Regresar a [Sistema esquelético]
El quiridio constituye el patrón básico
de las extremidades de los tetrápodos. Una vez establecido este plan anatómico,
la evolución produjo una enorme variedad de modificaciones: algunos huesos
aumentaron de tamaño, otros se redujeron o fusionaron, ciertos dedos desaparecieron
y otros se alargaron extraordinariamente. Así surgieron patas corredoras,
brazos prensiles, alas, aletas, extremidades excavadoras y miembros adaptados
al salto. Estos cambios nunca afectaron solamente al extremo del miembro:
también transformaron las cinturas escapular y pélvica, porque estas
estructuras reciben y transmiten las fuerzas producidas durante el movimiento.
Kardong (2019) utiliza precisamente esta relación entre forma, función y
evolución para explicar la diversificación del esqueleto apendicular de los
vertebrados. Markdown pegado
Cintura escapular en los tetrápodos
La cintura
escapular o pectoral es el sistema de huesos y tejidos que conecta las
extremidades anteriores con el tronco. Su historia comenzó mucho antes de que
existieran verdaderas patas. Los peces óseos ancestrales poseían una cintura
pectoral formada por una combinación de huesos dérmicos y elementos
internos de origen cartilaginoso. Entre los componentes dérmicos se encontraban
el cleitro, supracleitro, clavícula e interclavícula, mientras que la
parte endocondral estaba representada principalmente por el escapulocoracoides.
En muchos peces, esta cintura permanecía conectada a la parte posterior del
cráneo, de manera que cabeza y hombros formaban una unidad relativamente rígida
(Kardong, 2019; Vickaryous & Hall, 2006). PubMed
Durante la
evolución de los tetrapodomorfos, esta relación cambió profundamente. La
cintura pectoral comenzó a separarse del cráneo y desaparecieron varios de los
huesos que conectaban ambas regiones. Esta transformación permitió que
apareciera un cuello funcional, porque la cabeza pudo moverse de manera
más independiente con respecto al tronco. Al mismo tiempo, aumentó la
importancia relativa de la región endocondral de la cintura, especialmente del
escapulocoracoides. La evolución del cuello y del hombro fue, por tanto, parte
de una misma reorganización anatómica y no dos acontecimientos completamente
independientes (Clack, 2009). Annual Reviews

Figura
1. [La
cintura escapular] evolucionó desde una estructura compleja, unida
al cráneo y formada por numerosos huesos, hacia sistemas más especializados. En
los tetrápodos se separó de la cabeza, permitiendo un cuello móvil. En
aves se reforzaron escápula, coracoides y fúrcula; en mamíferos terios se
simplificó principalmente a escápula y clavícula, aumentando la
movilidad del miembro anterior.
En los anfibios
modernos, la cintura escapular muestra diferentes grados de reducción y
transformación de los antiguos elementos dérmicos. Las salamandras poseen una
cintura relativamente ligera y móvil, mientras que las ranas presentan una
arquitectura especializada para soportar las enormes fuerzas producidas durante
el salto y el aterrizaje. No debemos considerar a ninguno de estos grupos como
una copia exacta de los primeros tetrápodos: sus cinturas actuales también son
el resultado de cientos de millones de años de evolución.
En los amniotas
tempranos, la cintura escapular seguía siendo robusta y mantenía elementos
dérmicos como la clavícula y la interclavícula. La región endocondral contenía
varios componentes relacionados con la escápula y los coracoides.
Tradicionalmente se distinguieron un procoracoides y un metacoracoides, pero la
homología exacta de estas estructuras ha sido revisada mediante fósiles,
embriología y anatomía comparada. Los monotremas conservan una organización
particularmente compleja, mientras los mamíferos terios redujeron profundamente
los elementos coracoideos independientes (Vickaryous & Hall, 2006). PubMed

Figura
2. [La
cintura pectoral] evolucionó hacia una mayor independencia del cráneo
y del esqueleto axial. En mamíferos, la escápula no se articula
directamente con las vértebras, sino que queda suspendida mediante músculos,
fascias y tejidos conjuntivos. Esta disposición aumenta su movilidad y
permite mejorar la amplitud del hombro, la longitud de la zancada y la diversificación
funcional de las extremidades anteriores.
En los mamíferos
placentarios, la escápula se convirtió en el elemento dominante del hombro.
El antiguo coracoides dejó de existir como hueso independiente y permanece
representado principalmente por el proceso coracoides de la escápula. La
clavícula, por su parte, puede conservarse bien desarrollada —como en humanos y
otros primates—, reducirse —como en numerosos carnívoros— o desaparecer
prácticamente —como sucede en algunos mamíferos corredores—. Estas diferencias
están relacionadas con el grado de movilidad requerido por la extremidad.
En las aves,
la cintura sufrió otra transformación espectacular. Las dos clavículas se
fusionaron para formar la fúrcula, mientras que la escápula se hizo
larga y estrecha y el coracoides se convirtió en una barra robusta que une el
hombro con el esternón. Es importante corregir una idea frecuente: la fúrcula
se origina fundamentalmente por la unión de las clavículas, no por la
fusión de las clavículas con el esternón. Además, las fúrculas aparecieron en
varios dinosaurios terópodos antes del origen del vuelo aviano, por lo que
inicialmente desempeñaron funciones estructurales diferentes de las
relacionadas posteriormente con el vuelo.
En los primates,
la cintura escapular adquirió una gran movilidad. La escápula se desplazó hacia
una posición más dorsal sobre el tórax y la cavidad glenoidea se orientó de
manera que permitió ampliar considerablemente el movimiento del húmero. Esto no
significa que el brazo pueda rotar literalmente 360°, sino que la combinación
entre movilidad escapular y articulación glenohumeral permite elevar,
separar, adelantar y rotar el miembro con una amplitud excepcional. Esta
condición favoreció la locomoción arbórea, la suspensión y posteriormente la
manipulación precisa de objetos.
Cintura pelviana en los tetrápodos
La cintura
pélvica siguió una trayectoria evolutiva muy diferente de la escapular. Sus
principales componentes son de origen endocondral, no huesos dérmicos
equivalentes a los de la región pectoral. En los peces, la pelvis sirve como
punto de apoyo para las aletas pélvicas, pero generalmente permanece separada
de la columna vertebral. Esto resulta suficiente dentro del agua porque la
flotabilidad reduce enormemente el peso que deben soportar las extremidades.
Las aletas pélvicas
también adquirieron funciones reproductivas en algunos linajes. En los
condrictios machos, por ejemplo, partes de estas aletas forman los clásperes,
utilizados durante la cópula. Sin embargo, esto no significa que la cintura
pélvica evolucionara originalmente para sostener órganos copuladores. Su
historia está relacionada principalmente con el desarrollo de los apéndices
pares posteriores, mientras las funciones reproductivas surgieron de manera
secundaria en determinados grupos.
En tetrapodomorfos
como Tiktaalik roseae, la pelvis ya era notablemente más grande y
robusta que en formas como Eusthenopteron, aunque todavía no estaba
conectada directamente con la columna mediante un verdadero sacro. Esto
indica que las extremidades posteriores comenzaron a desempeñar un papel
locomotor más importante antes de que apareciera la pelvis completamente
integrada al esqueleto axial.

Figura 3. [La cintura pélvica] de los tetrápodos conserva tres elementos básicos: ilion, isquion y pubis, articulados alrededor del acetábulo. Durante la evolución, estos huesos cambiaron de forma y orientación según la locomoción. En saurópsidos surgieron configuraciones diversas; en sinápsidos se asociaron con posturas más parasagitales, y en aves la pelvis se integró estrechamente con el sinsacro.

Figura
4. [La
cintura pélvica] evolucionó hacia una unión firme con el sacro,
permitiendo transmitir las fuerzas de las extremidades posteriores al tronco y
sostener el peso corporal. En los primeros tetrápodos esta conexión se
fortaleció progresivamente. Sin embargo, en linajes que regresaron al medio
acuático, como los cetáceos, la pelvis volvió a separarse y las
extremidades posteriores se redujeron notablemente
En los primeros tetrápodos con dedos, la pelvis adquirió regiones correspondientes al ilion, pubis e isquion. Estas estructuras rodean la zona donde articula el fémur. El ilion se proyecta dorsalmente hacia la columna y participa especialmente en la transmisión de fuerzas hacia las vértebras sacras. En animales terrestres posteriores, la relación entre pelvis y sacro se hizo cada vez más fuerte, formando un sistema capaz de transmitir al tronco las fuerzas generadas por las extremidades posteriores durante la marcha.
La condición observada en Acanthostega gunnari resulta especialmente ilustrativa. Su cintura pélvica estaba mucho más desarrollada que la de un pez, pero aún pertenecía a un animal predominantemente acuático. Esto demuestra que una pelvis más robusta apareció antes de una locomoción terrestre eficiente. Los cambios anatómicos no surgieron todos al mismo tiempo: pelvis, articulaciones, musculatura, columna y extremidades se modificaron como partes de una evolución en mosaico (Clack, 2009). Annual Reviews
Con la evolución de
los tetrápodos terrestres, el sacro pudo incorporar una o varias vértebras
especializadas. No debe imaginarse necesariamente como una única vértebra
gigante: dependiendo del linaje, varias vértebras pueden participar en la
conexión con la pelvis y alcanzar distintos grados de fusión. En aves y
mamíferos, por ejemplo, la región sacra puede llegar a ser extraordinariamente
compleja.
La evolución
también puede invertir esta tendencia. Los cetáceos descendieron de
mamíferos terrestres con una pelvis completamente conectada a la columna, pero
durante su regreso al medio acuático perdieron las extremidades posteriores
externas y la pelvis dejó de participar en la locomoción. Actualmente los
huesos pélvicos de las ballenas son pequeños y están separados de la columna,
aunque continúan ofreciendo lugares de inserción para músculos relacionados con
la región genital y abdominal.

Figura
5. [En
los cetáceos modernos, la cintura pélvica] se redujo y perdió
su conexión con la columna al desaparecer las extremidades posteriores
externas. Durante el desarrollo embrionario aún aparecen brotes de patas, pero
su crecimiento se detiene. Los pequeños huesos pélvicos restantes ya no
sirven para caminar, aunque conservan funciones musculares asociadas con la reproducción
y los genitales.
Manus y pes
La parte distal del
quiridio recibe el nombre de autopodio. En la extremidad anterior se
denomina manus y en la posterior pes. Esta región es
especialmente compleja porque reúne una gran cantidad de pequeños huesos y
articulaciones capaces de experimentar enormes transformaciones evolutivas.
El manus
comienza proximalmente con los carpianos, que forman la muñeca. A
continuación aparecen los metacarpianos, que constituyen buena parte de
la palma, y finalmente las falanges, que forman los dedos. En el pes
ocurre el mismo patrón con tarsianos, metatarsianos y falanges. Los
carpianos y tarsianos pueden denominarse conjuntamente elementos podiales; los
metacarpianos y metatarsianos son los metapodiales.
La historia
temprana de los dedos fue bastante más compleja de lo que antiguamente se
pensaba. Los primeros tetrápodos conocidos no presentan necesariamente cinco. Acanthostega
tenía ocho dígitos en la extremidad anterior, Ichthyostega poseía
siete en el miembro posterior conocido y Tulerpeton tenía seis. Esto
indica que la pentadactilia no surgió simultáneamente con los primeros
dedos. El patrón de cinco terminó estabilizándose posteriormente dentro de los
tetrápodos derivados (Coates & Clack, 1990; Clack, 2009). Annual Reviews
Incluso Eryops,
que suele utilizarse didácticamente como ejemplo de un tetrápodo con
extremidades robustas y relativamente generalizadas, no posee cinco dedos en
todas sus extremidades: presenta cuatro en el miembro anterior y cinco en el
posterior. Por ello, no debemos imaginar a Eryops como el modelo
exacto del antepasado pentadáctilo universal. Es un temnospóndilo especializado
dentro de su propio linaje.
La estabilización
del número de cinco dígitos estuvo relacionada con modificaciones en las redes
que controlan el desarrollo del autopodio. Los genes HOX participan en
la organización espacial del miembro, y cambios evolutivos en la regulación de Hoxa11
se han relacionado con la consolidación del estado pentadáctilo (Kherdjemil et
al., 2016). Nature
A partir del patrón
pentadáctilo, distintos linajes produjeron modificaciones extraordinarias. Los caballos
redujeron progresivamente los dedos laterales y concentran el soporte
principalmente sobre el tercero. Los murciélagos alargaron enormemente
metacarpianos y falanges para sostener la membrana alar. En los cetáceos,
algunos dedos desarrollaron hiperfalangia, es decir, un número de falanges
superior al habitual, lo que contribuye a ampliar la superficie de la aleta.
Los pterosaurios
siguieron otra solución: el cuarto dedo de la extremidad anterior se alargó
extraordinariamente y sostuvo la mayor parte de la membrana alar. Las aves
redujeron y fusionaron numerosos elementos distales, formando un carpometacarpo
compacto. Es incorrecto decir que todos los dinosaurios tenían exactamente tres
dedos: algunos conservaron más, mientras otros redujeron todavía más el número.
La evolución digital de Dinosauria fue extraordinariamente diversa.
En los primates,
por el contrario, gran parte de los cinco dedos permaneció funcional. La
evolución se concentró en modificar proporciones, movilidad y musculatura. El
pulgar oponible de numerosos primates permite enfrentar el primer dedo a los
demás, favoreciendo la prensión. En humanos, estas transformaciones se
combinaron con una gran capacidad de movimiento independiente de los dedos y
con una musculatura especializada para la manipulación fina.
Quiridio para nadar o para caminar
La posición del
quiridio con respecto al cuerpo determina cómo se transmiten las fuerzas
durante la locomoción. En muchos tetrápodos tempranos y en numerosos reptiles
actuales, las extremidades se proyectan inicialmente hacia los lados. Esta
configuración se conoce como postura extendida o sprawling. El
húmero y el fémur salen lateralmente del tronco y después las partes más
distales se orientan hacia el suelo.

Figura
6. [Quiridios
de un tetrápodo basal]. El quiridio conserva un patrón
común: húmero o fémur, seguido por radio-ulna o tibia-fíbula, y
finalmente el autopodio con carpianos/tarsianos, metapodiales y
falanges. El patrón de cinco dedos es derivado; los primeros tetrápodos podían
tener más. La evolución modificó este plan mediante reducción, fusión,
pérdida y alargamiento de huesos.
Una postura lateral
conserva algunas características biomecánicas relacionadas con el origen de las
extremidades a partir de antiguas aletas pares, pero no significa que estos
animales simplemente estén reproduciendo en tierra los movimientos de un pez. Una
vez sobre un sustrato sólido, el quiridio debe producir apoyo, propulsión y
resistencia frente a la gravedad, problemas mecánicos muy diferentes de los
presentes durante la natación.
Salamandras,
lagartos y cocodrilianos muestran que la postura extendida tampoco constituye
una única condición. Algunos pueden elevar temporalmente el tronco, modificar
el ángulo de las articulaciones o cambiar la forma de caminar según la
velocidad. Existe, por tanto, un continuo entre extremidades muy laterales y
otras colocadas casi verticalmente debajo del cuerpo.

Figura
7. [Postura
extendida y parasagital]. La postura extendida proyecta húmero y
fémur lateralmente, generando mayores fuerzas de flexión y torsión. En
la postura parasagital, las extremidades quedan debajo del cuerpo y
transmiten las cargas más directamente hacia las cinturas. Esta transformación
evolucionó de manera independiente en distintos linajes y requirió cambios
coordinados en pelvis, escápula, articulaciones, musculatura y columna
vertebral.

Figura
8. [Postura
extendida y parasagital]. En la postura extendida, como en muchas
salamandras, las extremidades se proyectan lateralmente y el tronco participa
mediante flexión lateral. En los dinosaurios, la postura parasagital
coloca las extremidades debajo del cuerpo y orienta el movimiento hacia
adelante y atrás. Esta disposición mejora la transmisión de fuerzas,
aunque evolucionó gradualmente y de forma independiente en varios linajes.
Dos grandes
radiaciones de amniotas desarrollaron de manera independiente modificaciones
muy importantes hacia posturas más verticales: los arcosaurios y los sinápsidos.
Sin embargo, estas transiciones siguieron rutas anatómicas diferentes y no
deben reducirse simplemente a dinosaurios contra mamíferos.
En el linaje de los
arcosaurios, diferentes grupos desarrollaron caderas capaces de colocar
las extremidades posteriores progresivamente debajo del cuerpo. Los dinosaurios
llevaron este patrón muy lejos: sus miembros se desplazaban principalmente en
un plano parasagital, es decir, hacia adelante y hacia atrás
aproximadamente paralelos al eje longitudinal del cuerpo. Esta configuración
permite transmitir las fuerzas de manera más directa y reduce ciertos esfuerzos
de flexión sobre los huesos largos.
Los sinápsidos
recorrieron otra trayectoria. Los primeros representantes tenían extremidades
ampliamente extendidas, pero diferentes terápsidos y cinodontos modificaron
progresivamente la forma de la pelvis, la orientación del fémur y las
superficies articulares. La postura completamente parasagital de los mamíferos
no apareció de repente: fue el resultado de una larga serie de estados
intermedios.
La cintura
escapular también cambió durante esta transformación. En los mamíferos, la
reducción de varios elementos óseos y el aumento de la movilidad de la escápula
permitieron que esta participara directamente en la longitud funcional de la
zancada. En un caballo que corre, por ejemplo, la escápula se desplaza sobre el
tórax y contribuye al movimiento de toda la extremidad. En un topo, los mismos
huesos se reorganizan para producir enormes fuerzas excavadoras; en un
murciélago sostienen un ala, y en una ballena vuelven a convertirse
funcionalmente en una aleta.
Por esta razón, el
estudio del esqueleto apendicular debe realizarse como un sistema integrado.
No basta con observar húmero, fémur o dedos por separado. Cada cambio en un
hueso modifica las fuerzas que reciben articulaciones, músculos, cinturas y
columna vertebral. Como desarrolla Kardong (2019), la diversidad de los
tetrápodos surge precisamente de la interacción entre estructura anatómica,
función biomecánica, desarrollo y evolución. Markdown pegado
Referencias
Clack, J. A.
(2009). The fin to limb transition: New data, interpretations, and hypotheses
from paleontology and developmental biology. Annual Review of Earth and
Planetary Sciences, 37, 163–179. Artículo en Annual Reviews Annual Reviews
Coates, M. I.,
& Clack, J. A. (1990). Polydactyly in the earliest known tetrapod limbs. Nature,
347, 66–69. Artículo en Nature
Don, E. K., Currie,
P. D., & Cole, N. J. (2013). The evolutionary history of the development of
the pelvic fin/hindlimb. Journal of Anatomy, 222(1), 114–133. Artículo en Journal of Anatomy
Kardong, K. V.
(2019). Vertebrates: Comparative Anatomy, Function, Evolution (8.ª ed.).
McGraw-Hill Education. ISBN 9781259700910. La octava edición y sus datos
bibliográficos están confirmados por la editorial. McGraw Hill
Kherdjemil, Y.,
Lalonde, R. L., Sheth, R., Dumouchel, A., de Martino, G., Pineault, K. M.,
Wellik, D. M., Stadler, H. S., Akimenko, M.-A., & Kmita, M. (2016).
Evolution of Hoxa11 regulation in vertebrates is linked to the
pentadactyl state. Nature, 539, 89–92. Artículo en Nature Nature
Vickaryous, M. K., & Hall, B. K. (2006). Homology of the reptilian coracoid and a reappraisal of the evolution and development of the amniote pectoral apparatus. Journal of Anatomy, 208(3), 263–285. Artículo en Journal of Anatomy PubMed
No hay comentarios:
Publicar un comentario