En una hibridación sp³, por ejemplo, un orbital s y tres orbitales p se combinan linealmente para generar cuatro orbitales híbridos equivalentes. Cada uno presenta un lóbulo mayor, orientado hacia el exterior, y un lóbulo menor de fase opuesta. La densidad no desaparece del lóbulo pequeño, pero su probabilidad relativa disminuye, mientras aumenta en la dirección donde será eficaz el solapamiento con otro átomo. Esta redistribución favorece enlaces sigma, porque concentra la densidad electrónica sobre el eje internuclear. No se trata de que el electrón “salte” de una forma a otra, sino de que la función de onda se representa mediante una combinación adaptada al enlace.
La idea requiere una precisión importante: no todos los orbitales p se hibridan necesariamente. En los esquemas sp² queda un orbital p sin hibridar, capaz de solaparse lateralmente y formar un enlace pi; en sp permanecen dos orbitales p disponibles para dos enlaces pi. Por tanto, la hibridación reorganiza algunos orbitales para producir enlaces sigma más dirigidos, mientras conserva otros cuando la molécula necesita enlaces múltiples. Su valor didáctico consiste en relacionar geometría molecular, orientación orbital y tipo de enlace, sin confundir el modelo con una fotografía literal e inmóvil del átomo.
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