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En la primera parte
del estudio del cráneo de los terópodos nos detuvimos extensamente en
Tyrannosauroidea porque ese linaje permite observar uno de los extremos
biomecánicos de Theropoda: cráneos profundos, dientes robustos y una
extraordinaria capacidad para soportar fuerzas de mordida elevadas. Sin
embargo, los tiranosaurios representan solo una rama de Coelurosauria,
un conjunto mucho más diverso que también produjo formas pequeñas, corredores
de cabeza ligera, herbívoros de cuello largo, dinosaurios con picos
queratinizados y linajes con reducción progresiva o pérdida completa de los
dientes. Por cuestiones de espacio resulta conveniente estudiar esta segunda
radiación por separado antes de entrar en Paraves, donde las
modificaciones craneales comienzan a acercarse directamente a la condición
aviana.
Figura
1. [Compsognathus
longipes] fue un
pequeño terópodo coelurosaurio del Jurásico Superior, de hace
unos 150–145 millones de años. Su nombre significa aproximadamente “mandíbula
elegante de patas largas”. Descrito por Johann Andreas Wagner en
1859, poseía cráneo ligero, dientes recurvados y largas extremidades
posteriores. Restos abdominales fósiles confirman una dieta carnívora
basada en pequeños vertebrados.
Figura
1. [Cráneo
de Compsognathus], pequeño,
alargado y ligero, con órbita grande, fenestra anteorbital y
hocico estrecho. Sus dientes pequeños, puntiagudos y recurvados servían
para perforar y sujetar presas diminutas. La mandíbula era relativamente
delicada, adecuada para una estrategia de depredación rápida sobre
pequeños vertebrados, más que para generar grandes fuerzas de mordida.
Coelurosauria
comprende terópodos cuya historia evolutiva estuvo acompañada por importantes
transformaciones en tamaño corporal, dentición, encefalización, tegumento y
aparato alimentario. Aunque algunos conservaron una dieta predominantemente
carnívora, muchos abandonaron la hipercarnivoría ancestral. En diferentes ramas
aparecieron de manera independiente omnivoría, herbivoría, insectivoría,
reducción dental y edentulia completa. Esta diversificación demuestra que
el paso desde un cráneo depredador tradicional hacia un aparato alimentario
semejante a un pico no ocurrió exclusivamente en el linaje de las aves, sino
que fue experimentado reiteradamente por distintos coelurosaurios (Zanno &
Makovicky, 2011; Lautenschlager et al., 2013). PubMed Central (PMC)
De Coelurosauria a Maniraptoriformes
La terminología
filogenética requiere aquí una precisión importante. Los ornitomimosaurios
no pertenecen normalmente a Maniraptora en sentido estricto. Forman, junto con
Maniraptora, un clado más amplio denominado Maniraptoriformes. Por
tanto, resulta más correcto describir primero la transición desde
coelurosaurios más basales hacia Maniraptoriformes, analizar Ornithomimosauria,
y solo después entrar en Maniraptora propiamente dicha.
Esta distinción no
es simplemente taxonómica. En Maniraptoriformes aparecen varias tendencias que
tendrán enorme importancia posteriormente en la evolución aviana: aumento
relativo del encéfalo, modificación de la órbita, reducción de algunas
regiones faciales, cambios en la orientación del cuadrado y, sobre todo, una
enorme plasticidad del premaxilar y la dentición. En distintas ramas, la
región anterior del rostro perdió dientes y comenzó a sostener una ranfoteca
queratinizada, es decir, una cubierta córnea semejante funcionalmente a un
pico.
La evolución de la edentulia
ocurrió independientemente varias veces dentro de Theropoda. Lejos de
representar necesariamente una pérdida funcional, la reducción dental podía
acompañarse de transformaciones que redistribuían las tensiones del cráneo y
generaban nuevos mecanismos alimentarios. Estudios biomecánicos muestran que
una ranfoteca podía participar activamente en la resistencia del rostro
y no limitarse a reemplazar pasivamente los dientes (Lautenschlager et al.,
2013). PubMed Central (PMC)
Figura
1. [Shuvuuia
deserti] fue un
pequeño terópodo alvarezsáurido del Cretácico Superior, de hace
unos 75 millones de años, hallado en Mongolia. Su nombre significa “ave
del desierto”. Descrito en 1998, poseía cráneo ligero, dientes
diminutos, brazos cortos y robustos y una gran garra, adaptaciones
compatibles con una dieta de insectos e invertebrados.
Figura
1. [Cráneo
de Shuvuuia], pequeño,
ligero y delicado, con hocico estrecho, órbitas grandes y dientes diminutos,
simples y poco serrados. Su arquitectura favorecía movimientos rápidos y
precisos más que una mordida poderosa. La posible movilidad intracraneal
y sus capacidades sensoriales sugieren adaptación para localizar y capturar insectos
y otros pequeños invertebrados.
Ornithomimosauria: del cráneo dentado al pico desdentado
Los ornitomimosaurios,
popularmente conocidos como dinosaurios “imitadores de avestruz”, desarrollaron
algunos de los cráneos más ligeros entre los terópodos no avianos. Las formas
tempranas todavía podían conservar dientes pequeños, mientras muchos
representantes derivados evolucionaron hacia la edentulia completa. El
cráneo se hizo relativamente pequeño, elongado y de construcción delicada, con
órbitas grandes y mandíbulas terminadas en una ranfoteca queratinizada
(Cuff & Rayfield, 2015). PubMed Central (PMC)
Este cambio
constituye una ruptura profunda con el patrón del terópodo depredador clásico.
En lugar de largas filas de dientes recurvados, la región rostral quedó
dominada por un pico córneo, mientras el maxilar y el dentario reducían
progresivamente su participación dental. La pérdida de dientes también
disminuía la necesidad de mantener alvéolos profundos y grandes raíces,
permitiendo una reorganización del rostro.
La dieta de los
ornitomimosaurios ha sido interpretada de distintas maneras. Existen evidencias
compatibles con omnivoría y herbivoría, incluyendo gastrolitos en
algunos ejemplares, reducción dental y formas de pico potencialmente útiles
para seleccionar vegetación o pequeños organismos. La morfología craneodental
sugiere, por tanto, que al menos algunas especies abandonaron la carnivoría
estricta que caracterizaba a muchos terópodos ancestrales (Zanno &
Makovicky, 2011). PubMed Central (PMC)
Figura
1. [Ornithomimus] fue un terópodo
ornitomímido del Cretácico Superior de Norteamérica. Su nombre
significa “imitador de ave” y fue establecido por Othniel C. Marsh
en 1890. Era un bípedo ligero y corredor, con cuello largo, cabeza
pequeña y mandíbulas desdentadas con ranfoteca. Probablemente tuvo una
dieta omnívora o mayormente herbívora y cuerpo parcialmente emplumado.
Figura
1. [Cráneo
de Ornithomimus], pequeño,
alargado y ligero, con órbitas grandes, amplias fenestras y rostro
estrecho. Carecía completamente de dientes y poseía una ranfoteca
queratinizada, formando un pico. Esta edentulia reducía el peso
craneal y favorecía una alimentación flexible. Su anatomía sugiere una dieta omnívora
o mayormente herbívora, distinta de la depredación típica de otros
terópodos.
Maniraptora y la ruptura con el modelo depredador clásico
Dentro de Maniraptora,
la diversidad del cráneo se incrementó todavía más. Aunque el grupo incluye
posteriormente a Paraves y a las aves, aquí nos detendremos antes de entrar en
ese linaje. Entre los maniraptores no paravianos destacan principalmente Therizinosauria
y Oviraptorosauria, dos radiaciones que muestran hasta qué punto un
terópodo podía alejarse del aparato craneodental hipercarnívoro sin dejar de
conservar numerosas características fundamentales de su ascendencia.
Uno de los cambios
más importantes fue la pérdida de la relación obligatoria entre dientes
recurvados y alimentación carnívora. En varios maniraptores aparecen
dientes pequeños, lanceolados, gruesamente denticulados o incluso la
desaparición completa de la dentición en determinadas regiones. Al mismo
tiempo, el rostro podía desarrollar una cubierta queratinizada, mientras
las inserciones musculares, la profundidad mandibular y la forma del cráneo se
reorganizaban según nuevos requerimientos alimentarios.
Esta
diversificación llevó a una importante reinterpretación de Theropoda. Durante
buena parte de la historia de la paleontología se asumió que casi todos los
terópodos eran depredadores obligados. La acumulación de fósiles de
coelurosaurios demostró que la plasticidad dietaria era mucho mayor y
que la omnivoría o herbivoría probablemente evolucionaron repetidas veces
(Zanno et al., 2009; Zanno & Makovicky, 2011). PubMed Central (PMC)
Therizinosauria: un cráneo terópodo transformado para la herbivoría
Los tericinosaurios
constituyen probablemente el ejemplo más espectacular de un terópodo que
evolucionó hacia una alimentación predominantemente herbívora. Su
aspecto corporal resulta extraño para un animal perteneciente a Theropoda:
cuello largo, cabeza pequeña, tronco voluminoso y enormes garras manuales. Sin
embargo, el cráneo conserva claramente una combinación de caracteres terópodos
profundamente modificados.
Las formas
primitivas, como Falcarius utahensis, todavía muestran una condición
relativamente generalizada. A medida que el linaje se diversificó, el cráneo se
hizo proporcionalmente más pequeño y elongado, la musculatura mandibular
disminuyó relativamente y la parte anterior de las mandíbulas perdió dientes.
En los representantes derivados apareció una ranfoteca rostral, mientras
los dientes restantes se hicieron pequeños, numerosos y de coronas lanceoladas
con dentículos gruesos (Zanno et al., 2009). PubMed Central (PMC)
En Erlikosaurus
andrewsi, uno de los cráneos de tericinosaurio mejor conservados, la región
anterior de las mandíbulas era edentada y soportaba un pico
queratinizado. Los dientes posteriores eran diminutos y estaban adaptados más
al corte de materia vegetal que a perforar carne. Los modelos biomecánicos
indican que la ranfoteca podía ayudar a distribuir tensiones y reforzar
funcionalmente una región facial relativamente ligera (Lautenschlager et al.,
2013). PubMed Central (PMC)
La transición hacia
la herbivoría tampoco produjo dientes comparables con las complejas baterías de
hadrosáuridos o ceratópsidos. Los tericinosaurios conservaron un esmalte
relativamente simple, semejante en organización microscópica al de otros
terópodos, lo que indica que el cambio dietario ocurrió principalmente mediante
modificaciones de la forma y tamaño de los dientes, del pico y del aparato
mandibular, no mediante una revolución de la microestructura dental (Button et
al., 2017). PubMed Central (PMC)
Figura 1. [Erlikosaurus
andrewsi] fue un tericinosaurio
del Cretácico Superior de Mongolia, cuyo nombre significa “lagarto de
Erlik”. Descrito por Altangerel Perle en 1980, se conoce por un cráneo
excepcionalmente completo. Presentaba pico anterior, dientes pequeños y
numerosas adaptaciones herbívoras, además de sistemas sensoriales
desarrollados, mostrando la profunda transformación alimentaria alcanzada
dentro de Theropoda.
Figura
1. [Cráneo
de Erlikosaurus], pequeño,
alargado y ligero, con extremo anterior desdentado y probablemente
cubierto por una ranfoteca queratinizada. Los dientes posteriores eran pequeños
y denticulados, adecuados para procesar vegetación. Su mandíbula generaba
fuerzas moderadas, mientras el cráneo mantenía buenos sistemas sensoriales.
Representa una profunda adaptación de Theropoda hacia la herbivoría.
Especialización mandibular en los tericinosaurios
La mandíbula de los
tericinosaurios proporciona evidencia adicional de esta transición. En formas
avanzadas, el extremo anterior del dentario se curvaba ventralmente y
perdía dientes, creando una región adecuada para sostener tejido queratinizado.
Las filas dentales podían quedar ligeramente desplazadas hacia el interior del
borde mandibular, condición que algunos autores han relacionado con presencia
de tejidos blandos periféricos y manipulación de materia vegetal.
En Segnosaurus
galbinensis aparecen especializaciones dentarias particularmente complejas.
Aunque las coronas continúan siendo pequeñas, la disposición de los dientes y
sus superficies de desgaste indican un procesamiento oral más activo que el de
muchos terópodos carnívoros. Sin embargo, estos animales seguían dependiendo
probablemente de un aparato gastrointestinal voluminoso para buena parte
del procesamiento posterior (Lautenschlager et al., 2016). PubMed Central (PMC)
La reducción del
tamaño relativo de la cabeza también resulta coherente con esta estrategia. Un
animal herbívoro de gran tamaño no necesita necesariamente producir una mordida
poderosa si puede consumir grandes cantidades de vegetación y procesarlas posteriormente
mediante fermentación. El resultado fue un cráneo liviano, con pico, dientes
pequeños y fuerza mandibular moderada, bastante diferente del aparato
triturador de un tiranosáurido.
Oviraptorosauria: picos profundos y cráneos compactos
Los oviraptorosaurios
siguieron otra trayectoria completamente distinta. Los primeros miembros del
grupo conservaron dientes en ciertas regiones, pero los representantes
derivados desarrollaron cráneos cortos, altos y completamente edéntulos,
acompañados por fuertes picos queratinizados.
Uno de los ejemplos
más informativos es Incisivosaurus gauthieri, un oviraptorosaurio basal
que conservaba dientes anteriores notablemente grandes y una dentición
posterior reducida. Este animal muestra que la transición hacia los picos
edéntulos de los oviraptóridos no ocurrió de manera instantánea. Existieron
estados intermedios en los cuales diferentes regiones de la mandíbula
experimentaban reducción dental a ritmos distintos.
En oviraptóridos
derivados como Citipati osmolskae, el rostro era corto y profundo, con
un premaxilar edéntulo, grandes aberturas craneales y mandíbulas
robustas. Algunos géneros desarrollaron además crestas craneales prominentes.
La mandíbula inferior podía formar una estructura poderosa capaz de generar
presión considerable pese a la ausencia de dientes.
La dieta de
Oviraptorosauria continúa siendo discutida. Se han propuesto omnivoría,
herbivoría, consumo de pequeños animales, huevos y moluscos, y
probablemente diferentes especies ocuparon nichos distintos. La evidencia
general indica que el grupo no puede reducirse a una única estrategia
alimentaria. Lo importante desde el punto de vista craneal es que la pérdida de
dientes permitió una gran diversificación de formas de pico y geometrías
mandibulares (Zanno & Makovicky, 2011). PubMed Central (PMC)
Figura
1. [Avimimus
portentosus] fue un
pequeño oviraptorosaurio del Cretácico Superior de Mongolia, cuyo nombre
significa “imitador de ave extraordinario”. Descrito por Sergei
Kurzanov en 1981, era un bípedo ligero y corredor con cabeza pequeña
y mandíbulas desdentadas con ranfoteca. Su dieta probablemente fue omnívora,
y algunos yacimientos sugieren posible comportamiento gregario.
Figura
1. [Cráneo
de Avimimus], pequeño,
ligero y corto, con órbitas grandes y mandíbulas completamente desdentadas.
La región anterior estaba cubierta por una ranfoteca queratinizada,
formando un pico funcional. Su anatomía sugiere una dieta probablemente omnívora.
Representa la tendencia de varios oviraptorosaurios hacia la reducción
dental, aligeramiento craneal y desarrollo independiente de picos.
La edentulia como experimento evolutivo repetido
La desaparición de
los dientes dentro de Coelurosauria constituye uno de los fenómenos más
interesantes en la evolución del cráneo terópodo. Ornitomimosaurios,
oviraptorosaurios, tericinosaurios parcialmente edéntulos y posteriormente
varios avialanos evolucionaron de manera independiente hacia una reducción
del aparato dental.
Esta repetición
demuestra que perder dientes no constituyó necesariamente una desventaja. Los
dientes son estructuras biológicamente costosas: requieren formación de esmalte
y dentina, raíces, alvéolos y reemplazo continuo. Cuando una estrategia
alimentaria permite utilizar un pico queratinizado, pueden liberarse
restricciones morfológicas y surgir formas craneales nuevas.
En diferentes
terópodos, la pérdida dental estuvo frecuentemente asociada con abandono de la carnivoría
obligada y expansión hacia omnivoría o herbivoría. Sin embargo, no debe
interpretarse como una relación automática. La edentulia evolucionó también en
vertebrados con otras dietas, y su función depende de la arquitectura completa
del cráneo, no únicamente de la ausencia de dientes (Lautenschlager et al.,
2013). PubMed Central (PMC)
La evolución de una
ranfoteca también podía aumentar la resistencia mecánica de las
mandíbulas. Modelos digitales muestran que añadir una cubierta córnea a cráneos
desdentados puede disminuir las concentraciones de tensión, lo que ayuda a
explicar por qué picos y pérdida dental aparecieron conjuntamente tantas veces.
Cerebro y sentidos en los maniraptores no paravianos
La transformación
del cráneo no se limitó al aparato alimentario. En distintos maniraptores
aumentó la importancia relativa del encéfalo y de los sistemas sensoriales.
Los estudios mediante tomografía computarizada de tericinosaurios como Erlikosaurus
muestran un telencéfalo relativamente desarrollado, además de regiones
asociadas con olfacción, audición y equilibrio bien diferenciadas
(Lautenschlager et al., 2012). PubMed Central (PMC)
Esto es importante
porque rompe otra simplificación histórica: un animal herbívoro no
necesariamente experimenta reducción sensorial. Los tericinosaurios conservaron
un aparato neurosensorial complejo que pudo intervenir en búsqueda de
alimento, detección de depredadores, orientación y comportamiento social.
En otros
maniraptoriformes, especialmente ornitomimosaurios y oviraptorosaurios, las
grandes órbitas y modificaciones de la caja encefálica muestran igualmente que
el cambio dietario ocurrió mientras continuaban evolucionando sistemas
sensoriales sofisticados.
Hacia Paraves
Al aproximarnos a Paraves,
las modificaciones craneales adquieren una importancia todavía mayor porque
comienzan a aparecer combinaciones directamente vinculadas con el origen de las
aves. Sin embargo, Paraves no debe considerarse simplemente la culminación
inevitable de una tendencia hacia “mayor avance”. Es otra rama dentro de una
radiación coelurosauriana extraordinariamente diversa.
Antes de llegar a
ella, Coelurosauria ya había experimentado con casi todos los elementos que
posteriormente encontraremos reorganizados en los primeros avialanos: reducción
dental, aparición de picos, aumento encefálico, expansión orbital, modificación
del rostro, neumatización y cambios en la musculatura mandibular. Muchas de
estas características aparecieron independientemente en distintas ramas.
Por ello, cuando en
el capítulo siguiente se estudien Paraves, dromeosáuridos, troodóntidos y
avialanos tempranos, no estaremos observando la aparición repentina del
“cráneo de ave”, sino otra etapa dentro de una larga historia de
experimentación craneal en Coelurosauria. El patrón aviano surgirá mediante la
reorganización de estructuras que ya habían mostrado una enorme capacidad de
transformación en sus parientes no paravianos.
Referencias
Button, D. J.,
Zanno, L. E., & others. (2017). Incremental growth of therizinosaurian
dental tissues: Implications for dietary transitions in Theropoda. PeerJ, 5,
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Witmer, L. M., Altangerel, P., & Rayfield, E. J. (2013). Edentulism, beaks,
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of the National Academy of Sciences, 110(51), 20657–20662. https://doi.org/10.1073/pnas.1310711110
Lautenschlager, S.,
Rayfield, E. J., Altangerel, P., Zanno, L. E., & Witmer, L. M. (2012). The
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cognitive function. PLoS ONE, 7(12), e52289. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0052289
Lautenschlager, S.,
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galbinensis (Theropoda: Therizinosauria). PeerJ, 4, e1885. https://doi.org/10.7717/peerj.1885
Zanno, L. E.,
Gillette, D. D., Albright, L. B., & Titus, A. L. (2009). A new North
American therizinosaurid and the role of herbivory in “predatory” dinosaur
evolution. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 276(1672),
3505–3511. https://doi.org/10.1098/rspb.2009.1029
Zanno, L. E., & Makovicky, P. J. (2011). Herbivorous ecomorphology and specialization patterns in theropod dinosaur evolution. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(1), 232–237. https://doi.org/10.1073/pnas.1011924108
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