaptada a capturar
invertebrados. Sus sentidos craneales favorecen la información táctil,
química y auditiva sobre la visión. La combinación de cráneo reforzado,
hocico sensorial y dientes cortantes refleja una profunda especialización
para la vida fosorial y la alimentación depredadora.
Chiroptera: cuando el cráneo participa en la ecolocalización
Los murciélagos
representan una de las mayores radiaciones de mamíferos y su cráneo debe
satisfacer simultáneamente las necesidades de alimentación y percepción
acústica. Los análisis tridimensionales muestran que la forma craneal está
relacionada tanto con la dieta como con el tipo de emisión utilizada durante la
ecolocalización. En muchas especies que producen ultrasonidos por la boca, el
rostro adopta proporciones diferentes de las especies que emiten señales
principalmente por la nariz; en estas últimas pueden aparecer cavidades
nasales y regiones faciales muy especializadas (Arbour et al., 2019). PubMed Central (PMC)
La enorme
diversidad alimentaria de Chiroptera aumentó todavía más esta variabilidad.
Existen especies insectívoras con numerosos dientes agudos, frugívoras con
cráneos robustos capaces de comprimir frutos, nectarívoras con rostros
extremadamente alargados, carnívoras capaces de capturar vertebrados y
hematófagas como Desmodus rotundus, cuya dentición está modificada para
realizar pequeños cortes en la piel. Los filostómidos neotropicales son
particularmente interesantes porque muestran cómo cambios en la duración y
velocidad del crecimiento craneofacial pueden generar nuevas formas mediante heterocronía,
es decir, modificaciones evolutivas en el calendario del desarrollo (Camacho et
al., 2019). Anatomy Publications
El cráneo de los
murciélagos demuestra además que dos estructuras conectadas pueden responder a
presiones diferentes. Estudios comparativos indican que la evolución del cráneo
está fuertemente influida por la ecolocalización, mientras la forma de la mandíbula
responde especialmente a la dieta. Esto constituye otro ejemplo de evolución
modular: distintas partes de una misma cabeza pueden cambiar según
problemas funcionales diferentes. Las adaptaciones sensoriales incluso pueden
reorganizar las relaciones de crecimiento entre regiones craneales y modificar
su capacidad posterior de diversificación (Hedrick et al., 2021). PubMed Central (PMC)

Figura
4. [Los
murciélagos] o quirópteros son mamíferos de “mano alada”,
únicos capaces de vuelo propulsado verdadero. Su linaje se originó hace
más de 50 millones de años. Muchas especies utilizan ecolocalización,
aunque existen dietas insectívoras, frugívoras, nectarívoras y carnívoras. Con
más de 1.400 especies, constituyen una de las mayores radiaciones
adaptativas de Mammalia.

Figura
5. [El
cráneo del murciélago del café], Carollia perspicillata, es corto
y robusto, con dentición adaptada a consumir frutos. Sus caninos
perforan la superficie y los molares ayudan a triturarla. El cráneo también
integra estructuras relacionadas con olfato, audición y ecolocalización.
Esta combinación favorece su éxito como frugívoro y como importante dispersor
de semillas en bosques neotropicales.
Ferae: pangolines y carnívoros proceden de una misma gran rama
Ferae reúne dos grupos actuales que parecen
extraordinariamente diferentes: Carnivora y Pholidota. Los
primeros incluyen felinos, cánidos, osos, hienas, mustélidos, mangostas y
pinnípedos; los segundos corresponden a los pangolines. Su parentesco demuestra
nuevamente que la semejanza externa no constituye por sí sola una medida segura
de cercanía evolutiva.
Los pangolines
poseen un cráneo estrecho y alargado, mandíbulas extremadamente
reducidas y ausencia completa de dientes en las especies vivientes. Su
alimentación basada principalmente en hormigas y termitas favoreció la
evolución de una lengua extraordinariamente larga, mientras la
masticación perdió buena parte de la importancia que conserva en otros
mamíferos. La desaparición de los dientes constituye un caso de especialización
extrema: una estructura fundamental del plan mamaliano puede perderse cuando
otra estrategia permite obtener y procesar alimento eficazmente.
En Carnivora ocurre
casi lo contrario. El aparato masticatorio suele ser una de las regiones
más importantes del cráneo. El arco cigomático proporciona espacio para
músculos como el masetero, mientras la región temporal permite el desarrollo
del músculo temporal. En los depredadores especializados aparecen grandes caninos
para sujetar o lesionar presas y dientes carnasiales para cortar tejidos. Los
carnasiales no corresponden al mismo par en todas las grandes ramas: en los
carnívoros placentarios modernos están formados principalmente por el cuarto
premolar superior y el primer molar inferior, que actúan como hojas de
tijera.
Pero Carnivora no
significa obligatoriamente “comedor de carne”. Osos, mapaches y muchas otras
especies poseen dietas omnívoras, mientras el panda gigante, Ailuropoda
melanoleuca, utiliza una dentición robusta para procesar bambú. Los
pinnípedos transformaron nuevamente el sistema al retornar al ambiente
acuático. Estudios de más de un centenar de especies muestran que la forma de
la mandíbula responde fuertemente al régimen alimentario, mientras el
cráneo está sometido simultáneamente a funciones relacionadas con protección
cerebral, órganos sensoriales y alimentación (Law et al., 2022). OUP Academic

Figura
6. [El
gato doméstico], Felis catus, es un felino carnívoro y
representante de Ferae. Desciende principalmente de Felis lybica y su
asociación con humanos comenzó hace unos 10.000 años. Posee caninos,
carnasiales, visión binocular, audición sensible y garras retráctiles. Su
éxito se relaciona con eficacia depredadora, flexibilidad conductual,
reproducción rápida y expansión junto a las poblaciones humanas.

Figura
7. [El
cráneo del gato doméstico], Felis catus, presenta rostro corto,
órbitas frontales, arcos cigomáticos robustos y mandíbula potente. Sus caninos
perforan y los dientes carnasiales cortan tejidos animales mediante
cizallamiento. La articulación mandibular favorece movimientos verticales.
Aunque la domesticación produjo cambios sutiles en el neurocráneo y paladar,
mantiene una arquitectura claramente adaptada a la carnivoría

Figura
8. [Los
tapires] son perisodáctilos de la familia Tapiridae,
emparentados con caballos y rinocerontes. Poseen una probóscide corta,
dieta herbívora y gran afinidad por bosques húmedos y ambientes ribereños. Su
éxito se relaciona con flexibilidad alimentaria, movilidad y dispersión de
semillas. Aunque fueron diversos durante el Cenozoico, hoy enfrentan
amenazas por deforestación, cacería y fragmentación del hábitat.

Figura
9. [El
cráneo de los tapires] presenta rostro alargado, región nasal retraída y
aparato masticatorio robusto. Los huesos nasales reducidos dejan espacio
para una probóscide móvil. Su dentición herbívora incluye incisivos,
diastema y dientes posteriores para cortar y triturar vegetación. Las
crestas craneales sostienen músculos masticatorios, integrando alimentación,
manipulación y percepción sensorial.

Figura
10. [Los
caballos] son perisodáctilos de la familia Equidae, con una
historia evolutiva iniciada hace unos 55 millones de años en
Norteamérica. Su evolución incluyó reducción del número de dedos,
extremidades largas y dientes de corona alta, adaptados a espacios abiertos
y pastos abrasivos. Su éxito combinó locomoción eficiente, dieta flexible,
migración, radiación adaptativa y posterior domesticación humana.

Figura
11. [El
cráneo del caballo] presenta rostro alargado, mandíbula robusta, amplio
diastema y dientes hipsodontos, adaptados al consumo de vegetación
abrasiva. Como otros perisodáctilos, posee un fuerte aparato masticatorio
herbívoro. Los machos suelen desarrollar caninos más evidentes que
las hembras, aunque el dimorfismo craneal depende mucho del tamaño corporal.
Las órbitas laterales favorecen un amplio campo visual.
Perissodactyla: triturar plantas con un cráneo de gran tamaño
Los perisodáctilos actuales comprenden caballos, rinocerontes y tapires, supervivientes de una radiación que fue mucho más diversa durante el Cenozoico. Su registro fósil se remonta hasta comienzos del Eoceno, hace unos 56 millones de años, y contiene numerosos linajes completamente extintos (Goodchild et al., 2026). PubMed La alimentación herbívora produjo transformaciones importantes de la dentición y del aparato masticatorio
En los caballos, el consumo de vegetación abrasiva favoreció el desarrollo de molares y premolares hipsodontos, es decir, coronas muy altas que permiten soportar un desgaste prolongado. El rostro se alargó al aumentar el espacio necesario para las grandes baterías dentales. Existe un amplio diastema entre incisivos y dientes posteriores, mientras la mandíbula posee extensas superficies para la musculatura trituradora. Estas modificaciones se intensificaron especialmente en linajes adaptados a pastizales.
Los rinocerontes siguieron una historia diferente. Poseen cráneos grandes, regiones occipitales y musculares robustas y, dependiendo de la especie, incisivos muy reducidos o desarrollados. El famoso cuerno de rinoceronte no pertenece al esqueleto: está constituido principalmente por queratina y se apoya sobre regiones rugosas de los huesos nasales y frontales.
Los tapires muestran otra solución. Su rostro sostiene una pequeña probóscide muscular, cuya evolución se relaciona con cambios en los huesos nasales y premaxilares. Durante el crecimiento, gran parte del cráneo conserva su configuración general, mientras el aparato masticatorio y las regiones que sostienen la probóscide experimentan modificaciones importantes. Estudios ontogenéticos de Tapirus terrestris y Tapirus indicus muestran cómo el crecimiento de los dientes, los diastemas y la musculatura produce cambios coordinados en diferentes regiones craneales (Moyano et al., 2017). PubMed Central (PMC).
Cetartiodactyla: del rumiante terrestre a la ballena
Uno de los
resultados más sorprendentes de la filogenia moderna fue demostrar que los cetáceos
están profundamente incluidos dentro del linaje tradicionalmente llamado
Artiodactyla. Por esta razón se utiliza frecuentemente el nombre Cetartiodactyla.
Hipopótamos, rumiantes, cerdos, camélidos y cetáceos poseen un ancestro común
más reciente entre sí que con caballos o rinocerontes.
En los rumiantes,
el cráneo refleja una alimentación basada en material vegetal procesado
intensamente. Bovinos, ciervos, jirafas y antílopes suelen carecer de incisivos
superiores funcionales, sustituidos por una almohadilla dental contra la
cual trabajan los incisivos inferiores. Los dientes posteriores poseen crestas
llamadas selenodontas, muy eficaces para triturar vegetación mediante
movimientos laterales de la mandíbula. La región facial puede alargarse
considerablemente para alojar estas hileras dentales.
A partir de este
plan surgieron estructuras craneales extraordinariamente diferentes. En los
ciervos, las astas son prolongaciones óseas del frontal que normalmente
se forman, se desprenden y vuelven a crecer siguiendo ciclos hormonales. En los
bóvidos, los cuernos verdaderos poseen un núcleo óseo permanente
cubierto por queratina. En las jirafas aparecen osiconos, estructuras
diferentes que también se desarrollan sobre la bóveda craneal. Esto demuestra
que elementos utilizados para competencia o exhibición pueden evolucionar
repetidamente mediante soluciones anatómicas distintas.
Los hipopótamos
muestran enormes caninos e incisivos utilizados principalmente en
enfrentamientos y exhibición, además de molares para procesar vegetación. Sin
embargo, sus parientes vivientes más cercanos fuera de su propio grupo son los
cetáceos, cuyos cráneos terminaron experimentando una transformación tan
radical que esta relación resultaba casi imposible de anticipar observando
únicamente animales actuales.

Figura
12. [El
venado de cola blanca], Odocoileus virginianus, es un rumiante
artiodáctilo de la familia Cervidae. Presenta pezuñas pares, dentición
herbívora y fermentación digestiva especializada. Los machos desarrollan astas
renovables para competencia reproductiva. Su éxito se relaciona con dieta
flexible, alta reproducción, movilidad y plasticidad ecológica,
permitiéndole ocupar numerosos ambientes y mantener amplias poblaciones en
América.

Figura
13. [El
cráneo del venado de cola blanca], Odocoileus virginianus, presenta rostro
alargado, órbitas laterales, diastema amplio y molares selenodontos,
adaptados a una dieta herbívora. Los machos desarrollan astas sobre
pedículos frontales, sometiendo el cráneo a fuertes cargas durante
combates. Su anatomía integra masticación, visión panorámica y competencia
reproductiva, características típicas de los cérvidos.
Cetacea: uno de los cráneos más modificados entre los mamíferos
La transición desde
cetartiodáctilos terrestres hacia cetáceos completamente acuáticos
comenzó durante el Eoceno. Los primeros representantes conservaban un cráneo
bastante reconocible como mamaliano terrestre, pero durante millones de años
las narinas externas migraron posteriormente, el rostro se alargó y los huesos
comenzaron a superponerse de maneras excepcionales. En los cetáceos modernos
aparece el denominado telescopamiento craneal, definido por una extensa
superposición de huesos y la aproximación extraordinaria entre estructuras
anteriores y posteriores del cráneo (Roston & Roth, 2019). Anatomy Publications
Este proceso no
consiste simplemente en “empujar hacia atrás” todo el rostro. Las suturas
craneales cambiaron profundamente, aparecieron nuevos contactos óseos y
varias regiones crecieron siguiendo trayectorias diferentes. El resultado es un
cráneo que ocupa un espacio morfológico muy distinto al de la mayoría de los
tetrápodos. Análisis modernos muestran que el telescopamiento también modificó
la integración anatómica entre huesos, haciendo que ciertas regiones
estuvieran más conectadas entre sí (Buono & Vlachos, 2022). PubMed Central (PMC)
En los misticetos,
es decir, ballenas con barbas, el rostro puede alcanzar proporciones enormes.
Los dientes se pierden durante el desarrollo y son sustituidos funcionalmente
por placas de barbas de queratina, utilizadas para filtrar alimento.
Algunas especies poseen mandíbulas gigantescas capaces de abrirse alrededor de
enormes volúmenes de agua. La forma craneal está entonces relacionada con
estrategias de filtración, tamaño corporal y mecánica de alimentación.
En los odontocetos,
como delfines, marsopas, cachalotes y orcas, la evolución siguió otra
dirección. El cráneo se volvió asimétrico, especialmente en regiones
asociadas con la producción y recepción de ultrasonidos. El rostro sostiene
tejidos especializados, como el melón, que participan en la ecolocalización.
El telescopamiento de los odontocetos incluye un pronunciado desplazamiento
posterior de huesos faciales y evolucionó gradualmente durante decenas de
millones de años (Churchill et al., 2018). OUP Academic
La región auditiva
también quedó profundamente aislada del resto del cráneo para mejorar la
recepción direccional del sonido bajo el agua. La transición terrestre-acuática
no exigió inventar un cráneo completamente nuevo; modificó proporciones,
contactos, suturas, cavidades y tejidos existentes hasta producir uno de
los diseños más especializados entre los vertebrados.

Figura
14. [Basilosaurus
cetoides] fue un cetáceo arqueoceto del Eoceno tardío, de hace
unos 41–34 millones de años. Richard Harlan lo describió inicialmente
como reptil; Richard Owen reconoció después su naturaleza mamaliana. Su
holotipo es ANSP 12944A. Fue un enorme depredador marino ápice,
con cuerpo alargado, extremidades posteriores vestigiales y dentición
especializada para capturar peces y otros cetáceos.

Figura
15. [El
cráneo de Basilosaurus] se distingue claramente del de los
mosasaurios por su arquitectura mamaliana. Carece del patrón diápsido
típico de fenestras temporales, presenta un arco cigomático evidente y
una mandíbula formada principalmente por el dentario. Su dentición
heterodonta, con coronas complejas y raíces múltiples, contrasta con los
dientes cónicos más uniformes de los mosasaurios.

Figura
16. [El
delfín rosado del Amazonas], Inia geoffrensis, es un odontoceto
de agua dulce de las cuencas del Amazonas y Orinoco. Presenta hocico
alargado, gran movilidad cervical y ecolocalización, adaptaciones útiles en
aguas turbias y bosques inundados. Su éxito radica en la especialización
fluvial, aunque enfrenta amenazas por captura accidental, contaminación,
represas y pérdida de hábitat.

Figura
17. [El
cráneo de Inia geoffrensis] presenta rostro muy alargado,
mandíbula estrecha y dentición numerosa, adaptados a capturar presas en
ríos turbios. Sus dientes anteriores son cónicos y los posteriores muestran
mayor especialización para procesar alimento. Además, posee asimetría
craneal ligada a la ecolocalización y gran movilidad cervical, favoreciendo
la maniobra dentro de bosques inundados y ambientes fluviales complejos.
Convergencia y evolución modular del cráneo laurasiaterio
La diversidad
craneal de Laurasiatheria demuestra por qué forma y parentesco no siempre
coinciden. Un delfín posee un rostro hidrodinámico profundamente diferente
del de un hipopótamo, aunque ambos pertenecen a Cetartiodactyla. Un pangolín
desdentado parece alejado de un felino, pero ambos pertenecen a Ferae. Los
murciélagos frugívoros pueden adquirir cráneos robustos semejantes
funcionalmente a los de otros consumidores de frutos sin que exista entre ellos
un parentesco especialmente próximo.
La razón es la convergencia
evolutiva. Cuando distintos linajes enfrentan problemas semejantes, la
selección natural puede favorecer soluciones parecidas. Consumir presas
resistentes puede favorecer mandíbulas cortas y potentes; capturar insectos
mediante una lengua larga puede acompañarse de reducción dental; triturar
vegetación abrasiva favorece superficies dentales amplias y resistentes. Sin
embargo, el estudio detallado de suturas, dientes, oído interno, desarrollo
embrionario y genética permite distinguir semejanzas adquiridas
independientemente de verdaderas homologías.
El cráneo tampoco
evoluciona como una pieza indivisible. La mandíbula puede responder
principalmente a cambios en la alimentación mientras la caja craneana permanece
condicionada por el encéfalo; la región nasal puede especializarse para
ecolocalización sin que todos los dientes cambien simultáneamente; las
estructuras auditivas pueden reorganizarse mientras la mandíbula conserva
funciones similares. Esta modularidad craneal ayuda a explicar cómo una
misma arquitectura mamaliana produjo, dentro de Laurasiatheria, desde el
diminuto cráneo de una musaraña hasta la cabeza gigantesca y telescopada de una
ballena azul.

Figura
18. [La
ballena azul, Balaenoptera musculus], es el animal de mayor masa
conocido y un misticeto especializado en filtración. Su alimentación
por embestida permite capturar enormes cantidades de kril mediante
pliegues ventrales y barbas. Su éxito evolutivo combina gigantismo,
migración, eficiencia energética y productividad oceánica, aunque depende
de grandes concentraciones estacionales de alimento.

Figura
19. [El
cráneo de Balaenoptera musculus] presenta enormes dentarios
curvados que no se fusionan en el mentón. La sínfisis mandibular
flexible permite separación y rotación durante la alimentación por embestida.
Un órgano sensorial mecanorreceptor ayuda a coordinar la apertura bucal.
Junto con barbas y garganta expansible, esta anatomía permite capturar enormes
volúmenes de agua con kril.
Referencias
Arbour, J. H.,
Curtis, A. A., & Santana, S. E. (2019). Signatures of echolocation and
dietary ecology in the adaptive evolution of skull shape in bats. Nature
Communications, 10, 2036. Artículo
Buono, M. R., &
Vlachos, E. (2022). Breaking the mold: Telescoping drives the evolution of more
integrated and heterogeneous skulls in cetaceans. PeerJ, 10, e13392. Artículo en acceso abierto
Camacho, J., Heyde,
A., Bhullar, B.-A. S., Haelewaters, D., Simmons, N. B., & Abzhanov, A.
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Churchill, M.,
Martinez-Caceres, M., de Muizon, C., Mnieckowski, J., & Geisler, J. H.
(2018). The origin of high-frequency hearing in whales. Current Biology, 26,
2144–2149. Para la evolución del telescopamiento odontoceto, véase también
Churchill y colaboradores. Estudio sobre telescopamiento craneal en odontocetos
Goodchild, H., et
al. (2026). The petrosal and bony labyrinth of extinct horses and their
implications for perissodactyl evolution. PeerJ. PubMed Central (PMC)
Hedrick, B. P.,
Dickson, B. V., Dumont, E. R., & Pierce, S. E. (2021). Sensory adaptations
reshaped intrinsic factors underlying morphological diversification in bats. BMC
Biology, 19, 88. Artículo en acceso abierto
Law, C. J., Duran,
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evolution of the cranium and mandible in carnivoran mammals. Evolution, 76(12),
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Moyano, S. R.,
Giannini, N. P., & Barquez, R. M. (2017). Comparative cranial ontogeny of Tapirus
(Mammalia: Perissodactyla: Tapiridae). Journal of Anatomy, 231, 665–682.
Artículo en acceso abierto
Roston, R. A.,
& Roth, V. L. (2019). Cetacean skull telescoping brings evolution of
cranial sutures into focus. The Anatomical Record, 302(7), 1055–1073. Artículo en acceso abierto
Zhou, X., Xu, S.,
Xu, J., Chen, B., Zhou, K., & Yang, G. (2012). Phylogenomic analysis
resolves the interordinal relationships and rapid diversification of the
laurasiatherian mammals. Systematic Biology, 61(1), 150–164. Artículo en acceso abierto