A velocidades relativamente bajas, muchos peces extienden y mueven ampliamente las aletas pectorales, aumentando el control sobre giros, frenado, ascenso y descenso. En especies que utilizan locomoción labriforme, estas aletas pueden funcionar casi como alas acuáticas, generando fuerzas mediante movimientos oscilatorios. Su geometría tridimensional cambia durante cada ciclo: los radios se separan, flexionan y modifican la superficie expuesta al flujo. La forma y orientación de la aleta determinan así el equilibrio entre estabilidad y maniobrabilidad, permitiendo responder rápidamente a perturbaciones externas o cambios de trayectoria (Webb, 2015). PubMed
A mayores velocidades, algunos peces reducen la utilización de las aletas pares o las mantienen más próximas al cuerpo, mientras aumenta la participación del tronco y la aleta caudal. La comparación con el F-14 ayuda, por tanto, a visualizar un principio común: modificar una superficie móvil permite optimizar su funcionamiento según la velocidad. En peces, sin embargo, estas superficies son estructuras vivas, flexibles y controladas neuromuscularmente, capaces de cambiar simultáneamente ángulo, rigidez y curvatura. Esta plasticidad explica buena parte de la extraordinaria agilidad hidrodinámica de los vertebrados acuáticos (Triantafyllou et al., 2000). Annual Reviews
Paper sobre mecánica de las aletas pectorales · Paper sobre hidrodinámica de la natación

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