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Dos estructuras
pueden intervenir, de manera alterna o combinada, en la construcción del eje
corporal de los vertebrados: el notocordio y la columna vertebral.
Ambas proporcionan soporte, transmiten fuerzas producidas por la musculatura y
ayudan a mantener organizada la relación entre médula espinal, músculos
segmentarios y órganos internos. El cráneo también pertenece
convencionalmente al esqueleto axial, pero debido a su enorme
complejidad anatómica puede estudiarse separadamente. El notocordio no es simplemente
una “placa fibrosa”: es una varilla flexible de origen mesodérmico,
rodeada por una cubierta resistente y formada internamente por células
frecuentemente vacuoladas que generan presión. Mecánicamente funciona como una
estructura resistente a la compresión sobre la cual pueden actuar los músculos
durante la locomoción ondulatoria (Stemple, 2005; Holland et al., 2015). PubMed Central (PMC)
El notocordio es
una característica fundamental de Chordata. Los cefalocordados lo conservan
durante toda la vida; en muchos tunicados aparece principalmente durante la
fase larvaria; y todos los vertebrados lo producen durante el desarrollo
embrionario. Algunos vertebrados adultos, como lampreas, mixinos y ciertos
peces, conservan buena parte de esta estructura, mientras en numerosos
tetrápodos la columna cartilaginosa u ósea termina rodeándola y sustituyendo
gran parte de sus funciones mecánicas. Por ello resulta más preciso hablar de
una incorporación y reemplazo progresivo del notocordio por elementos
vertebrales, y no de una simple desaparición universal (Holland et al.,
2015). PubMed Central (PMC)

[El
notocordio en lampreas] continúa siendo el principal soporte axial
durante la vida adulta. Sobre él se dispone el cordón nervioso dorsal,
mientras pequeños cartílagos neurales o arcualias aparecen
segmentariamente. Estos elementos vertebrales protegen parcialmente el sistema
nervioso, pero no sustituyen al notocordio. Su anatomía representa una
condición intermedia en la evolución temprana de la columna vertebral.
Los primeros
cordados fósiles del Cámbrico muestran que esta historia comenzó muy temprano.
Organismos como Haikouella y Haikouichthys presentan notocordio,
musculatura segmentada y una región cefálica diferenciada, aunque
interpretar pequeñas estructuras como verdaderas vértebras resulta difícil
debido a su tamaño, preservación y composición originalmente cartilaginosa. Por
tanto, no conviene imaginar que el registro fósil muestra una secuencia
sencilla en la que primero aparece una columna y después un cráneo. La historia
del esqueleto axial vertebrado fue modular, con distintos tejidos y
elementos mineralizándose o reduciéndose de manera independiente. El propio
texto original señalaba acertadamente que la mala fosilización del cartílago
dificulta reconstruir estas primeras etapas. Markdown pegado

[Haikouella
lanceolata] fue un pequeño organismo marino del Cámbrico temprano,
de hace unos 518–520 millones de años. Presentaba notocordio, cordón
nervioso dorsal, musculatura segmentada y arcos faríngeos, pero carecía de
una columna vertebral mineralizada. Su posición evolutiva es debatida, aunque
resulta fundamental para estudiar el origen temprano de la organización
corporal de los cordados y vertebrados.
Los ciclóstomos
actuales ayudan a comprender esta dificultad. Durante mucho tiempo se afirmó
que los mixinos carecían completamente de vértebras, pero
investigaciones embrionarias y anatómicas identificaron pequeños elementos
cartilaginosos vertebriformes, especialmente en la región caudal. Estos
elementos probablemente son homólogos a componentes vertebrales de otros
vertebrados y sugieren una reducción secundaria en lugar de una ausencia
ancestral absoluta (Ota et al., 2011, 2013). Las lampreas poseen elementos
cartilaginosos dorsales llamados arcualia, pero carecen de grandes
centros vertebrales que sustituyan al notocordio. PubMed Central (PMC)

[Haikouichthys
ercaicunensis] fue un vertebrado
sin mandíbulas del Cámbrico temprano, de hace unos 518 millones de años.
Presentaba notocordio, protovertebras, cordón nervioso dorsal, mioseptos,
ojos y arcos branquiales. Su anatomía muestra que la organización básica de
cabeza, sentidos y esqueleto axial apareció muy temprano, aunque todavía
carecía de una columna vertebral completamente desarrollada.
La embriología
explica parte de este patrón. Las vértebras de los vertebrados con mandíbula se
originan principalmente a partir del esclerotomo, región ventromedial de
los somitas. El notocordio funciona además como importante centro de señalización
embrionaria, induciendo y organizando tejidos vecinos. En muchos amniotas,
las células del esclerotomo rodean progresivamente al notocordio y al tubo
neural para construir los cuerpos y arcos vertebrales (Christ et al., 2000). No
puede afirmarse simplemente que “la columna es ancestral y el cráneo derivado”
a partir de este proceso: ambos poseen historias evolutivas antiguas y
parcialmente independientes. PubMed Central (PMC)

[Elementos
vertebrales de Haikouichthys] aparecen como pequeñas estructuras segmentarias
asociadas al notocordio, sin formar todavía cuerpos vertebrales completos.
Su anatomía conserva un patrón semejante al de cefalocordados como Branchiostoma,
con miotomos, notocordio y cordón nervioso dorsal, pero añade cabeza
diferenciada, ojos y elementos vertebrales, mostrando una transición
temprana hacia la organización de Craniata.

[Los primordios precartilaginosos humanos] aparecen durante el desarrollo temprano del esqueleto axial. La notocorda organiza el eje corporal y guía la formación del esclerotomo, cuyos tejidos originan vértebras y parte de las costillas. Mediante resegmentación, regiones de somitas vecinos forman cada vértebra. Finalmente, restos de la notocorda persisten en los núcleos pulposos de los discos intervertebrales.

[El esqueleto axial temprano] se organizaba alrededor de un notocordio persistente, acompañado por arcos neurales, espinas y centros vertebrales. Los miotomos musculares, separados por mioseptos, transmitían fuerzas durante la locomoción. En la región ventral, los arcos hemales protegían vasos sanguíneos. La columna evolucionó mediante fusión, reducción y reorganización progresiva de estos elementos.

[El
esqueleto axial de los cocodrilomorfos] se divide en regiones cervical,
torácica, lumbar, sacra y caudal. Las costillas torácicas, el esternón y
las gastralias protegen vísceras y participan en respiración. Las vértebras
caudales favorecen la propulsión de la cola. En muchos crocodilianos modernos,
los centros son procélicos, combinando estabilidad y movilidad para
soportar locomoción terrestre y acuática.

[La vértebra de un salmón] integra centro vertebral, canal neural, canal hemal y notocordio. El arco neural protege la médula espinal y el hemal resguarda vasos sanguíneos caudales. En muchos peces, parte del notocordio persiste entre o dentro de los centros. Esta organización permite combinar protección, flexibilidad y transmisión de fuerzas musculares durante la natación.
Estructura de las vértebras
Una vértebra no es necesariamente una sola pieza ósea. En diferentes vertebrados puede estar formada por varios elementos cartilaginosos u osificados que posteriormente permanecen separados o se fusionan. Los componentes más importantes incluyen el centro vertebral, el arco neural que rodea la médula espinal y, especialmente en la región caudal de muchos animales, el arco hemal, relacionado con la protección de vasos sanguíneos. A estos elementos se añaden apófisis, superficies articulares y zonas para el anclaje de costillas, ligamentos y músculos.
La enorme diversidad vertebral surge porque estos componentes pueden aumentar, reducirse, fusionarse o desaparecer. En numerosos peces tempranos y tetrápodos fósiles existían pleurocentros e intercentros separados. En los amniotas modernos, el pleurocentro se convirtió generalmente en el principal componente del cuerpo vertebral, mientras los intercentros experimentaron destinos diferentes según el linaje. Esta complejidad explica por qué antiguamente se intentó reconstruir una secuencia universal de transformación vertebral, pero los fósiles revelaron numerosos casos de convergencia y reorganización independiente. El propio material de partida señalaba que pérdida, fusión, hipertrofia y reducción pueden alterar profundamente los elementos vertebrales. Markdown pegado
En los peces suele distinguirse entre región troncal y región caudal, mientras los tetrápodos muestran una regionalización más marcada. Una columna típica puede dividirse en regiones cervical, torácica, lumbar, sacra y caudal, aunque el número y grado de especialización varían enormemente. Las vértebras cervicales favorecen movilidad de la cabeza; las torácicas se relacionan frecuentemente con costillas; las lumbares soportan fuerzas importantes; las sacras transmiten carga hacia la cintura pélvica; y las caudales participan en el movimiento de la cola.
Tipos de vértebras
Una forma útil de
describir las vértebras consiste en observar la geometría de las superficies
del centro vertebral. Las vértebras acélicas o anfiplatias poseen
extremos relativamente planos. Son características de muchos mamíferos, donde
entre cuerpos vertebrales vecinos existen discos intervertebrales que
permiten movimiento y distribuyen cargas.
Las vértebras anficélicas
poseen superficies cóncavas en ambos extremos. Esta configuración aparece en
numerosos peces y también evolucionó en varios reptiles fósiles, incluidos
ictiosaurios. En algunos peces, restos del notocordio continúan
atravesando o comunicándose entre los centros, manteniendo una participación
importante en la flexibilidad axial.
Las vértebras procélicas
poseen la superficie anterior cóncava y la posterior convexa. Aparecen, por
ejemplo, en numerosos reptiles y anfibios, pero no constituyen un carácter
universal de Diapsida. Las opistocélicas presentan la relación
contraria: superficie anterior convexa y posterior cóncava. Ambas
configuraciones permiten articulaciones móviles capaces de limitar determinados
desplazamientos mientras favorecen otros.
Las heterocélicas
presentan superficies con geometría semejante a una silla de montar. Son
especialmente conocidas en las vértebras cervicales de las aves, donde permiten
una sorprendente movilidad del cuello sin sacrificar estabilidad. Esta
condición demuestra que la forma vertebral responde intensamente a las
exigencias funcionales y puede evolucionar en diferentes contextos anatómicos.

[Las
vértebras] pueden clasificarse por la organización de sus centros
vertebrales y por la forma de sus superficies articulares. Existen
condiciones raquitómicas, holospondílicas, acélicas, anficélicas,
procélicas, opistocélicas y heterocélicas. Estas configuraciones modifican
la movilidad, estabilidad y transmisión de fuerzas. Su distribución
refleja adaptaciones funcionales y numerosos casos de convergencia evolutiva,
no una secuencia lineal.
También existen
sistemas de clasificación basados en el número y organización de los elementos
que componen cada segmento. Términos históricos como aspidospondilia,
holospondilia, monospondilia y diplospondilia siguen siendo útiles de
manera descriptiva, pero deben emplearse con precaución cuando se pretende
convertirlos automáticamente en indicadores de parentesco. La anatomía
vertebral puede responder rápidamente a cambios en locomoción, soporte y
flexibilidad, produciendo semejanzas entre animales no estrechamente
emparentados.

[Una
vértebra anficélica] posee
extremos cóncavos y puede mostrar canal neural, espacio notocordal y canal
hemal. El arco neural protege la médula, mientras el hemal resguarda vasos
caudales. En el tronco, las estructuras ventrales se relacionan con parapófisis
y costillas, no simplemente con un arco hemal abierto. La columna presenta
una clara regionalización funcional y evolutiva.
Los discos intervertebrales y el notocordio
Los tejidos blandos
son esenciales para comprender la columna. En los mamíferos, cada disco
intervertebral está formado principalmente por un anillo fibroso
externo y un núcleo pulposo interno. El núcleo pulposo deriva durante el
desarrollo del notocordio, mientras el anillo fibroso procede
principalmente del esclerotomo. Por tanto, en nuestra propia columna
permanece una consecuencia directa del antiguo eje notocordal embrionario
(McCann & Séguin, 2016). PubMed Central (PMC)
Durante el
desarrollo, el tejido vertebral se condensa alrededor de determinadas regiones
del notocordio, mientras éste persiste entre los futuros cuerpos vertebrales.
El resultado en muchos mamíferos es una serie alternante de vértebras
resistentes y discos deformables. Esta disposición permite absorber
impactos, distribuir cargas y mantener movilidad. La columna, por tanto, no
funciona como una torre rígida de huesos, sino como un sistema integrado de hueso,
cartílago, fibrocartílago, ligamentos y músculos.
Con la edad pueden
producirse cambios en los discos: pérdida de agua, alteración del colágeno,
disminución de altura y reducción de elasticidad. Una hernia discal
ocurre cuando material interno protruye a través del anillo fibroso y puede
comprimir raíces nerviosas; no significa literalmente que todo el disco “salte
de su lugar”. Estos procesos permiten relacionar la anatomía evolutiva y
embrionaria con problemas clínicos modernos. El notocordio también posee
relevancia médica porque células derivadas de este tejido pueden estar
relacionadas con tumores poco frecuentes denominados cordomas. PubMed Central (PMC)
Esternón
El esternón ocupa la región ventral del
tórax y se relaciona funcionalmente con las costillas y la cintura pectoral.
Aunque tradicionalmente se incluye en el esqueleto axial por su posición media
y su relación con la caja torácica, la embriología muestra una historia
interesante: sus precursores no derivan directamente de los somitas como las
vértebras y las costillas, sino principalmente del mesodermo de la placa
lateral. Esto lo vincula estrechamente con el desarrollo de las
extremidades anteriores y de la cintura pectoral (Bickley & Logan, 2014). PubMed Central (PMC)

[El
esternón] varía ampliamente entre tetrápodos y participa en soporte torácico, respiración y
movimiento de las extremidades anteriores. En mamíferos suele dividirse en manubrio,
estérnebras y región xifoidea. En aves, la gran carina o quilla
amplía la superficie para los músculos del vuelo. Su diversidad refleja una
marcada plasticidad evolutiva y biomecánica.
Su forma depende
fuertemente de la locomoción. En las aves voladoras, el esternón desarrolla una
gran carina o quilla, que aumenta enormemente la superficie disponible
para la inserción de los músculos pectorales del vuelo. Las aves con
vuelo reducido pueden presentar una quilla menor. En mamíferos, el esternón
suele componerse durante el desarrollo por una serie de elementos llamados estérnebras,
que pueden fusionarse parcialmente en el adulto. Los gatos conservan una
segmentación visible mayor que la observada externamente en los humanos.
Figura 15. Quilla esternal de un
ave y estérnebras de un mamífero.
El esternón tampoco posee una historia idéntica en
todos los tetrápodos. Algunas líneas lo redujeron o perdieron, mientras otras
lo modificaron profundamente. Su evolución debe entenderse en relación con la ventilación,
soporte del tórax y función de las extremidades anteriores. En los
sinápsidos, el registro fósil muestra una transformación progresiva del
esternón asociada con cambios en postura, locomoción y respiración (Bishop et
al., 2022). PubMed Central (PMC)
Gastralia
Las gastralias,
conocidas popularmente como “costillas abdominales”, son elementos óseos
situados en la pared ventral del abdomen de varios tetrápodos. A diferencia de
las verdaderas costillas, no se articulan directamente con las vértebras.
Se forman dentro de tejidos dérmicos y pertenecen al dermatoesqueleto,
razón por la cual su historia evolutiva es diferente de la de las costillas
endoesqueléticas.

[Las
gastralias] son
huesos dérmicos del abdomen presentes en muchos dinosaurios y otros
arcosaurios. No son costillas verdaderas porque no se articulan con las
vértebras. Formaban una cesta ventral flexible que ayudaba a sostener
vísceras, proteger el abdomen y participar en la respiración. Su anatomía
muestra cómo estructuras dérmicas pueden integrarse funcionalmente con el esqueleto
axial.
Las gastralias
aparecen en diversos grupos fósiles y actuales, incluidos cocodrilos, tuátaras
y numerosos dinosaurios. Pueden contribuir al soporte de las vísceras,
proteger la pared abdominal y participar en mecanismos respiratorios. En
algunos dinosaurios terópodos se ha propuesto que su movimiento ayudaba a
modificar el volumen de la cavidad corporal durante la ventilación.
Su existencia
recuerda que el esqueleto de los vertebrados no procede de una única fuente
embrionaria ni ocupa siempre la misma posición. El endoesqueleto incluye
elementos derivados de cartílago y tejidos mesodérmicos profundos, mientras el
dermatoesqueleto produce estructuras dentro de la piel, como osteodermos y
varios componentes craneales. La evolución puede reducir, fusionar o reutilizar
cualquiera de estos sistemas, por lo que interpretar el esqueleto únicamente
desde el patrón humano conduce fácilmente a errores. Esta diversidad constituye
precisamente una de las ideas centrales del estudio comparativo del esqueleto
axial vertebrado. Markdown pegado
Referencias
Bickley, S. R. B.,
& Logan, M. P. O. (2014). Regulatory modulation of the T-box gene Tbx5
links development, evolution, and adaptation of the sternum. Proceedings of
the National Academy of Sciences, 111(50), 17917–17922. Artículo en PNAS
Bishop, P. J., et
al. (2022). The earliest segmental sternum in a Permian synapsid and its
implications for the evolution of mammalian locomotion and ventilation. Scientific
Reports, 12, 12566. Artículo en acceso abierto
Christ, B., Huang,
R., & Wilting, J. (2000). The development of the avian vertebral column. Anatomy
and Embryology, 202, 179–194.
Fleming, A.,
Keynes, R., & Tannahill, D. (2001). The role of the notochord in vertebral
column formation. Journal of Anatomy, 199, 177–180. Artículo sobre desarrollo
vertebral
Holland, N. D., et
al. (2015). Evolution of the notochord. EvoDevo, 6, 30. Revisión sobre el origen y
evolución del notocordio
McCann, M. R.,
& Séguin, C. A. (2016). Notochord cells in intervertebral disc development
and degeneration. Journal of Developmental Biology, 4(1), 3.
Ota, K. G.,
Fujimoto, S., Oisi, Y., & Kuratani, S. (2013). Late development of hagfish
vertebral elements. Journal of Experimental Zoology Part B, 320(3),
129–139. Artículo sobre elementos
vertebrales de mixinos
Ota, K. G., et al. (2011). Identification of vertebra-like elements and their possible differentiation from sclerotomes in the hagfish. Nature Communications, 2, 373. Artículo sobre vértebras ancestrales en mixinos
































