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[Sistema esquelético]
Entre los primeros arcosauriformes
y los linajes que posteriormente reconocemos como cocodrilomorfos,
pterosaurios, dinosaurios y aves existió una amplia diversidad de formas
fósiles difíciles de acomodar en las imágenes modernas de estos grupos. Durante
el Triásico, la evolución de Archosauromorpha produjo numerosos animales que
combinaban caracteres posteriormente asociados con ramas distintas. La
transición tampoco debe imaginarse como una progresión lineal desde reptiles
semejantes a lagartos hacia formas cada vez más “avanzadas”. Los primeros
arcosaurios experimentaron con diferentes configuraciones de postura,
locomoción, alimentación, respiración y arquitectura craneal, generando una
radiación evolutiva compleja de la cual solo sobrevivieron dos grandes ramas
hasta la actualidad: los crocodilianos y las aves (Nesbitt,
2011).

Figura 1. [El
mito de los cocodrilos]. Los cocodrilos no son fósiles vivientes sin
cambios. Los crocodilomorfos surgieron dentro de una radiación
diversa de pseudosuquios con formas terrestres, cursoriales, acorazadas
y acuáticas. Los crocodilianos modernos conservan una silueta relativamente
estable porque ciertos rasgos resultaron eficaces en nichos semiacuáticos,
pero continúan siendo organismos altamente derivados, con cambios
evolutivos en cráneo, dentición, fisiología y locomoción.
La postura corporal
constituye un buen ejemplo de esta diversidad. Algunos arcosauriformes
tempranos mantenían todavía miembros parcialmente extendidos lateralmente,
mientras otros desarrollaron articulaciones capaces de situar las extremidades
cada vez más debajo del cuerpo. En diferentes dinosauromorfos apareció
incluso bipedestación facultativa, mientras otros conservaron locomoción
cuadrúpeda. Por ello, no resulta apropiado utilizar la postura reptante de los
lagartos actuales como modelo general del aspecto de los primeros arcosaurios.
La evolución de una marcha parasagital, con las extremidades
desplazándose aproximadamente paralelas al eje corporal, constituyó una
transformación importante en distintas ramas del grupo (Piechowski &
Tałanda, 2020). PubMed Central (PMC)

Figura 2. [Cráneo
de Proterosuchus fergusi], arcosauriforme basal con hocico
alargado y abundante fenestración. Presenta narina externa, fenestra
anteorbital, órbita, fenestras temporales superior e inferior
y fenestra mandibular. El cuadrado articula con el articular
de la mandíbula, conservando la condición reptiliana ancestral. Sus dientes
cónicos y recurvados indican depredación, mientras las aberturas craneales
aligeran y redistribuyen fuerzas durante la mordida del animal.

Figura 3. [Proterosuchus
fergusi] fue un arcosauriforme basal del Triásico Inferior
de Sudáfrica. Poseía cráneo alargado, fenestra anteorbital, fenestras
temporales, mandíbula con dientes recurvados y una extensa cola. Su
anatomía combina rasgos primitivos con caracteres propios de Archosauriformes,
por lo que resulta clave para comprender la temprana evolución de los linajes
que posteriormente incluirían crocodilomorfos, dinosaurios, pterosaurios y
aves.
Arcosauros cocodrilomorfos
Los arcosauriformes
pertenecen al gran linaje de los diápsidos, cuyo patrón craneal
ancestral presenta dos pares de aberturas temporales posteriores a la órbita:
una fenestra temporal superior, situada principalmente sobre la
superficie dorsolateral del cráneo, y una fenestra temporal inferior,
visible lateralmente. Estas aberturas se encuentran estrechamente relacionadas
con la disposición de la musculatura aductora mandibular y permiten
organizar grandes masas musculares sin construir un cráneo completamente
macizo.
Los arcosauriformes
desarrollaron además una abertura característica situada entre la narina
externa y la órbita, denominada fenestra anteorbital. Alrededor de
esta podía existir una depresión ósea más extensa, la fosa anteorbital.
Ambas estructuras deben diferenciarse: la fenestra corresponde al orificio que
atraviesa el hueso, mientras la fosa representa la región deprimida que la
rodea. La evidencia obtenida mediante comparación entre aves, crocodilianos y
fósiles indica que la cavidad anteorbital estuvo asociada fundamentalmente con divertículos
neumáticos paranasales, no simplemente con una función mecánica de
aligeramiento del cráneo (Witmer, 1995). PubMed
Numerosos
arcosauriformes presentaban asimismo una fenestra mandibular externa. El
resultado era un cráneo intensamente fenestrado, aunque estas aberturas no eran
equivalentes entre sí. Las fenestras temporales estaban estrechamente
relacionadas con la musculatura mandibular; la fenestra anteorbital con
la neumatización facial; la órbita alojaba el ojo; y la fenestra
mandibular modificaba la construcción de la mandíbula inferior. El patrón
general proporciona una base anatómica a partir de la cual posteriormente
evolucionaron los cráneos extremadamente diferentes de cocodrilos,
pterosaurios, dinosaurios y aves.
Los primeros cocodrilomorfos no eran cocodrilos reptantes
Los crocodilianos
actuales pueden generar una imagen engañosa sobre la condición ancestral de Crocodylomorpha.
Cocodrilos y aligátores modernos poseen cuerpos bajos y pueden utilizar una
locomoción extendida o semierecta, aunque también realizan la conocida marcha
alta, elevando considerablemente el tronco. Sin embargo, los primeros
crocodilomorfos eran predominantemente terrestres, con extremidades
relativamente largas y posturas mucho más erectas. La evidencia anatómica
indica que varios presentaban una marcha parasagital, con los miembros
situados debajo del cuerpo (Molnar et al., 2015). PubMed Central (PMC)
Por consiguiente,
la postura aparentemente “reptante” de muchos crocodilianos actuales es secundaria
dentro del linaje. No representa simplemente la conservación de un supuesto
estado ancestral semejante al de un lagarto. La transición hacia modos de vida anfibios
y acuáticos favoreció posteriormente cuerpos más bajos, colas poderosas
para la propulsión y modificaciones de las extremidades. Incluso entre los
crocodilomorfos fósiles existieron retornos independientes hacia ambientes
acuáticos, mientras otros grupos, como numerosos notosuquios,
conservaron cuerpos terrestres y extremidades erectas. PubMed Central (PMC)
Este punto tiene
importantes consecuencias para la reconstrucción del aspecto de los primeros
miembros del linaje. Algunos pequeños crocodilomorfos debieron parecer
externamente mucho más a corredores terrestres de patas largas que a
cocodrilos modernos. La capacidad de realizar marchas rápidas y, en algunos
crocodilianos pequeños actuales, incluso galope, constituye un vestigio
biomecánico interesante de una historia locomotora considerablemente más
diversa que la sugerida por sus representantes vivientes.
Carnufex carolinensis y los grandes depredadores
crocodilomorfos

Figura 4. [Carnufex
carolinensis] fue un crocodilomorfo basal terrestre del Triásico
Superior, hace unos 231 millones de años, hallado en Carolina del
Norte. Alcanzaba cerca de 3 m y poseía cráneo grande, dientes recurvados y
extremidades largas. Sus fósiles, conservados en el North Carolina Museum of
Natural Sciences, muestran que los primeros crocodilomorfos podían
ser depredadores terrestres erguidos, muy distintos de los cocodrilos
actuales.

Figura 5. [Cráneo
de Carnufex carolinensis], crocodilomorfo basal con narina
externa, fenestra anteorbital, órbita, fenestra temporal
inferior y fenestra mandibular. La fenestra temporal superior
no se aprecia bien porque se localiza principalmente en
la región dorsal del cráneo. El cuadrado articula con el articular,
mientras la dentición recurvada y el hocico elongado reflejan adaptación
a la depredación terrestre.
Uno de los ejemplos más llamativos es Carnufex carolinensis, un crocodilomorfo basal procedente de la Formación Pekin, en Carolina del Norte, Estados Unidos. Los sedimentos donde fue descubierto corresponden al Carniense del Triásico Superior, aproximadamente hace 231 millones de años. El holotipo, NCSM 21558, conserva partes del cráneo y del esqueleto postcraneal, mientras un segundo ejemplar, NCSM 21623, está representado por parte de un húmero (Zanno et al., 2015). Nature
El ejemplar conocido alcanzaba aproximadamente 3 m de longitud, una dimensión considerable para los crocodilomorfos tempranos. Además, algunos indicadores esqueléticos muestran que el individuo principal todavía no había completado su crecimiento. Su cráneo poseía una fenestra anteorbital elongada, una fosa anteorbital amplia y una dentición formada por dientes recurvados, apropiados para sujetar y desgarrar tejidos animales. Esta combinación llevó a interpretar a Carnufex como un importante depredador terrestre de los ecosistemas triásicos norteamericanos (Zanno et al., 2015). Nature
El descubrimiento de Carnufex resulta particularmente importante porque coincide con un momento en el cual varios linajes de arcosaurios depredadores competían por los niveles superiores de las redes tróficas. Los grandes terópodos todavía no habían alcanzado el predominio que caracterizaría posteriormente al Jurásico y al Cretácico. En este contexto, algunos pseudosuquios y crocodilomorfos tempranos participaron activamente como depredadores de gran tamaño (Zanno et al., 2015). Nature
De corredores terrestres a crocodilianos semiacuáticos
La historia
posterior de Crocodylomorpha estuvo caracterizada por una gran diversificación
ecológica. Durante el Mesozoico aparecieron crocodilomorfos terrestres,
anfibios, marinos y formas con dietas muy diferentes. Algunos desarrollaron
dientes semejantes a cuchillas; otros produjeron denticiones aptas para
triturar; ciertas especies tuvieron hocicos extremadamente cortos, mientras
otras evolucionaron rostros alargados. Los talatosuquios, por ejemplo,
colonizaron ambientes marinos, y algunos metriorínquidos alcanzaron una
especialización acuática tan extrema que sus extremidades se transformaron en
estructuras semejantes a aletas (Molnar et al., 2015). PubMed Central (PMC)
La configuración de
los crocodilianos modernos constituye, por tanto, apenas una de las muchas
soluciones producidas por el grupo. En la línea que conduce hacia Crocodylia
ocurrió una progresiva transformación del rostro, el paladar y las regiones
temporal y occipital. La fenestra anteorbital externa, claramente
reconocible en formas tempranas como Carnufex, terminó cerrándose
externamente. El rostro se hizo generalmente largo y dorsoventralmente
aplanado, condición asociada con una existencia predominantemente
semiacuática.
Esta reorganización
también estuvo relacionada con la extraordinaria capacidad de los crocodilianos
para producir mordidas poderosas. La musculatura aductora ocupa grandes
regiones posteriores del cráneo, mientras la mandíbula funciona como una
estructura resistente a cargas elevadas. Al mismo tiempo, el desarrollo de un paladar
secundario permite mantener separadas parcialmente las vías respiratorias y
la cavidad oral, facilitando respirar mientras gran parte del hocico permanece
dentro del agua.
Cocodrilomorfos y la controversia sobre el origen de las aves
La posición de los
crocodilomorfos dentro de Archosauria también los convirtió
históricamente en protagonistas de una de las mayores controversias de la
paleontología del siglo XX: el origen de las aves. Actualmente, los
análisis filogenéticos sitúan a Crocodylomorpha dentro de Pseudosuchia,
mientras las aves pertenecen a la otra gran rama de Archosauria, Avemetatarsalia,
concretamente dentro de Dinosauria, Theropoda y Maniraptora. Sin embargo, esta
interpretación tardó décadas en consolidarse.
En 1972, el
paleontólogo Alick Walker propuso que las aves podían estar estrechamente
relacionadas con crocodilomorfos semejantes a Sphenosuchus. La propuesta
se apoyaba en determinadas semejanzas craneales y palatales. Durante esos
mismos años, John Ostrom recuperaba una hipótesis diferente: que las aves
derivaban de dinosaurios terópodos, basándose especialmente en las
semejanzas entre Archaeopteryx y dromeosáuridos como Deinonychus
(Ostrom, 1973, 1976). La reinterpretación de Ostrom durante la década de 1970
constituyó uno de los principales puntos de partida de la hipótesis
dinosauriana moderna. PubMed Central (PMC)

Figura 6. [Sphenosuchus]
fue un crocodilomorfo basal terrestre del Jurásico Inferior, con extremidades
largas, postura erguida y locomoción ágil. Su cráneo ligero y fenestrado
poseía dientes recurvados. En 1972, Walker propuso afinidades con las aves
por semejanzas craneales, pero esta hipótesis perdió aceptación frente a la
evidencia que vincula a las aves con terópodos maniraptores.

Figura 7. [Cráneo
de Sphenosuchus], crocodilomorfo basal de cabeza ligera y
alargada, con fenestra anteorbital, grandes órbitas, fenestras
temporales y numerosos dientes recurvados. Su arquitectura craneal
difiere notablemente de la de los cocodrilos modernos y refleja una adaptación
a la depredación terrestre. Estas características también participaron
históricamente en debates sobre las relaciones evolutivas entre crocodilomorfos
y aves.
La hipótesis de Feduccia y los arcosaurios basales
El ornitólogo Alan
Feduccia fue durante décadas uno de los principales críticos del origen
dinosauriano de las aves. Sin embargo, es necesario distinguir su hipótesis de
la propuesta crocodilomorfa de Walker. Feduccia no sostuvo específicamente
que las aves descendieran de crocodilomorfos. Desde trabajos de las décadas
de 1980 y 1990, particularmente en The Age of Birds (1980) y The
Origin and Evolution of Birds (1996), defendió que las aves podían proceder
de un arcosaurio basal o “tecodonto” anterior a la diversificación de
los dinosaurios, mientras muchas semejanzas entre aves y terópodos podían
representar convergencias evolutivas asociadas con locomoción bípeda o pérdida
secundaria del vuelo (Feduccia, 1980, 1996). Google Books
Uno de sus
argumentos históricos estaba relacionado con Archaeopteryx. Feduccia
interpretaba al animal como un ave voladora y probablemente arborícola,
mientras consideraba difícil derivar su aparato de vuelo de los terópodos
corredores conocidos entonces. También cuestionó determinadas homologías de los
dedos de la mano y argumentó que algunos fósiles clasificados como
dromeosáuridos podían representar en realidad aves secundariamente no
voladoras. Todavía en 2002–2005 defendía una versión de la hipótesis según
la cual aves y algunos dinosaurios semejantes a aves habrían derivado de un ancestro
arcosaurio temprano desconocido (Feduccia, 2002; Feduccia et al., 2005). PubMed
Por qué la hipótesis no dinosauriana perdió aceptación
La hipótesis de
Feduccia comenzó a quedar cada vez más minoritaria durante las décadas de 1980
y 1990, cuando los primeros análisis cladísticos recuperaron repetidamente
a las aves dentro de Theropoda, especialmente próximas a
Deinonychosauria y otros maniraptores. Además, numerosos caracteres que
alguna vez parecían exclusivamente avianos comenzaron a encontrarse en
dinosaurios no avianos: fúrcula, huesos neumáticos, muñeca semilunar,
extremidades anteriores plegables, sacos aéreos, nidos, huevos y
comportamientos de incubación (Prum, 2003). OUP Academic
La evidencia se
volvió especialmente difícil de reconciliar con un origen arcosaurio basal
después de 1996–1998, cuando los extraordinarios yacimientos del
Cretácico Inferior de China comenzaron a producir numerosos terópodos
emplumados. Durante las décadas siguientes aparecieron dinosaurios no
avianos con desde filamentos simples hasta plumas pennáceas complejas,
incluyendo formas muy próximas filogenéticamente a las aves. Estos
descubrimientos mostraron además que las plumas aparecieron antes que el vuelo
aviano y que su evolución ocurrió dentro de Theropoda (Unwin, 1998). Nature
Durante los años
2000, la acumulación de nuevos maniraptores, aves mesozoicas y análisis
filogenéticos convirtió la ascendencia terópoda en la explicación predominante.
Feduccia continuó defendiendo alternativas, pero estas dejaron de representar
una competencia equivalente dentro de la literatura paleontológica. Revisiones
posteriores señalan que la posición de Avialae dentro de Maniraptora
está respaldada actualmente por múltiples líneas independientes de evidencia
anatómica, paleontológica y filogenética (Smith et al., 2015). OUP Academic
La controversia,
sin embargo, tuvo un valor científico considerable: obligó a distinguir
preguntas que a veces se trataban como si fueran una sola. Determinar de qué
grupo evolucionaron las aves, explicar cómo apareció el vuelo,
establecer para qué evolucionaron originalmente las plumas y reconstruir
si los primeros voladores eran principalmente arborícolas o terrestres son
problemas relacionados, pero diferentes. El origen dinosauriano de las aves
puede estar sólidamente respaldado sin que ello obligue, por ejemplo, a aceptar
una única hipótesis sobre el origen aerodinámico del vuelo.
Referencias
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