Su nombre quedó asociado al llamado renacimiento de los dinosaurios, expresión vinculada a su artículo “Dinosaur Renaissance”, publicado en 1975 en Scientific American. Bakker apoyó la idea de que algunos dinosaurios pudieron ser endotermos, es decir, capaces de mantener una actividad corporal elevada, más cercana a la de aves y mamíferos que a la imagen clásica de reptiles fríos. También defendió relaciones evolutivas estrechas entre dinosaurios y aves. Su libro The Dinosaur Heresies popularizó estas ideas y ayudó a cambiar la forma de enseñar, dibujar e imaginar dinosaurios en escuelas, museos, documentales y libros. (Scientific American)
Además de investigador, Bakker es un gran divulgador científico. Su aspecto de campo —sombrero, barba, cabello largo y ropa informal— lo volvió reconocible para estudiantes, museos y medios. Ha trabajado como curador de paleontología en el Houston Museum of Natural Science y ha participado en libros, conferencias, documentales, excavaciones y asesorías culturales. Su importancia no está solo en sus hipótesis, sino en haber mostrado que los dinosaurios podían entenderse como animales vivos: veloces, sociales, adaptados, diversos y conectados con la evolución de las aves actuales, no como monstruos inmóviles de museo, sino como organismos de ecosistemas antiguos, capaces de crecer, enfermar, cazar, competir y dejar huellas en la historia evolutiva de la Tierra. (penguinrandomhouse.com)