Desde una mirada antropocéntrica puede parecer poco “digno” descubrir que los humanos estamos más cercanamente emparentados con ratones y conejos que con perros, gatos o caballos. Sin embargo, la evolución no establece categorías de prestigio. Primates y roedores comparten un ancestro común más reciente entre sí que cualquiera de ellos con los miembros de Laurasiatheria, donde se encuentran cánidos, félidos, murciélagos, caballos, ciervos y cetáceos. Esta relación fue una de las grandes conclusiones de la filogenética molecular moderna, que reorganizó profundamente la antigua clasificación basada casi exclusivamente en semejanzas anatómicas (Murphy et al., 2001). Nature
Esto tampoco significa que un humano sea especialmente parecido a un ratón. Tras separarse sus linajes, cada rama acumuló decenas de millones de años de evolución independiente. Glires especializó particularmente incisivos, músculos masticatorios y aparato digestivo, mientras los primates modificaron intensamente órbitas, visión binocular, manos, neurocráneo y encéfalo. Los cánidos pueden parecernos anatómicamente más familiares debido a características corporales convergentes o fácilmente reconocibles, pero la apariencia externa no determina el parentesco filogenético. El ADN revela relaciones ancestrales que millones de años de adaptación pueden ocultar casi por completo. Nature
Paper fundador sobre la filogenia de los placentarios · Filogenómica de Euarchontoglires

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