En los patos, como el ejemplar de la imagen, la lengua
presenta un notable grado de queratinización superficial, adaptado a su
modo particular de alimentación. El epitelio lingual es estratificado y
parcialmente queratinizado, lo que proporciona resistencia frente al roce
constante con sedimentos, partículas vegetales y pequeños invertebrados. Esta
queratinización protege los tejidos blandos durante el filtrado y la
manipulación del alimento dentro de la cavidad oral. A diferencia de mamíferos
masticadores, los patos no trituran con dientes verdaderos, sino que emplean el
pico y la lengua como un sistema funcional integrado. La queratina, por tanto,
actúa como barrera mecánica y estructural frente a abrasión y presión repetida.
Un rasgo distintivo es la presencia de pseudodentición
lingual, pequeñas proyecciones córneas alineadas a lo largo de la lengua.
Estas estructuras no son dientes verdaderos, ya que no contienen dentina ni
esmalte, sino que derivan de engrosamientos queratínicos del epitelio. Su
función principal es colaborar con las láminas internas del pico formando un
mecanismo de filtración. Cuando el pato toma agua y sedimento, la lengua
presiona el contenido contra las láminas del pico, expulsando el líquido
mientras retiene partículas comestibles. La pseudodentición aumenta la fricción
y evita que el alimento escape hacia adelante.
En especies filtradoras, este sistema alcanza alta
especialización, permitiendo separar semillas, algas y pequeños organismos
acuáticos. La combinación de queratinización protectora y proyecciones
linguales convierte a la lengua en una herramienta eficiente de selección
alimentaria. Así, el pato utiliza su cavidad bucal no para masticar, sino para
filtrar, retener y dirigir el alimento hacia el esófago, optimizando su
estrategia trófica acuática.
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