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viernes, 2 de octubre de 2026

Figura. El cráneo de Microraptor gui

El cráneo de Microraptor gui era pequeño, alargado y ligero, con un hocico estrecho y una órbita proporcionalmente grande, rasgos comunes entre numerosos paravianos de pequeño tamaño. Presentaba una fenestra anteorbital amplia, barras óseas delgadas y una región temporal abierta que contribuía a reducir el peso de la cabeza. Esta construcción era compatible con un animal ágil y de masa corporal reducida, cuya locomoción incluía probablemente desplazamientos aéreos o planeados además de movimiento terrestre.

La dentición estaba formada por numerosos dientes pequeños, recurvados y puntiagudos, adecuados para sujetar presas pequeñas. A diferencia de linajes avialanos posteriores, Microraptor conservaba una boca completamente dentada y no había desarrollado un pico queratinizado. La mandíbula inferior era larga y delgada, con una fenestra mandibular externa evidente. Los dientes estaban mejor adaptados para perforar y retener que para triturar tejidos duros. Esta morfología concuerda con evidencias directas de alimentación, que indican consumo de pequeños vertebrados, incluidos peces, lagartos, mamíferos y aves primitivas.

Desde una perspectiva evolutiva, su cráneo muestra claramente la evolución en mosaico característica de Paraves. Microraptor poseía plumas pennáceas aerodinámicas y una anatomía corporal muy relacionada con la locomoción aérea, pero mantenía un cráneo depredador dentado semejante al de otros dromeosáuridos. Las grandes órbitas y el neurocráneo relativamente desarrollado reflejan una creciente importancia de la visión, coordinación y equilibrio. Así, demuestra que caracteres asociados al vuelo evolucionaron antes y de manera independiente respecto de la reducción dental y formación del pico típica de muchas aves posteriores.

Figura. Microraptor gui

 Microraptor gui fue un pequeño terópodo dromeosáurido del Cretácico Inferior, conocido en la Formación Jiufotang de Liaoning, China, con una antigüedad aproximada de 120 millones de años. Su nombre significa aproximadamente “pequeño ladrón de Gu”: Microraptor combina “pequeño” con “ladrón” o “rapaz”, mientras gui honra al paleontólogo chino Gu Zhiwei, destacado investigador de la biota de Jehol. La especie fue descrita en 2003 por Xing Xu y colaboradores, quienes reconocieron su extraordinaria combinación de caracteres dinosaurianos y adaptaciones aerodinámicas (Xu et al., 2003). Instituto de Paleontología

El holotipo IVPP V13352 es un esqueleto casi completo con impresiones de plumas, procedente de Dapingfang, provincia de Liaoning. Se conserva en el Institute of Vertebrate Paleontology and Paleoanthropology, en Beijing. Otro ejemplar importante, IVPP V13320, fue incluido en la descripción original. Diferentes fósiles atribuidos a Microraptor también se encuentran en instituciones como el Beijing Museum of Natural History. Su taxonomía continúa siendo discutida, pues algunos estudios han cuestionado si M. gui representa realmente una especie separada de otros miembros del género. Instituto de Paleontología

Su historia natural corresponde a un pequeño depredador emplumado de alrededor de un metro de longitud. Poseía largas plumas pennáceas asimétricas en brazos, patas posteriores y cola, formando cuatro superficies aerodinámicas. Estas estructuras pudieron permitir planeo y maniobras aéreas, aunque el grado de vuelo propulsado continúa discutiéndose. Sus dientes recurvados y contenidos digestivos conservados indican consumo de pequeños vertebrados, incluidos peces, lagartos, mamíferos y aves. Estudios de melanosomas sugieren además un plumaje oscuro e iridiscente, posiblemente relacionado con comunicación visual además de sus funciones aerodinámicas. American Museum of Natural History

Figura. El cráneo de Velociraptor mongoliensis

El cráneo de Velociraptor mongoliensis era alargado, bajo y relativamente ligero, con un hocico estrecho y una órbita grande. Conservaba la arquitectura típica de un pequeño terópodo paraviano, con fenestra anteorbital, amplias aberturas temporales y huesos craneales delgados que reducían la masa. La región posterior alojaba un neurocráneo relativamente desarrollado, mientras la disposición de las órbitas y del aparato sensorial indica una importante dependencia de la visión y de la coordinación cefálica durante la captura de presas.

La dentición estaba formada por dientes recurvados, comprimidos lateralmente y serrados, adecuados para penetrar y cortar tejidos. Los dientes del maxilar y del dentario eran más pequeños que los de grandes terópodos como Tyrannosaurus rex, pero funcionaban eficazmente en una estrategia basada en mordidas repetidas, sujeción y desgarro. La mandíbula inferior era larga y relativamente delgada, con una fenestra mandibular externa bien desarrollada. La musculatura aductora permitía una mordida funcionalmente potente para su tamaño, aunque el cráneo no estaba especializado en triturar huesos.

Desde una perspectiva evolutiva, el cráneo de Velociraptor combina rasgos claramente depredadores con características más derivadas propias de Paraves. Mantiene una dentición carnívora funcional, pero presenta grandes órbitas, reducción relativa del rostro y una reorganización del neurocráneo que lo aproxima anatómicamente a otros maniraptores. Esta combinación demuestra la evolución en mosaico de los caracteres avianos: mientras algunos sistemas sensoriales y craneales ya mostraban transformaciones avanzadas, la boca seguía conservando una configuración depredadora ancestral basada en dientes serrados y mandíbulas activas.

Figura. Velociraptor mongoliensis

 Velociraptor mongoliensis fue un terópodo dromeosáurido del Cretácico Superior, concretamente del Campaniense, hace aproximadamente 75–71 millones de años, conocido principalmente en Mongolia. Su nombre significa “ladrón veloz de Mongolia”: Velociraptor combina términos latinos asociados con rapidez y saqueo, mientras mongoliensis hace referencia a su procedencia geográfica. Fue descrito formalmente por Henry Fairfield Osborn en 1924, a partir de fósiles recuperados durante expediciones del American Museum of Natural History al desierto del Gobi.

El holotipo, catalogado como AMNH 6515, incluye un cráneo relativamente completo y elementos del pie, entre ellos la característica garra falciforme del segundo dedo. Se conserva en el American Museum of Natural History, en Nueva York. Uno de los ejemplares más famosos relacionados con la especie es el llamado “Fighting Dinosaurs”, que conserva un Velociraptor trabado en combate con Protoceratops. Especialistas como Osborn, Peter Kaisen, Mark Norell y James Clark han contribuido al estudio de su anatomía, comportamiento y relaciones evolutivas.

Su historia natural corresponde a la de un depredador bípedo pequeño y emplumado, muy diferente del gigantesco animal popularizado por el cine. Medía aproximadamente dos metros de longitud, con cuerpo ligero, cola rígida, brazos largos y una gran garra retráctil en cada pie. Poseía dientes recurvados y serrados, adecuados para cortar tejidos, y probablemente cazaba pequeños vertebrados. Evidencias anatómicas de las extremidades anteriores indican presencia de plumas pennáceas. El ejemplar en combate con Protoceratops demuestra interacción depredador-presa directa y constituye una de las evidencias fósiles conductuales más espectaculares conocidas en dinosaurios.

Figura. El cráneo de un troodóntido

El cráneo de un troodóntido era generalmente alargado, bajo y ligero, con un hocico estrecho y una órbita proporcionalmente grande. La región facial conservaba la fenestra anteorbital, mientras la parte posterior del cráneo alojaba un neurocráneo relativamente expandido en comparación con muchos otros terópodos. Esta combinación refleja una tendencia importante dentro de Paraves: disminución relativa del rostro y aumento del espacio dedicado al encéfalo y los órganos sensoriales, especialmente visión y equilibrio.

La dentición estaba formada por numerosos dientes pequeños, estrechos y recurvados, aunque su forma variaba entre especies. En varios troodóntidos los dientes posteriores poseían dentículos relativamente grandes, mientras los anteriores podían ser más finos. Esta heterogeneidad ha generado distintas interpretaciones sobre la dieta, desde depredación de pequeños vertebrados e invertebrados hasta cierta omnivoría en algunos linajes. La mandíbula inferior era larga y relativamente delicada, adecuada para movimientos rápidos de captura más que para desarrollar fuerzas comparables con las de grandes terópodos especializados en trituración.

Uno de los rasgos más destacados era el desarrollo del sistema neurosensorial. Los moldes endocraneales indican un cerebro relativamente voluminoso, con regiones asociadas a visión, coordinación y equilibrio bien desarrolladas. Las grandes órbitas y anillos escleróticos sugieren una importante dependencia de la visión, aunque no todos los troodóntidos necesariamente compartieron los mismos hábitos diarios. En conjunto, su cráneo representa una combinación de dentición depredadora ancestral con tendencias más derivadas, como expansión cerebral, grandes órganos visuales y aligeramiento craneal, características fundamentales para comprender la transición evolutiva entre pequeños terópodos maniraptores y los primeros avialanos.

Figura. Troodon formosus

 Troodon formosus fue nombrado por el paleontólogo estadounidense Joseph Leidy en 1856 a partir de un único diente descubierto en depósitos del Cretácico Superior de Montana, con una antigüedad aproximada de 77–75 millones de años. El nombre Troodon significa aproximadamente “diente que hiere”, mientras formosus puede traducirse como “hermoso” o “bien formado”, aludiendo a la peculiar morfología dental observada por Leidy. El ejemplar tipo, ANSP 9259, corresponde precisamente a ese diente aislado y se conserva en la Academy of Natural Sciences of Philadelphia, institución estrechamente vinculada a los primeros estudios de vertebrados fósiles norteamericanos. ans-collections.ansp.org

Durante gran parte del siglo XX, numerosos esqueletos pequeños de terópodos de Canadá y Estados Unidos fueron asignados a Troodon, permitiendo reconstruir un animal de aproximadamente dos metros de longitud, con patas largas, manos prensiles, cráneo ligero, grandes órbitas y numerosos dientes pequeños. Especialistas como Dale Russell, Philip Currie y Hans-Dieter Sues contribuyeron decisivamente al conocimiento de estos dinosaurios. Sin embargo, actualmente existe un problema taxonómico importante: como el nombre Troodon formosus está basado únicamente en un diente aislado poco diagnóstico, varios investigadores consideran la especie un nomen dubium, y muchos fósiles antiguamente atribuidos a ella se clasifican ahora en géneros mejor definidos, como Stenonychosaurus o Latenivenatrix.

Por ello, la historia natural tradicional de Troodon debe interpretarse con cautela. Los troodóntidos norteamericanos relacionados fueron pequeños depredadores u omnívoros bípedos, con neurocráneo relativamente grande, visión desarrollada y dentición numerosa, probablemente consumidores de pequeños vertebrados e invertebrados. Algunos yacimientos también contienen huevos, nidos y juveniles históricamente atribuidos a Troodon, aunque su identificación taxonómica exacta puede requerir revisión. La historia de Troodon ilustra cómo nuevos fósiles y análisis pueden transformar profundamente la clasificación paleontológica. academic.oup.com

Figura. Evolución gradual y en mosaico

Darwin defendió que la evolución ocurre mediante modificaciones acumulativas, pero la paleontología moderna muestra que esas transformaciones rara vez afectan simultáneamente a todo el organismo. La evolución suele ser gradual y en mosaico: distintos caracteres cambian a ritmos diferentes y pueden aparecer independientemente en linajes próximos. En Paraves, rasgos como plumas pennáceas, grandes órbitas, expansión cerebral, reducción dental, modificaciones del paladar y especializaciones del vuelo no surgieron todos juntos. Algunos aparecen en deinonicosaurios, otros en avialanos basales y otros se repiten mediante evolución paralela o convergente, complicando la reconstrucción de las relaciones filogenéticas.

El dendrograma muestra precisamente esta dificultad. Troodóntidos, dromeosáuridos y avialanos comparten numerosos caracteres derivados, pero cada rama conserva combinaciones diferentes de rasgos ancestrales y novedosos. Microraptor, por ejemplo, poseía plumas aerodinámicas sin pertenecer a Avialae, mientras Archaeopteryx combinaba alas y plumas con dientes y una larga cola vertebrada. Jeholornis conservaba igualmente una cola prolongada mientras reducía notablemente su dentición. Por ello, algunos caracteres aparentemente “aviares” aparecen varias veces o resultan difíciles de distinguir entre homología, paralelismo y convergencia. Cuanto más próximos son los linajes y más gradual es la divergencia, menor puede ser la resolución filogenética disponible.

Esta complejidad contradice la afirmación de que “no existen fósiles transicionales”. El problema real es casi el contrario: existen numerosos organismos con combinaciones intermedias de caracteres, hasta el punto de que resulta difícil trazar fronteras taxonómicas nítidas. Una transición evolutiva auténtica no debería producir necesariamente una escalera ordenada de formas perfectamente separadas, sino una radiación ramificada, con especies próximas experimentando soluciones anatómicas semejantes. La abundancia de estados intermedios dentro de Paraves constituye precisamente lo esperado bajo descendencia con modificación, evolución en mosaico y diversificación progresiva.

El cráneo en los dinosaurios saurisquios terópodos 2

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En la primera parte del estudio del cráneo de los terópodos nos detuvimos extensamente en Tyrannosauroidea porque ese linaje permite observar uno de los extremos biomecánicos de Theropoda: cráneos profundos, dientes robustos y una extraordinaria capacidad para soportar fuerzas de mordida elevadas. Sin embargo, los tiranosaurios representan solo una rama de Coelurosauria, un conjunto mucho más diverso que también produjo formas pequeñas, corredores de cabeza ligera, herbívoros de cuello largo, dinosaurios con picos queratinizados y linajes con reducción progresiva o pérdida completa de los dientes. Por cuestiones de espacio resulta conveniente estudiar esta segunda radiación por separado antes de entrar en Paraves, donde las modificaciones craneales comienzan a acercarse directamente a la condición aviana.

Figura 1. [Compsognathus longipes] fue un pequeño terópodo coelurosaurio del Jurásico Superior, de hace unos 150–145 millones de años. Su nombre significa aproximadamente “mandíbula elegante de patas largas”. Descrito por Johann Andreas Wagner en 1859, poseía cráneo ligero, dientes recurvados y largas extremidades posteriores. Restos abdominales fósiles confirman una dieta carnívora basada en pequeños vertebrados.

Figura 1. [Cráneo de Compsognathus], pequeño, alargado y ligero, con órbita grande, fenestra anteorbital y hocico estrecho. Sus dientes pequeños, puntiagudos y recurvados servían para perforar y sujetar presas diminutas. La mandíbula era relativamente delicada, adecuada para una estrategia de depredación rápida sobre pequeños vertebrados, más que para generar grandes fuerzas de mordida.

Coelurosauria comprende terópodos cuya historia evolutiva estuvo acompañada por importantes transformaciones en tamaño corporal, dentición, encefalización, tegumento y aparato alimentario. Aunque algunos conservaron una dieta predominantemente carnívora, muchos abandonaron la hipercarnivoría ancestral. En diferentes ramas aparecieron de manera independiente omnivoría, herbivoría, insectivoría, reducción dental y edentulia completa. Esta diversificación demuestra que el paso desde un cráneo depredador tradicional hacia un aparato alimentario semejante a un pico no ocurrió exclusivamente en el linaje de las aves, sino que fue experimentado reiteradamente por distintos coelurosaurios (Zanno & Makovicky, 2011; Lautenschlager et al., 2013). PubMed Central (PMC)

De Coelurosauria a Maniraptoriformes

La terminología filogenética requiere aquí una precisión importante. Los ornitomimosaurios no pertenecen normalmente a Maniraptora en sentido estricto. Forman, junto con Maniraptora, un clado más amplio denominado Maniraptoriformes. Por tanto, resulta más correcto describir primero la transición desde coelurosaurios más basales hacia Maniraptoriformes, analizar Ornithomimosauria, y solo después entrar en Maniraptora propiamente dicha.

Esta distinción no es simplemente taxonómica. En Maniraptoriformes aparecen varias tendencias que tendrán enorme importancia posteriormente en la evolución aviana: aumento relativo del encéfalo, modificación de la órbita, reducción de algunas regiones faciales, cambios en la orientación del cuadrado y, sobre todo, una enorme plasticidad del premaxilar y la dentición. En distintas ramas, la región anterior del rostro perdió dientes y comenzó a sostener una ranfoteca queratinizada, es decir, una cubierta córnea semejante funcionalmente a un pico.

La evolución de la edentulia ocurrió independientemente varias veces dentro de Theropoda. Lejos de representar necesariamente una pérdida funcional, la reducción dental podía acompañarse de transformaciones que redistribuían las tensiones del cráneo y generaban nuevos mecanismos alimentarios. Estudios biomecánicos muestran que una ranfoteca podía participar activamente en la resistencia del rostro y no limitarse a reemplazar pasivamente los dientes (Lautenschlager et al., 2013). PubMed Central (PMC)

Figura 1. [Shuvuuia deserti] fue un pequeño terópodo alvarezsáurido del Cretácico Superior, de hace unos 75 millones de años, hallado en Mongolia. Su nombre significa “ave del desierto”. Descrito en 1998, poseía cráneo ligero, dientes diminutos, brazos cortos y robustos y una gran garra, adaptaciones compatibles con una dieta de insectos e invertebrados.

Figura 1. [Cráneo de Shuvuuia], pequeño, ligero y delicado, con hocico estrecho, órbitas grandes y dientes diminutos, simples y poco serrados. Su arquitectura favorecía movimientos rápidos y precisos más que una mordida poderosa. La posible movilidad intracraneal y sus capacidades sensoriales sugieren adaptación para localizar y capturar insectos y otros pequeños invertebrados.

Ornithomimosauria: del cráneo dentado al pico desdentado

Los ornitomimosaurios, popularmente conocidos como dinosaurios “imitadores de avestruz”, desarrollaron algunos de los cráneos más ligeros entre los terópodos no avianos. Las formas tempranas todavía podían conservar dientes pequeños, mientras muchos representantes derivados evolucionaron hacia la edentulia completa. El cráneo se hizo relativamente pequeño, elongado y de construcción delicada, con órbitas grandes y mandíbulas terminadas en una ranfoteca queratinizada (Cuff & Rayfield, 2015). PubMed Central (PMC)

Este cambio constituye una ruptura profunda con el patrón del terópodo depredador clásico. En lugar de largas filas de dientes recurvados, la región rostral quedó dominada por un pico córneo, mientras el maxilar y el dentario reducían progresivamente su participación dental. La pérdida de dientes también disminuía la necesidad de mantener alvéolos profundos y grandes raíces, permitiendo una reorganización del rostro.

La dieta de los ornitomimosaurios ha sido interpretada de distintas maneras. Existen evidencias compatibles con omnivoría y herbivoría, incluyendo gastrolitos en algunos ejemplares, reducción dental y formas de pico potencialmente útiles para seleccionar vegetación o pequeños organismos. La morfología craneodental sugiere, por tanto, que al menos algunas especies abandonaron la carnivoría estricta que caracterizaba a muchos terópodos ancestrales (Zanno & Makovicky, 2011). PubMed Central (PMC)

Figura 1. [Ornithomimus] fue un terópodo ornitomímido del Cretácico Superior de Norteamérica. Su nombre significa “imitador de ave” y fue establecido por Othniel C. Marsh en 1890. Era un bípedo ligero y corredor, con cuello largo, cabeza pequeña y mandíbulas desdentadas con ranfoteca. Probablemente tuvo una dieta omnívora o mayormente herbívora y cuerpo parcialmente emplumado.

Una caricatura de una persona

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Figura 1. [Cráneo de Ornithomimus], pequeño, alargado y ligero, con órbitas grandes, amplias fenestras y rostro estrecho. Carecía completamente de dientes y poseía una ranfoteca queratinizada, formando un pico. Esta edentulia reducía el peso craneal y favorecía una alimentación flexible. Su anatomía sugiere una dieta omnívora o mayormente herbívora, distinta de la depredación típica de otros terópodos.

Maniraptora y la ruptura con el modelo depredador clásico

Dentro de Maniraptora, la diversidad del cráneo se incrementó todavía más. Aunque el grupo incluye posteriormente a Paraves y a las aves, aquí nos detendremos antes de entrar en ese linaje. Entre los maniraptores no paravianos destacan principalmente Therizinosauria y Oviraptorosauria, dos radiaciones que muestran hasta qué punto un terópodo podía alejarse del aparato craneodental hipercarnívoro sin dejar de conservar numerosas características fundamentales de su ascendencia.

Uno de los cambios más importantes fue la pérdida de la relación obligatoria entre dientes recurvados y alimentación carnívora. En varios maniraptores aparecen dientes pequeños, lanceolados, gruesamente denticulados o incluso la desaparición completa de la dentición en determinadas regiones. Al mismo tiempo, el rostro podía desarrollar una cubierta queratinizada, mientras las inserciones musculares, la profundidad mandibular y la forma del cráneo se reorganizaban según nuevos requerimientos alimentarios.

Esta diversificación llevó a una importante reinterpretación de Theropoda. Durante buena parte de la historia de la paleontología se asumió que casi todos los terópodos eran depredadores obligados. La acumulación de fósiles de coelurosaurios demostró que la plasticidad dietaria era mucho mayor y que la omnivoría o herbivoría probablemente evolucionaron repetidas veces (Zanno et al., 2009; Zanno & Makovicky, 2011). PubMed Central (PMC)

Therizinosauria: un cráneo terópodo transformado para la herbivoría

Los tericinosaurios constituyen probablemente el ejemplo más espectacular de un terópodo que evolucionó hacia una alimentación predominantemente herbívora. Su aspecto corporal resulta extraño para un animal perteneciente a Theropoda: cuello largo, cabeza pequeña, tronco voluminoso y enormes garras manuales. Sin embargo, el cráneo conserva claramente una combinación de caracteres terópodos profundamente modificados.

Las formas primitivas, como Falcarius utahensis, todavía muestran una condición relativamente generalizada. A medida que el linaje se diversificó, el cráneo se hizo proporcionalmente más pequeño y elongado, la musculatura mandibular disminuyó relativamente y la parte anterior de las mandíbulas perdió dientes. En los representantes derivados apareció una ranfoteca rostral, mientras los dientes restantes se hicieron pequeños, numerosos y de coronas lanceoladas con dentículos gruesos (Zanno et al., 2009). PubMed Central (PMC)

En Erlikosaurus andrewsi, uno de los cráneos de tericinosaurio mejor conservados, la región anterior de las mandíbulas era edentada y soportaba un pico queratinizado. Los dientes posteriores eran diminutos y estaban adaptados más al corte de materia vegetal que a perforar carne. Los modelos biomecánicos indican que la ranfoteca podía ayudar a distribuir tensiones y reforzar funcionalmente una región facial relativamente ligera (Lautenschlager et al., 2013). PubMed Central (PMC)

La transición hacia la herbivoría tampoco produjo dientes comparables con las complejas baterías de hadrosáuridos o ceratópsidos. Los tericinosaurios conservaron un esmalte relativamente simple, semejante en organización microscópica al de otros terópodos, lo que indica que el cambio dietario ocurrió principalmente mediante modificaciones de la forma y tamaño de los dientes, del pico y del aparato mandibular, no mediante una revolución de la microestructura dental (Button et al., 2017). PubMed Central (PMC)

Ave de pico largo

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 Figura 1. [Erlikosaurus andrewsi] fue un tericinosaurio del Cretácico Superior de Mongolia, cuyo nombre significa “lagarto de Erlik”. Descrito por Altangerel Perle en 1980, se conoce por un cráneo excepcionalmente completo. Presentaba pico anterior, dientes pequeños y numerosas adaptaciones herbívoras, además de sistemas sensoriales desarrollados, mostrando la profunda transformación alimentaria alcanzada dentro de Theropoda.

Figura 1. [Cráneo de Erlikosaurus], pequeño, alargado y ligero, con extremo anterior desdentado y probablemente cubierto por una ranfoteca queratinizada. Los dientes posteriores eran pequeños y denticulados, adecuados para procesar vegetación. Su mandíbula generaba fuerzas moderadas, mientras el cráneo mantenía buenos sistemas sensoriales. Representa una profunda adaptación de Theropoda hacia la herbivoría.

Especialización mandibular en los tericinosaurios

La mandíbula de los tericinosaurios proporciona evidencia adicional de esta transición. En formas avanzadas, el extremo anterior del dentario se curvaba ventralmente y perdía dientes, creando una región adecuada para sostener tejido queratinizado. Las filas dentales podían quedar ligeramente desplazadas hacia el interior del borde mandibular, condición que algunos autores han relacionado con presencia de tejidos blandos periféricos y manipulación de materia vegetal.

En Segnosaurus galbinensis aparecen especializaciones dentarias particularmente complejas. Aunque las coronas continúan siendo pequeñas, la disposición de los dientes y sus superficies de desgaste indican un procesamiento oral más activo que el de muchos terópodos carnívoros. Sin embargo, estos animales seguían dependiendo probablemente de un aparato gastrointestinal voluminoso para buena parte del procesamiento posterior (Lautenschlager et al., 2016). PubMed Central (PMC)

La reducción del tamaño relativo de la cabeza también resulta coherente con esta estrategia. Un animal herbívoro de gran tamaño no necesita necesariamente producir una mordida poderosa si puede consumir grandes cantidades de vegetación y procesarlas posteriormente mediante fermentación. El resultado fue un cráneo liviano, con pico, dientes pequeños y fuerza mandibular moderada, bastante diferente del aparato triturador de un tiranosáurido.

Oviraptorosauria: picos profundos y cráneos compactos

Los oviraptorosaurios siguieron otra trayectoria completamente distinta. Los primeros miembros del grupo conservaron dientes en ciertas regiones, pero los representantes derivados desarrollaron cráneos cortos, altos y completamente edéntulos, acompañados por fuertes picos queratinizados.

Uno de los ejemplos más informativos es Incisivosaurus gauthieri, un oviraptorosaurio basal que conservaba dientes anteriores notablemente grandes y una dentición posterior reducida. Este animal muestra que la transición hacia los picos edéntulos de los oviraptóridos no ocurrió de manera instantánea. Existieron estados intermedios en los cuales diferentes regiones de la mandíbula experimentaban reducción dental a ritmos distintos.

En oviraptóridos derivados como Citipati osmolskae, el rostro era corto y profundo, con un premaxilar edéntulo, grandes aberturas craneales y mandíbulas robustas. Algunos géneros desarrollaron además crestas craneales prominentes. La mandíbula inferior podía formar una estructura poderosa capaz de generar presión considerable pese a la ausencia de dientes.

La dieta de Oviraptorosauria continúa siendo discutida. Se han propuesto omnivoría, herbivoría, consumo de pequeños animales, huevos y moluscos, y probablemente diferentes especies ocuparon nichos distintos. La evidencia general indica que el grupo no puede reducirse a una única estrategia alimentaria. Lo importante desde el punto de vista craneal es que la pérdida de dientes permitió una gran diversificación de formas de pico y geometrías mandibulares (Zanno & Makovicky, 2011). PubMed Central (PMC)

Imagen en blanco y negro de un avestruz

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Figura 1. [Avimimus portentosus] fue un pequeño oviraptorosaurio del Cretácico Superior de Mongolia, cuyo nombre significa “imitador de ave extraordinario”. Descrito por Sergei Kurzanov en 1981, era un bípedo ligero y corredor con cabeza pequeña y mandíbulas desdentadas con ranfoteca. Su dieta probablemente fue omnívora, y algunos yacimientos sugieren posible comportamiento gregario.

Figura 1. [Cráneo de Avimimus], pequeño, ligero y corto, con órbitas grandes y mandíbulas completamente desdentadas. La región anterior estaba cubierta por una ranfoteca queratinizada, formando un pico funcional. Su anatomía sugiere una dieta probablemente omnívora. Representa la tendencia de varios oviraptorosaurios hacia la reducción dental, aligeramiento craneal y desarrollo independiente de picos.

La edentulia como experimento evolutivo repetido

La desaparición de los dientes dentro de Coelurosauria constituye uno de los fenómenos más interesantes en la evolución del cráneo terópodo. Ornitomimosaurios, oviraptorosaurios, tericinosaurios parcialmente edéntulos y posteriormente varios avialanos evolucionaron de manera independiente hacia una reducción del aparato dental.

Esta repetición demuestra que perder dientes no constituyó necesariamente una desventaja. Los dientes son estructuras biológicamente costosas: requieren formación de esmalte y dentina, raíces, alvéolos y reemplazo continuo. Cuando una estrategia alimentaria permite utilizar un pico queratinizado, pueden liberarse restricciones morfológicas y surgir formas craneales nuevas.

En diferentes terópodos, la pérdida dental estuvo frecuentemente asociada con abandono de la carnivoría obligada y expansión hacia omnivoría o herbivoría. Sin embargo, no debe interpretarse como una relación automática. La edentulia evolucionó también en vertebrados con otras dietas, y su función depende de la arquitectura completa del cráneo, no únicamente de la ausencia de dientes (Lautenschlager et al., 2013). PubMed Central (PMC)

La evolución de una ranfoteca también podía aumentar la resistencia mecánica de las mandíbulas. Modelos digitales muestran que añadir una cubierta córnea a cráneos desdentados puede disminuir las concentraciones de tensión, lo que ayuda a explicar por qué picos y pérdida dental aparecieron conjuntamente tantas veces.

Cerebro y sentidos en los maniraptores no paravianos

La transformación del cráneo no se limitó al aparato alimentario. En distintos maniraptores aumentó la importancia relativa del encéfalo y de los sistemas sensoriales. Los estudios mediante tomografía computarizada de tericinosaurios como Erlikosaurus muestran un telencéfalo relativamente desarrollado, además de regiones asociadas con olfacción, audición y equilibrio bien diferenciadas (Lautenschlager et al., 2012). PubMed Central (PMC)

Esto es importante porque rompe otra simplificación histórica: un animal herbívoro no necesariamente experimenta reducción sensorial. Los tericinosaurios conservaron un aparato neurosensorial complejo que pudo intervenir en búsqueda de alimento, detección de depredadores, orientación y comportamiento social.

En otros maniraptoriformes, especialmente ornitomimosaurios y oviraptorosaurios, las grandes órbitas y modificaciones de la caja encefálica muestran igualmente que el cambio dietario ocurrió mientras continuaban evolucionando sistemas sensoriales sofisticados.

Hacia Paraves

Al aproximarnos a Paraves, las modificaciones craneales adquieren una importancia todavía mayor porque comienzan a aparecer combinaciones directamente vinculadas con el origen de las aves. Sin embargo, Paraves no debe considerarse simplemente la culminación inevitable de una tendencia hacia “mayor avance”. Es otra rama dentro de una radiación coelurosauriana extraordinariamente diversa.

Antes de llegar a ella, Coelurosauria ya había experimentado con casi todos los elementos que posteriormente encontraremos reorganizados en los primeros avialanos: reducción dental, aparición de picos, aumento encefálico, expansión orbital, modificación del rostro, neumatización y cambios en la musculatura mandibular. Muchas de estas características aparecieron independientemente en distintas ramas.

Por ello, cuando en el capítulo siguiente se estudien Paraves, dromeosáuridos, troodóntidos y avialanos tempranos, no estaremos observando la aparición repentina del “cráneo de ave”, sino otra etapa dentro de una larga historia de experimentación craneal en Coelurosauria. El patrón aviano surgirá mediante la reorganización de estructuras que ya habían mostrado una enorme capacidad de transformación en sus parientes no paravianos.

Referencias

Button, D. J., Zanno, L. E., & others. (2017). Incremental growth of therizinosaurian dental tissues: Implications for dietary transitions in Theropoda. PeerJ, 5, e4129.

Cuff, A. R., & Rayfield, E. J. (2015). Retrodeformation and muscular reconstruction of ornithomimosaurian dinosaur crania. PeerJ, 3, e1093. https://doi.org/10.7717/peerj.1093

Lautenschlager, S., Witmer, L. M., Altangerel, P., & Rayfield, E. J. (2013). Edentulism, beaks, and biomechanical innovations in the evolution of theropod dinosaurs. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110(51), 20657–20662. https://doi.org/10.1073/pnas.1310711110

Lautenschlager, S., Rayfield, E. J., Altangerel, P., Zanno, L. E., & Witmer, L. M. (2012). The endocranial anatomy of Therizinosauria and its implications for sensory and cognitive function. PLoS ONE, 7(12), e52289. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0052289

Lautenschlager, S., et al. (2016). Specializations of the mandibular anatomy and dentition of Segnosaurus galbinensis (Theropoda: Therizinosauria). PeerJ, 4, e1885. https://doi.org/10.7717/peerj.1885

Zanno, L. E., Gillette, D. D., Albright, L. B., & Titus, A. L. (2009). A new North American therizinosaurid and the role of herbivory in “predatory” dinosaur evolution. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 276(1672), 3505–3511. https://doi.org/10.1098/rspb.2009.1029

Zanno, L. E., & Makovicky, P. J. (2011). Herbivorous ecomorphology and specialization patterns in theropod dinosaur evolution. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(1), 232–237. https://doi.org/10.1073/pnas.1011924108

Figura. El cráneo de Avimimus portentosus

El cráneo de Avimimus portentosus era pequeño, ligero y relativamente corto, acorde con un oviraptorosaurio grácil y corredor. La región facial estaba fuertemente reducida en comparación con la de los grandes terópodos carnívoros, mientras las órbitas eran proporcionalmente grandes. Los huesos craneales formaban una estructura delicada, con amplias aberturas que reducían la masa de la cabeza. La parte anterior de las mandíbulas carecía de dientes y estaba adaptada para sostener una ranfoteca queratinizada, formando un pico funcional.

La edentulia representa una de sus modificaciones más importantes. En lugar de utilizar dientes recurvados para desgarrar carne, Avimimus dependía de un pico córneo para tomar, cortar o manipular alimentos. La mandíbula inferior era relativamente estrecha y ligera, mientras la musculatura asociada al cierre mandibular habría producido fuerzas moderadas. Esta configuración sugiere una estrategia alimentaria diferente de la de los terópodos hipercarnívoros y es compatible con una dieta omnívora, aunque no existe consenso absoluto sobre los tipos exactos de alimento consumidos. La ausencia dental también reducía el peso del aparato craneal.

Desde una perspectiva evolutiva, el cráneo de Avimimus refleja la tendencia de varios oviraptorosaurios hacia la reducción dental, desarrollo del pico y aligeramiento craneal. Estas transformaciones ocurrieron independientemente de las observadas posteriormente en las aves y muestran que la evolución de estructuras semejantes a un pico apareció repetidas veces dentro de Coelurosauria. La combinación de gran órbita, cráneo reducido, mandíbulas desdentadas y ranfoteca constituye una adaptación funcional ligada a nuevas estrategias alimentarias y demuestra la notable diversidad craneal alcanzada por los terópodos maniraptores antes de la aparición de los avialanos modernos.

Figura. Avimimus portentosus

 Avimimus portentosus fue un pequeño terópodo oviraptorosaurio del Cretácico Superior de Mongolia, probablemente asociado con la Formación Nemegt y con una antigüedad aproximada de 80–70 millones de años. Su nombre significa “imitador de ave extraordinario”: Avimimus combina referencias latinas a “ave” e “imitador”, mientras portentosus significa “extraordinario” o “prodigioso”. Fue descrito en 1981 por Sergei Kurzanov, quien reconoció en su esqueleto una combinación notable de características dinosaurianas y semejanzas anatómicas con las aves. Museo de Historia Natural

El holotipo, catalogado como PIN 3907-1, consiste en un esqueleto parcial que incluye elementos del techo craneal, mandíbula y diversas partes del esqueleto postcraneal. Se conserva en el Instituto Paleontológico de la Academia Rusa de Ciencias, en Moscú. Posteriormente se descubrieron ejemplares mucho más completos en Mongolia, permitiendo revisar su anatomía y relaciones evolutivas. Especialistas como Kurzanov, Rinchen Barsbold, Mahito Watabe y Gregory Funston han contribuido significativamente a su estudio. El hallazgo de acumulaciones con múltiples individuos también aportó información excepcional sobre su posible comportamiento gregario. ScienceDirect

Su historia natural corresponde a la de un animal bípedo, ligero y corredor, de aproximadamente 1,5 metros de longitud, con cuello largo, cabeza pequeña y extremidades posteriores relativamente elongadas. Los adultos poseían mandíbulas desdentadas, probablemente recubiertas por una ranfoteca, mientras las extremidades anteriores presentaban características relacionadas con el linaje de los maniraptores. Su dieta probablemente fue omnívora, aunque los alimentos concretos siguen siendo inciertos. Los yacimientos con numerosos ejemplares sugieren que algunos avimímidos podían formar grupos sociales, quizá organizados parcialmente por edad, aportando evidencia importante sobre el comportamiento de los oviraptorosaurios. Museo de Historia Natural

Figura. El cráneo de un tericinosaurio

El cráneo de un tericinosaurio como Erlikosaurus andrewsi era pequeño, alargado y relativamente ligero, muy distinto del cráneo robusto de los grandes terópodos carnívoros. La región anterior del rostro estaba desdentada y probablemente cubierta por una ranfoteca queratinizada, formando un pico útil para cortar o arrancar vegetación. Detrás de esta zona aparecían numerosos dientes pequeños, comprimidos y con dentículos, adaptados más al procesamiento de materia vegetal que a perforar carne o fracturar huesos.

La mandíbula inferior era larga y relativamente baja, con un extremo anterior modificado para sostener el pico. Las filas dentales se disponían hacia la zona posterior, mientras las fenestras craneales y las órbitas contribuían a mantener una cabeza liviana. Los dientes podían participar en un procesamiento oral limitado mediante corte y trituración superficial, pero el cráneo no estaba construido para producir una mordida extremadamente poderosa. Su aparato alimentario parece haber funcionado en conjunto con un cuello largo y un sistema digestivo voluminoso, permitiendo recolectar grandes cantidades de vegetación y procesarla posteriormente.

Desde una perspectiva evolutiva, el cráneo de Erlikosaurus representa una de las transformaciones más llamativas dentro de Theropoda. Conservaba la arquitectura general de un cráneo terópodo, pero combinada con reducción dental anterior, pico córneo, dientes herbívoros y musculatura mandibular moderada. Estudios endocraneales también indican sistemas sensoriales bien desarrollados, especialmente relacionados con olfacción, audición y equilibrio. Esta combinación demuestra que la transición hacia la herbivoría no implicó una simplificación general del cráneo, sino una profunda reorganización funcional orientada a nuevas estrategias de alimentación.

Figura. Erlikosaurus andrewsi

 Erlikosaurus andrewsi fue un tericinosaurio maniraptor del Cretácico Superior de Mongolia, procedente de la Formación Bayanshiree y datado aproximadamente entre el Cenomaniense y el Turoniense. Su nombre significa “lagarto de Erlik”, en referencia a Erlik, figura de la mitología turco-mongola, mientras andrewsi honra al paleontólogo Roy Chapman Andrews. Fue descrito originalmente por Altangerel Perle en 1980, en un trabajo publicado junto con Rinchen Barsbold. Museo de Historia Natural

El holotipo, catalogado como IGM 100/111 —también citado posteriormente como MPC-D 100/111—, fue descubierto en 1972 en Baishin Tsav durante una expedición soviético-mongola. Está compuesto por un cráneo excepcionalmente completo con mandíbula, fragmentos de vértebras cervicales, un húmero izquierdo y gran parte del pie derecho. El material pertenece a las colecciones paleontológicas de Mongolia y constituye uno de los cráneos de tericinosaurio mejor conservados conocidos, razón por la cual ha sido estudiado mediante tomografía computarizada y reconstrucciones digitales. Taylor & Francis Online

Su historia natural corresponde a un terópodo muy alejado ecológicamente del modelo de gran depredador. Poseía un cuello largo, cabeza relativamente pequeña, extremidades anteriores desarrolladas y grandes garras, mientras el extremo anterior de sus mandíbulas era desdentado y probablemente cubierto por una ranfoteca. Los dientes posteriores eran numerosos, pequeños y adecuados para procesar materia vegetal, por lo que se interpreta principalmente como un herbívoro o consumidor predominantemente vegetal. Su anatomía craneal y endocraneal también revela sistemas sensoriales relativamente desarrollados, demostrando que la transición hacia la herbivoría en Theropoda estuvo acompañada por profundas modificaciones del aparato alimentario sin simplificar necesariamente sus capacidades neurosensoriales. Museo de Historia Natural

Figura. El cráneo de Ornithomimus

El cráneo de Ornithomimus era pequeño, alargado y extremadamente ligero, acorde con un terópodo corredor de cuello largo y cabeza relativamente reducida. Presentaba una órbita muy grande, amplias fenestras craneales y barras óseas delgadas que disminuían la masa sin eliminar la resistencia necesaria para la alimentación. El rostro era estrecho y prolongado, mientras la región anterior de las mandíbulas carecía de dientes. Esta condición permitía el desarrollo de una ranfoteca queratinizada, formando un pico funcionalmente semejante al de algunas aves actuales.

La edentulia completa constituye una de sus características craneales más distintivas. A diferencia de muchos terópodos carnívoros, Ornithomimus no dependía de dientes para perforar o desgarrar tejidos. El pico córneo probablemente permitía cortar, pinzar o seleccionar diferentes tipos de alimento, mientras la mandíbula inferior, larga y relativamente ligera, participaba en movimientos rápidos de apertura y cierre. La ausencia de raíces dentales y alvéolos reducía aún más el peso del cráneo. Las superficies posteriores proporcionaban inserción para una musculatura mandibular moderada, adecuada para procesar alimentos sin generar las fuerzas extremas observadas en grandes depredadores.

Desde una perspectiva evolutiva, este cráneo representa una importante transformación dentro de Maniraptoriformes. La combinación de rostro elongado, pérdida de dientes, ranfoteca y grandes órbitas demuestra que los coelurosaurios experimentaron múltiples estrategias alimentarias antes del origen de las aves. Su anatomía es compatible con una dieta flexible, probablemente omnívora o predominantemente herbívora, basada en vegetación, semillas y pequeños organismos. Así, el cráneo de Ornithomimus ilustra cómo la evolución terópoda no estuvo limitada a reforzar la mordida, sino que también produjo estructuras ligeras, picos especializados y reducción dental asociadas con nuevas funciones ecológicas.

Figura. Ornithomimus

 Ornithomimus fue un terópodo ornitomímido del Cretácico Superior, conocido principalmente en Norteamérica. Su nombre significa “imitador de ave”, del griego ornis, “ave”, y mimos, “imitador”, debido especialmente a sus extremidades posteriores largas, pies tridáctilos y aspecto corporal semejante al de grandes aves corredoras. El género fue establecido por Othniel Charles Marsh en 1890. Su especie tipo, Ornithomimus velox, procede de la Formación Denver, en Colorado, y vivió durante el Maastrichtiense tardío, cerca del final del Cretácico. Museo de Historia Natural

El holotipo de Ornithomimus velox, catalogado como YPM 542, comprende partes de la extremidad posterior, incluyendo tibia distal, astrágalo, calcáneo y elementos del pie. Una mano parcial, YPM 548, fue encontrada asociada y probablemente pertenece al mismo individuo. Ambos materiales fueron descubiertos por George Lyman Cannon en 1889 y se conservan en el Yale Peabody Museum of Natural History. Otros esqueletos históricamente asignados al género proceden especialmente de Canadá y han sido estudiados por especialistas como Dale Russell, Peter Makovicky, Yoshitsugu Kobayashi y Philip Currie, aunque la clasificación de algunos ejemplares sigue siendo revisada. Theropod Database

Su historia natural corresponde a un animal bípedo, ligero y probablemente muy corredor, con cuello largo, cabeza pequeña, brazos relativamente largos y extremidades posteriores adaptadas a una locomoción rápida. Los ornitomímidos derivados poseían mandíbulas desdentadas cubiertas por una ranfoteca, formando un pico córneo. Su alimentación continúa discutiéndose, pero la anatomía craneal y evidencias digestivas sugieren una dieta probablemente omnívora o predominantemente herbívora, complementada posiblemente con pequeños animales. El cuerpo estaba cubierto al menos parcialmente por plumas, reforzando la estrecha relación evolutiva entre estos coelurosaurios y otros maniraptoriformes.

Figura. El cráneo de Shuvuuia deserti

El cráneo de Shuvuuia deserti era pequeño, ligero y extremadamente delicado, muy diferente del patrón robusto observado en grandes terópodos depredadores. Presentaba un hocico estrecho, órbitas relativamente grandes y numerosos elementos óseos finos que reducían la masa total de la cabeza. La fenestra anteorbital estaba presente, mientras la región posterior del cráneo mantenía amplias zonas para la inserción de una musculatura mandibular moderada. Esta arquitectura favorecía rapidez y precisión en los movimientos de la cabeza, más que una mordida de gran potencia.

La dentición estaba formada por dientes pequeños, simples y sin serraciones marcadas, adecuados para capturar presas diminutas en lugar de desgarrar grandes masas de tejido. Las mandíbulas eran estrechas y relativamente flexibles, y algunos estudios han propuesto cierto grado de movilidad intracraneal, es decir, movimientos limitados entre algunos huesos del cráneo durante la alimentación. Esta condición, poco común entre muchos terópodos, pudo mejorar la manipulación de invertebrados pequeños. La forma general del cráneo es compatible con una dieta especializada basada probablemente en insectos y otros animales de pequeño tamaño.

Desde una perspectiva evolutiva, el cráneo de Shuvuuia representa una notable especialización dentro de Alvarezsauridae. Su combinación de cráneo liviano, dientes diminutos, mandíbulas estrechas y grandes órbitas contrasta con la reducción y pérdida dental observada en otros coelurosaurios. Estudios sobre su sistema sensorial también sugieren una importante capacidad auditiva y visual, posiblemente relacionada con actividad en condiciones de baja iluminación. Junto con sus extremidades anteriores robustas y una gran garra, su anatomía craneal respalda la interpretación de un pequeño terópodo especializado en localizar y capturar presas ocultas o insectos sociales.

Figura. Shuvuuia deserti

 Shuvuuia deserti fue un pequeño terópodo alvarezsáurido del Cretácico Superior, concretamente del Campaniense, hace aproximadamente 75 millones de años, conocido en depósitos de la Formación Djadokhta, en Mongolia. Su nombre significa “ave del desierto”: Shuvuuia deriva del mongol shuvuu, “ave”, mientras deserti hace referencia al ambiente árido donde fueron encontrados sus fósiles. Fue descrito formalmente en 1998 por Luis Chiappe, Mark Norell y James Clark, investigadores fundamentales en el estudio de los pequeños coelurosaurios asiáticos. Nature

El holotipo, catalogado como IGM 100/975, consiste en un esqueleto parcial procedente de Ukhaa Tolgod y se conserva en las colecciones paleontológicas de Mongolia. Otros ejemplares, algunos con cráneos casi completos, permitieron reconstruir con gran detalle su anatomía. Expediciones conjuntas de la Academia Mongola de Ciencias y el American Museum of Natural History recuperaron numerosos alvarezsáuridos en el desierto del Gobi. Estudios posteriores de Chiappe y otros especialistas mostraron que Shuvuuia poseía un cráneo extraordinariamente ligero y varias características que inicialmente reforzaron la discusión sobre las relaciones entre Alvarezsauridae y las aves. Nature

Su historia natural corresponde probablemente a la de un pequeño animal terrestre especializado en buscar insectos y otros invertebrados. Presentaba extremidades anteriores cortas pero extremadamente robustas, con una gran garra, interpretadas como adaptaciones para excavar nidos de insectos o romper estructuras resistentes. Las mandíbulas eran delgadas y portaban dientes diminutos sin serraciones, mientras algunas articulaciones craneales pudieron permitir cierta movilidad intracraneal. Evidencias tegumentarias asociadas a ejemplares atribuidos al género también han sido interpretadas como indicios de una cobertura semejante a plumas, reforzando su importancia para comprender la diversidad anatómica de los pequeños coelurosaurios maniraptoriformes. Museo de Historia Natural

Figura. El cráneo de Compsognathus

 El cráneo de Compsognathus longipes era pequeño, alargado y de construcción ligera, adecuado para un terópodo de tamaño reducido y movimientos rápidos. Presentaba una órbita proporcionalmente grande, una fenestra anteorbital bien desarrollada y otras aberturas que disminuían la masa total del cráneo sin eliminar su resistencia. El hocico era relativamente estrecho y bajo, mientras la región posterior proporcionaba espacio para la musculatura mandibular. Esta arquitectura corresponde a un animal especializado en capturar presas pequeñas, más que en soportar grandes fuerzas de mordida.

La dentición estaba formada por numerosos dientes pequeños, puntiagudos y ligeramente recurvados. Los dientes anteriores eran particularmente finos, mientras los posteriores mostraban una morfología algo más robusta. A diferencia de los dientes gruesos de grandes depredadores como Tyrannosaurus rex, los de Compsognathus estaban mejor adaptados para perforar, sujetar y desgarrar tejidos blandos. La mandíbula inferior era estrecha y relativamente delicada, coherente con una estrategia alimentaria basada en ataques rápidos contra pequeños vertebrados. La presencia de restos de lagartos en la región abdominal de ejemplares fósiles proporciona además evidencia directa de una dieta carnívora.

Desde una perspectiva evolutiva, el cráneo de Compsognathus representa una condición de coelurosaurio pequeño y grácil, anterior a muchas de las especializaciones observadas en otros linajes derivados. Conservaba el patrón básico del cráneo terópodo fenestrado, pero combinado con reducción del tamaño, rostro fino y dentición especializada en presas pequeñas. Su configuración permite comprender cómo algunos coelurosaurios siguieron estrategias de depredación ligera y rápida, mientras otros desarrollaron posteriormente picos, pérdida de dientes, cráneos más profundos o adaptaciones hacia dietas omnívoras y herbívoras.

Figura. Compsognathus longipes

 Compsognathus longipes fue un pequeño terópodo coelurosaurio del Jurásico Superior, específicamente del Titoniense, hace aproximadamente 150–145 millones de años, conocido por fósiles de Alemania y Francia. Su nombre significa aproximadamente “mandíbula elegante de patas largas”: Compsognathus deriva del griego para “mandíbula delicada o elegante”, mientras longipes alude a sus extremidades posteriores alargadas. La especie fue descrita por Johann Andreas Wagner en 1859, convirtiéndose posteriormente en uno de los pequeños dinosaurios europeos mejor conocidos. Museo de Historia Natural

El ejemplar histórico alemán, SNSB-BSPG AS I 563, constituye el holotipo original y procede de las calizas litográficas de Baviera, famosas también por conservar Archaeopteryx. El fósil pertenece a las colecciones de la Bayerische Staatssammlung für Paläontologie und Geologie, en Múnich. Un segundo esqueleto importante, MNHN CNJ 79, fue descubierto en Canjuers, Francia, y se conserva en el Muséum national d’Histoire naturelle de París. Investigadores como John Ostrom y Karin Peyer realizaron revisiones fundamentales de su anatomía y posición evolutiva. Dinosauria Tree

Su historia natural corresponde a la de un depredador bípedo pequeño y ligero, con patas posteriores largas, cola extendida para el equilibrio y miembros anteriores provistos de manos capaces de sujetar pequeñas presas. Poseía un cráneo ligero, mandíbulas estrechas y numerosos dientes pequeños, puntiagudos y recurvados, apropiados para capturar vertebrados diminutos. Uno de los aspectos más interesantes de su registro fósil es la conservación de restos de una lagartija dentro de la cavidad abdominal de un ejemplar, evidencia directa de su alimentación carnívora. Su anatomía representa bien la diversificación temprana de pequeños terópodos depredadores, antes de las especializaciones extremas observadas en distintos linajes posteriores de Coelurosauria. Museo de Historia Natural

jueves, 1 de octubre de 2026

El cráneo en los dinosaurios saurisquios terópodos

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Los terópodos constituyen uno de los grandes linajes de dinosaurios saurisquios y, durante más de 150 millones de años, produjeron una extraordinaria diversidad de cráneos depredadores, desde formas primitivas relativamente ligeras hasta cabezas extremadamente robustas capaces de fracturar huesos. Aunque muchas reconstrucciones populares reducen a Theropoda a la imagen de un dinosaurio bípedo con grandes dientes, el grupo experimentó profundas modificaciones en la forma del rostro, tamaño de las fenestras, dentición, musculatura mandibular, neumatización, ornamentación craneal y biomecánica de la mordida. En este apartado se seguirá esa transformación desde formas muy próximas al origen de Theropoda hasta Coelurosauria, excluyendo deliberadamente a Maniraptora y Avialae, que requieren un análisis independiente por su relación directa con el origen de las aves.

Figura 1. [Los terópodos] conservaron gran parte del patrón corporal bípedo ancestral, con extremidades posteriores dominantes, cola equilibradora y cabeza móvil. Aun así, diversificaron enormemente cráneo, dentición y biomecánica. Su aspecto depredador los volvió protagonistas de la cultura popular y de las Guerras de los Huesos, donde grandes carnívoros eran fósiles especialmente codiciados.

El patrón ancestral seguía siendo arcosaurio y diápsido. Un cráneo terópodo generalizado presentaba narina externa, fenestra anteorbital, órbita, fenestra temporal superior, fenestra temporal inferior y fenestra mandibular externa, además de dientes implantados individualmente en alvéolos. Sin embargo, las proporciones de estas estructuras variaron enormemente. Algunos linajes conservaron cráneos estrechos y relativamente flexibles, mientras otros desarrollaron nasales fusionados, barras óseas reforzadas o articulaciones capaces de redistribuir grandes cargas durante la alimentación. Los análisis biomecánicos muestran que incluso entre terópodos distantes existían soluciones mecánicas distintas para enfrentar las tensiones producidas por la mordida (Rayfield, 2005). Wiley Online Library

Figura 1. Patrón craneal generalizado de un terópodo no aviano. Se señalan la narina externa, fenestra anteorbital, órbita, fenestras temporales, fenestra mandibular y articulación cuadrado-articular.

Cerca del origen: Herrerasaurus y los primeros depredadores dinosaurianos

Herrerasaurus ischigualastensis, del Triásico Superior de Argentina, es particularmente importante porque se encuentra muy cerca de las primeras radiaciones de dinosaurios carnívoros. Su posición exacta ha variado entre análisis filogenéticos: tradicionalmente fue considerado un terópodo muy basal, mientras otras hipótesis lo sitúan como un saurisquio próximo, pero externo a Theropoda. Por ello, resulta más prudente utilizarlo como una referencia para comprender el tipo de cráneo existente cerca del origen de los terópodos, sin presentarlo como representante indiscutible del grupo (Sereno & Novas, 1992, 1994). PubMed

Su cráneo era estrecho transversalmente, relativamente largo y de perfil rectangular. Presentaba una amplia fosa anteorbital, grandes aberturas temporales y numerosos dientes comprimidos y recurvados. Las depresiones supratemporales proporcionaban espacio para una musculatura aductora considerable, mientras que una particular articulación intramandibular móvil permitía cierto desplazamiento entre regiones de la mandíbula. Esta combinación sugiere un depredador activo capaz de sujetar y desgarrar presas mediante movimientos rápidos de cabeza y mandíbula (Sereno & Novas, 1994). Taylor & Francis Online

El interés de Herrerasaurus radica precisamente en que conserva numerosos caracteres primitivos que desaparecerían o se modificarían en terópodos posteriores. Su cráneo todavía no posee la profunda especialización de ceratosaurios, alosauroideos o tiranosáuridos, pero ya presenta una arquitectura funcional claramente orientada hacia la depredación bípeda.

Figura 2. [Herrerasaurus ischigualastensis] fue un dinosaurio basal del Triásico Superior, descrito por Osvaldo Reig en 1963. No se considera un terópodo inequívoco en sentido estricto, porque conserva rasgos anatómicos primitivos en pelvis, tarso, mandíbula y extremidades. Fue un depredador bípedo de cráneo alargado y dientes recurvados, clave para comprender el origen temprano de Saurischia y Theropoda.

Figura 3. [Cráneo de Herrerasaurus], alargado, ligero y muy fenestrado, con narina externa, fenestra anteorbital, órbita amplia y fenestra mandibular. Sus dientes recurvados y comprimidos estaban adaptados a desgarrar tejidos. La posible movilidad intramandibular favorecía el manejo de presas. Su anatomía combina rasgos depredadores con caracteres primitivos, situándolo cerca del origen de Theropoda.

Coelofisoideos y la conservación de un cráneo ligero

Los primeros terópodos inequívocos incluyeron formas pequeñas o medianas con cráneos relativamente bajos y ligeros, como los coelofisoideos. En Coelophysis, la cabeza era alargada, con amplias fenestras y barras óseas delgadas. La dentición estaba formada por numerosos dientes comprimidos y curvados hacia atrás, adecuados para capturar pequeños vertebrados.

Los análisis de elementos finitos muestran que el cráneo de Coelophysis distribuía las tensiones de manera diferente al de grandes terópodos posteriores. Sus nasales relativamente gráciles soportaban menor carga que las regiones frontoparietales, lo que contrasta fuertemente con la condición de los tiranosáuridos, donde los nasales fusionados participaban activamente en la transmisión de fuerzas (Rayfield, 2005). Wiley Online Library

Esta cabeza ligera era coherente con animales de menor masa corporal, cuellos relativamente móviles y una estrategia alimentaria basada en mordidas rápidas y repetidas, más que en una sola mordida extremadamente poderosa.

Durante el Jurásico Inferior aparecieron terópodos de mayor tamaño como Dilophosaurus wetherilli. Su cráneo mantenía una arquitectura relativamente ligera, pero incorporaba un rasgo visual espectacular: dos grandes crestas longitudinales situadas sobre la región nasolacrimal.

Durante décadas estas crestas fueron representadas como estructuras frágiles y puramente ornamentales, pero estudios anatómicos recientes muestran que estaban integradas por varios huesos craneales y asociadas con una compleja neumatización. El cráneo de Dilophosaurus era más robusto de lo que sugerían las primeras reconstrucciones, y su dentición estaba plenamente adaptada a la depredación. Las crestas probablemente desempeñaron funciones de señalización visual, reconocimiento intraespecífico o exhibición, aunque su función exacta no puede determinarse directamente (Marsh & Rowe, 2020). Cambridge University Press

Figura 4. [Dilophosaurus wetherilli] fue un terópodo del Jurásico Inferior, famoso por sus dos crestas craneales. Descrito por Samuel Welles en 1970, era un depredador bípedo con cráneo alargado y dientes recurvados. No existe evidencia de veneno ni de volantes cervicales desplegables; esas características fueron invenciones de ficción popularizadas por Jurassic Park.

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Figura 5. [Cráneo de Dilophosaurus], alargado, ligero y muy fenestrado, con gran fenestra anteorbital, órbita amplia y dos crestas craneales longitudinales. Poseía dientes recurvados y comprimidos, adecuados para desgarrar tejidos. Su anatomía demuestra una temprana combinación de depredación y ornamentación en Theropoda. No existe evidencia de veneno ni de volantes cervicales desplegables.

Ceratosauria: rostros altos, ornamentación y nuevas estrategias craneales

Con Ceratosauria aparece una radiación de terópodos cuyo cráneo comienza a alejarse notablemente del patrón ligero de los primeros grupos. Ceratosaurus, del Jurásico Superior, poseía una cabeza relativamente profunda y ornamentada con una prominencia nasal, además de estructuras supraorbitales.

Su endocráneo conserva varios caracteres relativamente primitivos, pero también presenta recesos neumáticos y una organización del oído interno semejante en algunos aspectos a la de otros terópodos. La tomografía computarizada ha mostrado que la cabeza de Ceratosaurus combinaba rasgos basales con especializaciones relacionadas con la neumatización craneal y la percepción sensorial (Sanders & Smith, 2005). Acta Palaeontologica Polonica

En los ceratosaurios derivados, particularmente en Abelisauridae, el cráneo experimentó una transformación mucho más extrema. El rostro se hizo progresivamente corto, alto, ancho y fuertemente ornamentado, mientras varias regiones desarrollaron superficies rugosas, engrosamientos y protuberancias.

Abelisauridae: cráneos cortos y profundamente reforzados

Los abelisáuridos constituyen uno de los mejores ejemplos de divergencia funcional dentro de Theropoda. Mientras muchos tetanuros desarrollaron cráneos elongados y mandíbulas extensas, los abelisáuridos tendieron hacia cabezas abreviadas rostrocaudalmente y profundas dorsoventralmente.

La región facial mostraba con frecuencia una fuerte texturización ósea, probablemente relacionada con tegumentos especializados. Los nasales podían engrosarse y fusionarse, las regiones frontales desarrollaban protuberancias y la región occipital se ampliaba para recibir una poderosa musculatura cervical. Esta combinación sugiere que la cabeza y el cuello participaban activamente en el procesamiento y control de las presas, aunque no necesariamente mediante mordidas equivalentes a las de un tiranosáurido.

Carnotaurus sastrei llevó esta tendencia a uno de sus extremos más conocidos. Su cráneo era corto, alto y relativamente ancho, con dos grandes cuernos frontales sobre las órbitas. Tomografías y revisiones recientes han mostrado además una compleja distribución de recesos neumáticos, conductos nasolagrimales y cavidades dentro de los propios cuernos (Cerroni et al., 2021). Taylor & Francis Online

La biomecánica de su mordida difiere radicalmente de la de Tyrannosaurus. Los modelos indican una mordida relativamente rápida pero no extraordinariamente fuerte, mientras el cráneo podía soportar impactos asociados con ciertas estrategias de ataque. Las hipótesis antiguas que imaginaban violentos golpes frontales de cuerno contra cuerno reciben menor apoyo biomecánico, pues el cráneo no parece especialmente adecuado para resistir impactos frontales severos (Mazzetta et al., 2009). CONICET Digital

Figura 6. [Carnotaurus sastrei] fue un abelisáurido del Cretácico Superior de Patagonia, cuyo nombre significa “toro carnívoro”. Descrito por José Bonaparte en 1985, se conoce por un esqueleto excepcionalmente completo con cráneo y piel preservada. Poseía cuernos frontales, brazos muy reducidos, cuello musculoso y un cráneo corto adaptado a una estrategia depredadora distinta de la de Tyrannosaurus.

Una caricatura de una persona

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Figura 7. [Cráneo de Carnotaurus], corto, alto y fuertemente ornamentado, con grandes fenestras y característicos cuernos frontales. Poseía dientes recurvados y comprimidos, relativamente pequeños, y una mandíbula profunda. Su biomecánica sugiere ataques rápidos apoyados por un cuello musculoso, mientras los cuernos probablemente participaron en exhibición, reconocimiento y competencia intraespecífica

Figura 8. [Majungasaurus crenatissimus] fue un abelisáurido del Cretácico Superior de Madagascar, cuyo nombre significa “lagarto de Mahajanga”. Poseía cráneo corto, alto y ornamentado, nasales engrosados y cuello potente. Fósiles estudiados por Sampson, Witmer y Krause revelan además marcas de mordida compatibles con canibalismo oportunista, convirtiéndolo en un modelo importante de la ecología depredadora de Abelisauridae.

Figura 9. [Cráneo de Majungasaurus], corto, alto y reforzado, con amplia fenestra anteorbital, huesos faciales rugosos y prominencia frontal. Poseía dientes recurvados y serrados, mandíbula profunda y potente musculatura aductora. Su alimentación dependía de mordidas repetidas y movimientos fuertes de cabeza y cuello. Marcas fósiles de mordida indican además posible canibalismo oportunista.

Majungasaurus crenatissimus, del Cretácico Superior de Madagascar, proporciona uno de los cráneos de abelisáurido mejor conocidos. Su cabeza era igualmente corta, profunda y ancha, pero presentaba un engrosamiento medio sobre los frontales y nasales especialmente robustos.

En este animal, distintos componentes de los tejidos craneofaciales muestran una notable mineralización y osificación, incluyendo placas interdental fusionadas, un tabique interorbitario mineralizado y superficies vinculadas con tejidos tegumentarios. El occipital ampliado probablemente estaba asociado con una poderosa musculatura cervical, mientras la fenestra mandibular externa era grande y pudo permitir cierto grado de movilidad dentro de la mandíbula (Sampson & Witmer, 2007). Taylor & Francis Online

La cabeza de Majungasaurus demuestra que los abelisáuridos no eran simplemente versiones pequeñas de otros grandes terópodos, sino que desarrollaron su propio modelo funcional de depredación, combinando cráneos compactos, cuello potente, dientes relativamente cortos y ornamentación extensa.

Tetanurae: alargamiento del rostro y diversificación de la fosa anteorbital

En Tetanurae, la evolución craneal siguió trayectorias diferentes. Muchos representantes desarrollaron rostros relativamente largos, una gran fosa anteorbital con aberturas accesorias y una reorganización progresiva de los huesos maxilares y nasales.

Dentro de esta región podían aparecer la fenestra maxilar y, en algunos linajes, una fenestra promaxilar. Estas aberturas estaban asociadas principalmente con la neumatización del rostro, no con una simple reducción mecánica de masa.

Los dientes de los tetanuros depredadores tendieron a ser comprimidos lateralmente y serrados, formando verdaderas estructuras cortantes. Sin embargo, las estrategias biomecánicas siguieron siendo diversas.

Allosaurus representa uno de los grandes terópodos del Jurásico Superior. Su cráneo era relativamente ligero y muy fenestrado, con grandes aberturas anteorbitales y temporales. Sobre los ojos aparecían prominencias formadas principalmente por los lacrimales.

Los estudios biomecánicos clásicos mediante análisis de elementos finitos mostraron que su cráneo podía soportar cargas importantes aunque fuera considerablemente menos robusto que el de Tyrannosaurus. La distribución de tensiones sugiere una combinación entre mordidas y movimientos de cabeza, y dio origen a propuestas en las que el cráneo podía utilizarse mediante movimientos descendentes semejantes, de forma muy aproximada, al funcionamiento de una herramienta cortante (Rayfield et al., 2001). Nature

En comparación con Tyrannosaurus, los nasales de Allosaurus permanecían relativamente gráciles, mientras la región frontoparietal resistía una proporción mayor de las cargas. Esta diferencia ilustra dos soluciones mecánicas distintas para construir una cabeza depredadora de gran tamaño (Rayfield, 2005). Wiley Online Library

Figura 10. [Allosaurus] fue un gran terópodo del Jurásico Superior, cuyo nombre significa “lagarto diferente”. Descrito por Othniel C. Marsh en 1877, es abundante en la Formación Morrison. Poseía cráneo ligero y fenestrado, dientes serrados y prominencias lacrimales. Su estrategia depredadora combinaba mordidas rápidas, movimientos de cabeza y cuello y desgarro de tejidos.

Una caricatura de un casco

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Figura 11. [Cráneo de Allosaurus], ligero, alargado y muy fenestrado, con amplia fenestra anteorbital, grandes órbitas y prominencias lacrimales. Sus dientes recurvados y serrados estaban adaptados para cortar y desgarrar tejidos. La biomecánica sugiere una estrategia basada en mordidas rápidas, movimientos de cabeza y cuello, penetración dental y desgarro, más que en trituración ósea extrema.

Spinosauridae: convergencia hacia un hocico longirrostro

Los espinosáuridos modificaron el patrón terópodo de una manera radical. En géneros como Baryonyx, Suchomimus y Spinosaurus, el rostro se volvió extraordinariamente largo y estrecho, mientras las narinas se desplazaron posteriormente.

La región anterior del hocico se expandió formando una roseta terminal provista de dientes cónicos y relativamente poco comprimidos. Esta combinación recuerda funcionalmente a algunos crocodilianos longirrostros y constituye una convergencia relacionada con la captura de presas acuáticas.

Sin embargo, no debe interpretarse a los espinosáuridos como piscívoros obligados. La evidencia directa incluye peces, pero también restos de dinosaurios y otros vertebrados asociados con su alimentación. Los análisis biomecánicos indican que sus rostros resistían adecuadamente la flexión dorsoventral, pero estaban comparativamente peor adaptados frente a fuertes torsiones mediolaterales. El tamaño corporal absoluto compensaba parcialmente esta limitación, permitiéndoles capturar tanto peces como presas terrestres relativamente pequeñas (Cuff & Rayfield, 2013). PLOS

En Spinosaurus aegyptiacus, la especialización alcanzó un grado extremo. El cráneo era largo y relativamente bajo, con una roseta premaxilar, dientes cónicos y narinas retraídas hacia la región posterior del rostro. La combinación reduce la semejanza con la mayoría de los otros terópodos y refuerza el vínculo funcional con ambientes acuáticos.

La discusión moderna sobre Spinosaurus se concentra mucho en su locomoción y grado de adaptación acuática, pero el cráneo por sí solo ya indica una estrategia de alimentación muy diferente de la de tiranosáuridos o abelisáuridos. No estaba optimizado para soportar torsiones violentas producidas por presas enormes y forcejeantes; su geometría favorecía principalmente capturas rápidas con el extremo del hocico y cargas orientadas dorsoventralmente (Cuff & Rayfield, 2013). PLOS

Figura 12. [Spinosaurus aegyptiacus] fue un terópodo espinosáurido del Cretácico Superior del norte de África, cuyo nombre significa “lagarto de espinas”. Descrito por Ernst Stromer en 1915, perdió su holotipo durante la Segunda Guerra Mundial. Poseía hocico alargado, dientes cónicos, narinas retraídas y adaptaciones acuáticas, aunque su capacidad natatoria exacta continúa siendo debatida.

Imagen que contiene reptil, animal, dinosaurio, rosa

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Figura 13. [Cráneo de Spinosaurus aegyptiacus], alargado y estrecho, con narinas retraídas, roseta premaxilar y dientes cónicos adaptados para perforar y sujetar presas. Su hocico resistía bien cargas dorsoventrales, pero menos las torsiones intensas. Esta anatomía indica una clara especialización hacia la captura de presas acuáticas, aunque no necesariamente una dieta exclusivamente piscívora.

Coelurosauria antes de Maniraptora

La aparición de Coelurosauria introdujo nuevas tendencias craneales. Muchos coelurosaurios tempranos eran relativamente pequeños y poseían cabezas ligeras, cerebros proporcionalmente mayores y una progresiva reorganización del rostro. Sin embargo, el grupo produjo también gigantes, y no existe una única anatomía craneal coelurosauriana.

En este punto debe establecerse deliberadamente el límite del presente análisis. Maniraptora y Avialae quedan excluidos porque allí aparecen las transformaciones directamente relacionadas con el origen del cráneo aviano: expansión encefálica, cambios profundos del paladar, reducción del rostro, modificaciones del cuadrado, pérdida dental en diferentes líneas y aparición de configuraciones de quinesis craneal que requieren tratamiento separado.

Fuera de Maniraptora, algunos coelurosaurios experimentaron tendencias hacia la edentulia, mientras otros transformaron completamente la biomecánica depredadora. Ornithomimosauria, por ejemplo, produjo cráneos relativamente pequeños y elongados que evolucionaron hacia mandíbulas desdentadas y estructuras queratinizadas en formas derivadas.

La transformación más espectacular dentro de los coelurosaurios depredadores ocurrió, sin embargo, en Tyrannosauroidea.

Los primeros tiranosauroideos distaban enormemente de la imagen de Tyrannosaurus. Géneros tempranos como Dilong, Proceratosaurus y Yutyrannus poseían cráneos proporcionalmente más ligeros y estrechos, algunos acompañados por ornamentaciones craneales.

A medida que aumentó el tamaño corporal, especialmente dentro de Tyrannosauridae, el cráneo se hizo más ancho, profundo y robusto. Las superficies disponibles para los músculos aductores aumentaron y los dientes adquirieron secciones más gruesas, adecuadas para soportar elevadas cargas.

Análisis comparativos recientes muestran que los tiranosáuridos del Cretácico Superior desarrollaron fuerzas mandibulares relativas superiores a las de tiranosauroideos más tempranos de tamaño comparable. Este cambio estuvo acompañado por una transformación hacia cráneos anchos y mecánicamente preparados para manejar fuerzas extremadamente grandes (Johnson-Ransom et al., 2024, 2026). PubMed

El cráneo de Tyrannosaurus rex constituye uno de los extremos biomecánicos de Theropoda. Era alto, ancho, profundamente construido y reforzado, con grandes fenestras delimitadas por barras óseas considerablemente robustas.

Los nasales fusionados desempeñaban un papel particularmente importante en la transmisión de cargas. Mientras Allosaurus y Coelophysis concentraban mayores tensiones en otras regiones del techo craneal, el cráneo de Tyrannosaurus transmitía importantes fuerzas de compresión y cizallamiento a través de los nasales fusionados (Rayfield, 2005). Wiley Online Library

Los dientes eran gruesos, profundamente implantados y relativamente resistentes a cargas que habrían fracturado dientes más delgados. Los modelos dinámicos estiman fuerzas de mordida posteriores del orden de 35 000–57 000 N en un solo diente, valores excepcionalmente elevados para un vertebrado terrestre (Bates & Falkingham, 2012). PubMed Central (PMC)

Esta potencia no convertía el cráneo en una estructura maciza. Continuaba estando profundamente fenestrado, pero las suturas, barras y zonas de inserción muscular trabajaban juntas como un sistema capaz de redistribuir cargas multidireccionales. Estudios mediante elementos finitos han mostrado que la arquitectura craneal era capaz de soportar eficazmente las enormes fuerzas producidas durante la alimentación (Rayfield, 2004). PubMed

Figura 14. [Tyrannosaurus rex] fue un tiranosáurido del Cretácico Superior, de hace 68–66 millones de años. Su nombre significa “rey de los lagartos tiranos”. Descrito por Henry Fairfield Osborn en 1905, posee un abundante registro fósil. Fue un enorme depredador bípedo con cráneo masivo, dientes robustos y mordida extraordinariamente poderosa, capaz también de carroñear.

Figura 15. Cráneo de Tyrannosaurus rex, alto, ancho y reforzado, con nasales fusionados, grandes fenestras y poderosa musculatura mandibular. Sus dientes gruesos, recurvados y profundamente implantados podían perforar y fracturar huesos. Durante la ontogenia, el cráneo se hacía más robusto, indicando cambios en alimentación y presas. Representa una especialización extrema para mordida, trituración y resistencia mecánica.

La ontogenia también transformaba profundamente esta cabeza. Los individuos juveniles poseían cráneos más estrechos y gráciles, mientras que durante el crecimiento aumentaban la anchura posterior, el volumen disponible para la musculatura y la robustez dental. Esto implica que jóvenes y adultos podían explotar presas y estrategias alimentarias diferentes, reduciendo potencialmente la competencia dentro de una misma especie (Rowe & Snively, 2022; Johnson-Ransom et al., 2024). American Association for Anatomy

Tendencias generales de la evolución craneal terópoda

Desde las condiciones próximas a Herrerasaurus hasta los grandes coelurosaurios, la historia craneal de Theropoda no siguió una única dirección hacia cabezas progresivamente “más fuertes”. Distintos linajes experimentaron soluciones independientes. Los coelofisoideos conservaron cráneos ligeros; Dilophosaurus desarrolló ornamentación y neumatización; los abelisáuridos acortaron y profundizaron el rostro; Allosaurus mantuvo una cabeza altamente fenestrada; los espinosáuridos elongaron radicalmente el hocico; y los tiranosáuridos construyeron cráneos capaces de soportar cargas excepcionales.

Otra tendencia importante fue la creciente diversificación de la fosa anteorbital y sus cámaras neumáticas. En muchos tetanuros aparecieron fenestras accesorias y cavidades vinculadas con divertículos aéreos, transformando el rostro en una estructura parcialmente neumática. Esta condición reducía masa, pero también reorganizaba la arquitectura interna del cráneo.

La dentición tampoco evolucionó siguiendo un único patrón. Desde dientes numerosos y relativamente finos se pasó, según el linaje, a piezas cortas y robustas, dientes cónicos especializados para sujetar presas acuáticas, coronas profundamente serradas o, en ciertos coelurosaurios no maniraptores, reducción parcial o completa de los dientes.

La región posterior mostró igualmente transformaciones constantes en función del tamaño de los músculos mandibulares y cervicales. Los grandes abelisáuridos reforzaron el occipital y el cuello; los tiranosáuridos expandieron enormemente las superficies de inserción aductora; y los espinosáuridos mantuvieron un rostro largo cuya biomecánica se alejaba del modelo triturador.

El resultado fue una radiación craneal extraordinaria producida sobre el mismo patrón anatómico arcosaurio. Antes incluso de llegar a Maniraptora, Theropoda ya había explorado desde cráneos estrechos de depredadores ligeros hasta cabezas profundamente reforzadas, rostros piscívoros longirrostros, ornamentaciones frontales, cuernos, crestas, sistemas neumáticos complejos y denticiones capaces de cortar, perforar o fracturar hueso.

Referencias

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