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jueves, 1 de octubre de 2026

Figura. El cráneo de Majungasaurus

El cráneo de Majungasaurus era corto, alto y profundamente reforzado, siguiendo la tendencia característica de los abelisáuridos. Presentaba una amplia fenestra anteorbital, órbita relativamente grande y regiones temporales muy desarrolladas, mientras que los huesos faciales mostraban una marcada rugosidad superficial. Sobre la parte dorsal del cráneo destacaba una prominencia media formada principalmente por los huesos frontales y nasales, posiblemente relacionada con exhibición visual, reconocimiento intraespecífico o competencia.

La dentición estaba compuesta por dientes recurvados, comprimidos lateralmente y serrados, adecuados para cortar tejidos blandos. La mandíbula inferior era profunda y conservaba una gran fenestra mandibular externa, mientras la región posterior proporcionaba espacio para una potente musculatura aductora. Los nasales estaban fuertemente engrosados y varias zonas del cráneo mostraban tejidos mineralizados, lo que aumentaba la resistencia estructural. A diferencia de Tyrannosaurus, su estrategia no dependía de una mordida trituradora extrema, sino probablemente de mordidas repetidas combinadas con movimientos vigorosos de cabeza y cuello.

La región cervical también era robusta, con vértebras adaptadas a soportar fuerzas considerables durante la alimentación. Esta integración entre cráneo compacto, cuello potente, dentición cortante y ornamentación craneal define una estrategia depredadora distinta de la de otros grandes terópodos. Además, marcas de mordida halladas en huesos de otros individuos de Majungasaurus coinciden con su dentición, proporcionando evidencia de canibalismo oportunista. Su cráneo representa así una de las especializaciones más completas conocidas dentro de Abelisauridae.

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