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Peces sin mandíbula
Los vertebrados
sin mandíbula proporcionan una ventana excepcional hacia las primeras
etapas de la evolución del esqueleto axial. Entre ellos se distinguen
los ciclóstomos actuales —mixinos y lampreas— y una gran variedad de
formas fósiles tradicionalmente reunidas bajo el nombre de ostracodermos.
Este último término resulta útil de manera descriptiva, pero no representa un
clado natural único: engloba varios linajes de vertebrados acorazados del
Paleozoico. En muchas de estas formas tempranas, el notocordio
continuaba siendo el principal elemento longitudinal de soporte, mientras los
componentes vertebrales eran pequeños, incompletos o estaban escasamente
mineralizados. El registro fósil puede ocultar parte de esta anatomía porque
los tejidos cartilaginosos se preservan mucho peor que las grandes placas
dérmicas de la cabeza y el cuerpo. Markdown pegado
Las lampreas
conservan durante la vida adulta un notocordio grande y resistente, acompañado
dorsalmente por pequeños elementos cartilaginosos denominados arcualias,
asociados con la protección de la médula espinal. No poseen grandes centros
vertebrales como los gnatóstomos. Los mixinos fueron considerados durante mucho
tiempo vertebrados carentes por completo de vértebras; sin embargo, el
descubrimiento de pequeños cartílagos vertebriformes en la región caudal
y su desarrollo a partir de tejidos comparables al esclerotomo indican que
probablemente experimentaron una reducción secundaria del aparato vertebral
(Ota et al., 2011). Nature
Esto significa que
la evolución inicial de Vertebrata no puede representarse simplemente como una
secuencia “notocordio → vértebras completas”. Durante millones de años
coexistieron un notocordio funcional, pequeños elementos vertebrales,
arcos neurales y diversos tejidos cartilaginosos. Algunos linajes aumentaron la
participación de las vértebras en el soporte corporal, mientras otros
conservaron o redujeron determinadas estructuras.

Figura
1. [El
esqueleto axial] en la lamprea conserva un notocordio persistente como
principal soporte corporal, acompañado por pequeñas arcualias cartilaginosas
asociadas al cordón nervioso. La cabeza posee condrocráneo y una cesta
branquial del esplancnocráneo, ambos cartilaginosos. Esta organización
muestra cómo distintos módulos esqueléticos se especializaron progresivamente
durante la evolución temprana de los vertebrados.
Placodermos y acantodios
Los primeros gnatóstomos,
o vertebrados con mandíbula, continuaron mostrando una fuerte dependencia del
notocordio. En numerosos placodermos, el eje notocordal permanecía grande,
mientras alrededor de él podían aparecer arcos neurales y hemales
mineralizados. La preservación de los centros vertebrales es variable y no
permite afirmar que todos los placodermos compartieran exactamente la misma
organización. Lo importante es reconocer que todavía existía una separación
clara entre el antiguo soporte notocordal y los nuevos elementos
segmentarios asociados con protección nerviosa, inserción muscular y
estabilidad.
Los llamados acantodios,
otro conjunto tradicional que hoy se interpreta como una agrupación de
diferentes ramas próximas al origen de los condrictios, muestran una condición
semejante en numerosos fósiles: arcos neurales dorsales y arcos hemales
ventrales asociados con un notocordio considerable. En varias formas
tempranas no existe un centrum grande comparable con el cuerpo vertebral de un
mamífero. Estas combinaciones muestran que los arcos y centros vertebrales
pudieron evolucionar de manera parcialmente independiente. Markdown pegado
Esta situación
resulta importante porque nuestro propio concepto de “vértebra” está sesgado
por los tetrápodos modernos. En los primeros peces con mandíbula, una unidad
vertebral podía ser un conjunto de varias piezas, y el notocordio todavía
podía constituir el elemento principal que resistía la compresión longitudinal.
Con el tiempo, determinados linajes desarrollaron centros cada vez mayores
hasta convertirlos en la parte dominante del eje corporal. Una revisión comparativa
de la columna vertebral confirma que formas tempranas próximas a los
condrictios podían poseer arcos neurales y hemales bien diferenciados sin
centros vertebrales desarrollados. PubMed Central (PMC)

Figura
2. [El
esqueleto axial de Coccosteus] combinaba un notocordio prominente
con pequeños arcos neurales y hemales, sin grandes centros vertebrales
dominantes. Los arcos protegían la médula y vasos sanguíneos, mientras el
notocordio transmitía fuerzas durante la natación. Este patrón muestra una
etapa temprana de los gnatóstomos, donde la columna evolucionaba
modularmente antes de adquirir vértebras más robustas.

Figura
3. [El
esqueleto axial de Acanthodes] combinaba un notocordio
persistente con numerosos arcos neurales y hemales, mientras los
centros vertebrales permanecían reducidos. En la cola, los radiales
hipocordales colaboraban con el soporte de la aleta. Esta anatomía muestra
una etapa temprana de los gnatóstomos, donde la columna evolucionaba
modularmente mediante integración de soporte, protección y locomoción.
Tipos de aletas axiales
La región posterior
de la columna se continúa hacia la aleta caudal, cuya forma está
íntimamente vinculada con la manera en que las fuerzas musculares son
transmitidas al agua. Una condición frecuente en tiburones y diversos peces
fósiles es la aleta heterocerca, en la cual la columna vertebral se
prolonga hacia el lóbulo dorsal. Externamente los dos lóbulos tienen tamaños
diferentes y la cola genera fuerzas de empuje cuya dirección depende de su
geometría y del movimiento corporal.
En las aletas dificercas,
el eje vertebral permanece aproximadamente central y los radios forman una
aleta relativamente simétrica alrededor de él. Esta condición aparece, por
ejemplo, en varios peces de aleta lobulada. En los teleósteos es característica
la aleta homocerca, que parece externamente simétrica, aunque su
esqueleto interno conserva una marcada asimetría: el extremo de la columna se
flexiona dorsalmente y varios elementos ventrales se expanden para sostener los
radios de la cola. Por eso “homocerca” describe principalmente su simetría
externa, no una simetría verdadera del esqueleto (Desvignes et al., 2018). PubMed Central (PMC)
Los hipurales
no son simplemente los radios de la aleta. Son huesos derivados principalmente
de espinas hemales modificadas de las vértebras caudales terminales y
sirven como soporte para los radios dérmicos de la aleta. En los teleósteos, su
número, tamaño y grado de fusión pueden variar notablemente y constituyen
caracteres importantes para estudiar la evolución del esqueleto caudal. OUP Academic

Figura
4. [Las
aletas caudales] se clasifican según la relación entre la columna y
los radios. Las heterocercas prolongan el eje hacia el lóbulo dorsal;
las dificercas mantienen el eje casi central; y las homocercas
parecen simétricas externamente, aunque conservan asimetría interna. Estas
configuraciones reflejan distintas soluciones evolutivas para propulsión,
estabilidad y maniobra acuática.
La forma de la cola
también está relacionada con la flotabilidad, pero no puede explicarse
exclusivamente por la presencia o ausencia de vejiga natatoria. Los tiburones
carecen de esta estructura y utilizan una combinación de hígado rico en
lípidos, sustentación hidrodinámica, aletas pectorales y movimientos de la cola.
Tampoco es cierto que todos deban nadar permanentemente para no hundirse o
respirar: numerosas especies pueden permanecer inmóviles y ventilar activamente
las branquias.

Figura
5. [La
columna de los tiburones] combina centros cartilaginosos calcificados,
arcos neurales, arcos hemales y restos del notocordio. Este sistema resiste
las flexiones laterales de la natación y transmite fuerza hacia la cola
heterocerca. Sin vejiga natatoria, los tiburones regulan su posición
mediante hígado rico en lípidos, aletas y fuerzas hidrodinámicas,
integrando propulsión y estabilidad corporal.
Peces cartilaginosos
En los condrictios
—tiburones, rayas y quimeras— el endoesqueleto permanece predominantemente
cartilaginoso, aunque puede adquirir una intensa calcificación prismática.
Las vértebras de muchos tiburones poseen centros grandes que rodean o
reemplazan parcialmente el espacio ocupado ancestralmente por el notocordio. A
diferencia de la condición observada en lampreas, estos centros participan
directamente en la resistencia mecánica de la columna.
El notocordio no
funciona simplemente como un hilo continuo que mantiene juntas las vértebras.
Durante el desarrollo interactúa estrechamente con la formación de los centros,
y restos notocordales pueden persistir en determinadas regiones
intervertebrales. La columna debe resistir flexiones laterales repetidas y
transmitir al pedúnculo caudal las fuerzas producidas por grandes masas
musculares. En peces nadadores activos, las propiedades del centrum, tejidos
intervertebrales y musculatura forman una unidad mecánica capaz de almacenar y
devolver parte de la energía durante cada ciclo natatorio.
La diversidad de
estructuras vertebrales dentro de Chondrichthyes demuestra que incluso un
esqueleto predominantemente cartilaginoso puede producir centros complejos y
altamente especializados, sin necesidad de convertirse en hueso verdadero.
Peces óseos de aleta radiada
Los actinopterigios
muestran una extraordinaria diversidad del esqueleto axial. Algunos linajes
tempranos actuales, como los esturiones, conservan un notocordio muy
desarrollado durante toda la vida y no poseen grandes centros vertebrales
osificados comparables con los de los teleósteos. Aun así, presentan arcos
neurales, arcos hemales, costillas y otros elementos asociados. Esta
combinación demuestra que pertenecer a Osteichthyes no implica necesariamente
poseer una columna formada enteramente por cuerpos vertebrales óseos. PubMed Central (PMC)
En la mayoría de
los teleósteos, por el contrario, los centros vertebrales se encuentran
claramente desarrollados y constituyen la principal estructura segmentaria del
eje corporal. El notocordio participa decisivamente durante el desarrollo y
puede persistir de forma reducida entre o dentro de los centros. El arco neural
rodea la médula espinal, mientras en las vértebras caudales el arco hemal
protege vasos sanguíneos importantes.
Las costillas de
los peces presentan además una diversidad que no tiene equivalente sencillo en
mamíferos. Pueden existir costillas pleurales y elementos epineurales o
intermusculares, asociados con los mioseptos y la pared corporal. Por ello,
hablar de “dos juegos de costillas” resulta útil en algunas ilustraciones
didácticas, pero las homologías de estos elementos son más complejas de lo que
su apariencia sugiere.

Figura
6. [En
los teleósteos], cada vértebra combina centrum, arco neural y
espina neural, integrados con ligamentos y musculatura. Las verdaderas costillas
pleurales se ubican ventrolateralmente, mientras algunos elementos dorsales
son huesos intermusculares asociados a los mioseptos. Esta organización
permite transmitir fuerzas entre músculos y columna, manteniendo rigidez,
flexibilidad y eficiencia locomotora durante la natación.
La columna funciona
mecánicamente junto con notocordio, ligamentos, mioseptos y músculos
laterales. Cuando los miotomos se contraen alternadamente, producen ondas
que recorren el cuerpo hacia la cola. El eje axial debe ser suficientemente
flexible para curvarse y suficientemente elástico para recuperar su
configuración. No es únicamente el notocordio el responsable de evitar
desplazamientos vertebrales: los tejidos intervertebrales, articulaciones y
musculatura contribuyen conjuntamente a la estabilidad.
Figura 7. Flexión
de la columna durante la natación y función elástica de los tejidos axiales.
En los teleósteos
modernos el eje vertebral constituye así una estructura de transmisión de
fuerzas, no una simple barra rígida. La proporción entre flexibilidad y
resistencia cambia según la ecología: un pez anguiliforme necesita grandes
ondulaciones del tronco, mientras un atún concentra gran parte del movimiento
cerca del pedúnculo caudal.
Peces óseos de aleta lobulada
Los sarcopterigios
incluyen celacantos, peces pulmonados y tetrápodos. Su historia axial es
especialmente importante porque dentro de este grupo evolucionaron los
vertebrados terrestres. Sin embargo, no existe una única “columna
sarcopterigia”. En el celacanto actual, Latimeria chalumnae, persiste un
notocordio extremadamente grande que constituye una parte fundamental
del eje corporal, acompañado por elementos vertebrales relativamente reducidos.
PubMed Central (PMC)
Los peces
pulmonados presentan otras combinaciones, mientras los tetrapodomorfos
fósiles cercanos al origen de Tetrapoda desarrollaron vértebras más
mineralizadas y complejas. En formas como Eusthenopteron pueden
reconocerse pleurocentros, intercentros y arcos neurales, formando una
configuración históricamente denominada raquitómica o aspidospondílica.
Estos centros no
deben imaginarse como piezas que inevitablemente terminarían fusionándose
siguiendo una dirección predeterminada. La evolución temprana de
Tetrapodomorpha produjo múltiples combinaciones de intercentros grandes,
pleurocentros pequeños, pleurocentros crecientes y notocordios persistentes.
Las relaciones entre estas piezas variaron repetidamente según el linaje.

Figura
7. [La
columna de muchos peces] funciona como un resorte axial, alternando
entre reposo y flexión durante la natación. El notocordio, junto con
ligamentos y tejidos intervertebrales, aporta elasticidad, resistencia y
recuperación de la forma. Así, el esqueleto axial puede transmitir y
devolver energía, evitando deformaciones excesivas y mejorando la
eficiencia de las ondulaciones corporales.
Esqueleto axial de los tetrápodos
La conquista de
ambientes someros y posteriormente terrestres produjo cambios importantes en la
columna de los primeros tetrápodos. La gravedad comenzó a imponer
mayores cargas sobre el tronco, mientras las extremidades transmitían fuerzas
desde el suelo hacia la columna. Los elementos vertebrales aumentaron su
participación en el soporte corporal y el notocordio perdió progresivamente
parte de su función mecánica dominante, aunque su reducción ocurrió de
maneras diferentes en distintos linajes.
Una tendencia
importante fue la aparición de centros vertebrales mayores y articulaciones
más especializadas. El pleurocentro se convirtió finalmente en el principal
componente del centrum de los amniotas, pero otros tetrápodos fósiles
desarrollaron configuraciones diferentes. Los temnospóndilos, por ejemplo,
conservaron intercentros relativamente importantes. Por eso no existe una única
serie vertebral que conduzca desde peces hasta mamíferos.
El texto original
planteaba tres tendencias fundamentales: reducción relativa del notocordio,
consolidación de los elementos vertebrales y crecimiento diferencial de los
centros. Estas ideas siguen siendo útiles siempre que se entiendan como
tendencias generales, no como pasos obligatorios. Markdown pegado
La locomoción de Acanthostega
e Ichthyostega tampoco debe reconstruirse simplemente como un movimiento
de pez transferido a tierra. Ichthyostega poseía una columna muy
especializada, con una caja torácica robusta y articulaciones que probablemente
restringían determinados movimientos laterales. Sus extremidades tampoco
permitían una marcha terrestre convencional. Los modelos tridimensionales indican
que sus articulaciones poseían rangos de movimiento muy diferentes de los de
los tetrápodos plenamente terrestres y que probablemente utilizaba una
locomoción particular, quizá semejante en algunos aspectos al avance mediante
apoyos anteriores de animales anfibios actuales (Pierce et al., 2012). Nature

Figura
8. [El
esqueleto axial de los elpistostegalios] combinaba un notocordio
persistente con arcos neurales, intercentros y pleurocentros más
desarrollados. Las costillas reforzaban el tronco y la cintura pectoral
comenzaba a separarse del cráneo. Esta anatomía refleja una evolución en
mosaico, donde columna, costillas y cinturas adquirieron progresivamente
funciones de soporte y locomoción en aguas someras.
En los amniotas,
el pleurocentro se convirtió en la principal porción del cuerpo vertebral. Los
intercentros no desaparecieron simplemente sin dejar rastro: sus equivalentes
embrionarios o anatómicos participan en regiones especializadas de la columna,
especialmente cerca del complejo atlas-axis en varios grupos.
Las tortugas
constituyen uno de los ejemplos más extremos de reorganización axial. Sus costillas
se expanden lateralmente y las vértebras torácicas se integran en el
caparazón. Estudios embrionarios demuestran que las placas costales y neurales
principales de la carapaza derivan principalmente de costillas y vértebras
endoesqueléticas hipertrofiadas, no de la simple fusión de osteodermos
externos con el esqueleto axial (Hirasawa et al., 2013). PubMed Central (PMC) La cintura escapular termina
topológicamente situada dentro de la caja formada por las costillas, resultado
de una reorganización extraordinaria del desarrollo.

Figura
9. [La
concha de las tortugas] se forma por una profunda reorganización del
esqueleto axial. El caparazón integra vértebras, costillas
ensanchadas y huesos dérmicos, mientras el plastrón posee distinto origen.
La expansión lateral de las costillas modifica la posición de la cintura
escapular. Fósiles como Eunotosaurus, Odontochelys y Proganochelys
muestran una evolución gradual y modular de esta estructura protectora.

Figura
10. [El
cuello de la jirafa]. Las jirafas conservan siete vértebras cervicales,
como la mayoría de los mamíferos, pero cada una está extraordinariamente
alargada. Sus cuerpos vertebrales, articulaciones y zigapófisis
mantienen movilidad y estabilidad, mientras músculos y ligamentos sostienen la
cabeza. El cuello favorece alimentación en altura, visión y competencia
entre machos, mostrando cómo la evolución modifica proporciones sin alterar
el número básico de segmentos.
El cuello muestra
otro campo de enorme diversificación. En los amniotas, las dos primeras
vértebras cervicales, atlas y axis, se especializan en sostener el
cráneo y permitir movimientos de flexión y rotación. Las serpientes no poseen
una sucesión de “ejes” repetidos: únicamente la segunda vértebra es el axis. Su
enorme flexibilidad procede de la multiplicación de vértebras presacras y de
articulaciones especializadas entre segmentos sucesivos.
Las aves siguieron
otra trayectoria. Pueden poseer aproximadamente 13–25 vértebras cervicales,
muchas con articulaciones heterocélicas que proporcionan gran movilidad. En el
extremo opuesto, gran parte del tronco posterior se fusiona formando el sinsacro,
mientras las vértebras terminales de la cola forman el pigóstilo. Esta
combinación produce un cuello altamente móvil y un tronco extraordinariamente
rígido, adecuado para el vuelo. PubMed Central (PMC)
Los mamíferos
muestran una regularidad casi excepcional: la inmensa mayoría posee exactamente
siete vértebras cervicales, desde pequeños roedores hasta jirafas y
cetáceos. La longitud del cuello se modifica principalmente cambiando el tamaño
y la forma de esas vértebras, no su número. Las jirafas, por ejemplo, alargaron
extraordinariamente siete cervicales en lugar de añadir nuevas unidades. PubMed Central (PMC)
Existen excepciones
especialmente interesantes. Los manatíes presentan habitualmente seis
cervicales, mientras los perezosos pueden presentar números variables: varias
especies de Choloepus muestran aproximadamente cinco a ocho y especies
de Bradypus pueden alcanzar ocho, nueve o incluso diez según el criterio
anatómico y la población examinada. Estas excepciones se han relacionado con
transformaciones homeóticas de los límites vertebrales y modificaciones de los
programas regulados por genes Hox. PubMed Central (PMC)
En la región
torácica y sacra tampoco existe un número universal para Mammalia. Los humanos
presentan 12 vértebras torácicas y cinco sacrales fusionadas, mientras
caballos, gatos, cetáceos y otros mamíferos muestran fórmulas distintas. Lo
conservado no es un número fijo para toda la columna, sino principalmente la
extraordinaria estabilidad del número cervical.

Figura
11. [La
región sacra y caudal de las aves] muestra una transición desde
terópodos con cola larga hacia formas con sinsacro rígido y pigóstilo.
En Sapeornis, la reducción caudal ya era avanzada, pero aún existía
mayor participación de la musculatura caudofemoral. En Neornithes predominó una
locomoción más dirigida por rodilla y tobillo, ligada al cambio postural
y al centro de masa.
La evolución del
esqueleto axial muestra así que los mismos componentes básicos —notocordio,
centros vertebrales, arcos neurales, arcos hemales, costillas y tejidos
intervertebrales— pueden reorganizarse profundamente. Las diferencias entre
una lamprea, un tiburón, un pez teleósteo, una tortuga, una serpiente, un ave y
un mamífero no requieren la aparición repetida de sistemas completamente
nuevos; surgen mediante cambios en el tamaño, número, posición, fusión,
reducción y función de elementos heredados de antepasados mucho más
antiguos.
Referencias
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