Sin embargo, este estado es inestable y puede romperse con gran facilidad. Basta una pequeña perturbación para que las partículas de soluto comiencen a organizarse formando los primeros núcleos de cristalización. Una vez aparecen estos núcleos, la recristalización se propaga rápidamente por toda la disolución, ya que las partículas excedentes encuentran una superficie estable sobre la cual depositarse. Como consecuencia, el exceso de soluto abandona la fase disuelta y forma cristales, mientras la concentración de la disolución disminuye hasta alcanzar nuevamente el valor correspondiente a una disolución saturada. Este proceso suele ir acompañado por la liberación de energía y, en algunos casos, puede producir un ligero aumento de temperatura.
Entre los factores que pueden inducir una recristalización rápida se encuentran la adición de un pequeño cristal semilla del mismo compuesto, la presencia de impurezas sólidas, el contacto con superficies rugosas, la introducción de un objeto dentro de la disolución, la agitación, las vibraciones, los golpes o cambios bruscos de temperatura. Todos estos factores facilitan la formación de núcleos cristalinos y desencadenan la precipitación casi instantánea del exceso de soluto. Este fenómeno tiene aplicaciones importantes en la purificación de sustancias, la obtención de cristales de alta calidad y la fabricación de materiales, pero también exige un manejo cuidadoso en el laboratorio para evitar cristalizaciones inesperadas.