La ubicación
cromosómica del gen permite distinguir la herencia ligada al sexo de otros
patrones. En el modelo XY, un padre transmite su cromosoma X a sus hijas y su Y
a sus hijos. Por ello, un gen situado en la parte exclusiva del X no pasa
directamente de padre a hijo. La madre, por su parte, transmite uno de sus dos
cromosomas X a cada descendiente. Estas rutas de transmisión generan patrones
familiares que pueden compararse con los de genes autosómicos. La observación
de un rasgo más frecuente en un sexo puede sugerir una hipótesis, pero no basta
por sí sola para demostrar que el gen está en un cromosoma sexual (Bachtrog et
al., 2014; Bin Shlhoob & Tanaka, 2026). www.ncbi.nlm.nih.gov
Los términos dominante
y recesivo describen cómo se relacionan los alelos y qué fenotipo
producen; «ligado al X» describe dónde se encuentra el gen. Por eso, se puede
hablar de herencia dominante ligada al X o recesiva ligada al X. En el modelo
recesivo clásico, un individuo XY expresa el alelo presente en su único X; una
persona XX suele necesitar dos copias recesivas para expresar el rasgo, aunque
esta regla tiene excepciones. En los rasgos dominantes ligados al X, una copia
puede bastar para producir el fenotipo, dependiendo del carácter estudiado. La penetrancia
—la frecuencia con que un genotipo produce el fenotipo esperado— y la variación
en la expresión también pueden influir en lo observado (Bin Shlhoob &
Tanaka, 2026). www.ncbi.nlm.nih.gov
En los mamíferos,
uno de los dos cromosomas X de muchas células XX se inactiva parcialmente
durante el desarrollo. Este proceso ayuda a equilibrar la actividad de
numerosos genes entre células con dos X y células con uno. La inactivación
ocurre en células individuales y su patrón puede variar entre tejidos; por eso,
una persona heterocigota puede tener grupos celulares que expresen una u otra
variante. Este mosaicismo celular contribuye a que algunas
características ligadas al X se manifiesten con distinta intensidad entre
personas con genotipos parecidos. La inactivación no significa que todos los
genes del X queden apagados por completo: algunos escapan a ese proceso (Bin Shlhoob
& Tanaka, 2026). www.ncbi.nlm.nih.gov
Los genes ubicados
en la región exclusiva del cromosoma Y suelen transmitirse de padre a
hijo en el modelo XY, pues el padre aporta el Y a sus hijos y el X a sus hijas.
Esto no significa que cada gen del Y determine directamente un rasgo visible o
una característica masculina. Algunos genes participan en procesos celulares o
reproductivos y su efecto depende de otros componentes del organismo. Para un
ejercicio introductorio, la regla de transmisión sirve para establecer qué
descendientes pueden heredar una variante ligada al Y, siempre que el gen esté
realmente en una región exclusiva de ese cromosoma (Bachtrog et al., 2014).
Una excepción
importante a los patrones exclusivos del X o del Y son las regiones
pseudoautosómicas, segmentos de ADN presentes tanto en X como en Y. Durante
la formación de espermatozoides, estas regiones pueden aparearse y
recombinarse. Por ello, los genes que contienen no siguen necesariamente el
patrón clásico de transmisión de un gen exclusivo del X o del Y. En humanos hay
dos regiones pseudoautosómicas; la región PAR1 contiene el gen SHOX, que
participa en el crecimiento óseo. Su ubicación muestra por qué no basta con ver
que un gen está en un cromosoma sexual: también importa si está en una región
compartida o en una región exclusiva (Mangs & Morris, 2007). pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
Marcadores autosómicos activados
por reguladores sexuales
El dimorfismo
sexual es la diferencia promedio en rasgos físicos entre individuos de
distintos sexos dentro de una especie, como el tamaño corporal, el plumaje o
ciertas estructuras de exhibición. No significa que todos los individuos de
cada sexo sean iguales ni que cada rasgo dimórfico esté codificado en un
cromosoma sexual. Las diferencias pueden surgir cuando genes de distintos
cromosomas se activan de manera diferente por redes de desarrollo, hormonas y
señales del ambiente. (Williams & Carroll, 2009). nature.com
La impronta
genética es un mecanismo epigenético por el que la actividad de ciertos
genes depende de si la copia se heredó de la madre o del padre. Marcas
químicas, como la metilación del ADN, pueden hacer que una copia se exprese más
que la otra. No es lo mismo que la expresión limitada a un sexo: la impronta
distingue el origen parental de una copia, no si el organismo es macho o
hembra. Por eso, no debe suponerse que la impronta explique por sí sola la
barba, la melena o el plumaje. (Barlow & Bartolomei, 2014). ncbi.nlm.nih.gov
El ligamiento al
sexo en sentido genético ocurre cuando un gen se encuentra en un cromosoma
sexual, como X o Y en muchos mamíferos, o Z o W en muchas aves. En cambio,
puede hablarse informalmente de ligamiento sexual aparente cuando un
rasgo aparece sobre todo en un sexo, aunque los genes que contribuyen a
producirlo estén en autosomas. La expresión depende entonces de reguladores
sexuales, hormonas o diferencias entre tejidos. La apariencia del rasgo no
revela por sí sola la ubicación de sus genes. (Williams & Carroll, 2009). pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
La barba
ilustra esa complejidad: los andrógenos estimulan el crecimiento de los
folículos faciales, pero la respuesta varía según el tejido y su sensibilidad
hormonal. Por tanto, observar barba principalmente en hombres no demuestra que
exista un único “gen de la barba” ligado al cromosoma Y. El rasgo depende de la
interacción entre señales hormonales, receptores, actividad local de los
folículos y variantes genéticas. (Inui & Itami, 2013). pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
La melena del
león también es un rasgo dimórfico, pero su tamaño y color varían con la
condición del animal y la temperatura ambiental, además de relacionarse con la
testosterona y la competencia reproductiva. En el pavo real, el plumaje
vistoso tampoco se explica con una regla hormonal única: estudios clásicos
encontraron que la castración del macho no eliminaba su plumaje adulto,
mientras que la extirpación de los ovarios podía inducir plumaje de tipo
masculino en la hembra. Estos ejemplos muestran que el desarrollo de un rasgo
depende de varios mecanismos, no solo de su asociación visible con un sexo.
(West & Packer, 2002; Owens & Short, 1995). pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
Así, el dimorfismo
sexual, la impronta genética y el ligamiento al sexo describen
fenómenos distintos: diferencias entre sexos, expresión según el progenitor de
origen y ubicación de genes en cromosomas sexuales, respectivamente. Un rasgo
puede ser dimórfico sin estar ligado al sexo; la regulación sexual de genes
autosómicos puede producir una asociación aparente. Para identificar el
mecanismo real se estudian la herencia, la ubicación de los genes y su
regulación. (Barlow & Bartolomei, 2014; Williams & Carroll, 2009). ncbi.nlm.nih.gov

Figura
1. [Dimorfismo
sexual humano]. El dimorfismo describe diferencias promedio entre
grupos, no destinos individuales. En humanos existe amplia variación y superposición.
Masa muscular, distribución adiposa, pelvis, estatura y voz difieren
estadísticamente, con magnitudes influidas por edad, desarrollo, nutrición y
población. La figura resume tendencias biológicas, no reglas universales ni
criterios para clasificar a cada persona en todos los contextos.
Marcadores visibles en otras especies
El color naranja
del pelaje de los gatos domésticos es un ejemplo conocido de rasgo ligado al
X. Las hembras heterocigotas pueden presentar zonas naranjas y zonas de
otro color. Esto ocurre porque distintas células de la piel inactivan al azar
uno u otro cromosoma X durante el desarrollo. Al multiplicarse, cada célula
transmite su patrón de actividad a sus células descendientes; así se forman
parches de pelo con pigmentaciones distintas. Un estudio publicado en 2025
identificó una alteración reguladora que afecta la expresión de ARHGAP36
como causa del color naranja ligado al sexo. El ejemplo permite observar un
efecto de la inactivación del X sin usar una enfermedad como modelo
(Kaelin et al., 2025). pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

Figura
2. [Dimorfismo
sexual en gallinas]. El dimorfismo describe diferencias promedio
entre machos y hembras, pero su intensidad varía entre razas domésticas.
Muchos gallos presentan cresta, barbillas y plumaje ornamental más
desarrollado; las gallinas suelen ser menores, aunque no existe un patrón
universal. Las plumas dependen de hormonas, genes, selección
humana y ambiente local.
La herencia ligada
al sexo también se estudia en aves, aunque el sistema cromosómico habitual es
distinto al humano. En muchas especies de aves, los machos tienen dos
cromosomas Z (ZZ) y las hembras tienen Z y W (ZW). En ciertas gallinas, el
patrón barrado de las plumas está ligado a una variante ubicada en el cromosoma
Z. Debido a que los machos tienen dos Z y las hembras uno, la cantidad de
copias puede influir en el ancho de las bandas claras del plumaje. En algunas
líneas, una mancha en la cabeza del pollito también permite estimar su sexo al
nacer. Es un ejemplo de marcador fenotípico asociado con un cromosoma
sexual en un grupo animal con un sistema distinto al XY (Hellström et al.,
2010; Dorshorst et al., 2009). onlinelibrary.wiley.com
Estos ejemplos son
útiles porque el rasgo se puede observar y seguir entre generaciones. Sin
embargo, un marcador genético no tiene que ser beneficioso ni
perjudicial: puede relacionarse con el color o el patrón de las plumas sin
causar una enfermedad. En humanos, muchos marcadores del X o del Y son
variantes de ADN que se usan en estudios de parentesco, poblaciones o evolución;
no necesariamente producen un fenotipo visible. En ejercicios escolares, los
símbolos A y a pueden representar cualquier par de variantes, siempre que el
enunciado indique qué fenotipos producen y dónde se localiza el gen (Bachtrog
et al., 2014; Mangs & Morris, 2007). pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

Figura
3. [Dimorfismo
sexual en leones]. En Panthera leo, los machos suelen ser mayores y
desarrollar melena; las hembras carecen de ella. La melena puede
comunicar condición y participar en la selección sexual, aunque
su función protectora no está demostrada concluyentemente. Roles de caza y
asociación social varían con presas, población y contexto
ecológico; los promedios no son reglas universales.

Figura
4. [Dimorfismo
sexual en cérvidos]. En muchas especies, los machos desarrollan astas
y suelen ser mayores; sin embargo, estas tendencias varían según
la especie, la edad y el ambiente. Las hembras de
reno también pueden tener astas. Las crías de varias especies presentan manchas
que favorecen el camuflaje. Son patrones poblacionales, no reglas
universales para cada individuo del grupo.
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