El cráneo del mandril expresa con claridad la condición heterodonta propia de muchos mamíferos, es decir, la presencia de distintos tipos de dientes especializados en funciones diferentes. En la parte anterior se observan incisivos relativamente pequeños, adecuados para cortar y arrancar fragmentos de alimento; a su lado aparecen caninos extraordinariamente desarrollados, sobre todo en los machos, que constituyen uno de los rasgos más llamativos de la especie. Más atrás se disponen premolares y molares, con superficies aptas para triturar frutos, semillas, tejidos vegetales y diversos alimentos de una dieta omnívora. Esta combinación permite al mandril procesar recursos variados del bosque africano y aprovechar tanto materiales blandos como otros más resistentes, lo que le da una gran flexibilidad ecológica.
Sin embargo, en el mandril los dientes no cumplen solo una función alimentaria. Los enormes caninos tienen también una poderosa función social y sexual. En las interacciones de dominancia, los machos pueden exhibir la boca abierta como señal de amenaza, haciendo visibles colmillos largos y afilados que actúan como advertencia antes del combate físico. Así, la dentición forma parte de un sistema de comunicación visual que reduce parte de los enfrentamientos directos, aunque también puede intervenir en peleas reales entre individuos. El cráneo robusto, la musculatura mandibular y la disposición de la cara permiten sostener mordidas fuertes y rápidas. En este sentido, la cabeza del mandril no solo está adaptada para alimentarse, sino también para competir, intimidar y sostener jerarquías dentro del grupo.
Frente a un humano, un mandril representa un animal potencialmente muy peligroso. Sus caninos, comparables en aspecto a pequeñas dagas curvadas, pueden perforar con facilidad tejidos blandos y causar heridas graves, especialmente en cara, brazos o piernas. Además, la mordida no depende únicamente del largo dental, sino también de la fuerza mandibular y de la velocidad de ataque. Aunque no es un depredador de personas, sí es capaz de infligir daño severo si se siente acorralado, provocado o en defensa de su grupo. Por eso, su cráneo debe entenderse como una estructura adaptada a alimentación, competencia social y defensa efectiva.