La transmisión de H. pylori ocurre principalmente entre personas, sobre todo durante la infancia, mediante rutas oral-oral, fecal-oral o gastro-oral. Esto significa que puede pasar por saliva, vómito, agua contaminada, alimentos mal lavados, utensilios compartidos o contacto con materia fecal microscópica cuando fallan la higiene y el saneamiento. Por eso es más frecuente en contextos con hacinamiento, baja disponibilidad de agua potable o dificultades para conservar alimentos limpios. La imagen resume esas rutas: ingestión de agua o comida contaminada, contacto oral, transmisión fecal-oral, lactancia, exposición hospitalaria y posible contacto zoonótico.
Aunque muchas personas pueden estar infectadas, la mayoría no desarrolla síntomas graves porque la enfermedad depende de varios factores: la cepa bacteriana, la respuesta del sistema inmunitario, la genética del huésped, la cantidad de inflamación, la acidez gástrica, la dieta, el tabaquismo, el uso de antiinflamatorios y el estado de la mucosa. En algunos individuos, la bacteria permanece relativamente controlada y solo causa inflamación leve; en otros, daña más profundamente la barrera mucosa, favorece erosiones, úlceras, sangrado o cambios celulares. Por eso la infección no siempre equivale a enfermedad visible: puede ser silenciosa durante años, pero volverse grave cuando se combinan susceptibilidad biológica, agresión química e inflamación persistente.
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