Regresar a [Sistema esquelético]
Euarchontoglires es una de las cuatro grandes radiaciones de
mamíferos placentarios y reúne cinco órdenes vivientes: Rodentia,
Lagomorpha, Primates, Dermoptera y Scandentia. Dentro del grupo se
reconocen dos grandes conjuntos: Glires, formado por roedores y
lagomorfos, y los euarcontos, que incluyen primates, colugos y tupayas, aunque
la posición exacta de Scandentia respecto de Primates y Dermoptera ha
sido históricamente difícil de resolver. Los análisis genómicos indican que
estas líneas se separaron rápidamente durante el Cretácico tardío y
Paleoceno temprano, dejando ramas muy cortas y señales de clasificación
incompleta de linajes, lo que explica parte de las discrepancias entre
estudios filogenéticos (Churakov et al., 2022). PubMed Central (PMC)
El registro fósil
de Euarchontoglires supera los 63 millones de años, aunque las
estimaciones moleculares sitúan separaciones fundamentales antes de los fósiles
inequívocos conocidos. Esta antigüedad permitió una enorme diversificación del cráneo,
dentición y sistemas sensoriales. Actualmente los roedores representan
cerca de 2.500 especies, mientras los primates rondan varios centenares;
junto con lagomorfos, tupayas y colugos, Euarchontoglires contiene una
proporción extraordinaria de la diversidad de mamíferos actuales. No existe,
sin embargo, un “cráneo euarchontoglirano típico”: algunas especies poseen
incisivos de crecimiento continuo, otras desarrollaron grandes órbitas, otras
expandieron el neurocráneo y algunas especializaron el rostro para alimentarse
de hojas, frutos o insectos (Kryštufek & Motokawa, 2021). PubMed Central (PMC)

Figura
1. [Euarchontoglires]
reúne a Glires —roedores y lagomorfos— y Euarchonta, donde se
encuentran primates, colugos y tupayas. Por ello, los humanos estamos más
estrechamente emparentados con ratones y conejos que con perros o gatos.
Este parentesco, revelado por la filogenética molecular, demuestra que
la semejanza externa no determina la cercanía evolutiva entre los mamíferos.
Glires: una historia dominada por los incisivos
Glires reúne Rodentia y Lagomorpha. Ambos grupos
poseen grandes incisivos anteriores de crecimiento prolongado, separados
de los dientes posteriores por un diastema. Sin embargo, esta semejanza
no significa que conejos sean simplemente roedores especializados. Son dos
ramas independientes, separadas desde los primeros momentos de la evolución de
Euarchontoglires. La historia fósil muestra que la combinación de incisivos
especializados, movimientos mandibulares precisos y dientes posteriores
adaptables creó una base anatómica capaz de producir una enorme diversidad de
dietas.
En los roedores,
solamente existe un gran incisivo funcional por lado en cada mandíbula. Su
superficie anterior está cubierta por esmalte muy resistente, mientras
la región posterior contiene dentina que se desgasta con mayor rapidez. El
desgaste diferencial conserva un borde cortante semejante a un cincel. Debido a
que los incisivos crecen continuamente, el animal necesita desgastarlos
mediante alimentación o roído. Detrás aparece un amplio diastema y,
posteriormente, premolares cuando están presentes y molares especializados en
trituración.
La musculatura también produjo importantes
transformaciones craneales. Diferentes linajes roedores reorganizaron el músculo
masetero y su relación con el arco cigomático y el foramen infraorbitario.
Estas configuraciones, tradicionalmente denominadas protrogomorfa,
esciuromorfa, histricomorfa y miomorfa, permiten generar diferentes
direcciones de fuerza durante el roído y la masticación. Así, ratones,
ardillas, castores, puercoespines y capibaras comparten el mismo diseño básico
pero lo utilizan de maneras biomecánicamente diferentes.
Lagomorpha: más que roedores con orejas largas
Los lagomorfos,
representados por conejos, liebres y pikas, poseen una característica dental
que permite reconocer fácilmente su cráneo: detrás del primer par de grandes
incisivos superiores existe un segundo par de pequeños incisivos,
frecuentemente llamados “dientes de clavija”. Por eso los lagomorfos poseen cuatro
incisivos superiores, mientras los roedores presentan solamente dos. Tanto
incisivos como numerosos dientes posteriores mantienen crecimiento prolongado,
una adaptación importante para compensar el desgaste ocasionado por una dieta
vegetal abrasiva.
En conejos y
liebres, el rostro presenta además una espectacular fenestración del maxilar.
La pared lateral del hueso está atravesada por numerosas aberturas que producen
una apariencia semejante a un entramado. Durante mucho tiempo se propuso que
estas fenestraciones simplemente aligeraban el cráneo para facilitar la
carrera. Modelos biomecánicos modernos indican una explicación más interesante:
permiten reducir masa manteniendo suficiente resistencia estructural
durante la masticación. La intensidad de la fenestración varía
considerablemente entre especies y no depende solamente de la velocidad de
carrera (Wolniewicz & Fostowicz-Frelik, 2022). PubMed Central (PMC)
Los Leporidae
presentan además una marcada inclinación facial y una articulación
intracraneal entre regiones anteriores y posteriores del cráneo. Estas
características son mucho menos desarrolladas o están ausentes en las pikas del
género Ochotona. Los análisis evolutivos sugieren que la fenestración
maxilar moderada apareció tempranamente entre los lagomorfos, mientras los
estados extremos evolucionaron posteriormente en determinados linajes. El
cráneo de un conejo es, por tanto, el resultado de una larga especialización en
masticación vegetal, reducción de masa craneal y locomoción rápida, no
una simple variante del cráneo roedor. PubMed Central (PMC)

Figura
2. [El
conejo americano], Sylvilagus floridanus, es un lagomorfo de la
familia Leporidae ampliamente distribuido en América. Presenta dieta
herbívora, cecotrofia, patas posteriores largas y alta capacidad reproductiva.
Su éxito evolutivo se relaciona con la flexibilidad alimentaria, locomoción
rápida y tolerancia a ambientes alterados, lo que le permite ocupar bosques
abiertos, praderas, áreas agrícolas y zonas suburbanas.

Figura
3. [El
cráneo de los lagomorfos] presenta fenestraciones maxilares,
aberturas secundarias que reducen masa sin corresponder a las antiguas
fenestras temporales de los amniotas. Poseen dos pares de incisivos
superiores y dientes de crecimiento continuo, compensando el
desgaste vegetal. Su anatomía combina diastema, molares trituradores y
rostro especializado, formando un aparato eficiente para dietas herbívoras
abrasivas.

Figura
4. [Rattus
rattus], la rata negra, es un roedor murino originario de Asia
meridional y descrito por Linneo en 1758. Su éxito se relaciona con dieta
omnívora, reproducción rápida, conducta oportunista y gran capacidad de
dispersión junto a humanos. Actualmente es una importante especie
invasora, capaz de afectar ecosistemas insulares, cultivos y transmitir
diversos agentes zoonóticos.

Figura
5. [El
cráneo de Rattus rattus] presenta grandes incisivos de
crecimiento continuo, esmalte anterior resistente y un amplio diastema.
La potente musculatura masetérica permite roer y triturar eficazmente
distintos alimentos. Sus molares procesan semillas y frutos, mientras la plasticidad
craneal varía según edad, sexo, clima y geografía, favoreciendo la
adaptación a diversos ambientes.
Scandentia y Dermoptera: ramas cercanas al origen de los primates
Las tupayas o
musarañas arborícolas pertenecen a Scandentia. A pesar de su nombre común,
no son verdaderas musarañas. Su cráneo conserva un rostro relativamente
alargado, caja cerebral moderada, órbitas laterales y dentición generalista
capaz de procesar insectos, frutos y otros alimentos. Durante décadas fueron
consideradas parientes especialmente próximos de los primates debido a
determinadas semejanzas anatómicas, pero los análisis genéticos han mostrado
una historia más complicada.
Los colugos,
orden Dermoptera, son mamíferos arborícolas planeadores del sudeste asiático.
Tampoco son lémures, aunque reciben el nombre común de “lémures voladores”. Su
cráneo posee órbitas amplias, rostro relativamente corto y una dentición
extraordinaria. Los incisivos inferiores presentan múltiples prolongaciones
semejantes a los dientes de un peine, utilizadas en alimentación y posiblemente
también en limpieza del pelaje. Dermoptera posee actualmente solamente dos
especies reconocidas tradicionalmente, pero representa una rama muy antigua de
Euarchontoglires.
Los estudios
genómicos apoyan con fuerza una relación especialmente próxima entre Dermoptera
y Primates, formando Primatomorpha. Scandentia suele aparecer
relacionada con este conjunto, aunque su posición ha cambiado según el tipo de
datos y método utilizado. Parte de esa dificultad parece proceder de una rápida
radiación inicial, en la cual varias poblaciones ancestrales se separaron
con tan poco tiempo entre eventos que diferentes regiones del genoma
conservaron historias ligeramente distintas (Churakov et al., 2022). PubMed Central (PMC)

Figura
6. [Tupaia
glis] es una tupaya del orden Scandentia, propia del sudeste
asiático. Presenta hocico alargado, actividad diurna, buena visión y dieta
generalista basada en frutos e invertebrados. Su éxito evolutivo se
relaciona con la flexibilidad ecológica, capacidad trepadora y tolerancia a
ambientes variados. Aunque antes se vinculaba estrechamente con primates,
hoy se reconoce como un linaje independiente.

Figura
7. [El
cráneo de Tupaia glis] presenta rostro alargado, órbitas
laterales y barra postorbitaria, además de una dentición heterodonta
completa adecuada para frutos e invertebrados. La región auditiva posee una
bulla timpánica especializada, mientras el tamaño craneal varía entre
poblaciones. Su anatomía ayuda a estudiar morfología comparada, evolución de
Scandentia y relaciones dentro de Euarchontoglires.

Figura
8. [Los
colugos] pertenecen a Dermoptera, grupo cuyo nombre significa “alas
de piel” por su amplio patagio. Son mamíferos arborícolas, nocturnos y
planeadores, principalmente folívoros. Los análisis genómicos los sitúan
como grupo hermano de Primates. Su éxito evolutivo se relaciona con la especialización
para el dosel tropical, el planeo eficiente y una posible diversidad
críptica mayor de la reconocida.

Figura
9. [El
cráneo de los colugos] presenta rostro corto, órbitas amplias,
arco cigomático completo y musculatura masticatoria adaptada a una dieta
vegetal. Sus incisivos inferiores forman un característico peine dental,
útil en alimentación y acicalamiento. Aunque Dermoptera es el grupo hermano
de Primates, los colugos poseen numerosas especializaciones propias y no
representan antepasados directos de los primates.
Primates: visión, manipulación y expansión cerebral
El cráneo de los primates
experimentó transformaciones muy diferentes de las observadas en Glires. Una de
las más importantes fue el progresivo desplazamiento de las órbitas hacia la
región anterior de la cabeza, aumentando el solapamiento de los campos
visuales. La visión binocular estereoscópica facilita estimar
distancias, una capacidad especialmente útil para animales que se desplazan
entre ramas y manipulan objetos a corta distancia. Sin embargo, ningún rasgo
aislado define a Primates: el grupo se reconoce por una combinación de
caracteres del cráneo, dentición, extremidades, sistema visual y encéfalo (Sussman et al., 2016). PubMed Central (PMC)
En estrepsirrinos
como lémures y loris, la órbita está rodeada lateralmente por una barra
postorbitaria, pero permanece parcialmente abierta posteriormente. En los
haplorrinos, especialmente monos y simios, aparece un cierre postorbitario
más completo mediante una pared ósea que separa mejor la órbita de los músculos
temporales. Esta reorganización se relaciona con cambios en la anatomía facial,
ocular y masticatoria.
Otro cambio
importante fue la expansión del neurocráneo. Los primates muestran, en
promedio, una elevada encefalización, aunque existen enormes diferencias
entre sus linajes. Los antropoides experimentaron una expansión particularmente
importante de varias regiones del neocórtex relacionadas con integración
visual, movimiento, conducta social y procesamiento sensorial. Los humanos
llevaron algunas de estas tendencias a valores extremos, pero nuestro cerebro
no apareció de manera independiente: representa una modificación de un sistema
neural cuya expansión comenzó mucho antes dentro de la evolución de Primates (Kaas, 2013). PubMed Central (PMC)
La dentición
primate conserva generalmente incisivos, caninos, premolares y molares bien
diferenciados, pero sus proporciones varían según la dieta. Los consumidores de
frutos pueden presentar molares relativamente bajos; los folívoros desarrollan
crestas cortantes para fragmentar hojas; numerosas especies insectívoras poseen
cúspides puntiagudas; y algunos monos presentan grandes caninos relacionados
tanto con alimentación como con competencia sexual.

Figura
10. [El
mandril], Mandrillus sphinx, es un primate africano de la familia
Cercopithecidae, caracterizado por fuerte dimorfismo sexual, grandes
caninos y llamativa coloración facial en los machos. Vive en bosques
tropicales, consume frutos, semillas, invertebrados y pequeños vertebrados.
Su éxito evolutivo combina dieta flexible, vida social compleja, selección
sexual y adaptación forestal.

Figura 11. [El
cráneo del mandril], Mandrillus
sphinx, presenta fuerte dimorfismo sexual. Los machos poseen rostro
alargado, mandíbula robusta y caninos muy desarrollados, usados en
competencia y exhibición. La musculatura temporal y masetérica favorece una
mordida poderosa, mientras la dentición restante permite una dieta omnívora. Su
anatomía refleja la interacción entre alimentación, crecimiento, selección
sexual y desarrollo craneofacial.
El registro fósil y los primeros euarcontos
Los fósiles del
Paleoceno muestran que la historia temprana de los primates y sus parientes fue
más ramificada de lo que sugerían antiguamente los árboles simplificados. Los plesiadapiformes
constituyen una radiación de pequeños mamíferos principalmente arborícolas que
aparece poco después de la extinción K–Pg. Algunos análisis los sitúan dentro
de un conjunto próximo al origen de los primates y documentan una adquisición
gradual de características relacionadas con la prensión arbórea,
incluyendo modificaciones de pies y tobillos.
Fósiles como Dryomomys
szalayi indican que varias adaptaciones asociadas con la locomoción arbórea
estaban presentes hace aproximadamente 62 millones de años. Sin embargo,
muchos plesiadapiformes carecían todavía de las grandes órbitas convergentes
propias de los primates modernos. Esto muestra nuevamente una evolución en
mosaico: manos, pies, dentición, visión y cerebro no tuvieron que
transformarse simultáneamente (Bloch et al., 2007). PubMed Central (PMC)
Los primeros
euprimates inequívocos aparecen aproximadamente durante el Eoceno temprano,
hace unos 56 millones de años. Para entonces ya encontramos animales con
órbitas más orientadas hacia delante, extremidades adaptadas a la vida arbórea
y otras características que permiten reconocer con mayor claridad el patrón
primate. Su expansión coincidió con condiciones climáticas cálidas y amplios
bosques que proporcionaban complejos ambientes tridimensionales.
Un mismo origen, cráneos radicalmente diferentes
La enorme distancia
morfológica entre el cráneo de un ratón, un conejo, una tupaya, un colugo y un
primate demuestra la importancia de la evolución modular. Todos
heredaron el plan fundamental del cráneo de un mamífero placentario: dentario
único, articulación dentario–escamoso, tres huesecillos del oído medio, paladar
secundario y dentición heterodonta ancestral. Sin embargo, cada linaje
modificó regiones distintas según sus propias presiones ecológicas.
En Rodentia, la
transformación más evidente ocurrió en incisivos y músculos masticatorios.
En Lagomorpha se combinaron incisivos especializados, dientes de crecimiento
prolongado y fenestración facial. Dermoptera modificó su dentición y
sistemas relacionados con la vida arborícola; Scandentia mantuvo un cráneo
relativamente generalista; mientras Primates concentró importantes
transformaciones en órbitas, neurocráneo y aparato visual.
Estas diferencias
también muestran por qué la clasificación moderna no puede basarse solamente en
semejanzas externas. Durante décadas se propusieron agrupaciones basadas en
características que posteriormente resultaron ser producto de convergencia
evolutiva. Los datos genómicos permitieron reconocer Euarchontoglires como
una gran rama placentaria y también revelaron que algunas de sus primeras
separaciones fueron extraordinariamente rápidas. Por ello, incluso millones de
bases de ADN pueden producir árboles ligeramente diferentes cuando se intenta
reconstruir eventos separados por apenas unos pocos millones de años (Upham et al., 2019). PubMed Central (PMC)
Cráneos mas humanos
En la transición desde los primeros primates hacia los homínidos, una tendencia importante fue la reorganización del rostro y de las órbitas. Los primates desarrollaron órbitas más frontales, favoreciendo la visión binocular y estereoscópica, mientras el rostro tendió a reducirse progresivamente en varios linajes. Al mismo tiempo, la barra postorbitaria y posteriormente un cierre postorbitario más completo protegieron la región ocular. En los hominoideos y homínidos, el cráneo comenzó a mostrar una mayor integración entre visión, masticación y expansión del neurocráneo.
Dentro de los homínidos, especialmente en los homininos, se observa una reducción gradual del prognatismo facial, acompañada por cambios en la mandíbula y los dientes. Los caninos disminuyeron de tamaño, desapareció en gran medida el diastema y la dentición se hizo menos especializada para exhibición o competencia. Paralelamente, la posición del foramen magno se desplazó hacia una ubicación más inferior, relacionada con el bipedismo habitual y con el equilibrio de la cabeza sobre una columna vertebral vertical.
Con la aparición del género Homo, la tendencia más notable fue el aumento relativo del volumen encefálico y la expansión de la bóveda craneana. En formas como Homo erectus, el neurocráneo era todavía bajo y alargado, con torus supraorbitario prominente, pero ya presentaba una mayor capacidad endocraneana y un rostro menos proyectado que los australopitecos. También continuó la reducción de molares, mandíbula y musculatura masticatoria, mientras la cara se hacía proporcionalmente más pequeña respecto del cráneo.
En Homo sapiens, estas tendencias alcanzan una configuración particular: bóveda alta y globular, frente casi vertical, arcos supraorbitarios reducidos, rostro retraído y mandíbula relativamente pequeña con mentón prominente. Sin embargo, la evolución no fue una secuencia lineal ni uniforme. Cerebro, rostro, dentición, base craneal y postura cambiaron a ritmos distintos, formando un claro proceso de evolución en mosaico desde los primeros primates hasta los humanos modernos.

Figura
12. [Los
gibones] son hominoideos de la familia Hylobatidae, separados
del linaje de los grandes simios hace unos 15–20 millones de años. Su
éxito evolutivo se relaciona con la braquiación, brazos muy largos,
manos prensiles y vida arbórea. Consumen principalmente frutos y hojas,
utilizan vocalizaciones complejas y forman una radiación diversa
adaptada al dosel de los bosques asiáticos.

Figura
13. [El
cráneo de los gibones] presenta neurocráneo redondeado, rostro
corto, órbitas frontales y arcos cigomáticos completos. Su dentición
catarrina incluye caninos desarrollados, premolares y molares
trituradores, adecuados para una dieta principalmente
frugívora. El dimorfismo sexual es moderado. Su anatomía refleja una
combinación de visión binocular, pequeño tamaño corporal y especialización
arbórea, asociada con la locomoción suspensoria.

Figura
14. [El
chimpancé], Pan troglodytes, es uno de nuestros parientes vivos
más cercanos. Presenta musculatura potente, elevada proporción de
fibras rápidas y gran capacidad para trepar, sujetar y desplazarse. Vive en
sociedades de fisión–fusión, utiliza herramientas y aprende socialmente.
Su éxito evolutivo combina fuerza, inteligencia, flexibilidad conductual,
comunicación y cultura material, aunque hoy enfrenta pérdida de hábitat y
caza.

Figura
15. [El
cráneo del chimpancé], Pan troglodytes, presenta rostro prognato,
arcos cigomáticos robustos y órbitas frontales, asociados con visión
binocular y musculatura masticatoria potente. Sus caninos grandes,
diastema y molares amplios reflejan una dieta variada. Frente al humano, posee cara
más proyectada, bóveda craneana más baja y foramen magno más posterior,
rasgos vinculados con locomoción y crecimiento craneofacial.

Figura
16. [Australopithecus
afarensis] fue un hominino del Plioceno, de hace 3,9–2,9
millones de años. Su nombre significa “simio austral de Afar”. El
holotipo es la mandíbula LH 4, mientras “Lucy” es su ejemplar más
famoso. Presentaba bipedismo habitual, cerebro pequeño, rostro prognato y
adaptaciones arborícolas, combinando locomoción terrestre y trepa en una
evolución claramente mosaica.

Figura
17. [El
cráneo de Australopithecus afarensis] presenta bóveda baja,
rostro prognato y cerebro pequeño, de unos 400–550 cm³. Sus caninos
reducidos, molares grandes y mandíbula robusta reflejan cambios tempranos
en la alimentación. La posición del foramen magno se relaciona con el
bipedismo. Su anatomía demuestra una evolución en mosaico, donde
locomoción, dentición y cerebro cambiaron a ritmos distintos.

Figura
18. [Homo
erectus] significa “humano erguido” y vivió desde hace unos 1,9
millones de años. Sus fósiles clásicos fueron hallados por Eugène Dubois
en Java; la calota Trinil 2 es especialmente importante. Presentaba bipedismo
eficiente, piernas largas y cerebro mayor que los australopitecos. Su éxito
se relacionó con flexibilidad ecológica, herramientas y amplia dispersión
geográfica.

Figura
19. [El
cráneo de Homo erectus] presenta bóveda baja y alargada, torus
supraorbitario marcado y paredes craneales gruesas. Su
capacidad endocraneana superó claramente la de los australopitecos. También
muestra rostro menos prognato, dentición reducida y foramen magno compatible
con bipedismo completo. Su anatomía refleja una evolución en mosaico
entre cerebro, cara, dentición y base craneal.

Figura
20. [Homo
sapiens] significa “humano sabio” y existe desde hace al menos 300.000
años. Surgió en África mediante una evolución en mosaico de rostro,
cerebro y comportamiento. Su éxito depende de plasticidad cerebral,
cooperación, lenguaje, tecnología acumulativa y aprendizaje cultural. La
especie se expandió globalmente, se adaptó a numerosos ambientes y también
experimentó hibridación con otros homininos.

Figura
21. [El
cráneo de Homo sapiens] presenta bóveda alta y globular, frente
vertical y rostro reducido, con menor prognatismo que otros homininos.
Posee mentón óseo prominente, arcos supraorbitarios reducidos y un foramen
magno inferior, relacionado con el bipedismo. Su forma refleja una evolución
en mosaico entre encefalización, desarrollo facial, masticación y postura
corporal.
Referencias
Bloch, J. I.,
Silcox, M. T., Boyer, D. M., & Sargis, E. J. (2007). New Paleocene
skeletons and the relationship of plesiadapiforms to crown-clade primates. Proceedings
of the National Academy of Sciences, 104(4), 1159–1164. https://doi.org/10.1073/pnas.0610579104
Churakov, G.,
Kiefmann, M., Jordan, U., Brosius, J., & Schmitz, J. (2022).
Euarchontoglires challenged by incomplete lineage sorting. Genes, 13(5),
757. https://doi.org/10.3390/genes13050757
Kaas, J. H. (2013).
The evolution of brains from early mammals to humans. Wiley
Interdisciplinary Reviews: Cognitive Science, 4(1), 33–45. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3787901/
Kryštufek, B.,
& Motokawa, M. (2021). Editorial: Recent advances in the evolution of
Euarchontoglires. Frontiers in Ecology and Evolution, 9, 750884. https://doi.org/10.3389/fevo.2021.750884
Murphy, W. J., et
al. (2001). Molecular phylogenetics and the origins of placental mammals. Nature,
409, 614–618. https://doi.org/10.1038/35054550
Sussman, R. W.,
Rasmussen, D. T., & Raven, P. H. (2016). Rethinking primate origins again. American
Journal of Primatology, 78, 1–15. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4804135/
Upham, N. S.,
Esselstyn, J. A., & Jetz, W. (2019). Inferring the mammal tree:
Species-level sets of phylogenies for questions in ecology, evolution, and
conservation. PLOS Biology, 17(12), e3000494. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3000494
Wolniewicz, A. S.,
& Fostowicz-Frelik, Ł. (2022). The evolution of unique cranial traits in
leporid lagomorphs. BMC Ecology and Evolution, 22, 146. https://doi.org/10.1186/s12862-022-02096-1









