Sin embargo, esta secuencia debe entenderse como una hipótesis histórica, no como una transición fósil demostrada. No se conocen actualmente fósiles que documenten directamente una serie desde un arco branquial hasta una aleta pareada completa. Además, la hipótesis clásica explicaba mucho mejor la posible procedencia de la cintura pectoral que el origen de las aletas pélvicas. Aun así, estudios embrionarios modernos han descubierto similitudes interesantes: los arcos branquiales posteriores y la región pectoral pueden compartir poblaciones mesodérmicas y patrones regulatorios que incluyen señales como SHH y FGF. Estas coincidencias han reabierto parte de la antigua discusión sin confirmar literalmente el modelo de Gegenbaur. PubMed Central (PMC)
Una interpretación actual más cautelosa propone que la extremidad pectoral pudo tener un origen compuesto: parte de la cintura estaría relacionada evolutivamente con estructuras de la región cefálica, mientras la aleta propiamente dicha tendría una historia vinculada al tronco y a los programas de desarrollo de otros apéndices. Por ello, el esquema de transformación desde arco branquial → radios alargados → estructura arquipterigial resulta útil para comprender cómo pensaban los primeros anatomistas evolutivos, pero no representa una secuencia evolutiva comprobada. El origen de las aletas pares continúa investigándose mediante fósiles, embriología comparada y genética del desarrollo. Frontiers

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