Esta persistencia del patrón corporal no significa falta de evolución. La radiación de Theropoda produjo depredadores pequeños y veloces, formas gigantescas y cráneos especializados para cortar, perforar, sujetar o fracturar tejidos y huesos. Herrerasáuridos próximos al origen, coelofisoideos, ceratosaurios, megalosauroideos y alosauroideos representan sucesivas modificaciones de esa plantilla. Incluso Tyrannosauroidea surgió inicialmente con formas relativamente pequeñas antes de producir depredadores gigantes. La conservación de un plan corporal funcional, combinada con una intensa diversificación craneal, ayuda a explicar el enorme éxito ecológico de estos dinosaurios.
Los terópodos también ocuparon un lugar excepcional en la historia cultural de la paleontología. Durante las Guerras de los Huesos del siglo XIX, fósiles de grandes dinosaurios carnívoros eran especialmente codiciados porque sus dientes, mandíbulas y cráneos resultaban espectaculares para museos y publicaciones. Investigadores como Othniel C. Marsh y Edward D. Cope competían intensamente por describir nuevos dinosaurios, y los grandes terópodos adquirieron rápidamente una imagen pública asociada con depredación, violencia y gigantismo. Esa fascinación continúa hoy: entre todos los dinosaurios, los terópodos siguen siendo algunos de los más reconocibles y buscados por el público.
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