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Los primeros amniotas
aparecieron durante el Carbonífero tardío, hace aproximadamente 320 millones
de años, y muchos poseían cuerpos pequeños, alargados y superficialmente
semejantes a los de una lagartija. Sin embargo, esta semejanza externa puede
resultar engañosa: animales como Hylonomus lyelli, Paleothyris
acadiana o el temprano sinápsido Archaeothyris florensis no eran
lagartos modernos, sino representantes próximos a las primeras divergencias de Amniota.
La adquisición del huevo amniótico, junto con modificaciones de la piel,
riñón, pulmones y reproducción, permitió completar el desarrollo embrionario
sin una fase larvaria acuática obligatoria. Poco después de su origen, los
amniotas se separaron fundamentalmente en dos grandes líneas: Synapsida,
que finalmente produciría a los mamíferos, y la línea reptiliana o Sauropsida/Reptilia,
de la cual proceden tortugas, lepidosaurios, cocodrilos, dinosaurios y aves
(Brocklehurst et al., 2022; Ford & Benson, 2020). OUP Academic
Figura 1. [Paleothyris]
fue un pequeño amniota carbonífero con aspecto semejante al de una
lagartija, aunque su anatomía revela una condición mucho más primitiva.
Presentaba cráneo anápsido, mandíbula de varios huesos y articulación cuadrado-articular.
Su pertenencia a Amniota implicaba membranas extraembrionarias y menor
dependencia reproductiva del agua, anticipando la posterior diversificación de
los reptiles.
Esta división
moderna sustituye la antigua idea de separar simplemente “reptiles y aves” de
“mamíferos”. Las aves son reptiles diápsidos, concretamente dinosaurios
terópodos supervivientes. Los primeros representantes de ambas grandes ramas
amniotas eran todavía anatómicamente muy parecidos, por lo que una parte
importante de su historia se reconstruye mediante detalles craneales, dentales
y postcraneales. Durante mucho tiempo, uno de los caracteres más empleados para
organizar estos fósiles fue el patrón de fenestración temporal, aunque
actualmente sabemos que semejantes aberturas pueden aparecer, reducirse,
fusionarse o cerrarse independientemente en diferentes linajes, de modo que no
constituyen por sí solas una clasificación filogenética segura (Abel &
Werneburg, 2021; Kardong, 2019). Wiley Online Library
Figura 2. [El
cráneo de Paleothyris]. Paleothyris presenta una región
temporal cerrada, por lo que su cráneo puede describirse como anápsido.
Sin embargo, este término no implica necesariamente una condición primitiva.
Las fenestras temporales pueden abrirse, cerrarse, fusionarse o
convertirse en escotaduras durante la evolución. Por ello, la
clasificación de los amniotas requiere considerar también paladar,
mandíbula, dentición, neurocráneo y esqueleto postcraneal.
La fenestración
La fenestra
temporal es una abertura delimitada por huesos situada detrás de la órbita
ocular, dentro de la región temporal del dermatocráneo. No debe confundirse
con el espiráculo, la escotadura ótica ni las aberturas vinculadas
directamente al oído medio. Las fenestras temporales surgieron mediante
reorganizaciones de los huesos dérmicos del techo craneal y están
estrechamente relacionadas con la disposición de la musculatura aductora
mandibular. Al abrir espacios entre los huesos, los músculos pueden
aumentar su volumen, cambiar su orientación o extenderse hacia superficies
externas del cráneo, aunque la aparición de una fenestra no debe explicarse
únicamente como una adaptación destinada a incrementar la fuerza de mordida.
También intervienen factores del desarrollo, integración estructural y
reducción de masa craneal (Werneburg, 2019; Abel & Werneburg, 2021). Frontiers
Los primeros
tetrápodos y numerosos amniotas tempranos presentan una región temporal completamente
techada por hueso, condición tradicionalmente denominada anápsida.
En cráneos como el de Paleothyris, detrás de la órbita no existe una
fenestra temporal completa. Históricamente, esta configuración fue considerada
el patrón ancestral de todos los amniotas, mientras que las fenestras
características de sinápsidos y diápsidos se habrían originado posteriormente.
Las reconstrucciones modernas mantienen que una región temporal cerrada es
probablemente próxima a la condición ancestral, aunque el registro fósil
temprano revela mayor variabilidad de la que sugerían las clasificaciones
clásicas (Ford & Benson, 2020; Werneburg, 2019). Nature
Figura 3. [Dendrograma
de los amniotas]. La fenestración craneal es altamente
plástica y no debe usarse aisladamente para inferir parentescos. Las tortugas
probablemente derivan de antepasados diápsidos, aunque hoy presentan
cierre temporal secundario. Las fenestras pueden abrirse, cerrarse,
fusionarse o transformarse en escotaduras. Incluso dinosaurios como los anquilosaurios
desarrollaron cráneos aparentemente cerrados mediante expansión ósea y nuevos
elementos dérmicos.
La evolución de
esta región estuvo acompañada por cambios importantes del esplancnocráneo.
Los amniotas adultos ya no presentan arcos branquiales funcionales destinados a
sostener branquias, aunque numerosos derivados embrionarios de los arcos
faríngeos permanecen incorporados al aparato hioideo, laringe, oído y otras
estructuras. El aparato hioideo sostiene la lengua y participa en
deglución, ventilación y vocalización según el linaje. La antigua hiomandíbula
del segundo arco faríngeo está representada por el estribo o columela,
que transmite vibraciones hacia el oído interno. Por tanto, no es correcto
afirmar que el aparato hioideo adulto “forme” directamente el estribo: ambos
proceden de diferentes regiones del antiguo arco hioideo durante la
evolución y el desarrollo (Kardong, 2019).
La mandíbula
conserva inicialmente una articulación entre cuadrado y articular, como
ocurre todavía en reptiles y aves. En la línea sinápsida, estos huesos serían
progresivamente reducidos y transferidos al oído medio, originando
respectivamente el yunque y el martillo, mientras una nueva articulación
dentario-escamosal asumía el movimiento mandibular. Esta reorganización
constituye uno de los ejemplos más notables de transformación funcional del
esqueleto visceral durante la evolución de los mamíferos (Norton et al., 2023).
PubMed Central (PMC)
Taxonomía y evolución
La clasificación
tradicional dividía a los amniotas según el número de ventanas temporales: anápsidos,
sin fenestras; sinápsidos, con una abertura lateral; eurápsidos,
con una abertura dorsal; y diápsidos, con dos aberturas. Este sistema
conserva gran utilidad descriptiva, pero no debe confundirse con una filogenia
moderna. Actualmente se reconoce que la forma de la región temporal puede
modificarse repetidamente y que varios de estos nombres históricos reúnen
organismos que no forman un grupo monofilético (Abel & Werneburg,
2021). PubMed
En los sinápsidos,
una sola fenestra temporal apareció tempranamente detrás de cada órbita. Este
linaje incluye a los antiguos sinápsidos basales —tradicionalmente llamados
“pelicosaurios”—, los terápsidos, cinodontos y finalmente los mamíferos.
En la rama reptiliana, las dos fenestras del patrón diápsido aparecen en
formas tempranas como Petrolacosaurus kansensis. Entre ambas ventanas se
mantiene una barra temporal formada principalmente por postorbital y
escamoso, mientras otra barra inferior incorpora elementos como yugal y
cuadratoyugal. Durante la posterior radiación de reptiles, estas barras
fueron modificadas, reducidas o eliminadas numerosas veces (Tokita & Sato,
2023). Wiley Online Library
Las relaciones
entre los primeros reptiles tampoco están completamente resueltas.
Tradicionalmente se distinguían Eureptilia y Parareptilia,
situando dentro del segundo grupo numerosos reptiles paleozoicos de cráneo
aparentemente anápsido. Sin embargo, análisis recientes han cuestionado incluso
esta separación, llegando a recuperar a los parareptiles dentro de Diapsida y
demostrando que la evolución de las fenestras fue más compleja de lo que
sugería la taxonomía clásica. Por ello, patrones como “anápsido”, “sinápsido” o
“diápsido” resultan más seguros cuando se emplean para describir una morfología
craneal, mientras la posición filogenética debe establecerse mediante
conjuntos amplios de caracteres (Ford & Benson, 2020). Nature
Anápsidos secundarios
El denominado problema
de las tortugas constituye uno de los mejores ejemplos de las limitaciones
de clasificar los amniotas únicamente por las fenestras. Las tortugas modernas
presentan una región temporal sin las dos ventanas completamente delimitadas
características del patrón diápsido. Por esta razón fueron consideradas durante
más de un siglo los últimos supervivientes de los antiguos “anápsidos”,
supuestamente separados del resto de los reptiles antes del origen de Diapsida.
Sin embargo, los estudios moleculares comenzaron a colocar consistentemente a
las tortugas dentro de los reptiles diápsidos y, con frecuencia, como grupo
hermano viviente de los arcosaurios, formando con cocodrilos y aves el
agrupamiento denominado Archelosauria (Chiari et al., 2012). PubMed Central (PMC)
El registro fósil proporcionó posteriormente evidencias de que la condición cerrada de las tortugas es secundaria. Formas del linaje troncal como Pappochelys rosinae muestran claramente un patrón diápsido, mientras otras etapas de la evolución hacia las tortugas verdaderas presentan una reducción progresiva de esas aberturas. Así, el cráneo compacto de las tortugas actuales no representa simplemente la supervivencia intacta del patrón de los primeros amniotas, sino una arquitectura profundamente modificada (Schoch & Sues, 2016; Schoch, 2020). ScienceDirect
La posición precisa de las primeras tortugas fósiles continúa siendo investigada. Durante la última década se propuso que Eunotosaurus africanus representaba una fase muy temprana del linaje de las tortugas y proporcionaba evidencia de un proceso de cierre secundario de las fenestras temporales (Bever et al., 2015). Sin embargo, un análisis morfológico amplio publicado en 2026 recuperó a Eunotosaurus como un millerétido no relacionado estrechamente con las tortugas y encontró apoyo anatómico para una relación entre las tortugas y los arcosauromorfos, compatible con gran parte de la evidencia molecular. Esto demuestra que el origen de Testudines continúa siendo un campo activo y que algunos supuestos ancestros pueden cambiar de posición a medida que aparecen nuevos caracteres y métodos de análisis (Ford et al., 2026). ScienceDirect
Figura 4. [El
cráneo de las tortugas] parece cerrado, pero deriva de antepasados diápsidos
y sufrió cierre secundario de las fenestras temporales. Presenta emarginaciones
temporales, un gran dentario, articulación cuadrado-articular
y un pico córneo sin dientes. La combinación de escamoso, parietal,
supraoccipital y cuadratoyugal refleja una reorganización especializada, no
una simple conservación de una condición ancestral.
En las tortugas modernas, las grandes escotaduras o emarginaciones temporales del borde posterior del cráneo proporcionan espacio para músculos y tejidos blandos. Estas excavaciones no deben considerarse simplemente “fenestras nuevas”, porque no están completamente rodeadas por hueso y poseen historias anatómicas diferentes. Precisamente por ello, una tortuga puede presentar un cráneo externamente semejante a una condición anápsida y, al mismo tiempo, descender de antepasados diápsidos (Abel & Werneburg, 2021). Wiley Online Library
Eurápsidos y sinápsidos
El término eurápsido
se utilizó históricamente para describir reptiles con una sola abertura
temporal alta, aproximadamente equivalente a la fenestra supratemporal de un
diápsido. Se aplicó especialmente a reptiles marinos como plesiosaurios e
ictiosaurios. Actualmente no se considera que Euryapsida represente un
gran linaje natural independiente comparable con Synapsida o Diapsida. En
diversos reptiles marinos, esta configuración surgió mediante modificaciones
secundarias de un cráneo ancestralmente diápsido, incluida la reducción o
cierre de la fenestra temporal inferior. Por esta razón, “eurápsido” resulta
más útil como descripción morfológica que como categoría filogenética
(Werneburg, 2019; Abel & Werneburg, 2021). Frontiers
En los lepidosaurios,
que incluyen tuátaras, lagartos y serpientes, la arquitectura diápsida también
sufrió grandes transformaciones. Muchas lagartijas conservan claramente las dos
regiones temporales, pero la barra temporal inferior puede encontrarse
reducida. En las serpientes la pérdida de distintos arcos óseos produce una
región posterior extremadamente abierta y móvil, condición relacionada con una
marcada cinética craneal y con la capacidad de desplazar
independientemente diferentes componentes mandibulares y palatales. Por tanto,
las grandes aberturas de estos animales no corresponden simplemente a una
fenestra ancestral agrandada, sino a la combinación de fenestras originales con
pérdidas secundarias de barras óseas.
Figura 5. [El
cráneo diápsido típico] posee
dos fenestras temporales y una articulación cuadrado-articular
ancestral. En linajes derivados pueden reducirse postfrontal, cuadratoyugal
y barras temporales, mientras otros huesos se refuerzan. La quinesis
craneal puede involucrar cuadrado, pterigoides, palatino y maxilar.
Mosasaurios, serpientes y aves aumentaron la movilidad; los cocodrilos, en
cambio, reforzaron el cráneo.
Los arcosaurios
ancestrales conservaron las dos fenestras temporales y añadieron otras
aberturas importantes, entre ellas la fenestra antorbital, situada entre
la órbita y la narina. Los dinosaurios heredaron esta arquitectura altamente
fenestrada. En formas próximas al origen de las aves, como Archaeopteryx
lithographica, todavía puede reconocerse buena parte del patrón craneal
dinosauriano, con fenestras temporales delimitadas por barras óseas. Durante la
evolución posterior de las aves, el cráneo sufrió una profunda reorganización:
varios huesos se fusionaron, las órbitas aumentaron enormemente de tamaño y las
barras temporales se redujeron, permitiendo que distintas cavidades se hicieran
confluentes. Las aves modernas, por consiguiente, no son “anápsidas
secundarias”; poseen un cráneo diápsido extraordinariamente modificado cuyo
desarrollo y anatomía conservan señales de aquella arquitectura ancestral
(Bhullar et al., 2016; Plateau & Foth, 2020). PubMed
Figura 6. [Archaeopteryx
lithographica] conserva
un cráneo diápsido dinosauriano con dientes, gran órbita y mandíbula
formada por varios huesos. El cuadrado todavía articula con el
articular, mientras postorbital, escamoso y cuadratoyugal delimitan la región
temporal. En aves posteriores, estos elementos se reducen o fusionan,
desaparecen los dientes y el cráneo se vuelve más ligero, abierto y
especializado.
La historia de los sinápsidos
siguió una trayectoria diferente. La fenestra temporal única de los primeros
representantes aumentó progresivamente de tamaño durante la evolución de
terápsidos y cinodontos. El espacio permitió una reorganización profunda de los
músculos temporales y maseteros, mientras el arco cigomático se
convirtió en una importante superficie de origen muscular. En paralelo, el
dentario aumentó hasta dominar la mandíbula inferior y los antiguos huesos
postdentarios disminuyeron progresivamente, culminando con la incorporación del
articular y cuadrado al oído medio como martillo y yunque (Norton et
al., 2023). PubMed Central (PMC)
En los mamíferos,
por tanto, la fenestra sinápsida no desapareció simplemente para producir
nuevamente una bóveda cerrada. En muchos linajes se expandió hasta constituir
gran parte de la fosa temporal, y frecuentemente perdió el límite óseo
completo que originalmente la separaba de la órbita. El resultado es una abertura
orbitotemporal o una extensa excavación lateral cuya forma varía entre
grupos. Carnívoros como los grandes félidos muestran una enorme fosa temporal
atravesada por poderosos músculos mandibulares, mientras los primates
desarrollaron distintas formas de barra y cierre postorbital. En humanos, la
órbita está ampliamente separada de la fosa temporal por estructuras óseas
posteriores, pero la fosa temporal sigue representando la región
profundamente reorganizada derivada de la arquitectura sinápsida ancestral; no
es simplemente una “fenestra perdida” (Werneburg, 2019; Abel & Werneburg,
2021). Frontiers
Figura 7. [El
cráneo de los mamíferos avanzados] conserva la antigua fenestra sinápsida transformada en una amplia
fosa temporal, ocupada por poderosos músculos mandibulares. La mandíbula
queda dominada por el dentario, articulado con el escamoso, mientras articular
y cuadrado originan martillo y yunque. Esta reorganización integra masticación
potente, audición especializada y expansión cerebral en una arquitectura
craneal profundamente derivada.
Referencias
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