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miércoles, 29 de julio de 2026

Figura. Geometría del PCl₅

El pentacloruro de fósforo, PCl₅, presenta una geometría trigonal bipiramidal porque el fósforo central está unido a cinco átomos de cloro y no posee pares electrónicos solitarios. Tres enlaces P—Cl se distribuyen en un mismo plano, formando una región ecuatorial con ángulos cercanos a 120°. Los dos enlaces restantes ocupan las posiciones axiales, una por encima y otra por debajo de ese plano. Por ello, los cloros axiales quedan separados entre sí por un ángulo de 180°, mientras que cada uno forma ángulos de 90° con los tres cloros ecuatoriales. Esta disposición tridimensional reduce la repulsión entre las cinco regiones electrónicas enlazantes.

Aunque los cinco enlaces se representan con líneas semejantes, las posiciones no son completamente equivalentes. Cada enlace axial experimenta tres interacciones de 90° con los enlaces ecuatoriales, mientras que un enlace ecuatorial solo presenta dos de estas interacciones. En consecuencia, los enlaces P—Cl axiales suelen ser más largos y relativamente más débiles que los ecuatoriales. Esta diferencia ayuda a comprender por qué la estructura no puede describirse como una figura plana. La representación con cuñas y trazos permite visualizar la orientación espacial: una cuña sólida señala un enlace dirigido hacia el observador, una cuña rayada indica un enlace dirigido hacia atrás y las líneas simples permanecen en el plano de la página.

El PCl₅ es una sustancia reactiva, empleada principalmente como agente de cloración en síntesis química. Su estructura permite que determinados enlaces P—Cl se rompan con relativa facilidad, facilitando la transferencia de cloro hacia otras sustancias. Por ejemplo, puede transformar grupos que contienen oxígeno en derivados clorados, por lo que resulta útil en la producción de intermediarios orgánicos e inorgánicos. En estado sólido, el compuesto puede organizarse formando especies iónicas, pero en fase gaseosa conserva la geometría trigonal bipiramidal descrita. Así, la estructura molecular no solo explica sus ángulos y enlaces desiguales, sino también parte de su comportamiento químico.

Figura. Geometría molecular del agua

 Geometría molecular del agua. La figura presenta dos formas complementarias de representar H₂O: la estructura de enlaces y el modelo de esferas. En ambas, el oxígeno ocupa la posición central y se une a dos hidrógenos mediante enlaces sigma O–H. La estructura de enlaces añade dos pares de electrones no enlazantes alrededor del oxígeno; estos pares no se conectan con otros núcleos, pero ocupan espacio. El modelo de esferas muestra que los átomos no forman una línea recta ni una disposición plana abierta, sino una figura angular o doblada. El ángulo H–O–H medido es cercano a 104,5°.

Alrededor del oxígeno existen cuatro regiones de densidad electrónica: dos regiones enlazantes y dos pares solitarios. El arreglo electrónico de esas cuatro regiones es tetraédrico, pues así se maximiza su separación. Sin embargo, la geometría molecular considera únicamente las posiciones de los átomos; por ello, al observar solo los dos hidrógenos, la forma resultante es angular. Los pares no enlazantes repelen con mayor intensidad que los pares en los enlaces O–H. Como consecuencia, comprimen el ángulo desde el valor tetraédrico ideal de 109,5° hasta 104,5°. La forma angular de H₂O es, entonces, una consecuencia directa de la distribución de sus electrones de valencia.

Esta geometría también explica las propiedades extraordinarias del agua como sustancia. El oxígeno atrae con mayor fuerza la densidad electrónica de cada enlace O–H y, debido a la forma angular, los dipolos de ambos enlaces no se cancelan. El agua posee un momento dipolar neto y es una molécula polar. Su polaridad y sus pares libres permiten formar puentes de hidrógeno entre moléculas vecinas. Estas interacciones elevan sus temperaturas de fusión y ebullición, favorecen su capacidad como disolvente y contribuyen a la cohesión, tensión superficial y capilaridad. Por ello, la molécula de agua tiene un papel en procesos biológicos, ambientales y tecnológicos.

Geometría molecular del amoníaco

 Geometría molecular del amoníaco. La figura muestra que la molécula NH₃ posee un átomo de nitrógeno central unido a tres átomos de hidrógeno mediante tres enlaces sigma N–H. La estructura de enlaces representa esos enlaces con cuñas y trazos para indicar que se proyectan en tres dimensiones, mientras el óvalo punteado identifica el par de electrones no enlazantes. El modelo de esferas confirma que los tres hidrógenos forman una base triangular y el nitrógeno se ubica por encima de ella. Esta disposición corresponde a una geometría trigonal piramidal, no a una molécula plana.

El nitrógeno presenta cuatro regiones de densidad electrónica: tres pares enlazantes y un par solitario. Su arreglo electrónico básico es tetraédrico, pues las cuatro regiones se orientan aproximadamente hacia los vértices de un tetraedro. Sin embargo, la geometría molecular se nombra según la posición de los átomos, no según la posición del par libre. Al ocultar el vértice ocupado por los electrones no enlazantes, quedan tres hidrógenos organizados como una pirámide trigonal. El ángulo ideal de un tetraedro regular es 109,5°, pero en el amoníaco los ángulos H–N–H se reducen hasta cerca de 107°.

La disminución angular se explica porque el par solitario ocupa más espacio cerca del nitrógeno que los pares enlazantes. Al no compartir su densidad electrónica con otro núcleo, ese par ejerce una repulsión más intensa sobre los enlaces N–H y los comprime. La forma piramidal también impide que los dipolos de enlace se cancelen: el amoníaco posee un momento dipolar neto y es una molécula polar. Esta polaridad favorece las interacciones dipolo–dipolo y los puentes de hidrógeno, responsables de su solubilidad en agua y de una temperatura de ebullición mayor que la de moléculas apolares similares. Además, su par libre permite que actúe como base de Lewis al captar protones en muchas reacciones ácido–base.

Figura. Geometría molecular del metano

 Geometría molecular del metano. La figura presenta dos representaciones complementarias de la molécula CH₄: una estructura de enlaces y un modelo molecular de esferas. Ambas muestran al carbono como átomo central, unido a cuatro átomos de hidrógeno mediante cuatro enlaces sigma C–H equivalentes. Aunque algunos enlaces se dibujan con líneas, cuñas y trazos para sugerir profundidad, la molécula no es plana. Los cuatro hidrógenos ocupan los vértices de un tetraedro imaginario y el carbono se localiza en su centro. Esta disposición tridimensional permite visualizar que todos los enlaces C–H son idénticos en una molécula aislada.

La explicación electrónica de esta geometría se basa en la hibridación sp³ del carbono. Un orbital 2s y tres orbitales 2p se combinan para producir cuatro orbitales híbridos equivalentes, orientados hacia los vértices del tetraedro. Cada orbital sp³ se solapa frontalmente con un orbital 1s de hidrógeno y genera un enlace sigma. La separación angular entre dos enlaces H–C–H es aproximadamente 109,5°, valor que maximiza la distancia entre las cuatro regiones de densidad electrónica enlazante y minimiza su repulsión. Por ello, una disposición plana en forma de cruz, con ángulos de 90°, sería menos estable y no describe la estructura real del metano.

La simetría tetraédrica también explica propiedades importantes de la sustancia. Aunque cada enlace C–H posee una polaridad muy pequeña, sus dipolos se compensan por completo debido a la distribución simétrica de los cuatro hidrógenos. El metano es, por tanto, una molécula apolar; entre sus moléculas predominan las fuerzas de dispersión de London. Esto ayuda a explicar que sea un gas a temperatura ambiente y que presente temperaturas de fusión y ebullición bajas. Su elevada energía de combustión permite emplearlo como combustible, especialmente en el gas natural. Además, su geometría tetraédrica constituye el patrón estructural básico de numerosos alcanos, biomoléculas y materiales orgánicos modernos diversos.

Figura. Geometría molecular del etino

 Geometría molecular del etino. La figura compara tres hipótesis para la estructura de C₂H₂ y establece que la única compatible con su distribución electrónica es la geometría lineal. Los cuatro átomos se disponen como H–C≡C–H, con un ángulo H–C–C de 180° alrededor de cada carbono. El modelo de esferas refuerza esta idea al mostrar los núcleos alineados sobre un mismo eje. Las alternativas en forma de L, con 90°, y en zigzag, con un ángulo menor de 180°, no corresponden al arreglo de orbitales que forma el triple enlace carbono–carbono.

Cada átomo de carbono del etino presenta hibridación sp. Un orbital s y un orbital p se combinan para originar dos orbitales híbridos sp, orientados en sentidos opuestos. Uno forma el enlace sigma C–H y el otro forma el enlace sigma entre los carbonos. Los dos orbitales p restantes permanecen sin hibridar y se superponen lateralmente con sus equivalentes del otro carbono. Así se forman dos enlaces pi, perpendiculares entre sí, que acompañan al enlace sigma central. El enlace triple C≡C contiene, por tanto, un enlace sigma y dos enlaces pi; no equivale a tres barras materiales paralelas.

La estructura lineal permite que los orbitales p de ambos carbonos permanezcan paralelos y conserven el solapamiento necesario para los enlaces pi. Doblar la molécula hacia una forma angular o de zigzag reduciría ese solapamiento, aumentaría la energía y no describiría el estado estable del etino. El enlace triple es corto, fuerte y restringe completamente la rotación alrededor del eje C–C. Como sustancia, el etino es una molécula pequeña, apolar y gaseosa, cuyas fuerzas intermoleculares son principalmente de dispersión de London. Su alta energía de combustión y la reactividad de sus enlaces pi explican sus usos históricos en sopletes oxiacetilénicos y como materia prima para síntesis industrial de numerosos compuestos, polímeros y materiales modernos.

Figura. Geometría del eteno.

En el eteno, la segunda línea del símbolo C=C no representa una barra material. El enlace doble contiene un enlace sigma, situado sobre el eje que une ambos núcleos, y un enlace pi, originado por el solapamiento lateral de dos orbitales p sin hibridar. La función de onda pi enlazante concentra densidad electrónica por encima y por debajo del plano molecular. Esta distribución recuerda una rosquilla bilateral alrededor de los dos carbonos, separada por un plano nodal que pasa ambos núcleos. Aunque parece mostrar dos zonas, constituye un solo enlace pi; la fórmula estructural lo expresa mediante una segunda línea sencilla.

La hibridación sp² deja a cada carbono con tres enlaces sigma coplanares, separados 120°, y un orbital p perpendicular al plano. El solapamiento de esos orbitales p forma el enlace pi y refuerza el enlace C–C; por ello, su distancia es menor que en un enlace sencillo C–C. La nube pi impide la rotación alrededor del eje carbonado: girar uno de los grupos CH₂ destruiría el solapamiento lateral. Esta restricción explica la rigidez de los dobles enlaces y permite la isomería geométrica en alquenos. El eteno es plano porque la continuidad del solapamiento pi exige que los orbitales p permanezcan paralelos.

Como sustancia, el eteno es una molécula apolar y gaseosa a temperatura ambiente; predominan entre sus moléculas las fuerzas de dispersión de London. Su enlace pi, más expuesto y accesible que un enlace sigma, favorece reacciones de adición. Así puede reaccionar con hidrógeno, halógenos, agua u oxidantes para transformar su doble enlace en enlaces sencillos. Su aplicación tecnológica principal es la polimerización: al abrirse el enlace pi, muchas unidades de eteno se unen mediante enlaces sigma para formar polietileno. Este plástico reúne cadenas resistentes, ligeras y químicamente estables, usadas en películas, envases, tuberías y aislantes eléctricos.

Figura. La estructura trigonal plana del BH₃

La estructura trigonal plana del BH₃ corresponde a un átomo de boro central unido a tres hidrógenos mediante tres enlaces sigma. Los tres orbitales híbridos sp² se disponen en un mismo plano, separan los enlaces H–B–H aproximadamente 120° y minimizan la repulsión entre regiones enlazantes. Esta distribución confirma que no hay pares libres sobre el boro. La molécula aislada es simétrica y no presenta un dipolo molecular permanente, pues los dipolos de los enlaces B–H se compensan vectorialmente. Sin embargo, la geometría correcta revela una característica más importante: el boro queda rodeado por solo seis electrones de valencia.

Esa deficiencia electrónica hace del BH₃ una especie ácida de Lewis. En lugar de disponer de un octeto completo, el boro conserva un orbital p vacío, perpendicular al plano trigonal, capaz de aceptar un par electrónico de otra especie. Por ello, el borano libre es muy reactivo y no suele permanecer como molécula aislada. Dos unidades BH₃ se asocian para formar diborano, B₂H₆, cuyos hidrógenos puente reducen la deficiencia electrónica mediante enlaces multicéntricos. La estructura trigonal plana del monómero, entonces, no es un dibujo decorativo: permite predecir su tendencia a captar electrones, formar aductos y agregarse.

Esta química tiene aplicaciones tecnológicas relevantes. Los complejos de borano con bases de Lewis, por ejemplo BH₃·THF, se emplean como reactivos selectivos en síntesis orgánica para reducir grupos funcionales y realizar hidroboración de enlaces dobles. Después, una oxidación transforma el enlace C–B en C–O, ruta útil para producir alcoholes con control estructural. Además, el diborano y otros hidruros de boro sirven como fuentes de boro en procesos de deposición química de vapor y dopaje de semiconductores, donde el boro modifica la conductividad del silicio. Así, la geometría sp², el orbital vacío y la acidez de Lewis conectan estructura molecular con reactividad, síntesis y electrónica.

Figura. Geometría de BeH2

La hipótesis lineal explica las propiedades del hidruro de berilio cuando se considera una molécula aislada. Sus dos enlaces Be–H se sitúan en sentidos opuestos y forman un ángulo de 180°, porque el átomo central presenta dos regiones de densidad electrónica enlazante y ningún par libre. Esta simetría distribuye la carga alrededor del berilio: aunque cada enlace Be–H posee una polaridad local, sus dipolos poseen igual magnitud y sentidos contrarios. El resultado es una molécula lineal, plana y apolar, cuyo momento dipolar neto es cercano a cero. La geometría, por tanto, permite relacionar estructura molecular y comportamiento eléctrico.

La ausencia de un dipolo molecular permanente significa que el BeH₂ aislado no orienta fuertemente sus moléculas vecinas mediante interacciones dipolo–dipolo. Sus atracciones intermoleculares predominantes son fuerzas de dispersión de London, originadas por fluctuaciones transitorias de la nube electrónica. Tales fuerzas son débiles debido a la cantidad de electrones y a la baja polarizabilidad de esta especie. Por ello, la hipótesis lineal ayuda a anticipar una sustancia molecular con temperaturas de fusión y ebullición bajas en comparación con compuestos iónicos o redes covalentes tridimensionales. Aclara por qué no se comporta como un pequeño imán permanente, aunque sus enlaces individuales sean polares.

Sin embargo, estas conclusiones describen al BeH₂ monomérico, no su comportamiento en estado condensado. El berilio posee una deficiencia electrónica: alrededor de su átomo central no alcanza un octeto completo mediante dos enlaces simples. En fase sólida, las unidades tienden a asociarse mediante hidrógenos puente, formando estructuras poliméricas donde los enlaces Be–H–Be modifican las propiedades. Esa asociación incrementa la estabilidad y hace que el sólido no se comporte simplemente como un conjunto de moléculas lineales independientes. La figura sigue siendo indispensable: establece la geometría del monómero y explica su apolaridad, mientras la química de agregación explica las diferencias observadas en materiales reales.

Figura. Mildred Dresselhaus

Mildred Dresselhaus fue una física estadounidense conocida como la “reina del carbono” por sus aportes decisivos al estudio de los materiales basados en este elemento. Nació en 1930, en el distrito neoyorquino del Bronx, dentro de una familia de inmigrantes judíos procedentes de Europa oriental. Su trayectoria académica comenzó en Hunter College, donde descubrió que la ciencia podía convertirse en una profesión, aun cuando las mujeres encontraban numerosas barreras en los ámbitos universitarios. Posteriormente estudió en la Universidad de Cambridge y obtuvo su doctorado en la Universidad de Chicago. Allí se formó junto a investigadores fundamentales de la física moderna y consolidó una manera rigurosa, curiosa y persistente de abordar los problemas científicos.

En 1960 ingresó al Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT, institución en la que desarrolló la mayor parte de su carrera y llegó a ser la primera mujer profesora titular de ingeniería eléctrica y física. Sus investigaciones ayudaron a comprender la estructura electrónica del grafito, los nanotubos de carbono, el grafeno y otros nanomateriales. Estudió cómo las propiedades de un sólido pueden cambiar cuando sus dimensiones se reducen hasta escalas extremadamente pequeñas. Sus aportes fueron esenciales para explicar fenómenos de conductividad, transporte térmico, comportamiento óptico y respuesta electrónica de materiales carbonosos. Muchas tecnologías actuales vinculadas con sensores, electrónica flexible, almacenamiento energético y materiales resistentes se apoyan, directa o indirectamente, en conocimientos que ella ayudó a construir.

Dresselhaus también fue una defensora constante de la participación de las mujeres en la investigación científica. Reconocía que su propia carrera había transcurrido en espacios dominados por hombres, pero transformó esa experiencia en un compromiso activo con nuevas generaciones de estudiantes. Publicó cientos de artículos, dirigió proyectos interdisciplinarios y recibió reconocimientos internacionales, entre ellos la Medalla Presidencial de la Libertad y el Premio Kavli de nanociencia. En 2012 obtuvo la Medalla Presidencial de la Libertad; en 2014, la Medalla de Honor del IEEE. Falleció en 2017, dejando una herencia científica enorme: demostrar que la investigación rigurosa, la educación y la perseverancia pueden modificar tanto el conocimiento como las oportunidades sociales.

Figura. Richard Phillips Feynman

 Richard Phillips Feynman nació el 11 de mayo de 1918 en Nueva York, Estados Unidos. Desde joven mostró curiosidad por comprender cómo funcionaban las cosas, desmontando aparatos y resolviendo problemas matemáticos por iniciativa propia. Estudió física en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y realizó su doctorado en Princeton bajo la dirección de John Archibald Wheeler. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en el Proyecto Manhattan, donde trabajó en Los Álamos en cálculos relacionados con el desarrollo de la bomba atómica. Aunque era uno de los científicos más jóvenes, destacó por su rapidez mental, su sentido crítico y su capacidad para encontrar soluciones poco convencionales.

Después de la guerra desarrolló su carrera académica en la Universidad de Cornell y posteriormente en el Instituto Tecnológico de California. Sus contribuciones más importantes se relacionan con la electrodinámica cuántica, teoría que describe la interacción entre la luz y las partículas cargadas. Feynman introdujo una formulación basada en integrales de camino y creó los diagramas de Feynman, representaciones gráficas que simplifican el cálculo de interacciones entre partículas subatómicas. Por estos trabajos recibió en 1965 el Premio Nobel de Física junto con Julian Schwinger y Sin-Itiro Tomonaga. También investigó la superfluidez del helio líquido, la física de partículas y los fundamentos de la computación cuántica.

Feynman fue reconocido como comunicador excepcional y profesor capaz de explicar conceptos complejos mediante ejemplos, analogías y preguntas provocadoras. Sus cursos dieron origen a The Feynman Lectures on Physics, obra influyente en la enseñanza científica. En 1986 integró la comisión que investigó el accidente del transbordador Challenger y demostró públicamente cómo las bajas temperaturas afectaban las juntas de caucho. Su personalidad combinaba rigor, irreverencia, humor y curiosidad. Murió el 15 de febrero de 1988, dejando un legado en la física teórica, la educación científica y la manera de pensar los problemas.

martes, 28 de julio de 2026

Del átomo aislado al enlace químico

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Una vez comprendida la distribución electrónica de los átomos individuales, surge una cuestión fundamental: ¿por qué algunos átomos se enlazan entre sí mientras que otros, como los gases nobles, permanecen casi siempre separados? También es necesario explicar por qué las moléculas presentan determinadas geometrías, por qué ciertos enlaces son más largos o más fuertes que otros y cómo la reorganización de los electrones modifica la energía del sistema. Las estructuras de Lewis permiten representar los electrones de valencia y predecir muchas fórmulas químicas, pero no describen de manera completa la distribución espacial de los electrones ni las diferencias energéticas entre enlaces aparentemente semejantes.

Por ejemplo, las moléculas de hidrógeno, H–H, y flúor, F–F, contienen enlaces covalentes sencillos con simetría sigma. Sin embargo, sus longitudes y energías de enlace son diferentes. El enlace H–H es relativamente corto y fuerte, mientras que el enlace F–F es más largo y sorprendentemente débil. Estas diferencias no pueden explicarse únicamente señalando que ambos átomos comparten un par electrónico. También deben considerarse el tamaño de los orbitales, la eficacia del solapamiento, la repulsión entre los núcleos, la repulsión entre electrones y, en el caso del flúor, las intensas repulsiones entre sus numerosos pares no enlazantes.

Para alcanzar una descripción más completa del enlace covalente es necesario recurrir, al menos cualitativamente, a la mecánica cuántica. En química general se emplean principalmente dos modelos: la teoría del enlace de valencia y la teoría de orbitales moleculares. Ambas parten de la descripción cuántica de los electrones, pero organizan la información de manera diferente. Ninguna ofrece, en sus versiones elementales, una representación absoluta de todos los fenómenos moleculares; sin embargo, utilizadas conjuntamente, permiten interpretar la formación de enlaces, la geometría molecular, el magnetismo y numerosas propiedades espectroscópicas.

Teoría del enlace de valencia

La teoría del enlace de valencia conserva, en buena medida, la imagen de los átomos individuales dentro de una molécula. Según este modelo, un enlace covalente se forma cuando dos orbitales atómicos se solapan y alojan un par de electrones con espines opuestos. Los electrones enlazantes se encuentran principalmente en la región comprendida entre los núcleos, donde su carga negativa atrae simultáneamente a ambos núcleos positivos. Esta atracción reduce la energía potencial del sistema y estabiliza la molécula frente a los átomos separados.

La teoría de orbitales moleculares, en cambio, combina los orbitales atómicos para formar orbitales extendidos sobre toda la molécula. En esta representación, los electrones no se asignan necesariamente a un enlace localizado entre dos átomos, sino a orbitales moleculares que pueden abarcar varios núcleos. Este modelo explica con particular eficacia fenómenos como el magnetismo del oxígeno, la deslocalización electrónica y la existencia de orbitales enlazantes y antienlazantes. La teoría del enlace de valencia resulta especialmente útil para visualizar enlaces localizados, hibridación y geometrías, mientras que la teoría de orbitales moleculares ofrece una descripción más global de la distribución electrónica.

La formación de la molécula de hidrógeno, H₂, constituye el ejemplo más sencillo para introducir la teoría del enlace de valencia. Cada átomo de hidrógeno posee un electrón en un orbital 1s, cuya distribución esférica representa la probabilidad de encontrarlo alrededor del núcleo. Cuando los dos átomos están muy separados, sus interacciones son prácticamente despreciables y la energía del sistema puede tomarse como una referencia arbitraria. A medida que se aproximan, los orbitales 1s comienzan a solaparse y aumenta la probabilidad de encontrar ambos electrones en la región internuclear.

Figura 1. [Paul Dirac] fue un físico teórico británico y uno de los fundadores de la mecánica cuántica. Formuló la ecuación de Dirac, que integró la relatividad especial y explicó el espín electrónico, además de predecir la antimateria. Recibió el Premio Nobel de Física en 1933 junto con Erwin Schrödinger.

Figura 2. [Hendrika Johanna van Leeuwen] fue una física teórica neerlandesa destacada por sus estudios sobre el magnetismo. Demostró que la física clásica no puede explicar las propiedades magnéticas de la materia, resultado conocido como teorema de Bohr–Van Leeuwen. Fue profesora en Delft y una pionera de la participación femenina en la física académica.

El incremento de la densidad electrónica entre los núcleos produce una atracción electrostática que disminuye la energía potencial del sistema. Si durante el acercamiento se libera energía, la molécula resultante queda en un estado más estable que los átomos separados. La distancia a la cual la energía alcanza su valor mínimo corresponde a la longitud de enlace de equilibrio. En ese punto existe un balance entre las atracciones núcleo-electrón y las repulsiones electrón-electrón y núcleo-núcleo.

Si los núcleos se acercan más allá de la distancia de equilibrio, la energía aumenta rápidamente. Este incremento no se debe únicamente a la repulsión electrostática entre los núcleos positivos, sino también a la compresión de las distribuciones electrónicas y a restricciones cuánticas relacionadas con el principio de exclusión de Pauli. La curva de energía potencial adquiere entonces una pendiente fuertemente ascendente. En condiciones químicas ordinarias, esta barrera impide que los núcleos se aproximen hasta distancias nucleares. En las estrellas, la fusión nuclear puede ocurrir gracias a temperaturas y presiones extremas, combinadas con el efecto de túnel cuántico; este fenómeno pertenece a la física nuclear y no debe confundirse con la formación de un enlace químico.

Figura 3. [Energía vs distancia de enlace]. La energía potencial de H₂ depende de la distancia entre sus núcleos. Cuando los átomos se aproximan, la energía disminuye hasta alcanzar en E₂ una distancia de equilibrio estable. Si están demasiado separados no existe enlace, y si se acercan excesivamente predominan las repulsiones. La molécula se forma porque alcanza una configuración de menor energía.

La profundidad del mínimo de la curva representa aproximadamente la energía de disociación del enlace. Cuanto más profundo sea ese mínimo, mayor cantidad de energía será necesaria para separar los átomos. La posición horizontal del mínimo corresponde a la longitud de enlace: un mínimo situado a menor distancia indica un enlace más corto. De esta manera, la teoría cuántica permite relacionar la estructura molecular con magnitudes experimentales como la energía y la distancia de enlace.

La diferencia entre los enlaces H–H y F–F no depende simplemente de que el núcleo del flúor posea una carga positiva mayor. En H₂, los pequeños orbitales 1s se solapan eficazmente y los átomos carecen de electrones internos y pares no enlazantes. En F₂, los orbitales 2p son más grandes y difusos, y cada átomo de flúor conserva tres pares de electrones no enlazantes. La proximidad de estos pares genera repulsiones importantes que debilitan el enlace F–F. Por tanto, la energía y la longitud de un enlace resultan del equilibrio entre múltiples interacciones electrónicas y nucleares.

En términos generales, un enlace químico se forma cuando la disposición conjunta de los átomos posee una energía menor que la correspondiente a los átomos separados. Sin embargo, no basta con afirmar que los electrones atraen a los núcleos: también deben considerarse el solapamiento orbital, las repulsiones electrónicas, las cargas nucleares, el tamaño atómico, la simetría de los orbitales y las restricciones impuestas por la mecánica cuántica.

Enlaces covalentes sigma y pi

Los enlaces covalentes pueden clasificarse, según la simetría de su distribución electrónica, en enlaces sigma (σ) y enlaces pi (π). Esta distinción resulta fundamental para comprender la estructura de los enlaces sencillos, dobles y triples, así como la rotación molecular y la rigidez de determinadas estructuras. El nombre del enlace no depende exclusivamente del tipo de orbital atómico involucrado, sino de la simetría que presenta la densidad electrónica alrededor del eje internuclear.

Enlace sigma: Un enlace sigma se forma mediante el solapamiento frontal de dos orbitales a lo largo del eje que une los núcleos. Puede originarse por la combinación de orbitales s–s, s–p, p–p o de orbitales híbridos. La densidad electrónica se concentra principalmente en la región internuclear y presenta simetría cilíndrica alrededor del eje de enlace. Todos los enlaces covalentes sencillos poseen un único enlace sigma.

En los enlaces dobles y triples también existe solamente un enlace sigma; los enlaces adicionales son de tipo pi. Generalmente, el solapamiento frontal que origina el enlace sigma es más eficaz que el solapamiento lateral característico del enlace pi. Por esta razón, los enlaces sigma suelen constituir la contribución individual más fuerte dentro de un enlace múltiple. No obstante, la fuerza total de un enlace depende de los átomos involucrados, de sus orbitales y de las repulsiones presentes, por lo que no todos los enlaces sigma tienen la misma energía.

La simetría cilíndrica de un enlace sigma permite, en principio, la rotación alrededor del eje internuclear sin destruir el solapamiento. Sin embargo, la rotación real de una molécula también puede estar limitada por impedimentos estéricos, interacciones entre grupos vecinos, conjugación electrónica o geometrías cíclicas. Por ello, es más preciso afirmar que un enlace sigma aislado permite rotación que señalar que todos los enlaces sencillos rotan completamente libres.

Figura 4. [El enlace sigma] se forma mediante el solapamiento frontal de orbitales y concentra la densidad electrónica entre los núcleos. Solo describe enlaces covalentes, no interacciones iónicas. Presenta simetría cilíndrica, permite rotación como un tornillo y suele ser más estable y menos energético que un enlace pi. Es la representación más cercana a la línea de Lewis.

Enlace pi: Un enlace pi se forma mediante el solapamiento lateral de orbitales que poseen lóbulos situados a ambos lados del eje internuclear, normalmente orbitales p no hibridados. La densidad electrónica enlazante se distribuye por encima y por debajo del eje que une los núcleos, mientras que un plano nodal atraviesa dicho eje. En este plano, la probabilidad asociada al orbital pi es nula. Aunque suele representarse mediante dos regiones separadas, ambas pertenecen a un único orbital enlazante continuo.

La denominación pi se relaciona históricamente con los orbitales p, cuyas orientaciones permiten este tipo de solapamiento. Sin embargo, algunos orbitales d también pueden formar interacciones pi, especialmente en compuestos de metales de transición. En química general, los casos más comunes aparecen en los enlaces dobles y triples entre átomos de carbono, nitrógeno u oxígeno.

Un enlace doble está compuesto por un enlace sigma y un enlace pi, mientras que un enlace triple contiene un enlace sigma y dos enlaces pi mutuamente perpendiculares. Como el solapamiento lateral suele ser menos eficaz que el frontal, un enlace pi individual acostumbra ser más débil que un enlace sigma comparable. Sin embargo, un enlace doble completo es más fuerte que el enlace sencillo correspondiente, y un enlace triple suele ser aún más fuerte, aunque la energía total no equivale simplemente a la suma de enlaces aislados.

Figura 5. [Enlace pi]. Aunque la figura procede de la teoría de orbitales moleculares, el interés principal es el orbital π enlazante, esencial en la teoría del enlace de valencia. Este posee dos grandes lóbulos alrededor de ambos átomos. Pueden interpretarse como regiones de alta probabilidad electrónica o como una onda de materia compartida por el par enlazante.

La rotación alrededor de un enlace pi interrumpiría el paralelismo de los orbitales y reduciría su solapamiento. Por ello, los enlaces dobles restringen fuertemente la rotación y producen estructuras relativamente rígidas. Esta característica explica la existencia de isómeros geométricos, como las formas cis y trans. La restricción rotacional no significa que el enlace pi sea siempre extremadamente inestable, sino que su ruptura o reorganización requiere una cantidad definida de energía y puede contribuir a la reactividad de las moléculas insaturadas.

En la determinación de la geometría molecular mediante modelos elementales, cada enlace múltiple se cuenta como una sola región electrónica porque los enlaces sigma y pi conectan los mismos dos átomos y siguen el mismo eje internuclear. No obstante, los electrones pi sí afectan la distribución electrónica, la longitud de enlace, la rigidez molecular, la polarizabilidad y la reactividad. Por tanto, no deben considerarse irrelevantes, sino integrados dentro de una misma región de enlace.

Teoría de repulsión de pares electrónicos de la capa de valencia

La teoría de repulsión de pares electrónicos de la capa de valencia, conocida como TRPECV o VSEPR, es un modelo cualitativo utilizado para predecir la geometría de numerosas moléculas covalentes. Parte de una idea sencilla: las regiones de densidad electrónica que rodean al átomo central se repelen entre sí y adoptan una distribución espacial que minimiza esas repulsiones. Estas regiones pueden corresponder a enlaces sencillos, dobles o triples, así como a pares de electrones no enlazantes.

Figura 6. La TRPECV predice la [geometría molecular] según la repulsión entre regiones de densidad electrónica alrededor del átomo central. Estas regiones incluyen enlaces y pares libres, que se separan al máximo. Los pares libres repelen con mayor intensidad, reducen los ángulos y modifican la forma. El modelo distingue entre geometría electrónica y molecular.

Aunque la TRPECV suele enseñarse junto con la hibridación de orbitales, ambos modelos no son equivalentes ni dependen estrictamente uno del otro. La TRPECV predice la disposición geométrica a partir del número de dominios electrónicos alrededor del átomo central. La hibridación, por su parte, es una construcción matemática de la teoría del enlace de valencia que combina orbitales atómicos para producir nuevos orbitales orientados en direcciones compatibles con determinadas geometrías. En consecuencia, la geometría puede predecirse mediante TRPECV sin realizar primero una hibridación.

El procedimiento comienza con la construcción de una estructura de Lewis razonable. A partir de ella se identifica el átomo central y se cuentan las regiones de densidad electrónica que lo rodean. Cada enlace sencillo, doble o triple se considera una región, mientras que cada par no enlazante constituye otra. Con esta información se determina la geometría electrónica, es decir, la disposición de todas las regiones alrededor del centro molecular. Posteriormente se establece la geometría molecular, que describe únicamente la posición de los átomos y no muestra directamente los pares no enlazantes.

La notación habitual del modelo es AXₘEₙ, donde A representa el átomo central, X los átomos enlazados y E los pares de electrones no enlazantes. Una especie AX₂ sin pares libres suele ser lineal; AX₃, trigonal plana; AX₄, tetraédrica; AX₅, bipiramidal trigonal; y AX₆, octaédrica. Cuando aparecen pares no enlazantes, estos ocupan parte del espacio y modifican los ángulos de enlace, dando origen a geometrías como angular, piramidal trigonal, balancín o cuadrada plana.

Las repulsiones no poseen todas la misma intensidad. En términos generales, la interacción entre dos pares no enlazantes es mayor que la existente entre un par no enlazante y un par enlazante, y esta última supera a la repulsión entre dos pares enlazantes. Los pares no enlazantes se encuentran atraídos principalmente por un solo núcleo y suelen ocupar una región espacial más extensa. Por ello, comprimen los ángulos formados entre los enlaces vecinos.

La TRPECV es una regla heurística, no una teoría cuántica completa. Funciona especialmente bien para muchas moléculas de los elementos representativos, pero presenta limitaciones en compuestos de metales de transición, moléculas con electrones deslocalizados y especies cuyos orbitales tienen energías muy próximas. Aun así, su sencillez la convierte en una herramienta extremadamente útil para relacionar las estructuras de Lewis con la forma tridimensional de las moléculas.

Hibridación de orbitales

La hibridación es un modelo perteneciente a la teoría del enlace de valencia. Consiste en combinar matemáticamente orbitales atómicos de un mismo átomo para formar un conjunto de orbitales híbridos equivalentes y orientados en direcciones determinadas. Estos orbitales permiten representar enlaces localizados compatibles con las geometrías observadas experimentalmente.

En el modelo más sencillo, dos regiones electrónicas suelen asociarse con hibridación sp y geometría lineal; tres regiones, con sp² y geometría trigonal plana; y cuatro regiones, con sp³ y geometría tetraédrica. En cursos introductorios también se emplean las denominaciones sp³d y sp³d² para cinco y seis regiones electrónicas. Sin embargo, en muchas moléculas hipervalentes modernas estas descripciones deben interpretarse con cautela, pues la participación real de orbitales d puede ser mucho menor de lo sugerido por el modelo elemental.

Para aplicar conjuntamente la estructura de Lewis, la TRPECV y la hibridación puede seguirse una secuencia ordenada. Primero se cuentan los electrones de valencia y se construye una estructura de Lewis. Después se identifica el átomo central y se determina el número de enlaces y pares no enlazantes. A continuación se cuentan los dominios electrónicos y se predicen la geometría electrónica y la geometría molecular. Finalmente, si resulta útil, se asigna una hibridación compatible con esa disposición y se distinguen los enlaces sigma y pi.

Figura 7. [La hibridación] combina funciones de onda atómicas para formar orbitales híbridos orientados hacia otros átomos. En sp³, un orbital s y tres p producen cuatro orbitales equivalentes, con lóbulos mayores favorables al solapamiento sigma. En sp² y sp permanecen orbitales p sin hibridar, capaces de formar enlaces pi y explicar geometrías moleculares y enlaces múltiples con distintas orientaciones espaciales posibles.

La combinación de estos modelos permite comprender de manera cualitativa la organización tridimensional de muchas moléculas. Sin embargo, debe recordarse que las cajas, flechas, orbitales híbridos y pares localizados son representaciones simplificadas. La estructura electrónica real está descrita por funciones de onda y distribuciones de densidad que pueden extenderse sobre varios átomos. Los modelos químicos no reproducen directamente toda la realidad cuántica, pero permiten organizar la evidencia experimental y realizar predicciones útiles sobre la geometría, la energía y la reactividad molecular.

Referencias

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Figura. La hibridación

La hibridación describe, dentro de la teoría del enlace de valencia, cómo funciones de onda atómicas se combinan matemáticamente para producir nuevos orbitales orientados hacia los átomos vecinos. Por eso no debe esperarse que un átomo enlazado conserve las formas idealizadas de un átomo aislado. Las figuras con aspecto de “flor”, como suelen llamarlas algunos estudiantes, representan orbitales puros en condiciones simplificadas. Cuando el átomo participa en una molécula, su distribución electrónica responde al entorno, la geometría y la presencia de otros núcleos. La hibridación ofrece un modelo útil para explicar por qué orbitales distintos pueden originar regiones equivalentes de densidad electrónica.

En una hibridación sp³, por ejemplo, un orbital s y tres orbitales p se combinan linealmente para generar cuatro orbitales híbridos equivalentes. Cada uno presenta un lóbulo mayor, orientado hacia el exterior, y un lóbulo menor de fase opuesta. La densidad no desaparece del lóbulo pequeño, pero su probabilidad relativa disminuye, mientras aumenta en la dirección donde será eficaz el solapamiento con otro átomo. Esta redistribución favorece enlaces sigma, porque concentra la densidad electrónica sobre el eje internuclear. No se trata de que el electrón “salte” de una forma a otra, sino de que la función de onda se representa mediante una combinación adaptada al enlace.

La idea requiere una precisión importante: no todos los orbitales p se hibridan necesariamente. En los esquemas sp² queda un orbital p sin hibridar, capaz de solaparse lateralmente y formar un enlace pi; en sp permanecen dos orbitales p disponibles para dos enlaces pi. Por tanto, la hibridación reorganiza algunos orbitales para producir enlaces sigma más dirigidos, mientras conserva otros cuando la molécula necesita enlaces múltiples. Su valor didáctico consiste en relacionar geometría molecular, orientación orbital y tipo de enlace, sin confundir el modelo con una fotografía literal e inmóvil del átomo.

Figura. Enlace sigma

El enlace sigma (σ) es un enlace covalente formado por el solapamiento frontal de dos orbitales a lo largo del eje que une los núcleos. La densidad electrónica se concentra entre ambos núcleos y presenta simetría cilíndrica alrededor del eje internuclear. Esta descripción solo se aplica a sustancias con enlaces covalentes verdaderos, donde existe una región electrónica compartida entre átomos; no debe trasladarse directamente a los compuestos iónicos, cuya estabilidad depende principalmente de la atracción electrostática entre iones extendida por toda la red cristalina. Los enlaces sigma pueden surgir por el solapamiento de orbitales s, p o híbridos, y constituyen siempre el primer enlace formado entre dos átomos.

Una propiedad característica del enlace sigma es que permite la rotación alrededor del eje internuclear sin perder significativamente el solapamiento. Puede compararse con un tornillo que gira dentro de una tuerca: los cuerpos unidos pueden rotar mientras se conserva el eje común. Sin embargo, esta rotación no siempre es completamente libre, porque puede estar limitada por el tamaño de los grupos unidos, la presencia de anillos, la conjugación electrónica o impedimentos mecánicos entre los átomos. En contraste, los enlaces pi requieren orbitales paralelos y restringen mucho más la rotación. Por ello, los enlaces sencillos sigma suelen proporcionar mayor flexibilidad estructural a las moléculas.

El solapamiento frontal suele ser más eficaz que el lateral, de modo que el enlace sigma posee, en general, un estado energético más bajo y una estabilidad mayor que un enlace pi comparable. Esta estabilidad contribuye a que muchos enlaces sencillos presenten una reactividad relativamente baja, aunque su comportamiento también depende de la polaridad, la longitud y los átomos enlazados. Además, el enlace sigma es el que más se aproxima a la tradicional línea de Lewis dibujada entre dos símbolos químicos, pues representa una conexión localizada entre dos núcleos mediante un par electrónico compartido. En enlaces dobles y triples existe siempre un solo enlace sigma, acompañado por uno o dos enlaces pi.

Figura. Enlace pi

Aunque la imagen utiliza recursos propios de la teoría de orbitales moleculares, como la combinación de fases y la distinción entre orbitales π y π*, aquí nos centraremos en el orbital π enlazante, porque resulta esencial para la teoría del enlace de valencia. Desde esta perspectiva, el enlace π se forma cuando dos orbitales atómicos p paralelos se solapan lateralmente. Si los lóbulos que se enfrentan poseen la misma fase, ocurre una interferencia constructiva que concentra la densidad electrónica alrededor de los dos núcleos. Esta región compartida reduce la energía del sistema y estabiliza la molécula. En los enlaces dobles, el enlace π acompaña siempre a un enlace sigma formado previamente sobre el eje internuclear.

La característica más importante del enlace π es su forma espacial. El solapamiento lateral produce dos grandes lóbulos continuos, uno por encima y otro por debajo del eje que une los núcleos. En conjunto, la distribución puede imaginarse como una especie de rosquilla dividida en dos regiones, que rodea simultáneamente a los dos átomos. Entre ambos lóbulos existe un plano nodal que contiene el eje internuclear, donde la función de onda cambia de fase y su valor es cero. Por esta razón, la densidad electrónica del enlace π no se concentra directamente sobre el eje, como ocurre en un enlace sigma, sino alrededor de él. Esta geometría también restringe la rotación, porque girar uno de los átomos rompería el paralelismo necesario entre los orbitales p.

Esta representación puede entenderse desde dos interpretaciones de la mecánica cuántica. Según la interpretación probabilística de Max Born, los lóbulos indican regiones donde existe una alta probabilidad de encontrar el par de electrones enlazantes. Desde una interpretación ondulatoria, el par electrónico constituye una distribución de materia ondulante, descrita por una onda extendida sobre ambos átomos y dividida en dos lóbulos por el plano nodal. En ambos casos, el enlace π no debe imaginarse como electrones girando alrededor de los núcleos, sino como una distribución cuántica compartida que estabiliza la molécula.

Figura. Energía vs distancia de enlace.

La figura representa la energía potencial de la molécula de hidrógeno, H₂, en función de la distancia internuclear entre dos átomos de hidrógeno. Cuando los átomos se encuentran muy separados, sus interacciones son casi despreciables y la energía del sistema se aproxima al nivel E₁, tomado como referencia. En estas condiciones, cada átomo conserva su electrón en un orbital 1s independiente y todavía no existe una molécula estable. A medida que ambos átomos se aproximan, comienza el solapamiento orbital y aumenta la densidad electrónica entre los núcleos. Los electrones atraen simultáneamente a los dos protones, provocando una disminución progresiva de la energía total del sistema.

El punto E₂ corresponde a la distancia de equilibrio, donde la energía potencial alcanza su valor mínimo. En esta posición, las atracciones entre núcleos y electrones compensan las repulsiones existentes entre los dos electrones y entre los dos núcleos positivos. La molécula H₂ es entonces más estable que los dos átomos separados, porque posee una energía menor. La diferencia entre E₁ y E₂ se relaciona con la energía de enlace, es decir, la energía liberada durante la formación de la molécula y la cantidad que debe suministrarse para romper el enlace y separar nuevamente los átomos. Por ello, la longitud de enlace no es arbitraria, sino que corresponde a la distancia donde se alcanza el equilibrio energético más favorable.

Si los núcleos se acercan más allá de E₂, la energía aumenta rápidamente hacia E₃. En esta región predominan la repulsión nuclear, la repulsión electrónica y las restricciones cuánticas asociadas a la compresión de las distribuciones electrónicas. En consecuencia, la molécula no puede permanecer estable a distancias demasiado pequeñas. La curva muestra que el enlace químico surge porque existe una separación específica donde el sistema alcanza un estado de baja energía. Así, una molécula se forma cuando las fuerzas atractivas y repulsivas producen una configuración más estable que la correspondiente a los átomos aislados o excesivamente próximos.

Figura. Geometría molecular

La figura resume la teoría de repulsión de pares de electrones de valencia, conocida como TRPECV o VSEPR, utilizada para predecir la geometría molecular a partir de las regiones de densidad electrónica que rodean al átomo central. Estas regiones incluyen los enlaces covalentes y los pares de electrones no enlazantes. El modelo supone que todas se repelen y se distribuyen en el espacio para minimizar la repulsión. Por ello, dos regiones originan una geometría electrónica lineal; tres, trigonal plana; cuatro, tetraédrica; cinco, bipiramidal trigonal; y seis, octaédrica. Cada disposición representa la separación más favorable entre los dominios.

La figura distingue entre geometría electrónica y geometría molecular. La primera considera todas las regiones de densidad electrónica, incluidos los pares libres, mientras que la segunda describe únicamente la posición de los átomos enlazados. Así, una distribución trigonal plana sin pares libres produce una molécula trigonal plana, pero con un par libre origina una geometría angular. De manera semejante, una distribución tetraédrica puede producir formas tetraédricas, piramidales trigonales o angulares, según contenga cero, uno o dos pares no enlazantes. En sistemas con cinco o seis regiones aparecen geometrías como balancín, forma de T, piramidal cuadrada, cuadrada plana y lineal.

Los pares libres ejercen una repulsión mayor que los pares enlazantes porque su densidad electrónica está menos restringida entre dos núcleos y ocupa una región más amplia. Como consecuencia, comprimen los ángulos de enlace y modifican la forma molecular. Los enlaces dobles y triples se cuentan como una sola región, aunque suelen repeler ligeramente más que un enlace sencillo. Las casillas grises representan combinaciones que no corresponden a disposiciones habituales dentro del modelo. Aunque la TRPECV es una aproximación cualitativa y presenta limitaciones, resulta muy útil para relacionar las estructuras de Lewis con la forma tridimensional, la polaridad y propiedades químicas de las moléculas.

Figuira. Hendrika Johanna van Leeuwen

 Hendrika Johanna van Leeuwen (1887–1974) fue una física teórica neerlandesa reconocida por sus aportes fundamentales al estudio del magnetismo. Nació en La Haya y perteneció a una de las primeras generaciones de mujeres que accedieron a estudios universitarios de física en los Países Bajos. Estudió en la Universidad de Leiden, donde trabajó bajo la orientación del prestigioso físico Hendrik Antoon Lorentz. En 1919 obtuvo su doctorado con una investigación dedicada a la teoría electrónica del magnetismo, en una época en que la participación femenina en la ciencia todavía enfrentaba importantes barreras institucionales y culturales. (Wikipedia)

Su principal contribución fue demostrar que la física clásica, incluso cuando incorpora partículas cargadas sometidas a un campo magnético y en equilibrio térmico, no puede explicar adecuadamente el magnetismo de la materia. Esta conclusión, obtenida independientemente por Niels Bohr, se conoce actualmente como el teorema de Bohr–Van Leeuwen. El resultado mostró que fenómenos como el diamagnetismo y el paramagnetismo requieren una descripción basada en la mecánica cuántica. Su tesis ofreció un análisis particularmente amplio del problema y fue publicada posteriormente en francés, contribuyendo a difundir una idea decisiva para el desarrollo de la física moderna del magnetismo. (Wikipedia)

En 1920 ingresó a la Escuela Técnica Superior de Delft, actual Universidad Tecnológica de Delft, donde trabajó durante más de tres décadas. Inicialmente ocupó el cargo de asistente y supervisó prácticas de laboratorio, responsabilidades docentes que limitaron parcialmente su producción investigadora. En 1947 fue nombrada profesora lectora de física teórica y aplicada, convirtiéndose en la primera mujer en alcanzar ese rango académico en Delft. Se retiró en 1952 y falleció en 1974. Aunque durante mucho tiempo su figura recibió escasa atención histórica, hoy se reconoce que su trabajo estableció una frontera clara entre la física clásica y la teoría cuántica del magnetismo, asegurándole un lugar importante en la historia de la ciencia. (Wikipedia)

Figura. Paul Dirac

 Paul Adrien Maurice Dirac (1902–1984) fue un físico teórico británico y una de las figuras más influyentes en el desarrollo de la mecánica cuántica del siglo XX. Nació en Bristol, Inglaterra, y estudió ingeniería eléctrica antes de orientarse hacia las matemáticas y la física en la Universidad de Cambridge. Su extraordinaria capacidad para el razonamiento abstracto lo convirtió en uno de los principales protagonistas de la llamada edad de oro de la física cuántica, junto con científicos como Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger, Niels Bohr y Wolfgang Pauli. Con un estilo reservado y profundamente analítico, Dirac buscó expresar las leyes fundamentales de la naturaleza mediante formulaciones matemáticas elegantes y simples, una característica que marcó toda su producción científica.

Su mayor contribución fue la formulación de la ecuación de Dirac en 1928, una teoría que unificó la mecánica cuántica con la relatividad especial de Albert Einstein para describir el comportamiento de los electrones. Esta ecuación explicó de manera natural la existencia del espín electrónico y el momento magnético del electrón, además de predecir la existencia de una nueva clase de partículas con la misma masa pero carga opuesta. Poco después, esta predicción fue confirmada experimentalmente con el descubrimiento del positrón, la primera antipartícula conocida, lo que dio origen al concepto moderno de antimateria. Sus investigaciones también contribuyeron al desarrollo de la electrodinámica cuántica, la teoría cuántica de campos y la notación matemática conocida como bra-ket, ampliamente utilizada para representar estados cuánticos.

En reconocimiento a sus aportes científicos, Dirac recibió el Premio Nobel de Física en 1933, compartido con Erwin Schrödinger, por el descubrimiento de nuevas formas productivas de la teoría atómica. Durante gran parte de su carrera fue profesor en la Universidad de Cambridge, donde formó a numerosos investigadores y consolidó la física teórica moderna. Más tarde continuó su labor académica en la Universidad Estatal de Florida. Su legado permanece como uno de los pilares de la física moderna, ya que sus ideas sustentan áreas como la física de partículas, la computación cuántica, la teoría cuántica de campos y el estudio de las interacciones fundamentales que gobiernan el universo.

lunes, 27 de julio de 2026

Tabla periódica, bloques y electrones de valencia

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Las configuraciones electrónicas no solo describen la distribución de los electrones en un átomo, sino que también explican la organización de la tabla periódica. Los elementos situados en una misma columna o grupo presentan configuraciones electrónicas de valencia semejantes y, por ello, comparten propiedades químicas. Por ejemplo, los elementos del grupo 1 poseen una configuración externa del tipo ns¹, mientras que los del grupo 13 presentan una configuración ns²np¹. A medida que se desciende por un grupo aumenta el valor del número cuántico principal (n), pero la distribución de los electrones de valencia conserva el mismo patrón. Esta regularidad explica por qué los elementos de un mismo grupo reaccionan de manera similar y forman familias químicas con propiedades características.

Un dibujo de una persona con un traje de color negro

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Figura 1. [Wolfgang Pauli] fue un físico teórico austríaco y uno de los fundadores de la mecánica cuántica. Formuló el principio de exclusión, base de las configuraciones electrónicas y la tabla periódica, e introdujo el concepto de espín electrónico. También propuso la existencia del neutrino y recibió el Premio Nobel de Física en 1945.

Figura 2. [Michelle Simmons] es una física cuántica australiana de origen británico, pionera en computación cuántica basada en silicio. Ha desarrollado dispositivos con átomos individuales, impulsando el diseño de qubits y circuitos cuánticos. Fundadora de Silicon Quantum Computing, su trabajo ha convertido la investigación cuántica en una plataforma para futuras tecnologías de información.

El número total de orbitales presentes en un nivel principal es igual a ; por tanto, los niveles n = 1, 2, 3 y 4 contienen 1, 4, 9 y 16 orbitales, respectivamente. Como cada orbital puede alojar un máximo de dos electrones, la capacidad total de cada nivel es 2n², es decir, 2, 8, 18 y 32 electrones. Esta relación se refleja directamente en la estructura de la tabla periódica, cuyas filas largas contienen precisamente 2, 8, 18 o 32 elementos. Asimismo, la tabla puede dividirse en cuatro bloques electrónicos, definidos por el tipo de orbital que se está ocupando durante el llenado electrónico. El bloque s, situado a la izquierda, posee 2 columnas porque los orbitales s admiten dos electrones. El bloque p, situado a la derecha, tiene 6 columnas; el bloque d, correspondiente a los metales de transición, posee 10 columnas; y el bloque f, formado por lantánidos y actínidos, presenta 14 columnas. Estas cantidades coinciden exactamente con la capacidad máxima de los subniveles s, p, d y f, respectivamente.

Figura 3. [Bloques de la tabla périódica]. La tabla periódica se organiza en los bloques s, p, d y f, definidos por el tipo de orbital que se llena. Sus 2, 6, 10 y 14 columnas corresponden a la capacidad máxima de cada subnivel. Esta disposición permite relacionar directamente la configuración electrónica con la posición y las propiedades de cada elemento químico.

La ubicación de un elemento dentro de uno de estos bloques permite deducir rápidamente gran parte de su configuración electrónica. Por ejemplo, los elementos de los bloques s y p, llamados elementos representativos, siguen un patrón muy regular y su configuración puede obtenerse directamente a partir de su posición en la tabla. En cambio, los metales de transición y los elementos del bloque f presentan algunas excepciones debido a que las diferencias de energía entre ciertos subniveles son muy pequeñas. Estas desviaciones, como ocurre en el cromo, el cobre o algunos lantánidos, muestran que las reglas de Aufbau y Madelung constituyen excelentes aproximaciones, aunque la configuración electrónica definitiva siempre debe establecerse a partir de la evidencia experimental.

Electrones de valencia

Los electrones de valencia son los electrones que participan directamente en la formación de los enlaces químicos y, por ello, determinan la mayor parte de las propiedades químicas de un elemento. En los elementos representativos corresponden, en general, a los electrones situados en el nivel principal más externo, es decir, el de mayor valor de n. Cuando dos átomos forman un enlace covalente, cada uno aporta uno o más electrones de valencia para constituir pares electrónicos compartidos. En consecuencia, la reactividad, la valencia, la facilidad para ganar o perder electrones y muchas otras propiedades químicas dependen principalmente de la configuración electrónica de esta capa externa.

En los metales de transición y en los elementos del bloque f, la situación es más compleja. En estos casos, además de los electrones del nivel más externo, también pueden participar en los enlaces los electrones de los subniveles (n−1)d o (n−2)f, ya que poseen energías muy próximas. Por ello, la capa de valencia de estos elementos no coincide necesariamente con el nivel principal de mayor valor de n, sino que incluye todos los orbitales con energías suficientemente similares para intervenir en las reacciones químicas. Esta es la razón por la que estos elementos presentan una gran variedad de estados de oxidación y una química mucho más diversa que la de los elementos representativos.

Los gases nobles poseen su capa de valencia completamente llena y, por ello, presentan una estabilidad extraordinaria y una reactividad muy baja. En contraste, los elementos con uno o dos electrones de valencia tienden a perderlos fácilmente para formar cationes, mientras que aquellos a los que les faltan uno o dos electrones para completar la capa suelen captarlos o compartirlos mediante enlaces covalentes. Los electrones de valencia también pueden absorber energía y pasar a estados excitados, o incluso abandonar completamente el átomo durante un proceso de ionización. Cuando regresan a niveles de menor energía emiten fotones, fenómeno responsable de los espectros atómicos.

Composición de la capa de valencia y reglas de estabilidad

La capa de valencia está formada por los orbitales que pueden participar en la formación de enlaces químicos. En los elementos representativos corresponde a los orbitales ns y np del nivel más externo. En los metales de transición también deben considerarse los orbitales incompletos (n−1)d, mientras que en los lantánidos y actínidos participan además los orbitales (n−2)f. Aunque estos orbitales pueden pertenecer a diferentes niveles principales, poseen energías semejantes y, por ello, pueden intervenir simultáneamente en las reacciones químicas.

Una tendencia muy importante en química es la llamada regla del octeto, según la cual los elementos representativos tienden a adquirir una configuración semejante a la de un gas noble, completando ocho electrones en su capa de valencia (ns²np⁶). Esta tendencia explica la formación de gran parte de los compuestos iónicos y covalentes estudiados en química general. Sin embargo, la regla del octeto no es universal. Existen numerosas excepciones, como las moléculas con octeto incompleto, las de octeto expandido y muchas especies con un número impar de electrones.

De manera análoga, en muchos metales de transición aparece la llamada regla de los 18 electrones, según la cual una gran cantidad de complejos metálicos alcanzan una estabilidad elevada cuando la suma de los electrones presentes en los orbitales s, p y d de valencia es igual a dieciocho. Al igual que la regla del octeto, esta constituye una tendencia empírica y no una ley absoluta. Existen numerosos compuestos estables que no cumplen exactamente esta condición. Por ello, tanto la regla del octeto como la regla de los 18 electrones deben entenderse como herramientas útiles para interpretar y predecir el comportamiento químico, pero siempre subordinadas a la evidencia experimental y a la teoría cuántica que describe la estructura electrónica de los átomos.

Referencias

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