En cambio, los dinosaurios desarrollaron una postura mucho más parasagital, con las extremidades situadas principalmente debajo del cuerpo. En este sistema, el movimiento ocurre sobre todo hacia adelante y hacia atrás dentro de planos aproximadamente paralelos al plano medio del animal. La articulación de la cadera y la orientación del fémur permiten transmitir las fuerzas del suelo hacia la pelvis y la columna de manera más directa. Esto reduce parte del esfuerzo lateral sobre los huesos largos y favorece una locomoción más eficiente, especialmente en animales grandes o veloces (Kubo & Benton, 2007). Paper
Sin embargo, esta transición no debe entenderse como una simple oposición entre “anfibio primitivo” y “dinosaurio avanzado”. Existen numerosos estados intermedios, y diferentes linajes desarrollaron soluciones semejantes de manera independiente. Los sinápsidos también evolucionaron hacia posturas más parasagitales, mientras cocodrilianos modernos pueden elevar temporalmente su cuerpo durante una marcha alta. La postura final depende de cambios coordinados en cadera, hombro, columna, musculatura y articulaciones. Por eso, el paso desde una locomoción lateral hacia una más vertical fue un proceso gradual y repetido dentro de la evolución de los tetrápodos.

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