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[Sistema esquelético]
A partir de los
componentes del esqueleto apendicular, la evolución de los vertebrados
produjo estructuras locomotoras extraordinariamente diversas. Una misma
extremidad ancestral puede funcionar actualmente como aleta, pata, brazo o
ala, dependiendo del linaje y de las presiones selectivas que hayan actuado
sobre él. El registro fósil permite reconstruir muchas de estas
transformaciones y relacionar forma, función y parentesco evolutivo.
Así, las alas de las aves permiten el vuelo, pero en pingüinos esas mismas
extremidades anteriores se transformaron secundariamente en eficientes aletas
para desplazarse bajo el agua. Del mismo modo, los miembros anteriores de
murciélagos, cetáceos y pinnípedos comparten un mismo origen profundo, aunque
funcionan respectivamente como alas, aletas y extremidades anfibias.
Estas
modificaciones no significan que la evolución pueda reconstruir libremente una
estructura desde cero. Cada linaje transforma aquello que ya ha heredado. Una
ballena, por ejemplo, conserva dentro de su aleta húmero, radio, ulna,
carpos, metacarpos y falanges, aunque una estructura diseñada
exclusivamente para nadar podría imaginarse de manera mucho más simple. Esta
dependencia de estructuras heredadas se relaciona con el concepto clásico de irreversibilidad
evolutiva o ley de Dollo: la evolución puede producir resultados
funcionalmente parecidos a condiciones anteriores, pero rara vez reconstruye
exactamente la misma anatomía mediante la misma trayectoria histórica.
Actualmente la ley se interpreta como una tendencia estadística, no como
una prohibición absoluta de las reversiones evolutivas (Collin & Miglietta,
2008; Goldberg & Igić, 2008).

Figura
1. [La
extremidad anterior de las aves] conserva un mismo plan óseo,
con húmero, radio, ulna, carpometacarpo y falanges. En aves voladoras
forma un ala flexible para sustentación y maniobra; en pingüinos se
vuelve una aleta rígida y robusta para nadar. Son estructuras homólogas
que muestran evolución divergente bajo diferentes presiones ambientales.
El esqueleto
apendicular incluye principalmente las extremidades pares y sus cinturas.
La cintura anterior se denomina cintura pectoral o escapular, mientras
la posterior recibe el nombre de cintura pélvica. En peces tempranos, la
cintura pectoral incluía componentes dérmicos estrechamente asociados con la
región posterior del cráneo, además de un componente endocondral denominado escapulocoracoides.
Durante la evolución hacia los tetrápodos, la cintura pectoral se separó del
cráneo, contribuyendo al origen de un cuello móvil. La cintura pélvica
siguió una trayectoria diferente: en peces suele encontrarse suspendida dentro
de la musculatura, sin una conexión fuerte con la columna, mientras en los
tetrápodos se conecta al sacro, permitiendo transmitir al tronco las
fuerzas producidas por las extremidades posteriores.

Figura
2. [Las
manus transformadas en aletas] de ballenas, manatíes, leones marinos
y focas conservan el patrón mamaliano de húmero, radio, ulna, carpos,
metacarpos y falanges. Sin embargo, cada linaje modificó proporciones,
movilidad e incluso número de falanges. Así, estructuras homólogas
evolucionaron convergentemente hacia superficies hidrodinámicas adaptadas a
diferentes estilos de propulsión y maniobra acuática.
Aletas
Las aletas
son superficies locomotoras que permiten producir empuje, estabilizar el cuerpo
y controlar su orientación dentro del agua. En un medio tridimensional, un pez
debe controlar movimientos de cabeceo, guiñada y balanceo, además de
acelerar, frenar y cambiar de dirección. Las aletas participan en todas estas
funciones, aunque su importancia relativa cambia según la forma corporal, el
estilo de natación y el ambiente.
Las aletas pueden
dividirse en pares e impares. Las pares son las pectorales y pélvicas,
presentes a ambos lados del cuerpo y estrechamente vinculadas con el origen
evolutivo de las extremidades de los tetrápodos. Las impares o medianas
incluyen las dorsales, anal y caudal. Estas últimas son verdaderas
aletas y no deben denominarse “falsas” simplemente porque no aparezcan por
parejas. Su desarrollo y organización esquelética, sin embargo, son distintos
de los apéndices pares.
No todos los
primeros vertebrados poseían el conjunto completo de aletas modernas. Muchos
vertebrados sin mandíbula tempranos carecían de aletas pares, aunque
podían presentar pliegues medianos, espinas o expansiones corporales. La
aparición de apéndices pares constituyó una innovación crucial dentro de los
gnatóstomos, pues proporcionó nuevas posibilidades para controlar la dirección
y posteriormente dio origen a las extremidades anteriores y posteriores de
Tetrapoda (Cole & Currie, 2012).
Las aletas combinan
generalmente un endoesqueleto proximal con tejidos de soporte distales.
En tiburones y rayas, la porción interna contiene cartílagos basales y
radiales, mientras la región externa está sostenida por ceratotriquios,
fibras de colágeno organizadas en haces. Por tanto, los ceratotriquios no son
barras de queratina ni significan que la aleta carezca de esqueleto
cartilaginoso: el endoesqueleto proximal sí está compuesto por cartílago.
Figura 4. Corte
transversal de una aleta de un condrictio. Se muestran los cartílagos internos y los ceratotriquios que sostienen
distalmente la membrana.
En los peces óseos
aparecen lepidotriquios, radios dérmicos mineralizados que forman gran
parte del soporte externo de las aletas. Cada lepidotriquio suele estar
dividido longitudinalmente en dos hemirradios y transversalmente en segmentos
articulados, una construcción que combina resistencia y flexibilidad. En
el extremo distal pueden aparecer actinotriquios, estructuras de
colágeno no mineralizadas que participan especialmente durante el crecimiento y
desarrollo de la aleta (Davesne et al., 2023).

Figura
3. [Las
aletas de los peces] pueden ser pares —pectorales y pélvicas—
o medianas —dorsales, anal y caudal—. Las dorsales y la anal estabilizan
el cuerpo; las pectorales y pélvicas controlan maniobras, frenado y postura;
y la caudal suele generar gran parte de la propulsión. Juntas forman un
sistema hidrodinámico integrado para velocidad, equilibrio y dirección.
Los elementos
internos que articulan las aletas con las cinturas, como basales, radiales y
pterigióforos, pertenecen fundamentalmente al endoesqueleto endocondral.
En cambio, los lepidotriquios constituyen componentes del esqueleto dérmico.
Esta diferencia es importante porque durante la transición desde las aletas
sarcopterigias hacia las extremidades de los tetrápodos ocurrió una expansión
relativa del endoesqueleto distal y una reducción progresiva de los
radios dérmicos.

Figura
4. [Las
aletas de tiburones y peces óseos] combinan una base interna con
elementos distales flexibles. En tiburones, los cartílagos basales y
radiales sostienen ceratotriquios de colágeno. En peces óseos, aparecen basales,
radiales, lepidotriquios mineralizados y actinotriquios. La cintura
pectoral combina componentes endoesqueléticos y dérmicos y, durante la
evolución tetrápoda, se separó del cráneo favoreciendo un cuello móvil.
Aletas radiadas
Los actinopterigios,
o peces de aletas radiadas, constituyen actualmente el grupo más diverso de
vertebrados. Sus aletas se caracterizan porque gran parte de la superficie
distal está sostenida por numerosos radios dérmicos, mientras el
endoesqueleto interno suele ocupar una proporción relativamente pequeña del
apéndice. No existe necesariamente un único “hueso principal” equivalente a un
brazo; diferentes linajes presentan configuraciones distintas de basales,
radiales y pterigióforos.

Figura
5. [Una
aleta radiada] combina un endoesqueleto proximal con radios
dérmicos distales. Basales y radiales conectan la aleta con la cintura,
mientras los lepidotriquios sostienen la membrana y los actinotriquios
refuerzan su extremo. Esta organización permite flexibilidad, soporte y
control hidrodinámico, fundamentales para maniobrar, frenar, estabilizarse
y comprender la evolución posterior de las extremidades tetrápodas

Figura
6. [Pez
mariposa de hocico largo], Forcipiger longirostris, es un pez
arrecifal del Indo-Pacífico especializado en capturar pequeñas presas entre
corales. Su hocico extremadamente alargado, la protrusión mandibular y
la succión permiten alcanzar organismos escondidos. Sus amplias aletas
dorsal, anal y pectorales proporcionan gran maniobrabilidad, estabilidad y
frenado preciso dentro de ambientes coralinos estructuralmente complejos.
Las aletas pares se articulan con sus respectivas cinturas. La aleta pectoral se conecta con la cintura escapular, que en numerosos peces óseos mantiene conexiones con el cráneo mediante una serie de huesos dérmicos. La aleta pélvica, en cambio, suele articular con un basipterigio situado dentro de la pared corporal y normalmente no está conectada directamente con la columna vertebral. Esta diferencia anticipa una transformación fundamental de Tetrapoda: la futura cintura pélvica terminaría conectándose firmemente con el sacro, permitiendo que los miembros posteriores soportaran y propulsaran el cuerpo.

Figura
7. [El
esqueleto de Forcipiger longirostris] distingue aletas pares —pectorales
y pélvicas— de aletas medianas —dorsal, anal y caudal—. Las primeras
participan en maniobra y equilibrio, mientras las medianas aportan estabilidad
y propulsión. Sus espinas dorsales y anales son elementos especializados de
las aletas, y los lepidotriquios sostienen las membranas flexibles
durante la natación.
Las aletas medianas
tampoco son simples adornos. Las aletas dorsal y anal ayudan a limitar
el balanceo del cuerpo y pueden participar en maniobras precisas, mientras la
aleta caudal genera buena parte del empuje en muchas especies. Evolutivamente,
las aletas medianas son más antiguas que los apéndices pares y aparecen ya en vertebrados
tempranos.
La estructura
radiada permite modificar ampliamente la forma del apéndice sin necesidad de
transformar por completo el esqueleto proximal. Los lepidotriquios pueden alargarse,
ramificarse, reducirse o especializarse, produciendo aletas redondeadas,
puntiagudas, filamentosas o extremadamente amplias. Los radios poseen además
articulaciones y músculos capaces de cambiar individualmente su orientación,
convirtiendo la aleta en una superficie controlable y no simplemente en una
membrana rígida.
El estudio del
desarrollo confirma que las aletas pares y las extremidades comparten numerosos
mecanismos moleculares. Genes y señales como FGF, SHH, WNT y HOX
participan en la organización del eje proximodistal y anteroposterior tanto de
las aletas como de las extremidades. Estas similitudes no significan que una
mano sea simplemente una aleta alargada, sino que ambas estructuras
evolucionaron modificando programas embrionarios ancestrales compartidos
(Yano & Tamura, 2013; Onimaru et al., 2015).
Aletas lobuladas
Las aletas
lobuladas caracterizan a Sarcopterygia, grupo que incluye celacantos, peces
pulmonados y todos los tetrápodos. A diferencia del patrón dominante en los
actinopterigios, poseen un eje endoesquelético robusto que se proyecta
dentro de un lóbulo carnoso cubierto por musculatura. Sin embargo, las aletas
sarcopterigias presentan una enorme diversidad y no existe un único modelo que
pueda considerarse representativo de todas ellas.
En el pez pulmonado
australiano Neoceratodus forsteri, por ejemplo, las aletas pares son
largas y estrechas, con un eje segmentado central del cual parten numerosos
elementos hacia ambos lados. Los celacantos presentan una disposición distinta,
con un lóbulo muscular bien desarrollado y una organización endoesquelética
característica. Estos ejemplos modernos demuestran que las aletas lobuladas no
son simplemente “brazos incompletos”, sino estructuras funcionales
especializadas en sus propios linajes.

Figura
8. [Las
aletas de Neoceratodus forsteri] son lobuladas, largas y delgadas,
con un eje endoesquelético segmentado rodeado por músculos y radiales
preaxiales y postaxiales. Las aletas pectorales y pélvicas permiten maniobra,
apoyo y control corporal. Aunque conservan rasgos sarcopterigios
importantes, son especializaciones propias de los peces pulmonados modernos y
no representan directamente al ancestro de los tetrápodos.
La importancia
evolutiva de Sarcopterygia se vuelve especialmente evidente en los tetrapodomorfos
fósiles. En formas como Eusthenopteron pueden reconocerse un
elemento proximal comparable con el húmero, seguido por dos elementos
correspondientes aproximadamente a radio y ulna. Más distalmente
aparecen numerosos radiales y, finalmente, lepidotriquios. Esta combinación
muestra que buena parte del patrón proximal de las extremidades terrestres
existía antes de la aparición de dedos.

Figura
9. [Las
aletas lobuladas de los celacantos] poseen un endoesqueleto
robusto dentro de un lóbulo muscular. Sus aletas pectorales y pélvicas
combinan huesos, cartílagos, músculos y lepidotriquios, pero difieren en
movilidad y organización. Esta diversidad muestra que las extremidades
tetrápodas surgieron mediante reorganizaciones progresivas de aletas
sarcopterigias, no a partir directa de una aleta moderna de celacanto.
En Panderichthys,
la región distal muestra una reorganización todavía mayor. Estudios mediante
tomografía revelaron varios radiales distales con disposición semejante a
elementos precursores del autopodio, demostrando que la transformación
hacia una mano o un pie comenzó dentro de peces completamente acuáticos
(Boisvert et al., 2008). Esto también demuestra que la aparición de las
extremidades no estuvo provocada simplemente por la necesidad de caminar sobre
tierra.
El caso más
conocido es Tiktaalik roseae. Su aleta pectoral conserva radios
dérmicos, por lo que sigue siendo inequívocamente una aleta, pero
internamente presenta húmero, radio, ulna y una región distal articulada capaz
de flexionarse contra el sustrato. Las superficies articulares permitían
adoptar una postura en la cual el cuerpo podía apoyarse parcialmente sobre el
fondo, algo intermedio funcionalmente entre una aleta convencional y una
extremidad de tetrápodo (Shubin et al., 2006).

Figura
10. [Las
aletas lobuladas de los sarcopterigios] presentan gran diversidad
interna. En formas como Eusthenopteron aparecen húmero, radio, ulna y
elementos distales comparables con los de tetrápodos tempranos. Durante la
transición evolutiva, aumentó la importancia del endoesqueleto, mientras
los radios dérmicos disminuyeron. Esta transformación ocurrió como una evolución
en mosaico, no como una secuencia lineal hacia las extremidades terrestres.
Durante esta
transformación ocurrió un cambio fundamental en la proporción entre endoesqueleto
y dermatoesqueleto. Las aletas de los peces combinan huesos o cartílagos
internos con radios dérmicos distales. En los primeros tetrápodos con dedos,
como Acanthostega, los lepidotriquios de las extremidades pares ya
habían desaparecido y todo el miembro estaba formado por elementos
endoesqueléticos. El patrón finalmente quedó organizado en tres grandes
regiones: estilopodio —húmero o fémur—, zeugopodio —radio y ulna
o tibia y fíbula— y autopodio, que comprende muñeca o tobillo,
metapodios y dedos (Shubin et al., 2006; Diogo et al., 2018).
El término quiridio
se utiliza para describir la extremidad típica de los tetrápodos provista de
dedos. No debe considerarse una aleta concreta conservada sin cambios desde un
pez ancestral. Es el resultado de una extensa reorganización de una aleta
sarcopterigia ancestral, durante la cual los componentes endoesqueléticos
se expandieron distalmente, aparecieron articulaciones nuevas y los radios
dérmicos desaparecieron.
Esta transformación
tampoco produjo inmediatamente la mano de cinco dedos característica de muchos
amniotas. Acanthostega poseía ocho dedos en cada extremidad anterior,
mientras Ichthyostega presentaba siete en las posteriores. La condición
pentadáctila se estabilizó posteriormente en diferentes linajes. Estos fósiles
son especialmente importantes porque demuestran que primero apareció una
considerable diversidad digital y solo después ciertos patrones quedaron
restringidos evolutivamente.
Las extremidades
terrestres heredaron, por tanto, una historia mucho más antigua que la propia
vida sobre tierra firme. Húmero, radio, ulna, fémur y otros componentes tienen
precursores reconocibles dentro de aletas de peces fósiles. La transición no
representa el reemplazo repentino de una aleta por una pata, sino una evolución
en mosaico durante la cual cambiaron progresivamente cinturas,
articulaciones, musculatura, huesos distales y radios dérmicos. El registro
fósil permite observar muchas combinaciones intermedias, precisamente porque
distintas partes del sistema apendicular evolucionaron a ritmos diferentes.
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