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martes, 16 de junio de 2026

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Figura. Phoebe Sarah Hertha Ayrton

 Phoebe Sarah Hertha Ayrton (1854–1923) fue una destacada matemática, ingeniera, física e inventora británica cuya carrera desafió muchas de las barreras que enfrentaban las mujeres en la ciencia durante la época victoriana. Nació como Sarah Marks en Portsmouth, Inglaterra, en una familia de recursos modestos. Desde joven mostró un gran interés por las matemáticas y las ciencias naturales, lo que la llevó a estudiar en el Girton College de la Universidad de Cambridge, una de las pocas instituciones que admitían mujeres en ese momento. Aunque completó con éxito sus estudios y obtuvo excelentes resultados académicos, las restricciones de la época impidieron que recibiera un título universitario formal. A pesar de estas limitaciones, continuó desarrollando una carrera científica basada en la investigación, la docencia y la innovación tecnológica, convirtiéndose en una figura reconocida dentro de la comunidad científica británica.

Ayrton realizó importantes investigaciones sobre el arco eléctrico, una descarga luminosa producida entre dos conductores sometidos a una diferencia de potencial elevada. En una época en que la iluminación eléctrica comenzaba a expandirse por ciudades e industrias, el comportamiento inestable de estos arcos representaba un problema práctico y teórico. Mediante experimentos sistemáticos, Ayrton logró explicar las causas de muchas de las fluctuaciones observadas y publicó sus resultados en trabajos científicos que fueron ampliamente reconocidos. Además, desarrolló diversas patentes e inventos relacionados con dispositivos eléctricos y de medición. Sus investigaciones contribuyeron al avance de la ingeniería eléctrica y ayudaron a mejorar la comprensión de fenómenos fundamentales asociados con la conducción eléctrica en gases.

Durante la Primera Guerra Mundial también diseñó el llamado ventilador Ayrton, un dispositivo portátil utilizado para dispersar gases tóxicos en trincheras y refugios. Paralelamente, defendió activamente la participación de las mujeres en la ciencia y apoyó movimientos a favor de los derechos femeninos. En 1899 se convirtió en la primera mujer admitida como miembro de la Institution of Electrical Engineers, y posteriormente fue la primera mujer en recibir la Medalla Hughes de la Royal Society por sus investigaciones originales en electricidad y magnetismo. Hoy es recordada como una pionera de la ingeniería, la física experimental y la igualdad de oportunidades en la ciencia.

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Figura. Angelina Fanny Hesse

Alice Catherine Evans (1881–1975) fue una destacada microbióloga, bacterióloga e investigadora estadounidense cuyas contribuciones transformaron la comprensión de las enfermedades transmitidas por los alimentos y mejoraron significativamente la salud pública. Nació en Pensilvania, Estados Unidos, y desarrolló su interés por las ciencias en una época en la que las oportunidades para las mujeres en la investigación científica eran limitadas. Estudió en la Universidad de Cornell y posteriormente se incorporó al Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, donde investigó problemas relacionados con la producción y seguridad de los productos lácteos. Su trabajo se centró en el estudio de microorganismos patógenos presentes en la leche y en la manera en que estos podían afectar tanto a los animales como a los seres humanos. Gracias a su rigurosidad experimental, Evans se convirtió en una de las investigadoras más respetadas en el campo de la microbiología aplicada.

Su descubrimiento más importante estuvo relacionado con la enfermedad conocida como brucelosis, una infección causada por bacterias del género Brucella. Evans demostró que la bacteria responsable de una enfermedad frecuente en el ganado era muy similar a la que provocaba la llamada fiebre ondulante en humanos. Esta conclusión fue inicialmente recibida con escepticismo, pero posteriores investigaciones confirmaron sus hallazgos. Sus estudios mostraron que la leche cruda podía actuar como vehículo de transmisión de microorganismos peligrosos para las personas. Como consecuencia, sus investigaciones proporcionaron una sólida base científica para promover la pasteurización de la leche como medida preventiva de salud pública.

La influencia de Alice Catherine Evans fue enorme y duradera. La adopción generalizada de la pasteurización contribuyó a reducir drásticamente la incidencia de numerosas enfermedades transmitidas por alimentos contaminados. Además de sus aportes científicos, Evans abrió camino para la participación de las mujeres en la investigación microbiológica. En 1928 se convirtió en la primera mujer elegida presidenta de la Sociedad Estadounidense de Bacteriólogos, actualmente conocida como la American Society for Microbiology. Su legado continúa presente en los sistemas modernos de control sanitario, inocuidad alimentaria y prevención de enfermedades infecciosas. Hoy es recordada como una pionera de la microbiología, la bacteriología y la salud pública.

Figura. Heinrich Schnitger

 Heinrich Schnitger (1905–1974) fue un químico, ingeniero e inventor alemán reconocido principalmente por desarrollar la micropipeta automática, un instrumento que transformó profundamente el trabajo experimental en laboratorios de química, biología y medicina. Nació en Alemania y se formó en un contexto científico caracterizado por el rápido crecimiento de las técnicas analíticas y biomédicas. Durante la primera mitad del siglo XX, muchos procedimientos de laboratorio requerían medir volúmenes muy pequeños de líquidos utilizando instrumentos poco prácticos o de precisión limitada. Schnitger identificó esta necesidad y dedicó parte de su trabajo al diseño de dispositivos que permitieran manipular pequeñas cantidades de líquido de forma más rápida, precisa y reproducible. Su contribución resultó especialmente importante para el desarrollo posterior de la investigación biomédica moderna.

Su logro más conocido ocurrió en la década de 1950, cuando diseñó una de las primeras micropipetas de pistón capaces de aspirar y dispensar volúmenes muy pequeños con gran exactitud. El dispositivo incorporaba un mecanismo mecánico que desplazaba un volumen definido de aire o líquido mediante un pistón calibrado. Esta innovación representó una mejora significativa frente a los métodos tradicionales de medición volumétrica, ya que reducía errores operativos y aumentaba la reproducibilidad de los experimentos. La micropipeta permitió realizar análisis químicos, ensayos clínicos, procedimientos microbiológicos y estudios bioquímicos con una precisión que anteriormente era difícil de alcanzar. Su diseño sirvió como base para la mayoría de las micropipetas modernas utilizadas actualmente en laboratorios de todo el mundo.

La influencia de Schnitger se extiende mucho más allá de su invento original. La micropipeta automática se convirtió en una herramienta esencial para disciplinas como la biología molecular, la genética, la bioquímica, la farmacología y el diagnóstico clínico. Técnicas modernas como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), la secuenciación genética y numerosos análisis de laboratorio dependen de la transferencia precisa de microlitros de solución. Gracias a su contribución, millones de procedimientos científicos pueden realizarse con mayor exactitud y eficiencia. Por ello, Heinrich Schnitger es recordado como uno de los grandes innovadores de la instrumentación científica del siglo XX.

Figura. Densidades y concentraciones de ácidos y bases fuertes

La imagen presenta varias formas comerciales concentradas de ácidos y bases que pueden encontrarse en laboratorios, industrias e incluso en algunos productos de venta libre. Se muestran cinco reactivos ampliamente conocidos: ácido nítrico (HNO₃) al 68 %, ácido clorhídrico (HCl) al 37 %, ácido sulfúrico (H₂SO₄) al 98 %, ácido acético (CH₃COOH) al 99 % e hidróxido de sodio (NaOH) al 50 %. Para cada sustancia se indica una fracción en masa aproximada y su correspondiente densidad, dos propiedades fundamentales para calcular concentraciones como la molaridad. La ilustración destaca que estos reactivos no se comercializan como sustancias puras, sino como disoluciones muy concentradas cuya composición ha sido optimizada para almacenamiento, transporte y uso técnico. También permite comparar rápidamente cómo diferentes sustancias pueden alcanzar concentraciones muy elevadas aun cuando su porcentaje en masa no sea idéntico.

Además de sus características químicas, la imagen enfatiza los aspectos relacionados con la seguridad química. Cada reactivo aparece acompañado por uno o más pictogramas de peligro del sistema globalmente armonizado. El símbolo de corrosivo advierte sobre la capacidad de producir quemaduras químicas y daños graves en tejidos y materiales. El símbolo de oxidante, presente en el ácido nítrico, indica que puede favorecer procesos de combustión. El símbolo de inflamable, asociado al ácido acético glacial, señala que puede encenderse bajo determinadas condiciones. También aparece el pictograma de irritante, utilizado para advertir riesgos asociados al contacto, inhalación o exposición prolongada. Estos símbolos permiten identificar rápidamente los peligros principales de cada reactivo antes de manipularlo.

La idea central de la lámina es que una mayor concentración implica generalmente una mayor necesidad de precaución. Aunque algunos de estos reactivos puedan adquirirse comercialmente, sus formas concentradas requieren el uso de gafas de seguridad, guantes, ropa adecuada y buena ventilación. La elección del reactivo depende del objetivo experimental, pero también del conocimiento de sus propiedades químicas y de los riesgos asociados a su manipulación. Por ello, comprender la relación entre composición, densidad, concentración y seguridad constituye una parte esencial de la formación química y del trabajo responsable en el laboratorio.