En humanos, el autopodio conserva cinco dedos relativamente móviles y una mano especializada en prensión y manipulación. En los gatos, los metacarpianos y falanges forman una extremidad adaptada a locomoción terrestre, carrera y captura de presas. En los murciélagos, los dedos II–V se alargaron extraordinariamente y sostienen la membrana del ala, mientras el pulgar permanece relativamente corto y libre. Esta transformación depende de cambios en los patrones de crecimiento embrionario más que de la aparición de huesos completamente nuevos. Por ello, el ala de un murciélago sigue siendo anatómicamente una extremidad anterior de mamífero.
En los cetáceos, el mismo quiridio se transformó secundariamente en una aleta pectoral. El húmero, radio y ulna se acortaron y aplanaron, mientras muchos dedos se alargaron mediante hiperfalangia, es decir, la incorporación de falanges adicionales. Esta característica aumenta la longitud y superficie del miembro sin abandonar su organización básica. Los estudios embrionarios muestran que modificaciones en señales como FGF, BMP y WNT participan en este crecimiento prolongado y en la retención de tejidos interdigitales (Cooper et al., 2018). PubMed Así, mano, pata, ala y aleta son transformaciones evolutivas de una misma arquitectura ancestral.

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