En muchos tetrápodos, especialmente en los mamíferos, la escápula no se articula directamente con las vértebras ni con las costillas mediante una verdadera articulación ósea. En cambio, queda suspendida sobre la pared torácica mediante un complejo sistema de músculos, fascias y tejidos conjuntivos, formando funcionalmente una especie de cabestrillo muscular. Conviene, por tanto, hablar de músculos y ligamentos por separado, no de “ligamentos musculares”. Esta conexión flexible permite que la escápula pueda deslizarse, rotar y modificar su orientación mientras se mueve la extremidad anterior, aumentando considerablemente la amplitud y eficiencia del movimiento.
Esta separación representa una diferencia fundamental respecto de la cintura pélvica, cuya evolución terrestre siguió la tendencia opuesta: la pelvis desarrolló una conexión cada vez más fuerte con el sacro para transmitir el peso y las fuerzas de las extremidades posteriores hacia la columna. La cintura pectoral, en cambio, ganó movilidad al reducir sus conexiones óseas rígidas. En mamíferos, la escápula móvil incluso participa directamente en la longitud funcional de la zancada. Así, la transición desde una cintura conectada al cráneo hacia otra suspendida principalmente por tejidos blandos contribuyó simultáneamente al desarrollo del cuello, movilidad del hombro y diversificación de las extremidades anteriores. PubMed Central (PMC)

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