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[Sistema esquelético]
El concepto de Bauplan
permite comprender un animal como una arquitectura corporal integrada, y
no simplemente como una suma de sistemas estudiados de manera independiente. En
un organismo, los sistemas locomotor, circulatorio, respiratorio, excretor,
nervioso y reproductor funcionan dentro de restricciones impuestas por los
demás componentes del cuerpo. Por ello, la evolución no produce
estructuras ilimitadamente eficientes, sino soluciones que representan compromisos
funcionales entre protección, crecimiento, movilidad, intercambio de
sustancias y reproducción. En los artrópodos, buena parte de estos compromisos
deriva de una característica fundamental: una cutícula externa resistente,
segmentada y asociada con apéndices articulados, que transforma
radicalmente la manera como el cuerpo interactúa con el ambiente (Brusca et
al., 2016).
El nombre Arthropoda
alude precisamente a los apéndices articulados, pero su plan corporal no
debe interpretarse como una simple expansión de la concha de los moluscos. El exoesqueleto
artrópodo es una cutícula secretada por la epidermis, constituida
principalmente por quitina y proteínas, mientras que las conchas de los
moluscos poseen un origen y composición distintos. Entre los parientes cercanos
de los artrópodos se encuentran Onychophora y probablemente Tardigrada,
integrados tradicionalmente con ellos dentro de Panarthropoda. Los
onicóforos conservan apéndices lobopodiales no articulados, mientras que
los artrópodos desarrollaron articulaciones verdaderas y regiones
esclerotizadas altamente especializadas. La evidencia morfológica, molecular y
fósil identifica actualmente a los onicóforos como el grupo hermano más
probable de los artrópodos, mientras la posición exacta de los tardígrados
continúa siendo más discutida (Edgecombe, 2010). ScienceDirect
Los problemas de la armadura de los artrópodos
El exoesqueleto
proporciona una extraordinaria protección mecánica, ofrece superficies
rígidas para la inserción muscular y, especialmente en las formas
terrestres, ayuda a reducir la pérdida de agua. Sin embargo, una
cubierta rígida también genera restricciones. Las regiones endurecidas no
pueden deformarse libremente, por lo que el movimiento debe concentrarse en articulaciones
flexibles. Asimismo, la cutícula mineralizada o esclerotizada no puede
crecer continuamente junto con los tejidos internos. El animal debe resolver
entonces tres problemas fundamentales: cómo desplazarse, cómo
aumentar de tamaño y cómo mantener el intercambio de gases y sustancias
a través de una superficie corporal relativamente impermeable (Brusca et al.,
2016; Vincent & Wegst, 2004). ScienceDirect
Resolviendo el problema del movimiento
La solución
locomotora característica consiste en dividir el exoesqueleto en placas
rígidas conectadas mediante membranas articulares flexibles. Los apéndices
segmentados actúan como sistemas de palancas sobre los cuales se insertan
músculos internos. Cuando un músculo se contrae, transmite su fuerza
directamente al exoesqueleto, produciendo movimientos precisos y potentes sin
necesidad de deformar toda la pared corporal. Esta arquitectura permite
caminar, nadar, excavar, capturar presas y manipular alimentos mediante
modificaciones de un mismo principio estructural.
Las zonas
articulares pueden contener resilina, una proteína extremadamente
elástica capaz de almacenar energía durante la deformación y liberarla
rápidamente. En insectos, este material participa en mecanismos repetitivos
como saltos, movimientos alares y desplazamientos rápidos de las piezas
bucales. La cutícula no posee, por tanto, una rigidez uniforme: existen
regiones extremadamente duras junto a otras flexibles o elásticas, produciendo
una estructura compuesta con propiedades mecánicas regionalizadas (Vincent
& Wegst, 2004). PubMed
El interior
corporal está ocupado en gran medida por un hemoceloma, cavidad llena de
hemolinfa. Los artrópodos poseen un sistema circulatorio abierto,
en el cual la hemolinfa abandona parcialmente los vasos y circula por espacios
corporales antes de regresar al corazón. Esto no significa que la presión
hidrostática haya desaparecido completamente: algunos artrópodos utilizan
cambios locales de presión de la hemolinfa para extender apéndices o
participar en determinados movimientos. Sin embargo, el soporte mecánico
principal depende del exoesqueleto y la musculatura, no de un esqueleto
hidrostático general como ocurre en muchos animales de cuerpo blando (Brusca et
al., 2016).

Figura 1. [Los
artrópodos viven rodeados por un exoesqueleto rígido]. Los artrópodos
poseen un exoesqueleto rígido que protege y sostiene el cuerpo, pero
limita el crecimiento continuo. Por ello realizan mudas periódicas.
Durante la ecdisis abandonan la cutícula vieja y la nueva permanece blanda
y expandible. Después se endurece mediante esclerotización o
mineralización. Este proceso permite crecer, aunque deja temporalmente al
animal en una fase de gran vulnerabilidad.
Resolviendo el problema de la excreción
La presencia de una
cutícula impermeable también obliga a especializar la eliminación de
residuos nitrogenados y el mantenimiento del equilibrio osmótico. No
existe un único sistema excretor para todos los artrópodos. Los crustáceos
suelen poseer glándulas antenales o maxilares; diversos quelicerados
presentan glándulas coxales, mientras que muchos insectos y arácnidos
emplean túbulos de Malpighi conectados con el intestino. Estos últimos
extraen sustancias de la hemolinfa y descargan los residuos hacia el tubo
digestivo, donde puede recuperarse gran parte del agua antes de la expulsión.
Esta organización
resulta especialmente ventajosa en ambientes terrestres porque permite una excreción
con pérdida mínima de agua. Muchos artrópodos terrestres transforman el
nitrógeno en compuestos relativamente poco solubles, como el ácido úrico,
reduciendo todavía más el costo hídrico de la eliminación de desechos. La
impermeabilización corporal y la eficiencia excretora evolucionaron así como
partes interdependientes del mismo problema fisiológico.
Resolviendo el problema del intercambio de gases o ventilación
Una cutícula
gruesa y poco permeable dificulta la difusión directa de oxígeno y dióxido
de carbono. Por ello, diferentes linajes desarrollaron superficies
respiratorias especializadas. Muchos crustáceos acuáticos utilizan branquias,
estructuras delgadas y vascularizadas o bañadas por hemolinfa; los insectos
poseen sistemas de tráqueas y traqueolas que conducen aire directamente
hacia los tejidos; numerosos arácnidos emplean pulmones en libro, tráqueas o
ambos, mientras los xifosuros poseen branquias en libro (Brusca et
al., 2016).
El sistema traqueal
presenta una particular restricción relacionada con el tamaño corporal.
A medida que un insecto aumenta sus dimensiones, una fracción progresivamente
mayor del espacio interno puede quedar ocupada por tráqueas necesarias para
suministrar oxígeno. Estudios comparativos indican que esta inversión
respiratoria aumenta especialmente en regiones estrechas como las patas, donde músculos,
nervios y tráqueas compiten por espacio anatómico (Kaiser et al., 2007). PubMed Central (PMC)
Durante parte del Carbonífero
y el Pérmico temprano, la presión parcial atmosférica de oxígeno fue
superior a la actual. Esta hiperoxia pudo facilitar la existencia de
algunos artrópodos terrestres gigantes al reducir proporcionalmente la
inversión necesaria en estructuras respiratorias. Sin embargo, el oxígeno no
constituye una explicación única: la relación entre tamaño, ecología,
depredación, competencia y composición atmosférica fue compleja, y la
evidencia no permite atribuir todo el gigantismo paleozoico exclusivamente a la
concentración de oxígeno (Harrison et al., 2010). PubMed Central (PMC)
Resolviendo el problema del crecimiento
El exoesqueleto
endurecido no puede expandirse indefinidamente. Por ello, el crecimiento
requiere un proceso periódico denominado muda, dentro del cual la ecdisis
corresponde específicamente a la salida de la cutícula antigua. Antes de
abandonar esa armadura, la epidermis se separa de ella mediante la apólisis
y comienza a producir una nueva cutícula. Después, el animal rompe la cubierta
antigua, emerge y expande rápidamente su cuerpo mientras el nuevo exoesqueleto
permanece blando y flexible.
Posteriormente
ocurre el endurecimiento cuticular, mediante procesos como la esclerotización
y, en determinados grupos, la mineralización. Durante este intervalo el
artrópodo es particularmente vulnerable porque su protección y capacidad
locomotora están temporalmente reducidas. La muda constituye así el costo
inevitable de poseer una armadura rígida que proporciona grandes ventajas durante
el resto del ciclo de crecimiento (Andersen, 2010). PubMed

Figura 2. [Bauplan
de los artrópodos]. Los artrópodos conservan un plan corporal
común basado en segmentación, exoesqueleto quitinoso y apéndices
articulados. La diversidad surge mediante tagmosis, fusión y
especialización de segmentos. Insectos, arácnidos, crustáceos y miriápodos
modifican estructuras homólogas sin abandonar este diseño básico. Los genes
Hox regulan esas diferencias, permitiendo adaptar el mismo bauplan a
locomoción, alimentación, defensa y percepción.
Ventajas del esqueleto de los artrópodos
A pesar de estas
restricciones, el exoesqueleto articulado constituye una innovación
extraordinariamente versátil. Funciona simultáneamente como protección, soporte
estructural, superficie de inserción muscular, barrera contra microorganismos y
defensa frente a la pérdida de agua. Además, permite regionalizar las
propiedades mecánicas: una misma cutícula puede formar placas rígidas,
membranas flexibles, resortes elásticos, mandíbulas cortantes, agujas perforadoras
o estructuras sensoriales.
Los apéndices
articulados amplificaron todavía más esta versatilidad. Partes inicialmente
relacionadas con la locomoción pudieron especializarse posteriormente en alimentación,
defensa, reproducción, percepción sensorial, natación, excavación o
manipulación. Esta capacidad para modificar módulos corporales sin
reorganizar completamente el organismo explica buena parte de la enorme
diversidad funcional de los artrópodos.
La especialización del exoesqueleto de los artrópodos
El plan corporal
ancestral puede representarse idealmente como una sucesión de segmentos
semejantes, cada uno asociado con un par de apéndices. La evolución produjo
posteriormente especialización, reducción, fusión y pérdida diferencial de
segmentos y apéndices. El proceso mediante el cual varios segmentos se
integran en regiones funcionales recibe el nombre de tagmosis, mientras
cada región resultante constituye un tagma. Cabeza, tórax y abdomen de
los insectos, o prosoma y opistosoma de muchos quelicerados, son ejemplos de
esta reorganización.

Figura 3. [Un
artrópodo ancestral idealizado]. La tagmosis transforma un artrópodo
segmentado poco especializado en un organismo con regiones funcionales
diferenciadas. Durante este proceso, algunos segmentos y apéndices se
conservan, otros se fusionan, reducen o pierden, y otros adquieren nuevas
funciones. Así surgen estructuras como antenas, mandíbulas y patas
especializadas, mientras los genes Hox ayudan a establecer la
identidad de cada región corporal.

Figura 4. [El
exoesqueleto de los crustáceos]. Los crustáceos presentan numerosos apéndices
especializados derivados de un mismo plan segmentado. Las antenas
detectan estímulos, las mandíbulas y maxilas manipulan alimento, los pereiópodos
permiten caminar o sujetar, y los pleópodos participan en natación y
reproducción. Los urópodos, junto con el telson, ayudan en el
movimiento. Esta diversidad surge mediante tagmosis y especialización
evolutiva.
La especialización
de los apéndices puede ser todavía más espectacular. En los crustáceos,
estructuras homólogas pueden transformarse en antenas, mandíbulas, maxilas,
maxilípedos, pereiópodos o pleópodos, dependiendo del segmento y de la
regulación del desarrollo. La identidad regional se encuentra controlada en
gran medida por genes reguladores, especialmente los genes Hox,
cuyos patrones de expresión contribuyen a determinar qué estructuras puede
desarrollar cada segmento.

Figura 5. [Los
embriones y larvas de artrópodos] muestran con claridad un plan
corporal segmentado antes de la especialización adulta. Durante el
desarrollo, los genes Hox ayudan a definir la identidad de los segmentos
y sus apéndices. Luego, mediante tagmosis, estas regiones se
diferencian. No representan ancestros vivos, pero permiten estudiar homologías,
desarrollo, segmentación y evolución del bauplan artrópodo.
Figura 6. Título
provisional: segmentación embrionaria y establecimiento del patrón corporal
artrópodo.
Las alas de los
insectos constituyen un caso particularmente interesante. Su origen evolutivo
continúa siendo discutido y no puede afirmarse simplemente que sean branquias
transformadas. Evidencias actuales de biología evolutiva del desarrollo
respaldan modelos en los que habrían participado tanto tejidos dorsales del
cuerpo como componentes derivados de regiones proximales de antiguos apéndices,
produciendo una posible integración de estructuras ancestrales
(Clark-Hachtel & Tomoyasu, 2020). Nature
El exoesqueleto de los artrópodos
Un corte
transversal revela que la pared corporal está formada por una epidermis viva
que secreta hacia el exterior una cutícula acelular. Internamente se
encuentra el hemoceloma, ocupado por hemolinfa y órganos. Externamente,
cada segmento puede presentar regiones endurecidas denominadas escleritos.
La placa dorsal recibe generalmente el nombre de tergito, la ventral se
denomina esternito, mientras las regiones laterales constituyen las pleuras,
frecuentemente relacionadas con articulaciones y puntos de inserción de
apéndices.

Figura 7. [Somitas
de los artrópodos]. Cada somita de los artrópodos está formado por escleritos
endurecidos y regiones flexibles. El tergito ocupa la zona dorsal, el esternito
la ventral y las pleuras los laterales. Estas últimas permiten la
inserción de apéndices y articulaciones. La combinación de placas
rígidas, membranas y músculos proporciona protección, soporte y movilidad,
conservando el plan corporal segmentado del grupo.
La cutícula
presenta dos regiones principales: epicutícula y procutícula. La
epicutícula es extremadamente delgada, carece de quitina y contiene proteínas,
lípidos y ceras. En artrópodos terrestres, sus componentes lipídicos
constituyen una importante barrera contra la evaporación, una adaptación
decisiva para reducir la pérdida de agua. Debajo se encuentra la procutícula,
formada principalmente por fibrillas de quitina asociadas con proteínas,
y dividida funcionalmente en exocutícula y endocutícula (Vincent &
Wegst, 2004).

Figura 8. [La
epicutícula] forma la superficie externa del exoesqueleto y contiene
cuticulina, proteínas y lípidos. Sobre ella se deposita una capa
cerosa que reduce la pérdida de agua. Debajo se encuentra la procutícula,
dividida en exocutícula y endocutícula, ricas en quitina. La epidermis
produce estas capas, además de cerdas sensoriales y glándulas dérmicas,
integrando protección, impermeabilización y soporte mecánico del cuerpo.
La resistencia de
la procutícula depende tanto de su arquitectura microscópica como de
procesos químicos posteriores. La esclerotización produce enlaces entre
moléculas cuticulares mediante derivados fenólicos y quinonas, incrementando
considerablemente la rigidez y resistencia mecánica. El grado de
esclerotización puede variar entre regiones del mismo individuo, permitiendo
combinar piezas extremadamente duras con articulaciones flexibles (Andersen,
2010). PubMed

Figura 9. [El
exoesqueleto artrópodo] se organiza en escleritos. Los tergitos
protegen la región dorsal, mientras los esternitos cubren la superficie
ventral y participan en la inserción muscular. Entre ambos se encuentran
regiones pleurales más flexibles, donde se articulan muchos apéndices.
Esta combinación de placas rígidas y membranas permite protección, soporte y
movilidad, manteniendo la segmentación corporal característica del
grupo artrópodo.
La mineralización
constituye otro mecanismo de endurecimiento, especialmente importante en
numerosos crustáceos, donde pueden incorporarse cantidades considerables de carbonato
de calcio. Otros artrópodos enriquecen regiones muy localizadas de sus
herramientas cuticulares con elementos como zinc o manganeso. En
escorpiones, arañas y diversos insectos, estos elementos pueden concentrarse en
aguijones, dientes, quelíceros, mandíbulas o garras, aumentando
determinadas propiedades mecánicas; no significa que toda la armadura esté
mineralizada con metales pesados (Schofield, 2001; Schofield et al., 2003). ScienceDirect

Figura 10. [Exoesqueleto del escorpión] Los escorpiones poseen regiones
del exoesqueleto especialmente duras, reforzadas mediante esclerotización
y pequeñas concentraciones de zinc o manganeso. Este enriquecimiento se
concentra en estructuras como pinzas y aguijón, sometidas a gran
desgaste. No poseen una armadura metálica completa: la mayor parte de la
cutícula sigue formada por quitina y proteínas, combinando resistencia,
ligereza y movilidad.
Bibliografía
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