El transporte pasivo facilitado también ocurre a favor del gradiente, pero necesita proteínas de membrana porque algunas sustancias no cruzan solas. Estas proteínas actúan como canales o transportadores específicos para iones, azúcares o aminoácidos. Un ejemplo clínico importante es la fibrosis quística, causada por defectos en CFTR, una proteína canal relacionada con el transporte de cloruro. Cuando este transporte falla, también se altera el movimiento de agua en los epitelios; el resultado es un moco espeso que afecta pulmones, páncreas, intestino y glándulas sudoríparas, favoreciendo infecciones respiratorias, mala digestión y pérdida elevada de sales.
El transporte activo requiere energía directa o indirecta para mover sustancias contra su gradiente. En la imagen aparece una proteína que usa ATP, como ocurre en muchas bombas celulares. También existen cotransportadores que aprovechan gradientes creados previamente, como SGLT1, encargado de absorber glucosa y galactosa en el intestino. Mutaciones en SLC5A1 pueden causar malabsorción de glucosa-galactosa, con diarrea grave y deshidratación desde etapas tempranas. Otro ejemplo es ATP7B, una bomba de cobre dependiente de ATP; cuando falla, se produce enfermedad de Wilson, con acumulación tóxica de cobre en hígado, cerebro y otros tejidos.
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