Esta condición representa una gran diferencia respecto de los peces sarcopterigios, cuya cintura pélvica permanece generalmente separada de la columna y sostenida principalmente por musculatura. Durante la transición hacia Tetrapoda, la pelvis aumentó de tamaño y complejidad, aparecieron claramente ilion, isquion y pubis, y se estableció una conexión funcional con el sacro. Fósiles como Tiktaalik roseae muestran una pelvis ya agrandada y robusta, aunque todavía sin la integración completa con la columna observada en tetrápodos posteriores. Este cambio permitió pasar gradualmente de unas aletas posteriores empleadas principalmente para maniobrar a unas extremidades capaces de contribuir decisivamente al soporte y propulsión (Shubin et al., 2014). PubMed Central (PMC)
Sin embargo, esta unión puede reducirse nuevamente cuando un linaje retorna de manera permanente al medio acuático. En los primeros cetáceos todavía existían pelvis conectadas al sacro y extremidades posteriores funcionales; posteriormente, en formas cada vez más acuáticas, la pelvis se separó de la columna y las patas traseras se redujeron drásticamente. En las ballenas actuales persisten pequeños huesos pélvicos vestigiales, asociados principalmente con músculos abdominales y reproductivos. Esto demuestra que la evolución puede fortalecer o debilitar una conexión anatómica según cambien las presiones biomecánicas y ecológicas del organismo. PubMed Central (PMC)

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