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La cola de los
vertebrados es la región del cuerpo situada por detrás del ano y
constituye una prolongación del eje anteroposterior. Cuando está
desarrollada, contiene componentes derivados del sistema axial, como vértebras
caudales, musculatura segmentaria, vasos sanguíneos, nervios y tejidos
conectivos. Por esta razón, una cola vertebrada verdadera pertenece
anatómicamente al esqueleto axial, aunque pueda funcionar casi como una
extremidad independiente. El término cotidiano “cola” también se aplica a
estructuras posteriores de escorpiones, moluscos y otros animales, pero estas
semejanzas externas no implican necesariamente un mismo origen evolutivo.
La cola puede
asumir funciones completamente diferentes. En los peces participa
principalmente en la propulsión acuática; en mamíferos terrestres puede
intervenir en equilibrio, comunicación o defensa contra ectoparásitos;
algunos primates la emplean como estructura prensil; numerosos lagartos pueden
desprenderla mediante autotomía; y en las aves la cola ósea quedó
profundamente reducida mientras las plumas asumieron nuevas funciones
aerodinámicas.
El problema de las diferentes colas
La diversidad de
colas planteó durante mucho tiempo una dificultad anatómica: la región
posterior de un pez parece formar una sola estructura continua con su aleta
caudal, mientras en un tetrápodo encontramos una cola vertebrada semejante
a una prolongación del tronco. Esta diferencia llevó a preguntar si ambas
estructuras eran realmente equivalentes.
El problema comenzó
a aclararse cuando el desarrollo embrionario mostró que la cola posee
características propias. Aunque continúa el eje corporal formado durante el
desarrollo del tronco, la región posterior termina organizándose desde una yema
caudal, donde aparecen nuevos tejidos neurales, mesodérmicos y vertebrales.
Por ello puede considerarse simultáneamente una continuación del eje y una
región especializada de crecimiento posterior (Handrigan, 2003). PubMed Central (PMC)
La aparente
contradicción se volvió todavía más interesante al estudiar peces fósiles y
actuales: lo que externamente llamamos “cola del pez” puede contener dos
componentes evolutivamente distintos, uno vertebrado y otro correspondiente
a la aleta mediana.
El pez con dos colas
El fósil paleozoico
Aetheretmon, de aproximadamente 350 millones de años, permitió
comprender esta organización. Sallan (2016) mostró que estos peces poseían dos
prolongaciones posteriores claramente distinguibles: una cola dorsal que
contenía vértebras, homóloga a la cola de los tetrápodos, y una estructura
ventral formada por la aleta caudal mediana. Ambas poseían organizadores
y trayectorias de crecimiento diferentes. ScienceDirect

[Aetheretmon]
fue un pez actinopterigio del Carbonífero temprano, de hace unos 350
millones de años. Su región posterior mostraba dos componentes: una cola
vertebrada dorsal y una aleta caudal inferior. Esta condición de
“doble cola” ayuda a explicar cómo, en distintos linajes, una de estas regiones
se redujo mientras la otra adquirió mayor importancia evolutiva.
En Aetheretmon,
la cola vertebrada continuaba creciendo más allá de la aleta, por lo que las
dos estructuras podían distinguirse externamente. En muchos actinopterigios
modernos ocurre algo distinto: la prolongación vertebrada queda reducida,
mientras la aleta caudal crece hasta dominar la silueta posterior. Así, lo que
visualmente parece una única cola representa en realidad el resultado del
crecimiento desigual de dos regiones ancestrales. ScienceDirect
Esta interpretación
también evita la antigua idea de que el desarrollo embrionario de los
teleósteos simplemente “repite” una secuencia evolutiva ancestral. Los datos
indican que ontogenia y filogenia no son una reproducción exacta una de otra:
ambas estructuras existen desde etapas comparables y su apariencia adulta
depende de cuánto crece cada componente.
Colas asimétricas de los peces y evolución hacia Tetrapoda
En numerosos peces
el extremo posterior del esqueleto axial está desviado respecto de la aleta. En
una cola heterocerca, característica de tiburones, esturiones y
numerosos peces fósiles, la columna se prolonga dentro del lóbulo dorsal,
produciendo una evidente asimetría anatómica. En las colas homocercas de los
teleósteos modernos la superficie exterior parece simétrica, pero internamente
la columna continúa curvada dorsalmente y los elementos ventrales,
especialmente los hipurales, sostienen gran parte de los radios
caudales.
Los sarcopterigios
que finalmente dieron origen a Tetrapoda siguieron otra trayectoria. Durante la
transición hacia los primeros tetrápodos desaparecieron progresivamente los
grandes radios que componían la aleta caudal, mientras permaneció la
región postanal vertebrada. Los primeros tetrápodos acuáticos todavía podían
presentar expansiones caudales útiles para nadar, pero la cola terrestre
terminó siendo esencialmente la prolongación vertebrada del eje corporal.
Por tanto, los
tetrápodos no inventaron una cola completamente nueva. Heredaron la cola
vertebrada ancestral, mientras perdieron las estructuras dérmicas que
formaban gran parte de la aleta caudal de sus antepasados peces. Esta
distinción explica por qué una salamandra, un lagarto o un mamífero tienen
vértebras caudales pero carecen de los radios característicos de las aletas de
los peces.

[Las
colas de los actinopterigios] combinan una prolongación
vertebrada dorsal y una aleta caudal ventral. En Aetheretmon
ambas regiones permanecían claramente diferenciadas. Durante la evolución, cada
componente pudo expandirse o reducirse de manera independiente. Así, las
colas heterocercas y homocercas reflejan distintas proporciones de crecimiento,
no una transformación lineal de una sola estructura.
Vaca marina: regreso de una cola terrestre al agua
Los sirenios
—manatíes, dugongos y la extinta vaca marina de Steller, Hydrodamalis gigas—
descendieron de mamíferos terrestres cuadrúpedos que retornaron
independientemente al ambiente acuático. En ese proceso, las extremidades
posteriores se redujeron profundamente y la columna caudal volvió a
convertirse en el principal aparato propulsor.
Los manatíes poseen
una gran pala caudal horizontal, mientras los dugongos presentan una cola
dividida externamente en dos lóbulos. Estas superficies no contienen huesos que
se extiendan hasta sus bordes: las vértebras caudales terminan dentro del
pedúnculo, mientras músculos, tendones, colágeno y otros tejidos forman la
superficie propulsora.
La columna de los
sirenios también perdió buena parte de la regionalización terrestre. En los
manatíes disminuyó el número de vértebras presacrales, prácticamente
desapareció el sacro funcional y la región posterior se reorganizó para
transmitir fuerzas hacia la cola. Buchholtz (2007) concluyó que el origen del
sistema propulsor caudal ocurrió tempranamente en la evolución sirenia, antes
de la separación entre manatíes y dugongos. American Association for Anatomy

[La
evolución de la cola en Sirenia] implicó la transformación de
mamíferos cuadrúpedos en nadadores completamente acuáticos. Formas tempranas
conservaron pelvis y extremidades posteriores funcionales, pero estas se
redujeron progresivamente mientras la columna lumbar, sacra y caudal
asumía la propulsión. Finalmente surgió una aleta caudal horizontal,
convergente con la de los cetáceos y especializada en movimientos
dorsoventrales.
Ballenas: una segunda evolución independiente de las aletas caudales
Los cetáceos realizaron una transformación semejante, pero completamente independiente. Sus antepasados pertenecían a Artiodactyla y poseían originalmente una columna, pelvis y extremidades posteriores propias de mamíferos terrestres. Durante el Eoceno, la transición hacia la vida acuática produjo una reducción progresiva de las patas posteriores y una reorganización extraordinaria de las regiones lumbar, sacra y caudal.

[La
evolución de la cola en los misticetos] implicó una profunda
reorganización de la columna vertebral. La pelvis perdió conexión
funcional con el sacro, mientras las regiones lumbar, sacra y caudal se
integraron en un sistema propulsor. Finalmente, las vértebras transmitieron
fuerzas hacia el pedúnculo y las aletas caudales horizontales,
especializadas en oscilaciones dorsoventrales durante la natación
En ballenas y delfines, la región sacra dejó de estar firmemente conectada a una pelvis funcional. Las vértebras lumbares y anteriores de la cola adquirieron formas semejantes y comenzaron a funcionar como una gran unidad propulsora axial. Posteriormente, la cola se subdividió funcionalmente en una base musculosa y una región distal asociada con las aletas caudales o flukes (Buchholtz, 2007). PubMed
Las aletas caudales de los cetáceos son horizontales y producen propulsión mediante movimientos dorsoventrales. Esta orientación refleja la herencia locomotora de los mamíferos, cuya columna lumbar flexiona principalmente en el plano sagital. Sirenios y cetáceos muestran así una extraordinaria convergencia evolutiva: ambos reconstruyeron un poderoso aparato caudal acuático a partir de una cola mamaliana terrestre.
Aves: reducción de la cola ósea y expansión de las plumas
Los dinosaurios
terópodos ancestrales poseían colas vertebradas largas y musculosas,
importantes como contrapeso y para la locomoción. Los primeros avialanos,
incluido Archaeopteryx, todavía conservaban una larga sucesión de
vértebras caudales.
Durante la
evolución de las aves, la región caudal experimentó una reducción progresiva.
El número de vértebras disminuyó y las terminales acabaron fusionándose para
formar el pigóstilo. Paralelamente, las rectrices aumentaron su
importancia y formaron superficies controlables capaces de generar fuerzas
aerodinámicas. Esta reorganización convirtió una larga cola ósea en una
estructura mucho más corta, ligera y adaptable al vuelo (Rashid et al., 2014). PubMed Central (PMC)
La pérdida ósea no
significó perder completamente las funciones de la cola. Las aves modernas
utilizan las rectrices para maniobrar, frenar, estabilizarse y señalizar,
mientras músculos asociados al pigóstilo controlan el abanico caudal.

[La
evolución de la cola en las aves] implicó la reducción de una cola
vertebrada larga hacia un pigóstilo corto y fusionado. En Archaeopteryx
predominaban vértebras caudales libres; en Sapeornis y Confuciusornis
aumentó la fusión. En Neornithes, las rectrices asumieron funciones de control
aerodinámico, frenado, maniobra y señalización, reemplazando parte del
papel mecánico de la cola ósea.
Primates: de colas locomotoras a colas prensiles y pérdida completa
Dentro de Primates
existen múltiples soluciones. Muchos monos utilizan la cola principalmente para
equilibrio y comunicación, mientras algunos platirrinos americanos
desarrollaron independientemente una cola prensil capaz de soportar una
parte importante del peso corporal.
En monos araña y
otros atélidos, esta estructura posee musculatura poderosa, gran sensibilidad
táctil y una superficie ventral especializada. Funcionalmente puede actuar como
un quinto miembro, aunque continúa siendo anatómicamente parte del eje
vertebral.
Los hominoideos
—gibones y grandes simios, incluidos los humanos— siguieron la trayectoria
opuesta: la cola externa desapareció. Esta pérdida ocurrió en el ancestro común
de los hominoideos hace aproximadamente 25 millones de años, dejando
únicamente unas pocas vértebras terminales que en los humanos forman el cóccix.
Nature

[El
mono araña], Ateles, es un primate arborícola americano cuyo
nombre alude a su pulgar reducido. Su éxito evolutivo combina brazos
largos, locomoción suspensoria y cola prensil, capaz de sostener peso y
controlar el equilibrio. Su dieta principalmente frugívora lo convierte en
importante dispersor de semillas, aunque su dependencia de bosques
continuos lo vuelve vulnerable a la fragmentación del hábitat.

[El
esqueleto de Ateles] está especializado para la locomoción
arbórea suspensoria, con extremidades largas y una cola prensil
formada por numerosas vértebras caudales. Esta cola funciona como un quinto
miembro, ayudando a sujetarse y equilibrarse. En contraste, los hominoideos
perdieron la cola externa y reorganizaron tronco, pelvis y extremidades
para locomoción ortógrada y, en homininos, bipedismo.
Humanos: genes que construyen la cola y señales que detienen su
crecimiento
Los embriones
humanos sí comienzan desarrollando una región caudal evidente. La
producción de esta estructura requiere una compleja red genética compartida con
otros vertebrados. Entre los genes fundamentales se encuentra TBXT,
también conocido históricamente como Brachyury, indispensable para
formar mesodermo posterior y desarrollar correctamente el eje corporal. Las
señales WNT3A y FGF8 mantienen activas las poblaciones de progenitores
de la yema caudal, mientras los genes CDX ayudan a especificar las
regiones posteriores y regulan la expresión de genes Hox. Las vías de Notch
intervienen además en la segmentación que genera los futuros somitas y
vértebras (Handrigan, 2003; Rashid et al., 2014). PubMed Central (PMC)
El comienzo de la
cola está relacionado con GDF11, que ayuda a cambiar el programa de los
progenitores desde una modalidad de formación del tronco hacia una modalidad
propiamente caudal. Una vez establecida la yema caudal, LIN28 favorece
la persistencia y proliferación de esos progenitores. PubMed
El crecimiento
tampoco puede prolongarse indefinidamente. Conforme avanza el desarrollo se
activan genes posteriores del grupo HOX13, especialmente HOXB13 y
HOXC13. Estos genes ayudan a agotar la reserva de progenitores caudales,
disminuyen la actividad de LIN28 y reducen las señales WNT y FGF.
Al mismo tiempo aumenta relativamente la señalización por ácido retinoico. El
resultado es la terminación de la elongación axial. PubMed En embriones humanos se ha observado
directamente que FGF8 y WNT3A disminuyen intensamente antes de que se
detenga completamente el crecimiento de la cola. PubMed Central (PMC)
En los hominoideos
apareció además una modificación genética particularmente importante. Xia y
colaboradores demostraron que una inserción del elemento transponible AluY
dentro de un intrón de TBXT puede interactuar con otro elemento Alu
ancestral, denominado AluSx1. Esta interacción modifica el procesamiento
del ARN y genera una isoforma de TBXT en la que se omite el exón 6.
Cuando los investigadores reprodujeron un patrón semejante en ratones, algunos
desarrollaron colas muy cortas o carecieron completamente de ellas. Nature
Esta modificación
probablemente contribuyó a la pérdida de la cola de los primeros
hominoideos, pero no debe considerarse la única causa. Otros cambios genéticos
anteriores o posteriores probablemente estabilizaron el fenotipo sin cola. El
experimento también reveló un posible costo evolutivo: determinadas
combinaciones que reducen la cola aumentaron en ratones la frecuencia de defectos
del tubo neural, mostrando que las innovaciones evolutivas pueden producir
beneficios y riesgos simultáneamente. Nature

[La
cola de los primates] es una prolongación del esqueleto axial
formada por vértebras caudales y músculos especializados. En especies
prensiles, como los monos araña, permite sujeción, equilibrio y soporte
corporal. En los hominoideos, la cola externa se perdió evolutivamente y
quedó reducida al cóccix, acompañado por musculatura pélvica y cambios
genéticos relacionados con TBXT.
Referencias
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Lemos, L., Nóvoa, A., Jurberg, A. D., Mascrez, B., Duboule, D., & Mallo, M.
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Chapman, S. C., Larsson, H. C. E., Organ, C. L., Bebin, A. G., Merzdorf, C. S.,
Bradley, R., & Horner, J. R. (2014). From dinosaurs to birds: A tail of
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Sallan, L. (2016).
Fish ‘tails’ result from outgrowth and reduction of two separate ancestral
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Xia, B., et al. (2024). On the genetic basis of tail-loss evolution in humans and apes. Nature, 626, 1042–1048. Artículo en Nature


























