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martes, 12 de mayo de 2026

Introducción a la ventilación.

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La ventilación se define como el proceso de intercambio de gases de importancia metabólica entre un ser vivo y su ambiente. No debe confundirse con la respiración, entendida en sentido estricto como el conjunto de reacciones químicas propias del metabolismo celular. En inglés, estas dos acepciones suelen diferenciarse mediante términos distintos: breathing, para referirse al movimiento o intercambio de aire con el medio, y respiration, para aludir a los procesos bioquímicos mediante los cuales las células obtienen energía. En español, en cambio, tendemos a usar la palabra respiración para ambos fenómenos, aunque nuestro idioma también permite distinguirlos conceptualmente. Por esta razón, hemos decidido denominar esta unidad ventilación y no respiración, ya que no profundizaremos en los procesos metabólicos celulares, sino en los mecanismos anatómicos, fisiológicos y evolutivos que permiten el intercambio gaseoso en los seres vivos.

Figura 1. [Respiración vs ventilación]. La ventilación o breathing es el movimiento de gases entre el ambiente y los pulmones: entra oxígeno y sale dióxido de carbono. La respiración celular ocurre en las mitocondrias, donde la glucosa usa oxígeno para producir ATP, agua y dióxido de carbono. Así, ventilar no produce energía; permite que las células respiren metabólicamente.

Tipos de ventilación

¿Cómo se intercambian los gases? Los seres humanos solemos imaginar los sistemas biológicos como redes de tubos, cisternas y conductos, pero el intercambio gaseoso no funciona simplemente como el paso de aire por una tubería. En realidad, los gases deben atravesar membranas biológicas cerradas, selectivas y continuas, sin grandes compuertas abiertas al exterior. Una célula, por ejemplo, no puede tener una abertura semejante a una fosa nasal, porque un poro permanente permitiría la entrada y salida descontrolada de agua, sales, moléculas y desechos, lo que destruiría su equilibrio interno. Por eso, el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono ocurre mediante procesos de paso a través de membranas, especialmente por difusión, siguiendo diferencias de concentración o presión parcial entre dos medios. En los organismos complejos, este intercambio se organiza en varios niveles.

La ventilación, también llamada respiración externa en algunos contextos, se refiere al intercambio de gases entre el ambiente y una superficie especializada, como la piel, las branquias, las tráqueas de insectos o los pulmones. Para que el gas cruce la membrana, debe estar disuelto en una película líquida, porque las superficies vivas son húmedas y sus membranas permiten el paso de gases en solución. Los animales acuáticos tienen ventaja en este punto, pues el oxígeno ya está disuelto en el agua. En cambio, los animales terrestres deben mantener húmedas sus superficies respiratorias mediante moco, líquidos protectores y, en los pulmones, sustancias como los surfactantes, que reducen la tensión superficial y favorecen la estabilidad del tejido respiratorio.

Después de la ventilación ocurre la perfusión, que corresponde al flujo de sangre u otros fluidos internos por los tejidos encargados de transportar gases. En los vertebrados, los capilares sanguíneos recogen oxígeno desde la superficie respiratoria y lo llevan hacia las células, al mismo tiempo que retiran el dióxido de carbono producido por el metabolismo. Así, el sistema respiratorio mejora la ventilación, mientras que el sistema circulatorio mejora la perfusión. Finalmente, las células utilizan el oxígeno en la respiración celular aeróbica, proceso metabólico que libera energía y produce dióxido de carbono como desecho. En resumen, el orden funcional es: ventilación en la superficie respiratoria, perfusión por el sistema circulatorio y respiración celular aeróbica dentro de las células.

Mecanismos de transporte

Estos mecanismos de transporte ya se mencionaron de pasada al estudiar la digestión, y volverán a aparecer con mayor profundidad cuando se aborde la célula. Sin embargo, no son exclusivos de esos temas: son procesos fundamentales para todos los sistemas biológicos, porque permiten mover agua, gases, iones, nutrientes y desechos a través de membranas. Por eso se repiten constantemente en el sistema digestivo, donde se absorben nutrientes; en el sistema circulatorio, donde se distribuyen sustancias; y en el sistema excretor, donde se eliminan residuos y se regula el equilibrio interno. En general, estos mecanismos explican cómo una célula conserva su homeostasis sin abrir poros descontrolados hacia el exterior.

Figura 2. [Mecanismos de transporte a través de membrana]. La membrana celular permite transporte por difusión, ósmosis, transporte facilitado y transporte activo. El paso pasivo mueve sustancias a favor del gradiente; el activo usa ATP para ir en contra. Fallas en acuaporinas, CFTR, SLC5A1 o ATP7B causan enfermedades como diabetes insípida, fibrosis quística, malabsorción glucosa-galactosa y enfermedad de Wilson.

El transporte pasivo ocurre cuando una sustancia se mueve a favor de su gradiente de concentración, es decir, desde una zona donde está más concentrada hacia otra donde está menos concentrada. No requiere gasto directo de energía, porque aprovecha el movimiento natural de las moléculas. Un caso especial es la ósmosis, que corresponde al movimiento de agua a través de una membrana semipermeable. En este proceso, el agua se desplaza hacia el lado donde hay mayor concentración de solutos, ayudando a equilibrar las concentraciones. La ósmosis es esencial para entender la absorción intestinal, la regulación del volumen celular, la función renal y el equilibrio de líquidos en los tejidos.

El transporte pasivo facilitado también ocurre a favor del gradiente, pero necesita proteínas de membrana porque algunas moléculas no pueden cruzar solas la bicapa lipídica. Estas proteínas pueden actuar como canales o transportadores específicos para sustancias como iones, glucosa o aminoácidos. En cambio, el transporte activo mueve sustancias en contra de su gradiente de concentración, desde donde hay menos hacia donde hay más. Para lograrlo, requiere energía celular, generalmente en forma de ATP, y proteínas especializadas llamadas bombas. Este mecanismo permite mantener diferencias de sodio, potasio, calcio, protones y otros solutos, indispensables para la nutrición, la transmisión nerviosa, la contracción muscular y la eliminación de desechos.

Capilaridad del epitelio de transporte

Además de los mecanismos de transporte a través de la membrana celular, muchos organismos presentan una especialización de sus superficies de intercambio que podemos relacionar con la capilaridad biológica. Una superficie capilar posee dos características principales: es muy delgada y ofrece una gran área de contacto con el medio. Además, suele mantenerse húmeda mediante mucosas, películas líquidas o secreciones que permiten disolver las sustancias antes de transportarlas. Por ejemplo, en las branquias de los peces, el agua pasa sobre láminas muy finas cubiertas por una superficie húmeda donde el oxígeno disuelto puede difundirse hacia la sangre. En los pulmones, los alvéolos también están cubiertos por una película líquida y surfactante, lo que facilita el intercambio gaseoso y evita el colapso de las paredes alveolares.

Como se ha mencionado en temas anteriores, los capilares sanguíneos funcionan como mecanismos integradores entre diferentes sistemas de órganos. En ellos, el endotelio capilar se vuelve extremadamente fino, de modo que las sustancias pueden atravesar distancias microscópicas entre la sangre y los tejidos. Los gases como el oxígeno y el dióxido de carbono cruzan estas barreras principalmente por transporte pasivo, siguiendo diferencias de presión parcial o concentración. El oxígeno se desplaza desde donde está más concentrado hacia donde está menos concentrado, mientras que el dióxido de carbono sigue el gradiente contrario. Así, los capilares conectan la ventilación del sistema respiratorio con la perfusión del sistema circulatorio y con las necesidades metabólicas de las células.

Figura 3. [Pliegues capilares]. El plegamiento capilar aumenta la superficie de intercambio sin cambiar el mecanismo básico de difusión. Una membrana plana permite poco flujo, mientras una superficie plegada ofrece más contacto con el medio. Así, oxígeno, dióxido de carbono, nutrientes o desechos cruzan con mayor eficiencia. Este principio aparece en branquias, alvéolos, intestino, riñones y redes capilares.

Las membranas celulares y los epitelios capilares actúan como barreras semipermeables: no son huecos abiertos, sino superficies selectivas que permiten el paso controlado de ciertas sustancias. Para que los gases crucen, normalmente deben estar disueltos en una película de agua o fluido biológico, porque las membranas vivas funcionan en ambientes húmedos. El equilibrio completo entre ambos lados de la membrana no debe alcanzarse en un animal vivo, porque eso significaría que ya no existe diferencia útil para mover oxígeno hacia los tejidos ni dióxido de carbono hacia el exterior. La vida depende precisamente de mantener gradientes mediante ventilación continua, circulación constante y consumo celular de oxígeno durante la respiración celular aeróbica.

La eficiencia de una superficie capilar depende de varios factores: menor grosor de la barrera, mayor superficie disponible, buen mantenimiento del gradiente y contacto permanente con el medio de intercambio. Como el paso de gases por difusión es un proceso físico, no basta con tener una membrana delgada; también conviene aumentar el área por donde ocurre el flujo. Esto puede lograrse mediante pliegues, como en las láminas de las branquias, o mediante ramificaciones, como en las redes de capilares sanguíneos que rodean los tejidos. Por eso, en los seres vivos encontramos dos grandes estrategias complementarias: superficies capilares plegadas para ampliar el contacto con el ambiente externo, y capilares ramificados para acercar la sangre a cada célula del cuerpo.

Confinamiento

Mientras muchos organismos pequeños o de cuerpo muy simple pueden realizar el intercambio gaseoso a través de casi toda su superficie corporal, esta estrategia se vuelve insuficiente en seres vivos de mayor tamaño, con cubiertas externas especializadas o con tejidos alejados del ambiente. Una hidra de agua dulce, Hydra vulgaris, o una planaria, Dugesia tigrina, pueden intercambiar oxígeno y dióxido de carbono directamente por difusión, porque sus cuerpos son delgados y sus células están cerca del exterior. En cambio, una lombriz de tierra, Lumbricus terrestris, aunque respira por la piel, necesita mantenerla siempre húmeda para que los gases se disuelvan antes de cruzar la epidermis. Esto muestra una condición clave: las superficies respiratorias deben ser delgadas, húmedas y permeables, pero esa misma permeabilidad aumenta el riesgo de desecación.

Figura 4. [Planarias. Dugesia spp]. Dugesia spp. son planarias de agua dulce, aplanadas, ciliadas y pequeñas, que intercambian gases por difusión corporal. Viven en charcas y arroyos, donde consumen invertebrados y restos orgánicos. Su importancia biológica radica en su extraordinaria regeneración, basada en neoblastos, lo que las convierte en modelo para estudiar células madre, desarrollo, sistema nervioso, comportamiento, medicina comparada y toxicología experimental.

En las plantas terrestres, el problema aparece porque la superficie corporal está protegida por una cutícula cerosa que reduce la pérdida de agua, pero también limita el paso libre de gases. Por eso plantas como el maíz, Zea mays, el fríjol, Phaseolus vulgaris, o el girasol, Helianthus annuus, emplean estomas, pequeñas aberturas regulables en hojas y tallos jóvenes. A través de ellos entra dióxido de carbono para la fotosíntesis y salen oxígeno y vapor de agua. Sin embargo, abrir estomas facilita el intercambio gaseoso, pero también incrementa la transpiración. Por esta razón, muchas plantas regulan la apertura estomática según la luz, la humedad y la disponibilidad de agua, equilibrando la captura de gases con la conservación hídrica.

En los animales superiores, el confinamiento corporal es todavía más evidente. Los artrópodos, como el saltamontes migratorio, Locusta migratoria, o la cucaracha americana, Periplaneta americana, poseen un exoesqueleto impermeable que reduce la pérdida de agua, pero impide respirar por toda la superficie; por eso usan espiráculos y tráqueas para conducir aire hacia los tejidos. En vertebrados, la trucha arcoíris, Oncorhynchus mykiss, usa branquias; la rana toro, Lithobates catesbeianus, combina piel y pulmones; y el ser humano, Homo sapiens, depende de pulmones, alvéolos, sangre y hemoglobina. En todos los casos, la evolución resolvió el mismo conflicto: proteger el cuerpo contra la desecación sin perder la capacidad de captar oxígeno, eliminar dióxido de carbono y distribuir gases hacia las células.

Referencias

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West, J. B., & Luks, A. M. (2021). West’s respiratory physiology: The essentials (11th ed.). Wolters Kluwer.

Figura. Planarias Dugesia spp


Dugesia spp. corresponde a un grupo de planarias de agua dulce, pertenecientes a los platelmintos tricladidos. Son animales de cuerpo aplanado, simetría bilateral, cabeza triangular o redondeada, manchas oculares simples y superficie ventral ciliada, que les permite deslizarse sobre piedras, hojas sumergidas y sedimentos. Viven en charcas, arroyos, lagunas y ambientes húmedos con materia orgánica, donde actúan como pequeños depredadores o carroñeros de invertebrados diminutos. Al carecer de pulmones, branquias y sistema circulatorio cerrado, intercambian oxígeno y dióxido de carbono por difusión a través de toda la superficie corporal, lo que explica su tamaño pequeño y su dependencia de medios acuáticos.

Su historia natural combina alimentación oportunista, conducta de búsqueda y gran capacidad de regeneración. Muchas especies capturan alimento mediante una faringe extensible, con la que succionan tejidos blandos o restos orgánicos. También muestran respuestas a la luz, sustancias químicas, contacto y disponibilidad de alimento. Algunas especies se reproducen sexualmente, con órganos reproductores complejos, mientras otras pueden multiplicarse por fisión: el cuerpo se divide y cada fragmento reconstruye las partes faltantes. Esta capacidad depende de células madre adultas llamadas neoblastos, capaces de producir nuevos tejidos y restaurar estructuras perdidas.

La importancia de Dugesia spp. para la biología se debe a que permite estudiar regeneración, células madre, polaridad corporal, desarrollo, sistema nervioso, comportamiento y toxicología en un organismo pequeño, barato y fácil de mantener en laboratorio. Especies como Dugesia japonica y Dugesia tigrina han sido usadas para analizar cómo un fragmento reconoce qué parte debe reconstruir: cabeza, cola, faringe, ojos o cerebro. Por eso las planarias son modelos valiosos para comprender la homeostasis anatómica, la plasticidad tisular y principios generales de la medicina regenerativa. Su valor educativo también es enorme, porque muestran en vivo la relación entre estructura, función, ambiente y evolución. 

Figura. Pliegues capilares

La imagen compara dos superficies de intercambio separadas por una barrera. A la izquierda, la membrana aparece casi plana, con pocas zonas de contacto entre el medio rico en partículas y el lado hacia donde deben pasar. Aunque existe un gradiente de concentración, representado por muchas partículas a un lado y menos al otro, el flujo solo puede ocurrir a través de una superficie limitada. En este caso, las flechas muestran un paso directo, pero relativamente restringido, porque la cantidad de membrana disponible para la difusión es pequeña. Esto representa un sistema poco eficiente cuando el organismo necesita intercambiar grandes cantidades de oxígeno, dióxido de carbono, nutrientes o desechos.

A la derecha, en cambio, la superficie se encuentra plegada, formando entrantes y salientes que aumentan mucho el área expuesta al medio. Aunque el grosor de la barrera puede seguir siendo muy delgado, el plegamiento multiplica los puntos donde las partículas pueden atravesar la membrana semipermeable. Por eso aparecen varias flechas en diferentes direcciones: el intercambio ya no depende de una sola línea de contacto, sino de una red amplia de superficies cercanas al fluido. Este principio es esencial en estructuras como las branquias, donde las láminas y laminillas aumentan el contacto con el agua, o en los alvéolos pulmonares, donde millones de pequeñas bolsas incrementan la superficie respiratoria.

La importancia del plegamiento capilar está en que mejora la eficiencia sin cambiar necesariamente el mecanismo básico de transporte. El oxígeno y el dióxido de carbono siguen moviéndose por difusión pasiva, a favor de sus gradientes de concentración o presión parcial; lo que cambia es la cantidad total de superficie disponible para que ocurra ese paso. En biología, aumentar superficie es una estrategia fundamental: aparece en intestino, pulmones, branquias, riñones y redes sanguíneas. Así, una estructura plegada permite más intercambio en menos espacio, mantiene gradientes activos y sostiene mejor el metabolismo celular del organismo.

Figura. Mecanismos de ransporte a través de membrana.

La imagen resume tres formas de transporte a través de la membrana celular. En la difusión simple, moléculas pequeñas como oxígeno y dióxido de carbono atraviesan la bicapa lipídica a favor de su gradiente, sin gasto de energía. Un caso especial es la ósmosis, donde el agua se mueve hacia la zona con mayor concentración de solutos. Cuando este equilibrio falla, aparecen problemas serios: por ejemplo, alteraciones de acuaporina 2 dificultan que el riñón concentre la orina, produciendo diabetes insípida nefrogénica, con pérdida excesiva de agua, sed intensa y riesgo de deshidratación.

El transporte pasivo facilitado también ocurre a favor del gradiente, pero necesita proteínas de membrana porque algunas sustancias no cruzan solas. Estas proteínas actúan como canales o transportadores específicos para iones, azúcares o aminoácidos. Un ejemplo clínico importante es la fibrosis quística, causada por defectos en CFTR, una proteína canal relacionada con el transporte de cloruro. Cuando este transporte falla, también se altera el movimiento de agua en los epitelios; el resultado es un moco espeso que afecta pulmones, páncreas, intestino y glándulas sudoríparas, favoreciendo infecciones respiratorias, mala digestión y pérdida elevada de sales.

El transporte activo requiere energía directa o indirecta para mover sustancias contra su gradiente. En la imagen aparece una proteína que usa ATP, como ocurre en muchas bombas celulares. También existen cotransportadores que aprovechan gradientes creados previamente, como SGLT1, encargado de absorber glucosa y galactosa en el intestino. Mutaciones en SLC5A1 pueden causar malabsorción de glucosa-galactosa, con diarrea grave y deshidratación desde etapas tempranas. Otro ejemplo es ATP7B, una bomba de cobre dependiente de ATP; cuando falla, se produce enfermedad de Wilson, con acumulación tóxica de cobre en hígado, cerebro y otros tejidos.

Figura. Respiración vs ventilación

La imagen diferencia dos procesos que en español suelen mezclarse bajo la palabra respiración, pero que en biología conviene separar. A la izquierda aparece la ventilación, llamada en inglés breathing, representada por la entrada de oxígeno y la salida de dióxido de carbono a través de los pulmones. Este proceso ocurre en el nivel del organismo completo: el aire entra por las vías respiratorias, llega a los alvéolos y permite el intercambio gaseoso con la sangre. Por tanto, la ventilación no produce energía directamente, sino que introduce el gas necesario para que las células puedan realizar sus procesos metabólicos.

A la derecha se muestra la respiración celular, llamada en inglés cellular respiration, que ocurre dentro de las células, especialmente en las mitocondrias. Allí, la glucosa procedente de los alimentos reacciona con el oxígeno transportado por la sangre. Como resultado se producen dióxido de carbono, agua y energía química almacenada en forma de ATP. En la ecuación de la imagen, la glucosa y el oxígeno son reactivos, mientras que el dióxido de carbono, el agua y el ATP son productos. Este sí es un proceso metabólico, porque transforma moléculas para liberar energía útil para la célula.

Por eso, la relación correcta es secuencial e integrada: primero ocurre la ventilación, que mueve gases entre el ambiente y los pulmones; luego la circulación sanguínea transporta oxígeno hacia los tejidos y retira dióxido de carbono; finalmente, la respiración celular aeróbica usa ese oxígeno para obtener energía. La confusión aparece porque en el lenguaje cotidiano decimos “respirar” para referirnos a inhalar y exhalar. Sin embargo, desde un punto de vista científico, inhalar y exhalar corresponden a ventilación, mientras que producir ATP dentro de las mitocondrias corresponde a respiración celular.

lunes, 11 de mayo de 2026

Proceso digestivo en vertebrados. Lengua

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1. Ver la siguiente presentación

[Proceso digestivo en vertebrados. La Lengua]

2. Calcar las siguientes ilustraciones en el cuaderno

[Hueso hioides]                                              [lengua humana]

[lengua protráctil adhesiva]                           [lengua bífida]

[lengua proyectable de camaleones]              [pseudodientes linguales]

[lengua de los félidos]

3. Transcribe el siguiente texto al cuaderno

(1) Anatomía de la lengua. La imagen muestra una vista lateral de la cabeza y el cuello, donde se relacionan cráneo, mandíbula, lengua, laringe, faringe y músculos profundos. En la parte inferior aparece el hueso hioides, pequeño, curvo y suspendido sobre el cartílago tiroides. Aunque suele omitirse en esquemas escolares del esqueleto humano por su tamaño y ubicación oculta, es esencial para comprender la anatomía funcional. No se articula directamente con otros huesos, sino que sirve como plataforma móvil para músculos de la lengua, la mandíbula y la laringe. Participa en la deglución, al elevar la laringe y proteger la tráquea; también interviene en masticación, fonación y modulación del habla, conectando sistemas óseo, muscular, digestivo y respiratorio.

(2) Niña sacando la lengua. La imagen muestra una persona con la lengua extendida, resaltando su gran movilidad y versatilidad funcional. La lengua es un órgano de músculo estriado esquelético formado por fibras intrínsecas, que cambian su forma, y fibras extrínsecas, que la desplazan dentro de la cavidad oral. En la digestión, mueve el alimento entre los dientes, lo mezcla con saliva, forma el bolo alimenticio e inicia la deglución hacia la faringe. También posee papilas gustativas que detectan sabores como dulce, salado, ácido, amargo y umami. En la comunicación, modula el aire junto con labios, dientes y paladar para articular sonidos. Así integra funciones digestivas, sensoriales, expresivas y lingüísticas esenciales.

(3) Rana cazando. La imagen muestra una rana arborícola capturando un insecto con su lengua protráctil adhesiva. El cuerpo inclinado, los ojos abiertos y la lengua extendida hacia una polilla resaltan una estrategia depredadora basada en velocidad, precisión y coordinación sensorial. En los anuros, clado Anura, la lengua está anclada anteriormente y libre en su extremo posterior, lo que permite proyectarla rápidamente. Su base se relaciona con el aparato hioideo, estructura que sostiene y coordina la proyección y retracción lingual. La lengua se adhiere mediante secreciones mucosas y luego vuelve a la boca con la presa. Los dedos largos y discos adhesivos indican adaptación arbórea, integrando visión, musculatura, esqueleto y caza especializada.

(4) Dragón de Komodo. La imagen muestra un varano, semejante al dragón de Komodo, Varanus komodoensis, con la lengua bífida extendida. En escamosos del clado Squamata, esta lengua funciona principalmente como órgano de quimiorrecepción, no como estructura muscular manipuladora. Sus dos puntas capturan partículas odoríferas del aire o del sustrato y las llevan al órgano vomeronasal u órgano de Jacobson, ubicado en el paladar. La bifurcación permite comparar señales químicas de ambos lados y detectar la dirección de presas, carroña, feromonas o rastros ambientales. Este sistema está muy desarrollado en varanos y serpientes, y complementa la visión y el olfato tradicional. La lengua bífida representa una adaptación evolutiva sensorial clave en lagartos y serpientes.

 

(5) Camaleón cazando. La imagen muestra un camaleón proyectando su lengua extensible para capturar un insecto, ejemplo de evolución convergente. Un mecanismo funcional semejante aparece en los anuros, es decir, ranas y sapos adultos del clado Anura. Aunque camaleones y anuros pertenecen a linajes distintos, reptiles escamosos y anfibios, ambos desarrollaron independientemente una proyección lingual rápida y precisa para capturar presas pequeñas. En los camaleones, la lengua usa músculos aceleradores, tejidos elásticos y una punta adhesiva que envuelve la presa. En los anuros, la lengua se proyecta por inversión rápida con apoyo del aparato hioideo. Este paralelismo muestra cómo la selección natural produce soluciones similares ante desafíos ecológicos equivalentes.

(6) Falsos dientes de lengua. La imagen muestra un pato cuya lengua está adaptada a la alimentación por filtración. Su superficie posee epitelio estratificado parcialmente queratinizado, lo que protege los tejidos frente al roce con sedimentos, plantas acuáticas y pequeños invertebrados. Como los patos no tienen dientes verdaderos, el pico y la lengua funcionan juntos para manipular el alimento. La presencia de pseudodentición lingual, formada por pequeñas proyecciones córneas sin esmalte ni dentina, aumenta la fricción y ayuda a retener partículas comestibles. Al tomar agua y sedimento, la lengua presiona el contenido contra las láminas internas del pico, expulsando el líquido y conservando semillas, algas o pequeños organismos. Así, la lengua actúa como herramienta de filtración, protección y selección alimentaria.

(7) La imagen muestra la lengua de un félido, como un tigre, adaptada para alimentación carnívora y acicalamiento. Su superficie es áspera por la presencia de papilas filiformes altamente queratinizadas, estructuras cónicas orientadas hacia atrás que recubren el dorso lingual. La queratina endurece estas papilas y les permite resistir el roce con carne, hueso y pelaje. Durante la alimentación, ayudan a raspar tejido muscular adherido al hueso y a dirigir el alimento hacia la garganta. Durante el aseo, funcionan como un cepillo biológico, removiendo pelo suelto, suciedad y parásitos. A diferencia de la lengua humana, más flexible y muscular, la lengua félida combina movilidad con rigidez córnea, optimizada para depredación, higiene y supervivencia.

4. Calcar las siguientes ilustraciones en el cuaderno y copiar su texto

[Jenny Clack]

domingo, 10 de mayo de 2026

Proceso digestivo en vertebrados. La lengua

Figura. Nervio hipogloso o par craneal XII


El nervio hipogloso, también llamado duodécimo par craneal o nervio craneal XII, es un nervio principalmente motor encargado de controlar la mayor parte de los músculos de la lengua. Nace en el bulbo raquídeo, sale del cráneo por el conducto hipogloso y desciende por el cuello hasta llegar a la región lingual. Inerva músculos intrínsecos, que modifican la forma de la lengua, y músculos extrínsecos, como el geniogloso, el hiogloso y el estilogloso, que permiten protruir, retraer, elevar o deprimir la lengua. Su función es esencial para la masticación, la deglución, la articulación del habla y la limpieza interna de la boca.

Cuando el nervio hipogloso se altera, aparecen problemas motores visibles en la lengua. Una lesión periférica puede causar debilidad, atrofia muscular, fasciculaciones y desviación de la lengua hacia el lado lesionado al sacarla. Esto ocurre porque el músculo geniogloso sano empuja con más fuerza que el afectado. Las personas pueden presentar disartria, es decir, dificultad para articular palabras, y disfagia, dificultad para tragar correctamente. En cambio, si la lesión está en las vías motoras superiores del encéfalo, como puede ocurrir en un accidente cerebrovascular, la desviación lingual puede seguir patrones diferentes y acompañarse de otros signos neurológicos.

Las enfermedades y anormalidades relacionadas con el hipogloso pueden originarse por traumatismos, tumores de base de cráneo, cirugías cervicales, accidentes cerebrovasculares, infecciones, neuropatías, compresiones vasculares o enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis lateral amiotrófica. También pueden existir alteraciones congénitas poco frecuentes, como desarrollo incompleto del nervio o de la musculatura lingual. Su evaluación médica incluye observar movimientos de la lengua, fuerza, simetría, reflejos asociados y posibles dificultades de habla o deglución. Aunque es pequeño y a veces se estudia poco, el nervio hipogloso demuestra que la función digestiva inicial depende de una coordinación precisa entre sistema nervioso, músculos, lengua, mandíbula, hioides y faringe.

Figura. Tetrapoda

Tetrapoda es un clado de vertebrados que agrupa a los tetrápodos propiamente dichos y a sus descendientes, incluso cuando las extremidades se modificaron, redujeron o perdieron. En la actualidad incluye anfibios, reptiles, aves y mamíferos, pero su origen se encuentra dentro de peces sarcopterigios de aletas carnosas. Por eso, en sentido evolutivo, los tetrápodos no aparecen como una creación separada de los peces, sino como una rama derivada de ciertos peces y sus linajes descendientes.

Antes de los tetrápodos formalmente reconocibles existieron tetrapodomorfos muy pisciformes, como Eusthenopteron, Panderichthys y Tiktaalik. Estos animales conservaban cuerpo de pez, aletas, cola acuática y cráneo bajo, pero ya mostraban rasgos cercanos a la vida en aguas someras: aletas robustas, cambios en el húmero, radio, cúbito, cuello más móvil y mayor relación entre respiración aérea y desplazamiento en fondos poco profundos. En cambio, fósiles como Acanthostega e Ichthyostega suelen considerarse tetrápodos tempranos más reconocibles, porque presentan dígitos y extremidades más claramente diferenciadas.

Sin embargo, toda esta etapa es profundamente transicional, y por eso es difícil trazar una línea rígida entre “pez” y “algo semejante a un anfibio primitivo”. Acanthostega, por ejemplo, tenía extremidades con dedos, pero también conservaba rasgos acuáticos muy marcados, como branquias internas y una cola con radios de aleta. Entre los fósiles más famosos destacan Tiktaalik, por su mezcla de pez y tetrápodo, e Acanthostega, cuyo nuevo material fue descrito por Jennifer A. Clack en 1988. Su trabajo mostró que los dedos aparecieron antes de una locomoción terrestre plenamente eficiente, cambiando la comprensión del origen de los tetrápodos

Figura. Hioides y lengua



La imagen presenta una vista lateral de la cabeza y el cuello, mostrando la relación entre el cráneo, la mandíbula, la lengua, la laringe y varios músculos profundos. En la parte inferior aparece el hueso hioides, una estructura pequeña, curva y suspendida, ubicada por encima del cartílago tiroides. Desde él se proyectan músculos como el geniohioideo, el hiogloso, el estilohioideo y el tirohioideo, que conectan la lengua, la mandíbula, la faringe y la laringe. También se observa el proceso estiloides del cráneo, desde donde descienden músculos relacionados con la movilidad lingual y faríngea.

El hioides es especial porque no se articula directamente con otros huesos, a diferencia de la mayoría del sistema esquelético. Permanece suspendido por músculos y ligamentos, funcionando como una plataforma móvil para la lengua y la parte superior de la vía digestiva y respiratoria. Su participación es clave en la deglución, porque ayuda a elevar la laringe cuando tragamos, protege la entrada de la tráquea y facilita el paso del alimento hacia el esófago. También interviene en la masticación, la fonación y la modulación fina del habla.

Muchas veces el hueso hioides se omite en dibujos escolares del esqueleto humano porque es pequeño, está oculto por tejidos blandos y no forma parte de las articulaciones óseas más visibles. Sin embargo, ignorarlo empobrece la comprensión de la anatomía funcional, porque este hueso conecta el sistema esquelético con el muscular, digestivo, respiratorio y fonador. Sin el hioides, la lengua perdería parte de su soporte, la deglución sería menos segura y la producción de sonidos sería menos precisa. Por eso debe considerarse una pieza central en el estudio integrado del cuello humano.

Proceso digestivo en vertebrados. Enfermedades del sistema digestivo

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Las enfermedades del tracto digestivo comprenden un conjunto amplio de alteraciones que afectan la ingestión, digestión, absorción y eliminación de los alimentos. Pueden comprometer órganos como el esófago, el estómago, el intestino delgado, el colon, el hígado, la vesícula biliar y el páncreas. Sus causas incluyen infecciones, inflamación crónica, trastornos autoinmunes, desequilibrios de la microbiota, obstrucciones, tumores, malos hábitos alimentarios y consumo excesivo de alcohol o medicamentos irritantes. Entre sus manifestaciones más frecuentes se encuentran dolor abdominal, náuseas, vómito, diarrea, estreñimiento, reflujo, sangrado digestivo y pérdida de peso. La prevención depende de una alimentación equilibrada, adecuada hidratación, higiene en la manipulación de alimentos, actividad física y consulta médica oportuna. El diagnóstico temprano permite tratar complicaciones, proteger la función intestinal y conservar el equilibrio general del organismo.

Región bucal

Las enfermedades de la región bucal incluyen alteraciones de labios, lengua, encías, dientes, paladar, mejillas y mucosa oral. Entre las más comunes se encuentran la caries, la gingivitis, la periodontitis, las aftas, el herpes labial, la candidiasis oral y la halitosis. Estas afecciones pueden alterar la masticación, la deglución, el habla y la percepción del sabor, además de comprometer la función protectora inicial del sistema digestivo. Sus causas más frecuentes se relacionan con mala higiene oral, consumo elevado de azúcares, sequedad bucal, tabaquismo, traumatismos, infecciones y enfermedades sistémicas.

Las enfermedades de las encías afectan los tejidos de soporte, protección y fijación de los dientes. La gingivitis es una inflamación superficial caracterizada por enrojecimiento, hinchazón y sangrado, especialmente durante el cepillado. Suele originarse por acumulación de placa bacteriana, formada por microorganismos, restos alimentarios y sustancias salivales adheridas a la superficie dental. Si no se controla, puede progresar hacia periodontitis, una enfermedad más profunda que destruye hueso, ligamentos y tejido gingival, provocando movilidad dental y posible pérdida de piezas.

Figura 1. La [endodoncia] es una especialidad odontológica que trata enfermedades de la pulpa dental mediante procedimientos como el tratamiento de conducto. Permite aliviar dolor, controlar infecciones, conservar dientes naturales y evitar extracciones innecesarias. Su importancia social está en mejorar la salud bucal y la calidad de vida. Como opción laboral, ofrece demanda, especialización tecnológica y trabajo clínico independiente o institucional estable.

Las lesiones de la mucosa oral comprenden aftas, úlceras, irritaciones traumáticas, quemaduras, mordeduras e infecciones virales o micóticas. Las aftas son lesiones pequeñas, dolorosas y redondeadas, con centro blanquecino, borde rojizo y aparición frecuente en lengua, mejillas o encías internas. El herpes labial produce vesículas, ardor y dolor cerca de los labios, generalmente asociado al virus del herpes simple. Estas alteraciones pueden dificultar la alimentación, la fonación y la higiene cotidiana, especialmente cuando causan dolor intenso o recurrencia frecuente.

También son importantes la caries dental, la candidiasis oral y la halitosis, porque reflejan desequilibrios locales del ecosistema bucal. La caries dental es una enfermedad muy común que ocurre cuando las bacterias de la boca forman una película pegajosa llamada placa bacteriana sobre los dientes. Estas bacterias utilizan los azúcares de los alimentos y bebidas para producir ácidos, los cuales atacan lentamente el esmalte dental, que es la capa dura y protectora del diente. Al comienzo, la caries puede verse como una mancha blanca, amarilla o marrón, pero si avanza puede formar una cavidad o “hueco” en el diente. Por eso, aunque al principio no siempre produce dolor, debe tratarse a tiempo para evitar daños más profundos.

Cuando la caries progresa, los ácidos atraviesan el esmalte y llegan a la dentina, una capa más interna y sensible. En esta etapa pueden aparecer molestias al consumir alimentos fríos, calientes o dulces, porque la dentina comunica mejor los cambios del exterior hacia el interior del diente. Si la lesión continúa, puede alcanzar la pulpa dental, donde se encuentran nervios y vasos sanguíneos. Esto puede causar dolor intenso, inflamación, infección e incluso la pérdida de la pieza dental. Además, una caries no tratada puede afectar la masticación, el sueño, la concentración escolar y la alimentación diaria.

La prevención de la caries dental depende principalmente de hábitos sencillos pero constantes. Es importante cepillarse los dientes con crema fluorada, limpiar entre los dientes con seda dental y reducir el consumo frecuente de bebidas azucaradas, dulces pegajosos y paquetes ultraprocesados. También ayuda tomar agua, comer frutas enteras, evitar picar azúcar durante todo el día y visitar al odontólogo para controles periódicos. El flúor fortalece el esmalte y lo hace más resistente al ataque ácido, mientras que una buena higiene elimina la placa antes de que cause daño. Cuidar los dientes no es solo cuestión de estética, sino de salud, alimentación y bienestar general.

Figura 2. El [cepillado diario] con flúor elimina restos, reduce placa bacteriana y protege el esmalte. La seda dental limpia espacios interdentales donde el cepillo no llega, y el enjuague complementa la higiene. Moderar dulces y bebidas azucaradas evita ambientes ácidos que favorecen caries. Estos hábitos fortalecen dientes, encías y salud bucal general en estudiantes y adultos cuando se practican con constancia.

El cepillo dental recomendado para la mayoría de las personas es de cerdas suaves, no duro, porque limpia la placa bacteriana sin lastimar las encías ni desgastar el esmalte. Un cepillo de cerdas duras puede parecer más eficaz, pero si se usa con fuerza puede causar sangrado, retracción de las encías, sensibilidad dental y daño progresivo en la superficie del diente. Lo más importante no es cepillar con fuerza, sino usar una técnica correcta: movimientos suaves, circulares o de barrido, durante al menos dos minutos, cubriendo dientes, encías y lengua. Para estudiantes de 11 a 15 años, lo ideal es usar un cepillo de cabeza pequeña, cerdas suaves y crema dental con flúor, cambiándolo cada tres meses o antes si las cerdas se abren.

Región esofágico-estomacal

Las enfermedades de la región esofágico-estomacal afectan principalmente el esófago, el cardias y el estómago, órganos encargados de transportar, recibir y procesar inicialmente los alimentos. Sus alteraciones pueden producir ardor, dolor, náuseas, vómito, sensación de llenura, dificultad para tragar o molestias en la parte superior del abdomen. Algunas enfermedades aparecen por exceso de ácido gástrico, debilidad del esfínter esofágico inferior, infecciones, irritación por medicamentos, consumo de alcohol, mala alimentación o inflamación de la mucosa digestiva. Aunque muchas molestias son pasajeras, los síntomas frecuentes deben atenderse porque pueden indicar daño persistente en la mucosa, el tejido protector que recubre internamente estos órganos.

Una enfermedad frecuente es el reflujo gastroesofágico, que ocurre cuando el contenido ácido del estómago asciende hacia el esófago. Esto causa pirosis o “agrieras”, regurgitación, sabor ácido en la boca, tos, ronquera o sensación de quemadura detrás del pecho. Cuando el reflujo se repite durante mucho tiempo, puede convertirse en enfermedad por reflujo gastroesofágico, irritando la mucosa esofágica y produciendo esofagitis. Si no se controla, puede favorecer úlceras, estrechamiento del esófago y cambios celulares conocidos como esófago de Barrett, especialmente en personas con reflujo crónico.

Figura 3. La [gastroenterología] es la especialidad médica que atiende enfermedades del aparato digestivo, incluyendo esófago, estómago, intestinos, hígado, vesícula, vías biliares y páncreas. Su importancia social está en aliviar síntomas, prevenir complicaciones, detectar lesiones tempranas y orientar hábitos saludables. Laboralmente, ofrece trabajo en clínicas, hospitales, endoscopia, investigación, docencia y consulta privada, combinando ciencia, tecnología, prevención y servicio médico especializado integral humano.

Figura 4. [Barry Marshall] fue un médico australiano que, junto con Robin Warren, demostró que Helicobacter pylori causa gastritis y úlceras. Al beber un cultivo bacteriano, desarrolló gastritis y luego se curó con antibióticos. Su descubrimiento transformó la gastroenterología, permitió tratar millones de pacientes y les dio el Premio Nobel de Medicina en 2005 por unir observación clínica microbiología y perseverancia científica.

En el estómago son importantes la gastritis y la úlcera péptica, dos enfermedades relacionadas con daño en la mucosa gástrica. La gastritis consiste en inflamación del revestimiento del estómago, y puede asociarse con infección por Helicobacter pylori, uso frecuente de antiinflamatorios, alcohol o irritantes digestivos. La úlcera péptica es una lesión más profunda, parecida a una herida interna, que puede aparecer en el estómago o en el duodeno. Sus síntomas incluyen dolor epigástrico, ardor, náuseas, llenura rápida y, en casos graves, sangrado digestivo o vómito con sangre.

La prevención de estas enfermedades depende de proteger la mucosa digestiva y evitar agresiones repetidas al esófago y al estómago. Conviene moderar alimentos muy grasosos, picantes o ácidos si producen molestias, evitar automedicarse con antiinflamatorios, no acostarse inmediatamente después de comer y mantener horarios alimentarios regulares. También ayudan la hidratación, el control del peso, la reducción de bebidas azucaradas o gaseosas y la consulta médica si hay dolor persistente, vómito repetido, dificultad para tragar, pérdida de peso o sangrado. En estudiantes, reconocer estos signos permite diferenciar una molestia ocasional de una posible enfermedad digestiva que requiere atención profesional.

Región intestinal

Las enfermedades de la región intestinal afectan el intestino delgado, el intestino grueso y estructuras asociadas como el apéndice. Esta región participa en la absorción de nutrientes, la recuperación de agua, la formación de heces y la relación con la microbiota intestinal, que ayuda a mantener el equilibrio digestivo. Entre sus alteraciones más frecuentes se encuentran la diarrea, el estreñimiento, la gastroenteritis, las parasitosis, el síndrome de intestino irritable, la enfermedad celíaca, la apendicitis, la diverticulitis y las enfermedades inflamatorias intestinales. Sus síntomas comunes incluyen dolor abdominal, gases, cólicos, distensión, náuseas, cambios en las deposiciones y presencia de sangre o moco en las heces.

Las enfermedades infecciosas del intestino suelen producir diarrea, vómito, fiebre, dolor abdominal y riesgo de deshidratación. Pueden originarse por virus, bacterias, parásitos o alimentos y agua contaminados. En estudiantes, estas infecciones se relacionan con mala higiene, consumo de alimentos mal lavados, cocción insuficiente o contacto con superficies contaminadas. La prevención depende del lavado de manos, el consumo de agua segura, la limpieza de alimentos, la separación entre productos crudos y cocidos, y la adecuada refrigeración. En estos casos, la hidratación es fundamental, porque el cuerpo pierde agua y sales minerales mediante las deposiciones líquidas y el vómito.

Figura 5. La [teniasis] es una infección intestinal causada por Taenia al comer carne contaminada mal cocida. En el intestino, el parásito adulto libera huevos en las heces. Con Taenia solium, esos huevos pueden causar cisticercosis, formando quistes en tejidos. En cerebro produce neurocisticercosis con convulsiones, cefalea y epilepsia; en corazón puede alterar la función cardíaca. Prevención: higiene, saneamiento y cocción adecuada.

Las infecciones parasitarias intestinales clásicas son enfermedades causadas por protozoos, helmintos o “lombrices” que viven dentro del aparato digestivo y aprovechan los nutrientes del huésped. Entre las más conocidas están la giardiasis, la amebiasis, la ascariasis, la oxiuriasis y la teniasis. Estos parásitos pueden entrar al cuerpo por consumo de agua contaminada, alimentos mal lavados, manos sucias, contacto con tierra contaminada o ingestión accidental de huevos microscópicos. Sus síntomas varían según el parásito, pero pueden incluir diarrea, dolor abdominal, gases, náuseas, pérdida de apetito, picazón anal, cansancio y, en algunos casos, bajo peso o retraso en el crecimiento. La giardiasis, por ejemplo, puede causar diarrea, gases, dolor abdominal, náuseas, deshidratación y heces grasosas o malolientes.

Algunos parásitos se comportan de manera particular dentro del intestino. La Ascaris lumbricoides es una lombriz intestinal grande que puede vivir en el intestino delgado; muchas infecciones son leves, pero cuando hay muchos gusanos pueden aparecer dolor abdominal, tos durante la migración larvaria, desnutrición e incluso obstrucción intestinal. La oxiuriasis, causada por oxiuros o Enterobius vermicularis, es común en niños y produce picazón perianal, sobre todo durante la noche, porque las hembras ponen huevos alrededor del ano. La teniasis, asociada con tenias o solitarias, puede adquirirse al consumir carne de res o cerdo mal cocida con formas larvarias del parásito, mientras que la amebiasis suele relacionarse con alimentos o agua contaminados con quistes de Entamoeba.

La prevención de estas infecciones depende de interrumpir el ciclo de transmisión entre heces, suelo, agua, alimentos y manos. Para estudiantes, las medidas más importantes son lavarse las manos después de ir al baño y antes de comer, beber agua potable, lavar frutas y verduras, cocinar bien las carnes, usar calzado en suelos contaminados y evitar llevarse objetos sucios a la boca. También es importante mantener uñas cortas, limpiar baños, lavar ropa interior y sábanas cuando hay oxiuros, y no automedicarse con antiparasitarios sin orientación profesional. Si aparecen diarrea persistente, pérdida de peso, sangre en las heces, dolor abdominal fuerte, vómito repetido o signos de deshidratación, se debe consultar al personal de salud para realizar exámenes de materia fecal y recibir tratamiento adecuado.

También existen enfermedades intestinales no infecciosas, como el síndrome de intestino irritable, la enfermedad celíaca y las enfermedades inflamatorias intestinales. El síndrome de intestino irritable produce dolor abdominal asociado con diarrea, estreñimiento o ambos, aunque no suele causar sangrado ni pérdida de peso por sí mismo. La enfermedad celíaca ocurre cuando el consumo de gluten desencadena daño en el intestino delgado, dificultando la absorción de nutrientes y causando diarrea crónica, gases, distensión, estreñimiento o bajo crecimiento. Las enfermedades inflamatorias intestinales, como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, producen inflamación persistente, dolor, diarrea, cansancio y, en algunos casos, sangre en las heces.

Algunas enfermedades intestinales requieren atención rápida, especialmente la apendicitis, que causa dolor abdominal, pérdida del apetito, náuseas, vómito, fiebre, estreñimiento o diarrea. Si no se trata, puede complicarse por ruptura del apéndice e infección de la cavidad abdominal. La diverticulitis, aunque es más frecuente en adultos, aparece cuando pequeñas bolsas del colon se inflaman y producen dolor, fiebre, náuseas y cambios en las deposiciones. Para cuidar la región intestinal conviene mantener una dieta con fibra, beber agua, realizar actividad física, evitar la automedicación y consultar si hay sangre, dolor intenso, fiebre persistente, vómito repetido, pérdida de peso o signos de deshidratación.

Región glandular visceral

La región glandular visceral del aparato digestivo reúne al hígado, la vesícula biliar, las vías biliares y el páncreas, órganos que producen, almacenan o conducen secreciones indispensables para la digestión y el metabolismo. El hígado fabrica la bilis, procesa nutrientes, neutraliza toxinas y participa en el equilibrio de la sangre. La vesícula biliar almacena y concentra la bilis, mientras los conductos biliares la llevan hacia el duodeno. El páncreas cumple una doble función: produce enzimas digestivas para degradar alimentos y libera hormonas como la insulina, necesaria para regular la glucosa sanguínea.

Figura 6. La parasitología estudia parásitos, transmisión, diagnóstico y control de enfermedades. En Colombia es socialmente importante por agua contaminada, saneamiento deficiente, clima tropical y vectores. Atiende infecciones por Giardia, Entamoeba, Ascaris, Taenia, Plasmodium, Leishmania y Trypanosoma cruzi. Su campo laboral incluye laboratorios, hospitales, investigación, vigilancia epidemiológica, control de vectores y programas comunitarios de salud pública, con impacto educativo y preventivo.

La hepatitis es una inflamación del hígado que puede deberse a virus, alcohol, medicamentos, toxinas o alteraciones autoinmunes. Las hepatitis virales más conocidas son hepatitis A, hepatitis B y hepatitis C; algunas se transmiten por alimentos o agua contaminada, mientras otras se relacionan con sangre u otros fluidos corporales. Sus síntomas pueden incluir cansancio, fiebre, náuseas, dolor abdominal, orina oscura, heces claras e ictericia, que es la coloración amarilla de piel y ojos. Cuando la inflamación se vuelve crónica, puede producir fibrosis, cirrosis y pérdida progresiva de función hepática.

Los cálculos biliares son depósitos endurecidos que se forman en la vesícula biliar cuando la bilis contiene demasiado colesterol, demasiada bilirrubina o pocas sales biliares. Muchas personas pueden tenerlos sin síntomas, pero si bloquean un conducto biliar, la bilis se acumula y aparece un cólico biliar, con dolor intenso en la parte superior derecha del abdomen. También pueden causar náuseas, vómito, inflamación de la vesícula o colecistitis. Cuando un cálculo obstruye el colédoco, puede aparecer ictericia, fiebre, orina oscura y heces pálidas, señales de alteración en el flujo normal de bilis.

La pancreatitis es la inflamación del páncreas, y puede aparecer cuando las enzimas digestivas se activan antes de llegar al intestino y empiezan a dañar el propio tejido pancreático. Una causa importante son los cálculos biliares, porque pueden bloquear la zona donde se unen el conducto biliar y el conducto pancreático, impidiendo la salida normal de las secreciones. Sus síntomas incluyen dolor abdominal intenso que puede irradiarse hacia la espalda, náuseas, vómito, fiebre, pulso rápido y pérdida de peso. Si se vuelve crónica, puede afectar la digestión de grasas, causar diarrea, desnutrición y daño progresivo del órgano.

La ulceración relacionada con esta región suele observarse en el estómago o el duodeno, muy cerca de la salida de la bilis y del jugo pancreático. Las úlceras pépticas son heridas abiertas en la mucosa digestiva y se asocian principalmente con infección por Helicobacter pylori o uso prolongado de antiinflamatorios no esteroideos. Pueden causar dolor abdominal, ardor, náuseas, llenura rápida, eructos, sangrado digestivo o vómito con sangre. Aunque no pertenecen estrictamente al árbol biliar, son importantes porque el duodeno, el esfínter de Oddi, la bilis y las enzimas pancreáticas funcionan en una misma zona anatómica.

La diabetes mellitus se relaciona con la función endocrina del páncreas, especialmente con las células que producen insulina. Esta hormona permite que la glucosa pase desde la sangre hacia las células para ser usada como fuente de energía. En la diabetes, el cuerpo no produce suficiente insulina, no la utiliza adecuadamente o ambas cosas, por lo que la glucosa permanece elevada en la sangre. Sus consecuencias pueden incluir sed excesiva, aumento de la orina, cansancio, visión borrosa, pérdida de peso y alteraciones en vasos sanguíneos, nervios, riñones y retina. Además, una pancreatitis crónica puede dañar células pancreáticas productoras de insulina y favorecer diabetes secundaria.

Cáncer

El cáncer digestivo puede aparecer en cualquier parte del aparato digestivo, desde la boca, el esófago, el estómago y los intestinos, hasta el hígado, la vesícula biliar, el páncreas, el colon y el recto. Anatómicamente, estas regiones están formadas por mucosas, glándulas, conductos, vasos sanguíneos y tejidos de sostén que se renuevan constantemente. Cuando algunas células acumulan daños en su ADN, pierden el control normal de división, evaden señales de muerte celular y forman una masa llamada tumor. Fisiológicamente, este crecimiento anormal puede obstruir el paso de alimentos, alterar la digestión, causar sangrados, invadir tejidos cercanos o diseminarse por la sangre y la linfa hacia otros órganos, proceso conocido como metástasis.

Figura 7. La [oncología] es la especialidad que estudia, diagnostica y trata el cáncer causado por células con ADN alterado, crecimiento descontrolado, invasión y metástasis. Integra quimioterapia, inmunoterapia, cirugía, radioterapia, biopsias, imágenes y estudios moleculares. Su importancia social está en prevenir, detectar temprano, aliviar síntomas, mejorar calidad de vida y acompañar pacientes en hospitales, clínicas, investigación, docencia, cuidados paliativos y salud pública.

Las causas del cáncer digestivo no suelen ser únicas, sino resultado de la combinación entre genética, ambiente, dieta, infecciones e inflamación crónica. En el estómago, la infección persistente por Helicobacter pylori puede favorecer gastritis atrófica, úlceras y cambios celulares precancerosos; en el esófago, el reflujo crónico puede lesionar la mucosa y favorecer el esófago de Barrett; en el hígado, las hepatitis virales crónicas, el alcohol y la cirrosis aumentan el riesgo de transformación maligna. En el colon y el recto, algunos cánceres se originan a partir de pólipos, pequeñas masas que pueden crecer lentamente antes de volverse peligrosas. También aumentan el riesgo el tabaquismo, el consumo de alcohol, la obesidad, el sedentarismo, el bajo consumo de fibra, las carnes procesadas, antecedentes familiares y ciertas enfermedades inflamatorias intestinales.

Antibiotic resistance in Helicobacter pylori: a genetic and physiological  perspective | Gut Pathogens | Springer Nature Link

Figura 8. [Helicobacter pylori] es una bacteria espiral que coloniza la mucosa gástrica y resiste el ácido mediante ureasa. Se transmite sobre todo en la infancia por vías oral-oral, fecal-oral, agua o alimentos contaminados. Aunque muchas personas están infectadas, solo algunas desarrollan gastritis, úlceras o cáncer por diferencias en cepas, inmunidad, genética, dieta, tabaquismo e inflamación crónica persistente.

Los cuidados y la prevención buscan reducir daños sobre la mucosa digestiva, detectar lesiones tempranas y mantener un metabolismo saludable. Para disminuir el riesgo se recomienda evitar el tabaco, limitar el alcohol, mantener un peso adecuado, realizar actividad física, consumir frutas, verduras, legumbres y fibra, moderar alimentos ultraprocesados, carnes procesadas, exceso de sal y comidas muy ahumadas. También es importante tratar infecciones como Helicobacter pylori cuando el médico lo indique, vacunarse contra la hepatitis B, controlar hepatitis crónicas, consultar ante sangre en heces, vómito con sangre, pérdida de peso inexplicada, dolor persistente, dificultad para tragar o cambios prolongados en las deposiciones. En adultos, el tamizaje de cáncer colorrectal desde los 45 años permite encontrar pólipos o cáncer temprano, cuando el tratamiento suele ser más eficaz.

Referencias

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Organización Mundial de la Salud. (2026, 16 de abril). Cancer

Figura. Helicobacter pylori

 Helicobacter pylori, abreviada H. pylori, es una bacteria con forma espiral que puede colonizar la mucosa gástrica, es decir, la capa protectora interna del estómago. A diferencia de muchos microorganismos, resiste el ambiente ácido porque produce ureasa, una enzima que transforma la urea en amoníaco y ayuda a neutralizar el ácido cercano. Esta adaptación le permite vivir durante años en el estómago y provocar inflamación crónica, gastritis, úlceras pépticas y, en algunos casos, mayor riesgo de cáncer gástrico.

La transmisión de H. pylori ocurre principalmente entre personas, sobre todo durante la infancia, mediante rutas oral-oral, fecal-oral o gastro-oral. Esto significa que puede pasar por saliva, vómito, agua contaminada, alimentos mal lavados, utensilios compartidos o contacto con materia fecal microscópica cuando fallan la higiene y el saneamiento. Por eso es más frecuente en contextos con hacinamiento, baja disponibilidad de agua potable o dificultades para conservar alimentos limpios. La imagen resume esas rutas: ingestión de agua o comida contaminada, contacto oral, transmisión fecal-oral, lactancia, exposición hospitalaria y posible contacto zoonótico.

Aunque muchas personas pueden estar infectadas, la mayoría no desarrolla síntomas graves porque la enfermedad depende de varios factores: la cepa bacteriana, la respuesta del sistema inmunitario, la genética del huésped, la cantidad de inflamación, la acidez gástrica, la dieta, el tabaquismo, el uso de antiinflamatorios y el estado de la mucosa. En algunos individuos, la bacteria permanece relativamente controlada y solo causa inflamación leve; en otros, daña más profundamente la barrera mucosa, favorece erosiones, úlceras, sangrado o cambios celulares. Por eso la infección no siempre equivale a enfermedad visible: puede ser silenciosa durante años, pero volverse grave cuando se combinan susceptibilidad biológica, agresión química e inflamación persistente.

Figura. Oncología

La oncología es la especialidad médica dedicada al estudio, diagnóstico, tratamiento y seguimiento del cáncer. Esta enfermedad aparece cuando algunas células acumulan alteraciones en su ADN, pierden el control de la división celular y forman tumores capaces de invadir tejidos o producir metástasis. El oncólogo analiza la localización del tumor, su tipo celular, su extensión y el estado general del paciente para orientar el manejo. Por eso trabaja con biopsias, imágenes diagnósticas, exámenes de sangre, estudios moleculares y valoración clínica. La oncología moderna no se limita a “combatir tumores”; también busca preservar la función de los órganos, aliviar síntomas y mejorar la calidad de vida.

Dentro de esta especialidad existen varias ramas. La oncología médica usa tratamientos sistémicos como quimioterapia, inmunoterapia, hormonoterapia y terapias dirigidas. La oncología quirúrgica se encarga de extirpar tumores cuando es posible, mientras la radiooncología emplea radiación controlada para destruir células tumorales o reducir masas cancerosas. Muchos pacientes necesitan más de un especialista, por lo que el tratamiento suele ser multidisciplinario e incluye patólogos, radiólogos, cirujanos, enfermería oncológica, psicología, nutrición y rehabilitación. La detección temprana mediante tamizaje permite encontrar algunos cánceres o lesiones precancerosas antes de que produzcan síntomas, cuando el tratamiento puede ser más eficaz.

La importancia social de la oncología es enorme porque el cáncer afecta familias, sistemas de salud, economía y proyectos de vida. Además del tratamiento, esta especialidad promueve prevención, vacunación contra infecciones asociadas a cáncer, abandono del tabaco, alimentación saludable, actividad física y reducción de exposiciones peligrosas. Como opción laboral, ofrece campos en hospitales, clínicas, unidades de quimioterapia, radioterapia, cirugía oncológica, investigación, cuidados paliativos, docencia y salud pública. Su valor humano está en combinar ciencia avanzada, tecnología médica y acompañamiento sensible ante una enfermedad compleja.