La lengua de los félidos, como el tigre mostrado en
la imagen, presenta un notable grado de queratinización especializada
que le confiere una textura áspera comparable a una lija. Esta superficie
rugosa se debe a la presencia de papilas filiformes altamente cornificadas,
estructuras cónicas orientadas hacia atrás que recubren el dorso lingual. Cada
papila está compuesta por un núcleo epitelial endurecido por queratina,
proteína estructural resistente al desgaste. Esta queratinización no es
uniforme, sino particularmente intensa en la región anterior y media de la
lengua, donde el contacto con carne y hueso es más frecuente. La orientación
posterior de las papilas facilita el arrastre del tejido hacia la garganta y
evita que la presa escape durante la alimentación.
Desde el punto de vista funcional, esta lengua actúa como
una herramienta mecánica de desgarro y raspado. Cuando el félido consume
una presa, las papilas filiformes pueden desprender fragmentos de carne
adheridos al hueso, permitiendo aprovechar al máximo el recurso alimenticio. La
dureza de la queratina es tal que puede remover tejido muscular residual y limpiar
superficies óseas. Además, durante el acicalamiento, la lengua cumple una
función de cepillado, eliminando parásitos, suciedad y pelo suelto del pelaje.
Esta doble función —alimentaria y de higiene— demuestra la versatilidad
adaptativa de la queratinización lingual en carnívoros estrictos.
A diferencia de la lengua humana, predominantemente muscular
y flexible, la de los félidos combina movilidad con estructura
córnea rígida altamente desarrollada. La queratina confiere resistencia sin
comprometer la capacidad de manipular alimento. Así, la lengua félida
representa una adaptación evolutiva extrema, optimizada para la depredación y
el mantenimiento corporal dentro del nicho ecológico de los grandes carnívoros.
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