La imagen muestra un camaleón proyectando su lengua
extensible a gran distancia para capturar un insecto, un mecanismo que
constituye un claro ejemplo de evolución convergente. Este mismo
principio funcional aparece en otro linaje distinto de vertebrados: los anuros,
es decir, ranas y sapos adultos dentro de los anfibios. Aunque camaleones y
anuros pertenecen a clados separados —reptiles escamosos y anfibios
respectivamente— ambos desarrollaron de manera independiente un sistema de
proyección lingual extremadamente rápido y preciso. No comparten un ancestro
reciente con esta característica especializada, pero enfrentaron presiones
selectivas similares asociadas a la captura de presas móviles pequeñas.
En los camaleones, la lengua funciona mediante un complejo
sistema de músculos aceleradores y tejidos elásticos que almacenan
energía antes de liberarla de forma explosiva. La punta presenta una estructura
en forma de almohadilla adhesiva que impacta y envuelve a la presa. En los
anuros, en cambio, la lengua está anclada anteriormente y se proyecta por
inversión rápida, gracias al soporte del aparato hioideo modificado.
Aunque el mecanismo anatómico no es idéntico, el resultado funcional es
comparable: captura de insectos a distancia sin necesidad de desplazamiento
corporal inmediato.
Este paralelismo demuestra que la selección natural puede
producir soluciones similares en linajes no emparentados directamente,
cuando enfrentan desafíos ecológicos equivalentes. En ambos grupos, la lengua
se transformó de órgano principalmente manipulador a herramienta balística
especializada. Así, la proyección lingual en camaleones y anuros ilustra cómo
la convergencia evolutiva genera adaptaciones sofisticadas que optimizan la
eficiencia energética y la precisión depredadora en distintos contextos
filogenéticos.
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