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Una vez comprendida
la distribución electrónica de los átomos individuales, surge una
cuestión fundamental: ¿por qué algunos átomos se enlazan entre sí mientras que
otros, como los gases nobles, permanecen casi siempre separados? También
es necesario explicar por qué las moléculas presentan determinadas geometrías,
por qué ciertos enlaces son más largos o más fuertes que otros y cómo la
reorganización de los electrones modifica la energía del sistema. Las
estructuras de Lewis permiten representar los electrones de valencia y predecir
muchas fórmulas químicas, pero no describen de manera completa la distribución
espacial de los electrones ni las diferencias energéticas entre enlaces
aparentemente semejantes.
Por ejemplo, las
moléculas de hidrógeno, H–H, y flúor, F–F, contienen enlaces
covalentes sencillos con simetría sigma. Sin embargo, sus longitudes y
energías de enlace son diferentes. El enlace H–H es relativamente corto y
fuerte, mientras que el enlace F–F es más largo y sorprendentemente débil.
Estas diferencias no pueden explicarse únicamente señalando que ambos átomos
comparten un par electrónico. También deben considerarse el tamaño de los
orbitales, la eficacia del solapamiento, la repulsión entre los núcleos, la
repulsión entre electrones y, en el caso del flúor, las intensas repulsiones
entre sus numerosos pares no enlazantes.
Para alcanzar una
descripción más completa del enlace covalente es necesario recurrir, al
menos cualitativamente, a la mecánica cuántica. En química general se
emplean principalmente dos modelos: la teoría del enlace de valencia y
la teoría de orbitales moleculares. Ambas parten de la descripción
cuántica de los electrones, pero organizan la información de manera diferente.
Ninguna ofrece, en sus versiones elementales, una representación absoluta de
todos los fenómenos moleculares; sin embargo, utilizadas conjuntamente,
permiten interpretar la formación de enlaces, la geometría molecular, el
magnetismo y numerosas propiedades espectroscópicas.
Teoría del enlace de valencia
La teoría del
enlace de valencia conserva, en buena medida, la imagen de los átomos
individuales dentro de una molécula. Según este modelo, un enlace covalente se
forma cuando dos orbitales atómicos se solapan y alojan un par de
electrones con espines opuestos. Los electrones enlazantes se encuentran
principalmente en la región comprendida entre los núcleos, donde su carga
negativa atrae simultáneamente a ambos núcleos positivos. Esta atracción reduce
la energía potencial del sistema y estabiliza la molécula frente a los átomos
separados.
La teoría de
orbitales moleculares, en cambio, combina los orbitales atómicos para
formar orbitales extendidos sobre toda la molécula. En esta representación, los
electrones no se asignan necesariamente a un enlace localizado entre dos
átomos, sino a orbitales moleculares que pueden abarcar varios núcleos.
Este modelo explica con particular eficacia fenómenos como el magnetismo del
oxígeno, la deslocalización electrónica y la existencia de orbitales enlazantes
y antienlazantes. La teoría del enlace de valencia resulta especialmente útil
para visualizar enlaces localizados, hibridación y geometrías, mientras que la
teoría de orbitales moleculares ofrece una descripción más global de la
distribución electrónica.
La formación de la
molécula de hidrógeno, H₂, constituye el ejemplo más sencillo para
introducir la teoría del enlace de valencia. Cada átomo de hidrógeno posee un
electrón en un orbital 1s, cuya distribución esférica representa la
probabilidad de encontrarlo alrededor del núcleo. Cuando los dos átomos están
muy separados, sus interacciones son prácticamente despreciables y la energía
del sistema puede tomarse como una referencia arbitraria. A medida que se
aproximan, los orbitales 1s comienzan a solaparse y aumenta la probabilidad de
encontrar ambos electrones en la región internuclear.
Figura 1. [Paul
Dirac] fue un físico teórico británico y uno de los fundadores de la
mecánica cuántica. Formuló la ecuación de Dirac, que integró la
relatividad especial y explicó el espín electrónico, además de predecir la antimateria.
Recibió el Premio Nobel de Física en 1933 junto con Erwin Schrödinger.
Figura 2. [Hendrika
Johanna van Leeuwen] fue una física teórica neerlandesa
destacada por sus estudios sobre el magnetismo. Demostró que la física
clásica no puede explicar las propiedades magnéticas de la materia, resultado
conocido como teorema de Bohr–Van Leeuwen. Fue profesora en Delft y una
pionera de la participación femenina en la física académica.
El incremento de la
densidad electrónica entre los núcleos produce una atracción
electrostática que disminuye la energía potencial del sistema. Si durante el
acercamiento se libera energía, la molécula resultante queda en un estado más
estable que los átomos separados. La distancia a la cual la energía alcanza su
valor mínimo corresponde a la longitud de enlace de equilibrio. En ese
punto existe un balance entre las atracciones núcleo-electrón y las repulsiones
electrón-electrón y núcleo-núcleo.
Si los núcleos se
acercan más allá de la distancia de equilibrio, la energía aumenta rápidamente.
Este incremento no se debe únicamente a la repulsión electrostática entre los
núcleos positivos, sino también a la compresión de las distribuciones electrónicas
y a restricciones cuánticas relacionadas con el principio de exclusión de
Pauli. La curva de energía potencial adquiere entonces una pendiente
fuertemente ascendente. En condiciones químicas ordinarias, esta barrera impide
que los núcleos se aproximen hasta distancias nucleares. En las estrellas, la fusión
nuclear puede ocurrir gracias a temperaturas y presiones extremas,
combinadas con el efecto de túnel cuántico; este fenómeno pertenece a la física
nuclear y no debe confundirse con la formación de un enlace químico.
Figura 3. [Energía
vs distancia de enlace]. La energía potencial de H₂ depende de la distancia
entre sus núcleos. Cuando los átomos se aproximan, la energía disminuye
hasta alcanzar en E₂ una distancia de equilibrio estable. Si están
demasiado separados no existe enlace, y si se acercan excesivamente predominan
las repulsiones. La molécula se forma porque alcanza una configuración de menor
energía.
La profundidad del
mínimo de la curva representa aproximadamente la energía de disociación
del enlace. Cuanto más profundo sea ese mínimo, mayor cantidad de energía será
necesaria para separar los átomos. La posición horizontal del mínimo
corresponde a la longitud de enlace: un mínimo situado a menor distancia indica
un enlace más corto. De esta manera, la teoría cuántica permite relacionar la
estructura molecular con magnitudes experimentales como la energía y la
distancia de enlace.
La diferencia entre
los enlaces H–H y F–F no depende simplemente de que el núcleo del flúor posea
una carga positiva mayor. En H₂, los pequeños orbitales 1s se solapan
eficazmente y los átomos carecen de electrones internos y pares no enlazantes.
En F₂, los orbitales 2p son más grandes y difusos, y cada átomo de flúor
conserva tres pares de electrones no enlazantes. La proximidad de estos pares
genera repulsiones importantes que debilitan el enlace F–F. Por tanto, la
energía y la longitud de un enlace resultan del equilibrio entre múltiples
interacciones electrónicas y nucleares.
En términos
generales, un enlace químico se forma cuando la disposición conjunta de los
átomos posee una energía menor que la correspondiente a los átomos
separados. Sin embargo, no basta con afirmar que los electrones atraen a los
núcleos: también deben considerarse el solapamiento orbital, las repulsiones
electrónicas, las cargas nucleares, el tamaño atómico, la simetría de los
orbitales y las restricciones impuestas por la mecánica cuántica.
Enlaces covalentes sigma y pi
Los enlaces
covalentes pueden clasificarse, según la simetría de su distribución
electrónica, en enlaces sigma (σ) y enlaces pi (π). Esta
distinción resulta fundamental para comprender la estructura de los enlaces
sencillos, dobles y triples, así como la rotación molecular y la rigidez de
determinadas estructuras. El nombre del enlace no depende exclusivamente del
tipo de orbital atómico involucrado, sino de la simetría que presenta la
densidad electrónica alrededor del eje internuclear.
Enlace sigma: Un enlace sigma se forma mediante el solapamiento frontal de dos
orbitales a lo largo del eje que une los núcleos. Puede originarse por la
combinación de orbitales s–s, s–p, p–p o de orbitales híbridos. La densidad
electrónica se concentra principalmente en la región internuclear y presenta
simetría cilíndrica alrededor del eje de enlace. Todos los enlaces covalentes
sencillos poseen un único enlace sigma.
En los enlaces
dobles y triples también existe solamente un enlace sigma; los enlaces
adicionales son de tipo pi. Generalmente, el solapamiento frontal que origina
el enlace sigma es más eficaz que el solapamiento lateral característico del
enlace pi. Por esta razón, los enlaces sigma suelen constituir la contribución
individual más fuerte dentro de un enlace múltiple. No obstante, la fuerza
total de un enlace depende de los átomos involucrados, de sus orbitales y de
las repulsiones presentes, por lo que no todos los enlaces sigma tienen la
misma energía.
La simetría
cilíndrica de un enlace sigma permite, en principio, la rotación alrededor
del eje internuclear sin destruir el solapamiento. Sin embargo, la rotación
real de una molécula también puede estar limitada por impedimentos estéricos,
interacciones entre grupos vecinos, conjugación electrónica o geometrías
cíclicas. Por ello, es más preciso afirmar que un enlace sigma aislado permite
rotación que señalar que todos los enlaces sencillos rotan completamente
libres.
Figura 4. [El
enlace sigma] se forma mediante el solapamiento frontal de orbitales
y concentra la densidad electrónica entre los núcleos. Solo describe enlaces
covalentes, no interacciones iónicas. Presenta simetría cilíndrica,
permite rotación como un tornillo y suele ser más estable y menos energético
que un enlace pi. Es la representación más cercana a la línea de Lewis.
Enlace pi: Un enlace pi se forma mediante el solapamiento lateral de
orbitales que poseen lóbulos situados a ambos lados del eje internuclear,
normalmente orbitales p no hibridados. La densidad electrónica enlazante se
distribuye por encima y por debajo del eje que une los núcleos, mientras que un
plano nodal atraviesa dicho eje. En este plano, la probabilidad asociada al
orbital pi es nula. Aunque suele representarse mediante dos regiones separadas,
ambas pertenecen a un único orbital enlazante continuo.
La denominación pi
se relaciona históricamente con los orbitales p, cuyas orientaciones
permiten este tipo de solapamiento. Sin embargo, algunos orbitales d también
pueden formar interacciones pi, especialmente en compuestos de metales de
transición. En química general, los casos más comunes aparecen en los enlaces
dobles y triples entre átomos de carbono, nitrógeno u oxígeno.
Un enlace doble
está compuesto por un enlace sigma y un enlace pi, mientras que un enlace
triple contiene un enlace sigma y dos enlaces pi mutuamente perpendiculares.
Como el solapamiento lateral suele ser menos eficaz que el frontal, un enlace
pi individual acostumbra ser más débil que un enlace sigma comparable. Sin
embargo, un enlace doble completo es más fuerte que el enlace sencillo
correspondiente, y un enlace triple suele ser aún más fuerte, aunque la energía
total no equivale simplemente a la suma de enlaces aislados.
Figura 5. [Enlace
pi]. Aunque la figura procede de la teoría de orbitales moleculares,
el interés principal es el orbital π enlazante, esencial en la teoría
del enlace de valencia. Este posee dos grandes lóbulos alrededor de ambos
átomos. Pueden interpretarse como regiones de alta probabilidad electrónica
o como una onda de materia compartida por el par enlazante.
La rotación
alrededor de un enlace pi interrumpiría el paralelismo de los orbitales y
reduciría su solapamiento. Por ello, los enlaces dobles restringen fuertemente
la rotación y producen estructuras relativamente rígidas. Esta característica
explica la existencia de isómeros geométricos, como las formas cis y
trans. La restricción rotacional no significa que el enlace pi sea siempre
extremadamente inestable, sino que su ruptura o reorganización requiere una
cantidad definida de energía y puede contribuir a la reactividad de las moléculas
insaturadas.
En la determinación
de la geometría molecular mediante modelos elementales, cada enlace múltiple se
cuenta como una sola región electrónica porque los enlaces sigma y pi conectan
los mismos dos átomos y siguen el mismo eje internuclear. No obstante, los electrones
pi sí afectan la distribución electrónica, la longitud de enlace, la rigidez
molecular, la polarizabilidad y la reactividad. Por tanto, no deben
considerarse irrelevantes, sino integrados dentro de una misma región de
enlace.
Teoría de repulsión de pares electrónicos de la capa de valencia
La teoría de
repulsión de pares electrónicos de la capa de valencia, conocida como TRPECV
o VSEPR, es un modelo cualitativo utilizado para predecir la geometría
de numerosas moléculas covalentes. Parte de una idea sencilla: las regiones de
densidad electrónica que rodean al átomo central se repelen entre sí y adoptan
una distribución espacial que minimiza esas repulsiones. Estas regiones pueden
corresponder a enlaces sencillos, dobles o triples, así como a pares de
electrones no enlazantes.
Figura 6. La TRPECV predice la [geometría
molecular] según la repulsión entre regiones de densidad electrónica
alrededor del átomo central. Estas regiones incluyen enlaces y pares libres,
que se separan al máximo. Los pares libres repelen con mayor intensidad,
reducen los ángulos y modifican la forma. El modelo distingue entre geometría
electrónica y molecular.
Aunque la TRPECV
suele enseñarse junto con la hibridación de orbitales, ambos modelos no
son equivalentes ni dependen estrictamente uno del otro. La TRPECV predice la
disposición geométrica a partir del número de dominios electrónicos alrededor
del átomo central. La hibridación, por su parte, es una construcción matemática
de la teoría del enlace de valencia que combina orbitales atómicos para
producir nuevos orbitales orientados en direcciones compatibles con
determinadas geometrías. En consecuencia, la geometría puede predecirse
mediante TRPECV sin realizar primero una hibridación.
El procedimiento
comienza con la construcción de una estructura de Lewis razonable. A
partir de ella se identifica el átomo central y se cuentan las regiones de
densidad electrónica que lo rodean. Cada enlace sencillo, doble o triple se
considera una región, mientras que cada par no enlazante constituye otra. Con
esta información se determina la geometría electrónica, es decir, la
disposición de todas las regiones alrededor del centro molecular.
Posteriormente se establece la geometría molecular, que describe
únicamente la posición de los átomos y no muestra directamente los pares no
enlazantes.
La notación
habitual del modelo es AXₘEₙ, donde A representa el átomo central, X los
átomos enlazados y E los pares de electrones no enlazantes. Una especie AX₂ sin
pares libres suele ser lineal; AX₃, trigonal plana; AX₄, tetraédrica; AX₅,
bipiramidal trigonal; y AX₆, octaédrica. Cuando aparecen pares no enlazantes,
estos ocupan parte del espacio y modifican los ángulos de enlace, dando origen
a geometrías como angular, piramidal trigonal, balancín o cuadrada plana.
Las repulsiones no
poseen todas la misma intensidad. En términos generales, la interacción entre
dos pares no enlazantes es mayor que la existente entre un par no enlazante y
un par enlazante, y esta última supera a la repulsión entre dos pares enlazantes.
Los pares no enlazantes se encuentran atraídos principalmente por un solo
núcleo y suelen ocupar una región espacial más extensa. Por ello, comprimen los
ángulos formados entre los enlaces vecinos.
La TRPECV es una regla
heurística, no una teoría cuántica completa. Funciona especialmente bien
para muchas moléculas de los elementos representativos, pero presenta
limitaciones en compuestos de metales de transición, moléculas con electrones
deslocalizados y especies cuyos orbitales tienen energías muy próximas. Aun
así, su sencillez la convierte en una herramienta extremadamente útil para
relacionar las estructuras de Lewis con la forma tridimensional de las
moléculas.
Hibridación de orbitales
La hibridación
es un modelo perteneciente a la teoría del enlace de valencia. Consiste en
combinar matemáticamente orbitales atómicos de un mismo átomo para formar un
conjunto de orbitales híbridos equivalentes y orientados en direcciones
determinadas. Estos orbitales permiten representar enlaces localizados
compatibles con las geometrías observadas experimentalmente.
En el modelo más
sencillo, dos regiones electrónicas suelen asociarse con hibridación sp
y geometría lineal; tres regiones, con sp² y geometría trigonal plana; y
cuatro regiones, con sp³ y geometría tetraédrica. En cursos
introductorios también se emplean las denominaciones sp³d y sp³d² para cinco y
seis regiones electrónicas. Sin embargo, en muchas moléculas hipervalentes
modernas estas descripciones deben interpretarse con cautela, pues la
participación real de orbitales d puede ser mucho menor de lo sugerido por el
modelo elemental.
Para aplicar
conjuntamente la estructura de Lewis, la TRPECV y la hibridación puede seguirse
una secuencia ordenada. Primero se cuentan los electrones de valencia y
se construye una estructura de Lewis. Después se identifica el átomo central y
se determina el número de enlaces y pares no enlazantes. A continuación se
cuentan los dominios electrónicos y se predicen la geometría electrónica y la
geometría molecular. Finalmente, si resulta útil, se asigna una hibridación
compatible con esa disposición y se distinguen los enlaces sigma y pi.
Figura 7. [La
hibridación] combina funciones de onda atómicas para formar orbitales
híbridos orientados hacia otros átomos. En sp³, un orbital s y tres p
producen cuatro orbitales equivalentes, con lóbulos mayores favorables al solapamiento
sigma. En sp² y sp permanecen orbitales p sin hibridar, capaces de formar enlaces
pi y explicar geometrías moleculares y enlaces múltiples con distintas
orientaciones espaciales posibles.
La combinación de
estos modelos permite comprender de manera cualitativa la organización
tridimensional de muchas moléculas. Sin embargo, debe recordarse que las cajas,
flechas, orbitales híbridos y pares localizados son representaciones
simplificadas. La estructura electrónica real está descrita por funciones de
onda y distribuciones de densidad que pueden extenderse sobre varios átomos.
Los modelos químicos no reproducen directamente toda la realidad cuántica, pero
permiten organizar la evidencia experimental y realizar predicciones útiles
sobre la geometría, la energía y la reactividad molecular.
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