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jueves, 8 de octubre de 2026

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Extremidades de los vertebrados terrestres

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 El quiridio constituye el patrón básico de las extremidades de los tetrápodos. Una vez establecido este plan anatómico, la evolución produjo una enorme variedad de modificaciones: algunos huesos aumentaron de tamaño, otros se redujeron o fusionaron, ciertos dedos desaparecieron y otros se alargaron extraordinariamente. Así surgieron patas corredoras, brazos prensiles, alas, aletas, extremidades excavadoras y miembros adaptados al salto. Estos cambios nunca afectaron solamente al extremo del miembro: también transformaron las cinturas escapular y pélvica, porque estas estructuras reciben y transmiten las fuerzas producidas durante el movimiento. Kardong (2019) utiliza precisamente esta relación entre forma, función y evolución para explicar la diversificación del esqueleto apendicular de los vertebrados. Markdown pegado

Cintura escapular en los tetrápodos

La cintura escapular o pectoral es el sistema de huesos y tejidos que conecta las extremidades anteriores con el tronco. Su historia comenzó mucho antes de que existieran verdaderas patas. Los peces óseos ancestrales poseían una cintura pectoral formada por una combinación de huesos dérmicos y elementos internos de origen cartilaginoso. Entre los componentes dérmicos se encontraban el cleitro, supracleitro, clavícula e interclavícula, mientras que la parte endocondral estaba representada principalmente por el escapulocoracoides. En muchos peces, esta cintura permanecía conectada a la parte posterior del cráneo, de manera que cabeza y hombros formaban una unidad relativamente rígida (Kardong, 2019; Vickaryous & Hall, 2006). PubMed

Durante la evolución de los tetrapodomorfos, esta relación cambió profundamente. La cintura pectoral comenzó a separarse del cráneo y desaparecieron varios de los huesos que conectaban ambas regiones. Esta transformación permitió que apareciera un cuello funcional, porque la cabeza pudo moverse de manera más independiente con respecto al tronco. Al mismo tiempo, aumentó la importancia relativa de la región endocondral de la cintura, especialmente del escapulocoracoides. La evolución del cuello y del hombro fue, por tanto, parte de una misma reorganización anatómica y no dos acontecimientos completamente independientes (Clack, 2009). Annual Reviews

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Figura 1. [La cintura escapular] evolucionó desde una estructura compleja, unida al cráneo y formada por numerosos huesos, hacia sistemas más especializados. En los tetrápodos se separó de la cabeza, permitiendo un cuello móvil. En aves se reforzaron escápula, coracoides y fúrcula; en mamíferos terios se simplificó principalmente a escápula y clavícula, aumentando la movilidad del miembro anterior.

En los anfibios modernos, la cintura escapular muestra diferentes grados de reducción y transformación de los antiguos elementos dérmicos. Las salamandras poseen una cintura relativamente ligera y móvil, mientras que las ranas presentan una arquitectura especializada para soportar las enormes fuerzas producidas durante el salto y el aterrizaje. No debemos considerar a ninguno de estos grupos como una copia exacta de los primeros tetrápodos: sus cinturas actuales también son el resultado de cientos de millones de años de evolución.

En los amniotas tempranos, la cintura escapular seguía siendo robusta y mantenía elementos dérmicos como la clavícula y la interclavícula. La región endocondral contenía varios componentes relacionados con la escápula y los coracoides. Tradicionalmente se distinguieron un procoracoides y un metacoracoides, pero la homología exacta de estas estructuras ha sido revisada mediante fósiles, embriología y anatomía comparada. Los monotremas conservan una organización particularmente compleja, mientras los mamíferos terios redujeron profundamente los elementos coracoideos independientes (Vickaryous & Hall, 2006). PubMed

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Figura 2. [La cintura pectoral] evolucionó hacia una mayor independencia del cráneo y del esqueleto axial. En mamíferos, la escápula no se articula directamente con las vértebras, sino que queda suspendida mediante músculos, fascias y tejidos conjuntivos. Esta disposición aumenta su movilidad y permite mejorar la amplitud del hombro, la longitud de la zancada y la diversificación funcional de las extremidades anteriores.

En los mamíferos placentarios, la escápula se convirtió en el elemento dominante del hombro. El antiguo coracoides dejó de existir como hueso independiente y permanece representado principalmente por el proceso coracoides de la escápula. La clavícula, por su parte, puede conservarse bien desarrollada —como en humanos y otros primates—, reducirse —como en numerosos carnívoros— o desaparecer prácticamente —como sucede en algunos mamíferos corredores—. Estas diferencias están relacionadas con el grado de movilidad requerido por la extremidad.

En las aves, la cintura sufrió otra transformación espectacular. Las dos clavículas se fusionaron para formar la fúrcula, mientras que la escápula se hizo larga y estrecha y el coracoides se convirtió en una barra robusta que une el hombro con el esternón. Es importante corregir una idea frecuente: la fúrcula se origina fundamentalmente por la unión de las clavículas, no por la fusión de las clavículas con el esternón. Además, las fúrculas aparecieron en varios dinosaurios terópodos antes del origen del vuelo aviano, por lo que inicialmente desempeñaron funciones estructurales diferentes de las relacionadas posteriormente con el vuelo.

En los primates, la cintura escapular adquirió una gran movilidad. La escápula se desplazó hacia una posición más dorsal sobre el tórax y la cavidad glenoidea se orientó de manera que permitió ampliar considerablemente el movimiento del húmero. Esto no significa que el brazo pueda rotar literalmente 360°, sino que la combinación entre movilidad escapular y articulación glenohumeral permite elevar, separar, adelantar y rotar el miembro con una amplitud excepcional. Esta condición favoreció la locomoción arbórea, la suspensión y posteriormente la manipulación precisa de objetos.

Cintura pelviana en los tetrápodos

La cintura pélvica siguió una trayectoria evolutiva muy diferente de la escapular. Sus principales componentes son de origen endocondral, no huesos dérmicos equivalentes a los de la región pectoral. En los peces, la pelvis sirve como punto de apoyo para las aletas pélvicas, pero generalmente permanece separada de la columna vertebral. Esto resulta suficiente dentro del agua porque la flotabilidad reduce enormemente el peso que deben soportar las extremidades.

Las aletas pélvicas también adquirieron funciones reproductivas en algunos linajes. En los condrictios machos, por ejemplo, partes de estas aletas forman los clásperes, utilizados durante la cópula. Sin embargo, esto no significa que la cintura pélvica evolucionara originalmente para sostener órganos copuladores. Su historia está relacionada principalmente con el desarrollo de los apéndices pares posteriores, mientras las funciones reproductivas surgieron de manera secundaria en determinados grupos.

En tetrapodomorfos como Tiktaalik roseae, la pelvis ya era notablemente más grande y robusta que en formas como Eusthenopteron, aunque todavía no estaba conectada directamente con la columna mediante un verdadero sacro. Esto indica que las extremidades posteriores comenzaron a desempeñar un papel locomotor más importante antes de que apareciera la pelvis completamente integrada al esqueleto axial.

Figura 3. [La cintura pélvica] de los tetrápodos conserva tres elementos básicos: ilion, isquion y pubis, articulados alrededor del acetábulo. Durante la evolución, estos huesos cambiaron de forma y orientación según la locomoción. En saurópsidos surgieron configuraciones diversas; en sinápsidos se asociaron con posturas más parasagitales, y en aves la pelvis se integró estrechamente con el sinsacro.

Una caricatura de una persona

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Figura 4. [La cintura pélvica] evolucionó hacia una unión firme con el sacro, permitiendo transmitir las fuerzas de las extremidades posteriores al tronco y sostener el peso corporal. En los primeros tetrápodos esta conexión se fortaleció progresivamente. Sin embargo, en linajes que regresaron al medio acuático, como los cetáceos, la pelvis volvió a separarse y las extremidades posteriores se redujeron notablemente.

En los primeros tetrápodos con dedos, la pelvis adquirió regiones correspondientes al ilion, pubis e isquion. Estas estructuras rodean la zona donde articula el fémur. El ilion se proyecta dorsalmente hacia la columna y participa especialmente en la transmisión de fuerzas hacia las vértebras sacras. En animales terrestres posteriores, la relación entre pelvis y sacro se hizo cada vez más fuerte, formando un sistema capaz de transmitir al tronco las fuerzas generadas por las extremidades posteriores durante la marcha.

La condición observada en Acanthostega gunnari resulta especialmente ilustrativa. Su cintura pélvica estaba mucho más desarrollada que la de un pez, pero aún pertenecía a un animal predominantemente acuático. Esto demuestra que una pelvis más robusta apareció antes de una locomoción terrestre eficiente. Los cambios anatómicos no surgieron todos al mismo tiempo: pelvis, articulaciones, musculatura, columna y extremidades se modificaron como partes de una evolución en mosaico (Clack, 2009). Annual Reviews

Con la evolución de los tetrápodos terrestres, el sacro pudo incorporar una o varias vértebras especializadas. No debe imaginarse necesariamente como una única vértebra gigante: dependiendo del linaje, varias vértebras pueden participar en la conexión con la pelvis y alcanzar distintos grados de fusión. En aves y mamíferos, por ejemplo, la región sacra puede llegar a ser extraordinariamente compleja.

La evolución también puede invertir esta tendencia. Los cetáceos descendieron de mamíferos terrestres con una pelvis completamente conectada a la columna, pero durante su regreso al medio acuático perdieron las extremidades posteriores externas y la pelvis dejó de participar en la locomoción. Actualmente los huesos pélvicos de las ballenas son pequeños y están separados de la columna, aunque continúan ofreciendo lugares de inserción para músculos relacionados con la región genital y abdominal.

Figura 5. [En los cetáceos modernos, la cintura pélvica] se redujo y perdió su conexión con la columna al desaparecer las extremidades posteriores externas. Durante el desarrollo embrionario aún aparecen brotes de patas, pero su crecimiento se detiene. Los pequeños huesos pélvicos restantes ya no sirven para caminar, aunque conservan funciones musculares asociadas con la reproducción y los genitales.

Manus y pes

La parte distal del quiridio recibe el nombre de autopodio. En la extremidad anterior se denomina manus y en la posterior pes. Esta región es especialmente compleja porque reúne una gran cantidad de pequeños huesos y articulaciones capaces de experimentar enormes transformaciones evolutivas.

El manus comienza proximalmente con los carpianos, que forman la muñeca. A continuación aparecen los metacarpianos, que constituyen buena parte de la palma, y finalmente las falanges, que forman los dedos. En el pes ocurre el mismo patrón con tarsianos, metatarsianos y falanges. Los carpianos y tarsianos pueden denominarse conjuntamente elementos podiales; los metacarpianos y metatarsianos son los metapodiales.

La historia temprana de los dedos fue bastante más compleja de lo que antiguamente se pensaba. Los primeros tetrápodos conocidos no presentan necesariamente cinco. Acanthostega tenía ocho dígitos en la extremidad anterior, Ichthyostega poseía siete en el miembro posterior conocido y Tulerpeton tenía seis. Esto indica que la pentadactilia no surgió simultáneamente con los primeros dedos. El patrón de cinco terminó estabilizándose posteriormente dentro de los tetrápodos derivados (Coates & Clack, 1990; Clack, 2009). Annual Reviews

Incluso Eryops, que suele utilizarse didácticamente como ejemplo de un tetrápodo con extremidades robustas y relativamente generalizadas, no posee cinco dedos en todas sus extremidades: presenta cuatro en el miembro anterior y cinco en el posterior. Por ello, no debemos imaginar a Eryops como el modelo exacto del antepasado pentadáctilo universal. Es un temnospóndilo especializado dentro de su propio linaje.

La estabilización del número de cinco dígitos estuvo relacionada con modificaciones en las redes que controlan el desarrollo del autopodio. Los genes HOX participan en la organización espacial del miembro, y cambios evolutivos en la regulación de Hoxa11 se han relacionado con la consolidación del estado pentadáctilo (Kherdjemil et al., 2016). Nature

A partir del patrón pentadáctilo, distintos linajes produjeron modificaciones extraordinarias. Los caballos redujeron progresivamente los dedos laterales y concentran el soporte principalmente sobre el tercero. Los murciélagos alargaron enormemente metacarpianos y falanges para sostener la membrana alar. En los cetáceos, algunos dedos desarrollaron hiperfalangia, es decir, un número de falanges superior al habitual, lo que contribuye a ampliar la superficie de la aleta.

Los pterosaurios siguieron otra solución: el cuarto dedo de la extremidad anterior se alargó extraordinariamente y sostuvo la mayor parte de la membrana alar. Las aves redujeron y fusionaron numerosos elementos distales, formando un carpometacarpo compacto. Es incorrecto decir que todos los dinosaurios tenían exactamente tres dedos: algunos conservaron más, mientras otros redujeron todavía más el número. La evolución digital de Dinosauria fue extraordinariamente diversa.

En los primates, por el contrario, gran parte de los cinco dedos permaneció funcional. La evolución se concentró en modificar proporciones, movilidad y musculatura. El pulgar oponible de numerosos primates permite enfrentar el primer dedo a los demás, favoreciendo la prensión. En humanos, estas transformaciones se combinaron con una gran capacidad de movimiento independiente de los dedos y con una musculatura especializada para la manipulación fina.

Quiridio para nadar o para caminar

La posición del quiridio con respecto al cuerpo determina cómo se transmiten las fuerzas durante la locomoción. En muchos tetrápodos tempranos y en numerosos reptiles actuales, las extremidades se proyectan inicialmente hacia los lados. Esta configuración se conoce como postura extendida o sprawling. El húmero y el fémur salen lateralmente del tronco y después las partes más distales se orientan hacia el suelo.

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Figura 6. [Quiridios de un tetrápodo basal]. El quiridio conserva un patrón común: húmero o fémur, seguido por radio-ulna o tibia-fíbula, y finalmente el autopodio con carpianos/tarsianos, metapodiales y falanges. El patrón de cinco dedos es derivado; los primeros tetrápodos podían tener más. La evolución modificó este plan mediante reducción, fusión, pérdida y alargamiento de huesos.

Una postura lateral conserva algunas características biomecánicas relacionadas con el origen de las extremidades a partir de antiguas aletas pares, pero no significa que estos animales simplemente estén reproduciendo en tierra los movimientos de un pez. Una vez sobre un sustrato sólido, el quiridio debe producir apoyo, propulsión y resistencia frente a la gravedad, problemas mecánicos muy diferentes de los presentes durante la natación.

Salamandras, lagartos y cocodrilianos muestran que la postura extendida tampoco constituye una única condición. Algunos pueden elevar temporalmente el tronco, modificar el ángulo de las articulaciones o cambiar la forma de caminar según la velocidad. Existe, por tanto, un continuo entre extremidades muy laterales y otras colocadas casi verticalmente debajo del cuerpo.

Figura 7. [Postura extendida y parasagital]. La postura extendida proyecta húmero y fémur lateralmente, generando mayores fuerzas de flexión y torsión. En la postura parasagital, las extremidades quedan debajo del cuerpo y transmiten las cargas más directamente hacia las cinturas. Esta transformación evolucionó de manera independiente en distintos linajes y requirió cambios coordinados en pelvis, escápula, articulaciones, musculatura y columna vertebral.

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Figura 8. [Postura extendida y parasagital]. En la postura extendida, como en muchas salamandras, las extremidades se proyectan lateralmente y el tronco participa mediante flexión lateral. En los dinosaurios, la postura parasagital coloca las extremidades debajo del cuerpo y orienta el movimiento hacia adelante y atrás. Esta disposición mejora la transmisión de fuerzas, aunque evolucionó gradualmente y de forma independiente en varios linajes.

Dos grandes radiaciones de amniotas desarrollaron de manera independiente modificaciones muy importantes hacia posturas más verticales: los arcosaurios y los sinápsidos. Sin embargo, estas transiciones siguieron rutas anatómicas diferentes y no deben reducirse simplemente a dinosaurios contra mamíferos.

En el linaje de los arcosaurios, diferentes grupos desarrollaron caderas capaces de colocar las extremidades posteriores progresivamente debajo del cuerpo. Los dinosaurios llevaron este patrón muy lejos: sus miembros se desplazaban principalmente en un plano parasagital, es decir, hacia adelante y hacia atrás aproximadamente paralelos al eje longitudinal del cuerpo. Esta configuración permite transmitir las fuerzas de manera más directa y reduce ciertos esfuerzos de flexión sobre los huesos largos.

Los sinápsidos recorrieron otra trayectoria. Los primeros representantes tenían extremidades ampliamente extendidas, pero diferentes terápsidos y cinodontos modificaron progresivamente la forma de la pelvis, la orientación del fémur y las superficies articulares. La postura completamente parasagital de los mamíferos no apareció de repente: fue el resultado de una larga serie de estados intermedios.

La cintura escapular también cambió durante esta transformación. En los mamíferos, la reducción de varios elementos óseos y el aumento de la movilidad de la escápula permitieron que esta participara directamente en la longitud funcional de la zancada. En un caballo que corre, por ejemplo, la escápula se desplaza sobre el tórax y contribuye al movimiento de toda la extremidad. En un topo, los mismos huesos se reorganizan para producir enormes fuerzas excavadoras; en un murciélago sostienen un ala, y en una ballena vuelven a convertirse funcionalmente en una aleta.

Por esta razón, el estudio del esqueleto apendicular debe realizarse como un sistema integrado. No basta con observar húmero, fémur o dedos por separado. Cada cambio en un hueso modifica las fuerzas que reciben articulaciones, músculos, cinturas y columna vertebral. Como desarrolla Kardong (2019), la diversidad de los tetrápodos surge precisamente de la interacción entre estructura anatómica, función biomecánica, desarrollo y evolución. Markdown pegado

Referencias

Clack, J. A. (2009). The fin to limb transition: New data, interpretations, and hypotheses from paleontology and developmental biology. Annual Review of Earth and Planetary Sciences, 37, 163–179. Artículo en Annual Reviews Annual Reviews

Coates, M. I., & Clack, J. A. (1990). Polydactyly in the earliest known tetrapod limbs. Nature, 347, 66–69. Artículo en Nature

Don, E. K., Currie, P. D., & Cole, N. J. (2013). The evolutionary history of the development of the pelvic fin/hindlimb. Journal of Anatomy, 222(1), 114–133. Artículo en Journal of Anatomy

Kardong, K. V. (2019). Vertebrates: Comparative Anatomy, Function, Evolution (8.ª ed.). McGraw-Hill Education. ISBN 9781259700910. La octava edición y sus datos bibliográficos están confirmados por la editorial. McGraw Hill

Kherdjemil, Y., Lalonde, R. L., Sheth, R., Dumouchel, A., de Martino, G., Pineault, K. M., Wellik, D. M., Stadler, H. S., Akimenko, M.-A., & Kmita, M. (2016). Evolution of Hoxa11 regulation in vertebrates is linked to the pentadactyl state. Nature, 539, 89–92. Artículo en Nature Nature

Vickaryous, M. K., & Hall, B. K. (2006). Homology of the reptilian coracoid and a reappraisal of the evolution and development of the amniote pectoral apparatus. Journal of Anatomy, 208(3), 263–285. Artículo en Journal of Anatomy PubMed

Figura: De la postura extendida a la locomoción parasagital.

La postura extendida de muchos tetrápodos, como las salamandras, coloca el húmero y el fémur proyectados lateralmente respecto del tronco. Durante la marcha, las extremidades describen trayectorias amplias y el cuerpo suele acompañar el movimiento mediante flexiones laterales de la columna vertebral. En este tipo de locomoción, las articulaciones soportan importantes fuerzas de torsión y flexión, porque las extremidades no quedan directamente bajo el centro de masa. Este patrón recuerda una condición ancestral ampliamente distribuida entre los primeros tetrápodos y varios amniotas basales (Reilly & Elias, 1998). Paper

En cambio, los dinosaurios desarrollaron una postura mucho más parasagital, con las extremidades situadas principalmente debajo del cuerpo. En este sistema, el movimiento ocurre sobre todo hacia adelante y hacia atrás dentro de planos aproximadamente paralelos al plano medio del animal. La articulación de la cadera y la orientación del fémur permiten transmitir las fuerzas del suelo hacia la pelvis y la columna de manera más directa. Esto reduce parte del esfuerzo lateral sobre los huesos largos y favorece una locomoción más eficiente, especialmente en animales grandes o veloces (Kubo & Benton, 2007). Paper

Sin embargo, esta transición no debe entenderse como una simple oposición entre “anfibio primitivo” y “dinosaurio avanzado”. Existen numerosos estados intermedios, y diferentes linajes desarrollaron soluciones semejantes de manera independiente. Los sinápsidos también evolucionaron hacia posturas más parasagitales, mientras cocodrilianos modernos pueden elevar temporalmente su cuerpo durante una marcha alta. La postura final depende de cambios coordinados en cadera, hombro, columna, musculatura y articulaciones. Por eso, el paso desde una locomoción lateral hacia una más vertical fue un proceso gradual y repetido dentro de la evolución de los tetrápodos.

Figura: Postura extendida y postura parasagital.

La posición de las extremidades respecto del tronco modifica profundamente la biomecánica de la locomoción terrestre. En una postura extendida o sprawling, como la representada arriba, el húmero y el fémur se proyectan lateralmente antes de dirigir las partes distales hacia el suelo. Esto obliga a las articulaciones y a la musculatura a resistir importantes fuerzas de flexión y torsión, mientras el tronco suele participar mediante movimientos laterales. Esta condición está presente en numerosos tetrápodos actuales, especialmente salamandras y muchos reptiles, y recuerda parte de la organización ancestral de los primeros amniotas (Kubo & Benton, 2007). Paper

En una postura más parasagital, como la representada abajo, las extremidades quedan situadas principalmente debajo del cuerpo. El fémur y el húmero se orientan de manera más vertical y los miembros se desplazan sobre todo hacia adelante y hacia atrás. Esta disposición permite transmitir de forma más directa las fuerzas desde el suelo hacia las cinturas pélvica y escapular, reduciendo algunos esfuerzos de flexión sobre los huesos largos. La postura parasagital evolucionó de manera independiente en distintos linajes, especialmente dentro de arcosaurios y sinápsidos, y favoreció locomociones más eficientes en animales de gran tamaño o capaces de desplazamientos prolongados.

Sin embargo, la evolución de la postura no fue una simple transición lineal desde “reptil extendido” hasta “mamífero erguido”. Existen numerosas condiciones intermedias y animales capaces de modificar dinámicamente la posición de sus extremidades. Los cocodrilianos, por ejemplo, pueden adoptar una marcha elevada, mientras muchos mamíferos combinan diferentes grados de flexión articular. Estudios biomecánicos recientes muestran que la adquisición de una postura más vertical implicó cambios coordinados en pelvis, escápula, articulaciones, musculatura y columna vertebral, no únicamente en los huesos de las extremidades (Jones et al., 2024). Paper

Figura: Quiridios anterior y posterior de un tetrápodo basal

El quiridio conserva un plan anatómico común en las extremidades de los tetrápodos. En el miembro posterior, a la izquierda, el zeugopodio está formado por tibia y fíbula, mientras que en el miembro anterior, a la derecha, aparecen radio y ulna. Distalmente se encuentra el autopodio, compuesto por tarsianos o carpianos, metatarsianos o metacarpianos y finalmente falanges. Esta organización constituye una de las evidencias anatómicas más importantes de la homología evolutiva de las extremidades terrestres (Clack, 2009). Paper

En una condición relativamente generalizada, la región proximal contiene un único elemento grande —húmero o fémur—, seguida por dos huesos principales y posteriormente por numerosos elementos pequeños. En el autopodio pueden reconocerse estructuras como intermedium, radiale, ulnare, tibiale y fibulare, además de elementos centrales. Los cinco dedos se numeran de I a V; el primero recibe nombres particulares: pollex en la mano y hallux en el pie. Sin embargo, este patrón pentadáctilo no fue la condición inicial de todos los tetrápodos. Los primeros miembros con dedos podían presentar seis, siete u ocho dígitos, como ocurre en varios tetrápodos devónicos (Coates & Clack, 1990). Paper

Por ello, esta disposición debe entenderse como un modelo general del quiridio pentadáctilo, no como una copia exacta del primer tetrápodo. Durante la evolución, los elementos del autopodio sufrieron reducciones, fusiones, alargamientos y pérdidas, generando patas corredoras, manos prensiles, alas y aletas. Aun así, las correspondencias entre húmero/fémur, radio-ulna/tibia-fíbula y autopodio permiten seguir reconociendo el mismo plan estructural heredado. La diversidad moderna surgió modificando ese patrón mediante cambios en el desarrollo embrionario y la regulación genética, especialmente en redes asociadas con HOX, SHH y FGF. Paper

Figura. En los cetáceos modernos,

En los cetáceos modernos, la cintura pélvica se encuentra extremadamente reducida y separada de la columna vertebral. Sus antepasados terrestres poseían una pelvis conectada al sacro y extremidades posteriores funcionales, pero durante la adaptación progresiva al medio acuático estas estructuras perdieron importancia para la locomoción. Los primeros cetáceos todavía conservaban patas posteriores relativamente desarrolladas; posteriormente, la propulsión pasó a depender principalmente de la columna, musculatura axial y aleta caudal, mientras las extremidades posteriores fueron reduciéndose hasta desaparecer externamente (Thewissen et al., 2006). PubMed Central (PMC)

La pérdida de las patas posteriores puede seguirse también durante el desarrollo embrionario. Los embriones de cetáceos modernos todavía forman pequeños brotes de extremidades posteriores, pero estos dejan de crecer y degeneran. En delfines, inicialmente aparece la cresta ectodérmica apical y se expresa FGF8, pero estas señales no se mantienen. Además, falta la expresión normal de SHH y de su regulador HAND2, impidiendo que se establezca correctamente la zona de actividad polarizante necesaria para organizar el crecimiento distal y los dedos. La evolución eliminó así gran parte del miembro modificando programas de desarrollo que originalmente construían una pata completa (Thewissen et al., 2006; Don et al., 2013). PubMed Central (PMC)

Sin embargo, los pequeños huesos pélvicos restantes no son estructuras inútiles. Aunque ya no transmiten fuerzas locomotoras hacia la columna, sirven como puntos de inserción para músculos relacionados con los genitales y la reproducción. Estudios comparativos muestran incluso que, en especies sometidas a mayor selección sexual, los machos tienden a presentar pelvis relativamente mayores, lo que sugiere una función importante en el control muscular del pene (Dines et al., 2014). Por eso resulta más correcto describir la pelvis cetácea como una estructura vestigial para la locomoción posterior pero funcionalmente reutilizada, ejemplo claro de cómo la evolución puede conservar una estructura mientras transforma profundamente su función original. PubMed Central (PMC)

Figura. La cintura pélvica

La cintura pélvica siguió una trayectoria evolutiva casi opuesta a la cintura pectoral. Mientras el hombro tendió a ganar movilidad y a reducir conexiones óseas rígidas con el esqueleto axial, la pelvis de los tetrápodos desarrolló una unión cada vez más firme con la región sacra de la columna vertebral. El ilion se proyecta dorsalmente y conecta con las vértebras sacras mediante costillas o procesos especializados. Gracias a esta unión, las fuerzas generadas por las extremidades posteriores pueden transmitirse directamente hacia el tronco, permitiendo sostener el peso corporal y producir una locomoción terrestre eficiente (Don et al., 2013). PubMed Central (PMC)

Esta condición representa una gran diferencia respecto de los peces sarcopterigios, cuya cintura pélvica permanece generalmente separada de la columna y sostenida principalmente por musculatura. Durante la transición hacia Tetrapoda, la pelvis aumentó de tamaño y complejidad, aparecieron claramente ilion, isquion y pubis, y se estableció una conexión funcional con el sacro. Fósiles como Tiktaalik roseae muestran una pelvis ya agrandada y robusta, aunque todavía sin la integración completa con la columna observada en tetrápodos posteriores. Este cambio permitió pasar gradualmente de unas aletas posteriores empleadas principalmente para maniobrar a unas extremidades capaces de contribuir decisivamente al soporte y propulsión (Shubin et al., 2014). PubMed Central (PMC)

Sin embargo, esta unión puede reducirse nuevamente cuando un linaje retorna de manera permanente al medio acuático. En los primeros cetáceos todavía existían pelvis conectadas al sacro y extremidades posteriores funcionales; posteriormente, en formas cada vez más acuáticas, la pelvis se separó de la columna y las patas traseras se redujeron drásticamente. En las ballenas actuales persisten pequeños huesos pélvicos vestigiales, asociados principalmente con músculos abdominales y reproductivos. Esto demuestra que la evolución puede fortalecer o debilitar una conexión anatómica según cambien las presiones biomecánicas y ecológicas del organismo. PubMed Central (PMC)

Figura. La cintura pélvica de los tetrápodos

La cintura pélvica de los tetrápodos está formada fundamentalmente por ilion, isquion y pubis, tres elementos que rodean el acetábulo, donde se articula el fémur. En los primeros tetrápodos estos huesos formaban una estructura relativamente sencilla, pero durante la evolución de Amniota se modificaron de maneras muy diferentes. El ilion adquirió especial importancia porque conecta la pelvis con la región sacra de la columna y transmite hacia el tronco las fuerzas producidas por las extremidades posteriores. La consolidación de una pelvis robusta fue fundamental para la locomoción terrestre y el soporte del peso corporal (Don et al., 2013). DOI

En los saurópsidos, la pelvis experimentó transformaciones profundas. Lagartos y otros reptiles conservaron configuraciones relativamente extendidas, mientras los arcosaurios reorganizaron la pelvis junto con la adopción de extremidades más verticales. Dentro de Dinosauria aparecieron diferencias clásicas entre Saurischia y Ornithischia, relacionadas especialmente con la orientación del pubis. En muchos saurísquios ancestrales, el pubis se proyecta principalmente hacia delante; en los ornitisquios, una prolongación pubiana se dirige posteriormente junto al isquion. Sin embargo, esta distinción no debe interpretarse como absoluta: algunos terópodos evolucionaron independientemente pelvis opistopúbicas, demostrando que la orientación del pubis cambió varias veces (Barsbold, 1979). Nature

En los sinápsidos, la pelvis siguió otra trayectoria. Terápsidos y mamíferos reorganizaron progresivamente ilion, isquion, pubis y acetábulo en relación con una postura más parasagital de las extremidades. En las aves, derivadas de dinosaurios terópodos, la pelvis se alargó, se fusionó estrechamente con numerosas vértebras del sinsacro y sufrió profundas modificaciones durante el desarrollo embrionario (Griffin et al., 2022). Así, la pelvis no es una estructura fija: conserva los mismos componentes básicos, pero su forma, orientación y conexión con la columna reflejan la locomoción y la historia evolutiva de cada linaje. Nature

Figura. La cintura pectoral

La cintura pectoral de los tetrápodos muestra una tendencia evolutiva hacia la desconexión progresiva del cráneo y una mayor independencia respecto del esqueleto axial. En los peces sarcopterigios ancestrales, numerosos huesos dérmicos conectaban directamente la cintura con la región posterior del cráneo. Durante el origen de Tetrapoda, varios de estos elementos se redujeron o desaparecieron, permitiendo la aparición de un cuello móvil y una cabeza capaz de moverse con mayor independencia del tronco. Al mismo tiempo, el antiguo escapulocoracoides aumentó su importancia y terminó diferenciándose en regiones correspondientes a escápula y coracoides (Vickaryous & Hall, 2006). Wiley Online Library

En muchos tetrápodos, especialmente en los mamíferos, la escápula no se articula directamente con las vértebras ni con las costillas mediante una verdadera articulación ósea. En cambio, queda suspendida sobre la pared torácica mediante un complejo sistema de músculos, fascias y tejidos conjuntivos, formando funcionalmente una especie de cabestrillo muscular. Conviene, por tanto, hablar de músculos y ligamentos por separado, no de “ligamentos musculares”. Esta conexión flexible permite que la escápula pueda deslizarse, rotar y modificar su orientación mientras se mueve la extremidad anterior, aumentando considerablemente la amplitud y eficiencia del movimiento.

Esta separación representa una diferencia fundamental respecto de la cintura pélvica, cuya evolución terrestre siguió la tendencia opuesta: la pelvis desarrolló una conexión cada vez más fuerte con el sacro para transmitir el peso y las fuerzas de las extremidades posteriores hacia la columna. La cintura pectoral, en cambio, ganó movilidad al reducir sus conexiones óseas rígidas. En mamíferos, la escápula móvil incluso participa directamente en la longitud funcional de la zancada. Así, la transición desde una cintura conectada al cráneo hacia otra suspendida principalmente por tejidos blandos contribuyó simultáneamente al desarrollo del cuello, movilidad del hombro y diversificación de las extremidades anteriores. PubMed Central (PMC)

Figura.La cintura escapular

La cintura escapular de los vertebrados muestra una historia de reducción, reorganización y especialización progresiva. En los primeros peces óseos estaba formada por numerosos elementos, entre ellos posttemporal, supracleitro, cleitro, clavícula, interclavícula y escapulocoracoides. Parte de esta cintura permanecía unida al cráneo, de modo que cabeza y hombros funcionaban como una unidad relativamente rígida. Durante la transición hacia Tetrapoda, varios de esos huesos desaparecieron o se redujeron, permitiendo que la cintura pectoral se separara del cráneo y apareciera un cuello móvil. Este cambio fue fundamental para la evolución de las extremidades terrestres (Vickaryous & Hall, 2006). Paper

En los anfibios y amniotas tempranos, la cintura todavía conservaba una combinación de escápula, clavícula, interclavícula y elementos coracoideos. Desde este patrón ancestral surgieron configuraciones muy diferentes. En tortugas, lagartos, cocodrilianos y aves, los componentes se modificaron de acuerdo con las exigencias de locomoción y soporte. En las aves, por ejemplo, la escápula se alargó y el coracoides se volvió una barra resistente que estabiliza el hombro durante el vuelo, mientras las clavículas forman la fúrcula. En los sinápsidos, por su parte, varios elementos coracoideos se redujeron progresivamente durante la evolución de los mamíferos (Vickaryous & Hall, 2010). Paper

En los mamíferos terios, incluidos los humanos, la cintura escapular quedó simplificada principalmente a escápula y clavícula. El antiguo coracoides independiente desapareció y permanece como el proceso coracoides de la escápula. Esta reducción no implica pérdida funcional, sino una reorganización que aumentó la movilidad del miembro anterior. La escápula puede desplazarse sobre la pared torácica mediante músculos, mientras la clavícula actúa como puntal que mantiene el hombro separado del tórax. Así, una cintura originalmente rígida y vinculada al cráneo evolucionó hacia un sistema más ligero, móvil y adaptable.

El quiridio

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El quiridio es el plan básico de las extremidades de los tetrápodos. Aunque a lo largo de la evolución una extremidad puede convertirse en pata, brazo, ala, aleta, pala excavadora o miembro prensil, su organización profunda conserva un patrón reconocible. Desde hace siglos, los anatomistas observaron que las extremidades de animales tan distintos como una rana, un caballo, una ballena, un murciélago y un ser humano presentan huesos organizados siguiendo el mismo esquema general. Esa semejanza no se debe a que cada linaje haya inventado independientemente la misma estructura, sino a que todos heredaron un plan anatómico común de sus antepasados tetrápodos (Schneider & Shubin, 2013). ScienceDirect

El quiridio puede dividirse, siguiendo el eje que va desde el cuerpo hacia el extremo de la extremidad, en tres regiones: estilopodio, zeugopodio y autopodio. El estilopodio posee normalmente un hueso principal; el zeugopodio posee dos; y el autopodio contiene numerosos elementos que forman la muñeca o tobillo, la mano o pie y los dedos. Esta organización constituye uno de los ejemplos más conocidos de homología anatómica entre vertebrados. En el desarrollo embrionario también aparecen estos tres dominios, aunque no surgen simplemente como piezas que se van agregando de manera mecánica: diferentes poblaciones celulares adquieren identidades propias mediante redes de señalización y regulación genética (Long & Ornitz, 2013). PubMed Central (PMC)

Es importante corregir una comparación tradicional: el quiridio no es simplemente una aleta lobulada que terminó formando dedos. Es una estructura derivada de las aletas de antiguos sarcopterigios, pero durante esa transición se produjo una profunda reorganización del endoesqueleto distal, desaparecieron los radios dérmicos de la extremidad y surgieron dedos articulados. En fósiles próximos al origen de Tetrapoda encontramos combinaciones intermedias que muestran cómo partes que hoy identificamos como húmero, radio y ulna existían mucho antes de que apareciera una verdadera mano.

Figura 1. [Las extremidades anteriores de humanos, gatos, ballenas y murciélagos] son homólogas: conservan húmero, radio, ulna, carpianos, metacarpianos y falanges. La evolución modificó este mismo quiridio para funciones distintas. En humanos permite manipular, en gatos correr, en murciélagos volar y en cetáceos nadar, donde incluso aparece hiperfalangia para ampliar la superficie de la aleta.

Tabla

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Figura 2. [El quiridio] se divide en estilopodio, zeugopodio y autopodio. El estilopodio contiene húmero o fémur; el zeugopodio, radio-ulna o tibia-fíbula; y el autopodio forma manus o pes con carpos/tarsos, metapodios y falanges. Este patrón común permite reconocer homologías evolutivas entre brazos, patas, alas y aletas de distintos tetrápodos.

Autopodio

El autopodio constituye la región más distal del quiridio. En la extremidad anterior recibe tradicionalmente el nombre latino manus y en la posterior se denomina pes. Estos términos resultan especialmente útiles en anatomía comparada porque describen una posición anatómica sin afirmar cuál es la función del órgano. El manus de un ser humano funciona como mano prensil, pero el de un murciélago forma gran parte del ala, el de una ballena queda incluido dentro de una aleta y el de un caballo termina participando en una extremidad especializada para correr.

En la extremidad anterior, el autopodio contiene carpianos, metacarpianos y falanges. Los carpianos constituyen la región de la muñeca; los metacarpianos forman gran parte de la palma; y las falanges constituyen los dedos. En la extremidad posterior encontramos el mismo patrón general con tarsianos, metatarsianos y falanges, correspondientes respectivamente al tobillo, la región media del pie y los dedos. El autopodio es, por tanto, mucho más complejo que las regiones proximales porque contiene numerosos elementos articulados.

Esta organización permite una extraordinaria diversidad funcional. En una mano humana, muchos pequeños huesos y articulaciones permiten prensión y manipulación fina. En las aves, varios elementos del manus se redujeron o fusionaron durante la transformación de la extremidad anterior en ala. En los cetáceos, los dedos permanecen dentro de una superficie hidrodinámica y algunas especies aumentaron incluso el número de falanges, fenómeno denominado hiperfalangia. La anatomía externa puede ser completamente diferente mientras el parentesco de los huesos continúa siendo reconocible.

Una cuestión importante es cuándo apareció evolutivamente esta región distal. Durante mucho tiempo se pensó que los dedos eran una innovación completamente nueva de los primeros tetrápodos. Sin embargo, el estudio mediante tomografía de fósiles como Panderichthys reveló radiales distales cuya disposición se aproxima mucho más al patrón tetrápodo de lo que permitían observar las reconstrucciones antiguas. Esto apoyó la idea de que parte de la arquitectura que posteriormente formó el autopodio ya estaba desarrollándose dentro de las aletas de peces tetrapodomorfos (Boisvert et al., 2008). Nature

El descubrimiento de Elpistostege watsoni reforzó todavía más esta interpretación. Su aleta pectoral conservaba lepidotriquios, por lo que seguía siendo indudablemente una aleta, pero en su interior presentaba varias filas de huesos distales, incluidos elementos semejantes a carpianos y posibles dígitos. En otras palabras, una arquitectura parecida a la de una mano comenzó a aparecer antes de que desapareciera completamente la aleta externa (Cloutier et al., 2020). Nature

Los primeros tetrápodos con verdaderos dedos tampoco poseían necesariamente cinco. Acanthostega tenía ocho dígitos en la extremidad anterior, mientras Ichthyostega poseía siete en la posterior. Esto demuestra que la condición pentadáctila típica de muchos tetrápodos modernos apareció después. Los primeros experimentos evolutivos con el autopodio fueron polidáctilos, y solo posteriormente algunos linajes estabilizaron el patrón de cinco dedos (Coates & Clack, 1990). Nature

Estilopodio

El estilopodio es la región más proximal del quiridio y está formado por un único elemento principal. En la extremidad anterior ese hueso es el húmero, mientras en la posterior corresponde al fémur. Ambos se articulan directamente con sus respectivas cinturas: el húmero con la cintura pectoral y el fémur con la cintura pélvica.

Esta región cumple una función fundamental porque transmite fuerzas entre el tronco y el resto de la extremidad. Un húmero puede participar en el vuelo de un ave, la natación de una ballena, el desplazamiento de una foca, la excavación de un topo o el movimiento de un brazo humano. El hueso continúa siendo homólogo aunque cambien enormemente su longitud, grosor, orientación, articulaciones e inserciones musculares.

Figura 3. [Las aletas lobuladas de los sarcopterigios] muestran una evolución ramificada. En tetrapodomorfos como Eusthenopteron y Tiktaalik aumentó la complejidad del endoesqueleto distal, con elementos homologables a húmero, radio y ulna. En formas como Elpistostege aparecieron estructuras semejantes a dígitos, mientras Acanthostega ya poseía dedos verdaderos, aunque conservaba adaptaciones acuáticas.

No es correcto afirmar que el estilopodio sea simplemente homólogo a los pterigióforos de las aletas radiadas. Los pterigióforos son elementos que sostienen las aletas de muchos actinopterigios, pero el origen del húmero y del fémur debe buscarse especialmente dentro del endoesqueleto de las aletas sarcopterigias. En estos peces existe un elemento proximal robusto seguido por otros huesos internos que permiten reconocer homologías mucho más directas con las extremidades tetrápodas.

El caso de Eusthenopteron es particularmente ilustrativo. Su aleta pectoral poseía un húmero claramente identificable, seguido por estructuras homologables con radio y ulna. Incluso la microestructura del húmero presenta mecanismos de crecimiento y osificación comparables en varios aspectos con los huesos largos de los tetrápodos, aunque conserva características propias de un pez sarcopterigio (Sanchez et al., 2014). PubMed

Entre estilopodio y autopodio se encuentra el zeugopodio, que completa el patrón básico del quiridio. En la extremidad anterior contiene radio y ulna; en la posterior, tibia y fíbula. El paso de un elemento proximal a dos elementos intermedios y luego a numerosos componentes distales constituye una manera sencilla de reconocer el patrón general, aunque la evolución real de estos huesos fue mucho más ramificada y compleja.

Relaciones evolutivas

Ningún sarcopterigio moderno posee exactamente la organización de una extremidad tetrápoda con muñeca o tobillo y dedos libres. Los celacantos y peces pulmonados actuales poseen aletas lobuladas muy especializadas que representan sus propias historias evolutivas. Por ello, no deben utilizarse como si fueran copias vivientes de los antepasados inmediatos de los tetrápodos. Para reconstruir la transición entre aleta y quiridio resulta fundamental estudiar el registro fósil.

En Eusthenopteron, la aleta sigue siendo inequívocamente una aleta, pero presenta húmero, radio, ulna y elementos distales organizados alrededor de un eje interno. El animal no poseía una mano ni dedos; sus partes distales terminaban asociándose con radios dérmicos. Por tanto, lo importante no es afirmar que ya tuviera un quiridio completo, sino observar que varias de las piezas fundamentales del futuro miembro tetrápodo ya estaban presentes dentro de una aleta funcional. La presencia de homologías de húmero, radio, ulna, ulnare e intermedium parece encontrarse ampliamente distribuida dentro de Sarcopterygii (Bayramov et al., 2026). PubMed Central (PMC)

En Panderichthys, la región distal experimentó una reorganización importante. Durante muchos años se creyó que su aleta carecía de estructuras comparables con los futuros dedos, pero la tomografía computarizada reveló radiales distales previamente ocultos o interpretados incorrectamente. Estos elementos no son todavía dedos verdaderos, pero muestran que la diferenciación del extremo de la extremidad comenzó antes de Tetrapoda (Boisvert et al., 2008). Nature

Tiktaalik roseae presenta otra combinación extraordinaria. Su aleta pectoral conserva radios dérmicos, pero contiene un endoesqueleto distal expandido y numerosas articulaciones capaces de adoptar posturas semejantes funcionalmente a las de una extremidad. El hombro y el codo podían flexionarse mientras el extremo distal se apoyaba contra un sustrato. Esto no significa necesariamente que Tiktaalik caminara por tierra como una salamandra. Su anatomía indica principalmente que podía apoyar el cuerpo contra el fondo de aguas someras y posiblemente realizar movimientos de elevación o empuje que no eran posibles para una aleta convencional (Shubin et al., 2006). Nature

Figura 4. [La cintura pélvica de los peces] suele permanecer separada de la columna vertebral. En Acanthostega gunnari, la pelvis ya presenta ilion, pubis e isquion y una relación más estrecha con el sacro, aunque todavía no soportaba eficazmente el peso terrestre. Esta condición muestra una etapa intermedia en la evolución de la transmisión de fuerzas entre extremidades posteriores y esqueleto axial.

Figura 5. [Ichthyostega] poseía cinturas pectoral y pélvica robustas, extremidades con húmero, radio, ulna, fémur, tibia, fíbula y dígitos, y una pelvis conectada al sacro. Sin embargo, no caminaba como un tetrápodo moderno: sus articulaciones tenían movilidad limitada. Su anatomía combinaba adaptaciones acuáticas y terrestres, mostrando una etapa temprana en la evolución de la locomoción sobre sustratos emergidos.

Elpistostege lleva esta combinación todavía más lejos. Posee una aleta con lepidotriquios externos, pero internamente contiene cuatro filas proximodistales de radiales, elementos semejantes a carpianos y dos filas distales organizadas de manera comparable con dígitos. Es uno de los ejemplos más claros de que la frontera entre “aleta” y “mano” no apareció de manera repentina. La evolución produjo durante millones de años diferentes combinaciones transicionales de caracteres (Cloutier et al., 2020). Nature

Finalmente, en Acanthostega encontramos un verdadero miembro con dígitos diferenciados y ausencia de lepidotriquios en las extremidades pares. Sin embargo, poseía ocho dedos y estaba fuertemente adaptado a ambientes acuáticos. Por ello, tener dedos no significa automáticamente ser un animal capaz de caminar eficazmente en tierra firme. De hecho, los primeros miembros con dedos pudieron evolucionar inicialmente para desplazarse, apoyarse o maniobrar dentro de aguas poco profundas, mucho antes de convertirse en patas plenamente terrestres (Coates & Clack, 1990). Nature

La sucesión Eusthenopteron–Panderichthys–Tiktaalik–Elpistostege–Acanthostega es útil para enseñar cambios anatómicos, pero no debe interpretarse como una fila directa de antepasados y descendientes. Son ramas diferentes del árbol evolutivo que conservan distintas combinaciones de caracteres. Al compararlas, podemos reconstruir transformaciones como la expansión del endoesqueleto distal, la aparición de articulaciones más complejas, la reorganización de los radiales, la formación de dígitos y la desaparición de los radios dérmicos. La evolución de la extremidad fue, por tanto, un proceso ramificado y en mosaico, no la transformación súbita de una aleta en una pata.

Reptil con la boca abierta

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Figura 6. [Eogyrinus] fue un tetrápodo acuático del Carbonífero con cuerpo alargado, columna extensa y una larga cola utilizada en la propulsión. Sus extremidades poseían quiridios completos, pero eran relativamente pequeñas y no constituían el principal motor locomotor. Su anatomía demuestra que la evolución de los tetrápodos no fue exclusivamente terrestre: varios linajes conservaron o recuperaron adaptaciones acuáticas.

Referencias

Boisvert, C. A., Mark-Kurik, E., & Ahlberg, P. E. (2008). The pectoral fin of Panderichthys and the origin of digits. Nature, 456, 636–638. https://doi.org/10.1038/nature07339. Artículo en Nature

Cloutier, R., Clement, A. M., Lee, M. S. Y., Noël, R., Béchard, I., Roy, V., & Long, J. A. (2020). Elpistostege and the origin of the vertebrate hand. Nature, 579, 549–554. https://doi.org/10.1038/s41586-020-2100-8. Artículo en Nature

Coates, M. I., & Clack, J. A. (1990). Polydactyly in the earliest known tetrapod limbs. Nature, 347, 66–69. https://doi.org/10.1038/347066a0. Artículo en Nature

Long, F., & Ornitz, D. M. (2013). Development of the endochondral skeleton. Cold Spring Harbor Perspectives in Biology, 5(1), a008334. https://doi.org/10.1101/cshperspect.a008334. Artículo en Cold Spring Harbor Perspectives in Biology

Sanchez, S., Tafforeau, P., Clack, J. A., & Ahlberg, P. E. (2014). The humerus of Eusthenopteron: A puzzling organization presaging the establishment of tetrapod limb bone marrow. Proceedings of the Royal Society B, 281, 20140299. Artículo en Proceedings of the Royal Society B

Schneider, I., & Shubin, N. H. (2013). The origin of the tetrapod limb: From expeditions to enhancers. Trends in Genetics, 29(7), 419–426. https://doi.org/10.1016/j.tig.2013.01.012. Artículo en Trends in Genetics

Shubin, N. H., Daeschler, E. B., & Jenkins, F. A. Jr. (2006). The pectoral fin of Tiktaalik roseae and the origin of the tetrapod limb. Nature, 440, 764–771. https://doi.org/10.1038/nature04637. Artículo en Nature

Bayramov, A. V., Mednikov, D. N., & Zaraisky, A. G. (2026). Evolutionary pathway and genetic mechanisms of fin-to-limb transition in vertebrates. Frontiers in Cell and Developmental Biology, 14. Artículo de revisión

Figura. Eogyrinus

Eogyrinus fue un gran tetrápodo embolómero del Carbonífero, con un cuerpo extraordinariamente alargado y una columna vertebral extensa, rasgo que lo diferenciaba de muchos otros tetrápodos contemporáneos. Sus vértebras eran del tipo embolómero, con pleurocentros e intercentros separados, y las costillas disminuían progresivamente de tamaño hacia la región posterior. La presencia de una larga región caudal, acompañada por numerosos elementos vertebrales, indica que el tronco y la cola participaban intensamente en la locomoción acuática (Panchen, 1966). ZSL Publications

Las extremidades eran relativamente pequeñas en comparación con la longitud total del cuerpo. Aunque poseía miembros con quiridios completos, estos no parecen haber sido los principales responsables de la propulsión. Su anatomía general es compatible con un animal fuertemente vinculado al agua, donde la flotabilidad reducía la necesidad de sostener constantemente todo el peso corporal. La región sacra conservaba una costilla sacra característica, mientras varias vértebras caudales muestran superficies relacionadas con la inserción de una potente musculatura caudofemoral, lo que refuerza la importancia funcional de la cola durante el desplazamiento. ZSL Publications

Por ello, Eogyrinus resulta importante para comprender que la aparición del quiridio tetrápodo no condujo obligatoriamente hacia una vida cada vez más terrestre. Después de que los primeros tetrápodos adquirieron dedos y cinturas más desarrolladas, algunos linajes conservaron o intensificaron adaptaciones relacionadas con la locomoción acuática. La evolución de los tetrápodos produjo repetidamente formas acuáticas mediante cambios en proporciones corporales, columna, cola y extremidades, demostrando que la historia evolutiva no constituye una marcha unidireccional desde el agua hacia tierra firme (Gutarra & Rahman, 2022). Wiley Online Library

Paper sobre el esqueleto axial de Eogyrinus · Revisión sobre locomoción de tetrápodos acuáticos extintos

en donde inserto esto en mi blog