Uno de los materiales más importantes es el cráneo FMNH PR 2100, extraordinariamente completo y conservado en el Field Museum of Natural History de Chicago. Otros restos relevantes se encuentran en colecciones de Madagascar y Estados Unidos. Entre los especialistas más asociados con su estudio destacan Scott Sampson, Lawrence Witmer y David Krause, quienes publicaron análisis detallados de su anatomía craneofacial, endocráneo y paleobiología. Estos trabajos ayudaron a establecer a Majungasaurus como uno de los abelisáuridos mejor conocidos del registro fósil.
La historia natural de Majungasaurus corresponde a un gran depredador bípedo de cráneo corto, alto y muy ornamentado. Presentaba nasales engrosados, una prominencia frontal media y tejidos craneofaciales fuertemente mineralizados. Su cuello era potente y la mandíbula poseía dientes recurvados adecuados para cortar carne. Una de las evidencias más llamativas procede de huesos de otros individuos de Majungasaurus con marcas de mordida compatibles con su propia dentición, interpretadas como evidencia de canibalismo, probablemente oportunista. Esta característica, junto con su cráneo robusto y su posición dominante en los ecosistemas de Madagascar, lo convierte en un modelo clave para estudiar la ecología depredadora de Abelisauridae.
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