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miércoles, 25 de febrero de 2026

Figura. Lengua de camaleón

 

La imagen muestra un camaleón proyectando su lengua extensible a gran distancia para capturar un insecto, un mecanismo que constituye un claro ejemplo de evolución convergente. Este mismo principio funcional aparece en otro linaje distinto de vertebrados: los anuros, es decir, ranas y sapos adultos dentro de los anfibios. Aunque camaleones y anuros pertenecen a clados separados —reptiles escamosos y anfibios respectivamente— ambos desarrollaron de manera independiente un sistema de proyección lingual extremadamente rápido y preciso. No comparten un ancestro reciente con esta característica especializada, pero enfrentaron presiones selectivas similares asociadas a la captura de presas móviles pequeñas.

En los camaleones, la lengua funciona mediante un complejo sistema de músculos aceleradores y tejidos elásticos que almacenan energía antes de liberarla de forma explosiva. La punta presenta una estructura en forma de almohadilla adhesiva que impacta y envuelve a la presa. En los anuros, en cambio, la lengua está anclada anteriormente y se proyecta por inversión rápida, gracias al soporte del aparato hioideo modificado. Aunque el mecanismo anatómico no es idéntico, el resultado funcional es comparable: captura de insectos a distancia sin necesidad de desplazamiento corporal inmediato.

Este paralelismo demuestra que la selección natural puede producir soluciones similares en linajes no emparentados directamente, cuando enfrentan desafíos ecológicos equivalentes. En ambos grupos, la lengua se transformó de órgano principalmente manipulador a herramienta balística especializada. Así, la proyección lingual en camaleones y anuros ilustra cómo la convergencia evolutiva genera adaptaciones sofisticadas que optimizan la eficiencia energética y la precisión depredadora en distintos contextos filogenéticos.

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