En una postura más parasagital, como la representada abajo, las extremidades quedan situadas principalmente debajo del cuerpo. El fémur y el húmero se orientan de manera más vertical y los miembros se desplazan sobre todo hacia adelante y hacia atrás. Esta disposición permite transmitir de forma más directa las fuerzas desde el suelo hacia las cinturas pélvica y escapular, reduciendo algunos esfuerzos de flexión sobre los huesos largos. La postura parasagital evolucionó de manera independiente en distintos linajes, especialmente dentro de arcosaurios y sinápsidos, y favoreció locomociones más eficientes en animales de gran tamaño o capaces de desplazamientos prolongados.
Sin embargo, la evolución de la postura no fue una simple transición lineal desde “reptil extendido” hasta “mamífero erguido”. Existen numerosas condiciones intermedias y animales capaces de modificar dinámicamente la posición de sus extremidades. Los cocodrilianos, por ejemplo, pueden adoptar una marcha elevada, mientras muchos mamíferos combinan diferentes grados de flexión articular. Estudios biomecánicos recientes muestran que la adquisición de una postura más vertical implicó cambios coordinados en pelvis, escápula, articulaciones, musculatura y columna vertebral, no únicamente en los huesos de las extremidades (Jones et al., 2024). Paper

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