Los síntomas de la teniasis intestinal pueden ser leves o incluso pasar desapercibidos. Algunos pacientes presentan dolor abdominal, náuseas, diarrea, estreñimiento, pérdida de apetito, pérdida de peso o sensación de movimiento al expulsar proglótides. El problema más grave ocurre con Taenia solium, porque sus huevos pueden causar cisticercosis si se ingieren por contaminación fecal, mala higiene o autoinfección. En ese caso, las larvas atraviesan la pared intestinal, viajan por la sangre y forman quistes en músculos, piel, ojos, corazón u otros tejidos.
La cisticercosis es peligrosa cuando los quistes se alojan en órganos delicados. En el cerebro produce neurocisticercosis, una enfermedad que puede causar dolor de cabeza intenso, convulsiones, epilepsia, hidrocefalia, alteraciones neurológicas, problemas visuales e incluso muerte en casos graves. La Organización Mundial de la Salud la considera una causa prevenible frecuente de epilepsia en zonas endémicas. En el corazón, los cisticercos son menos comunes, pero pueden afectar el músculo cardíaco y alterar la función normal del órgano. La prevención requiere cocinar bien la carne, lavar manos, consumir agua segura, mejorar el saneamiento y tratar a las personas infectadas.
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