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Paraves reúne una de las radiaciones más
importantes de pequeños terópodos maniraptores, porque dentro de este
linaje se encuentran los animales tradicionalmente agrupados como troodóntidos,
dromeosáuridos y avialanos. Desde el punto de vista del cráneo, su
importancia radica en que numerosos caracteres que durante mucho tiempo se
consideraron exclusivamente “avianos” aparecen ya distribuidos entre distintos
paravianos no avianos: órbitas proporcionalmente grandes, reducción del
rostro, aumento relativo del neurocráneo, reorganización del paladar,
modificaciones de la dentición y progresiva integración de los huesos craneales.
La transición no fue una sucesión sencilla desde un “cráneo reptiliano” hacia
otro “aviano”, sino una evolución en mosaico, donde diferentes linajes
adquirieron combinaciones particulares de caracteres (Turner et al., 2012).
La clasificación
interna de Paraves continúa siendo problemática. Tradicionalmente se reconoció Deinonychosauria,
formado por Troodontidae + Dromaeosauridae, como grupo hermano de Avialae.
Sin embargo, análisis posteriores han desplazado repetidamente algunos
troodóntidos, dromeosáuridos basales, escansoriopterígidos y avialanos
tempranos. Taxones como Anchiornis, Xiaotingia o Epidexipteryx
han cambiado de posición en distintos árboles. Para mantener una estructura
didáctica sencilla adoptaremos de manera convencional una configuración próxima
a la propuesta por Zhang et al. (2008) para los primeros avialanos,
combinada con el esquema clásico de Deinonychosauria utilizado extensamente en
los análisis morfológicos de Paraves. No se adopta porque represente
necesariamente la hipótesis filogenética definitiva, sino porque permite establecer
una secuencia comparativa clara. Nature
La inestabilidad no
constituye un defecto de la paleontología. Los primeros paravianos fueron
animales anatómicamente muy semejantes, y numerosos fósiles están incompletos o
comprimidos. Además, los nuevos yacimientos jurásicos y cretácicos han
proporcionado continuamente ejemplares con combinaciones inesperadas de
caracteres craneales. La expresión frecuente de que “cada pocos años
aparece un fósil que cambia el árbol” debe entenderse como una simplificación:
no existe una periodicidad real, pero sí una incorporación constante de
información que modifica las matrices filogenéticas y, con ellas, las hipótesis
de parentesco.
Figura 1. [La
evolución gradual] también ocurre en mosaico:
distintos caracteres cambian a ritmos diferentes y pueden aparecer varias veces
por convergencia o evolución paralela. En Paraves, plumas, reducción
dental y modificaciones craneales se distribuyen entre varios linajes cercanos.
Por eso abundan los fósiles transicionales, aunque sus combinaciones
intermedias dificulten reconstruir árboles filogenéticos completamente nítidos.
Deinonychosauria tradicional: dos experimentos craneales depredadores
En la
interpretación clásica, Deinonychosauria comprende dos grandes ramas, Troodontidae
y Dromaeosauridae. Ambos grupos conservaron un aparato craneal
inequívocamente depredador: mandíbulas dentadas, dientes implantados en
alvéolos, fenestra anteorbital, órbitas grandes y regiones temporales
desarrolladas para alojar la musculatura encargada del cierre mandibular.
Sin embargo, la forma general del cráneo comenzó a divergir de manera notable
entre ambas ramas.
Los dromeosáuridos
tendieron, con numerosas excepciones, hacia cráneos relativamente robustos y
adaptados a la captura de vertebrados, mientras los troodóntidos
desarrollaron generalmente cabezas más ligeras, hocicos estrechos, denticiones
numerosas y un neurocráneo proporcionalmente grande. No debe
interpretarse esta diferencia como una secuencia evolutiva en la que los
troodóntidos sean “más avanzados”. Ambos representan especializaciones
distintas producidas después de separarse de un antepasado común.
Una de las
transformaciones fundamentales de Paraves fue el cambio en las proporciones
entre rostro, órbita y caja encefálica. En terópodos grandes y basales,
el hocico ocupa buena parte de la longitud craneal. En numerosos paravianos
pequeños, la órbita adquiere mayor importancia relativa y el neurocráneo
comienza a expandirse. Esta modificación de las proporciones será fundamental
posteriormente para la arquitectura de las aves, pero sus primeras etapas
aparecen claramente fuera de Avialae (Turner et al., 2012).
Troodontidae: grandes órbitas, hocicos delicados y expansión cerebral
Los troodóntidos
presentan algunos de los cráneos más particulares entre los pequeños terópodos
mesozoicos. Generalmente eran bajos, alargados y estrechos, con rostros
relativamente delicados. La región anterior conservaba dientes, pero estos eran
mucho menores que los enormes dientes cortantes de grandes terópodos. En varios
representantes existían numerosos dientes pequeños, y la morfología dental
podía variar considerablemente a lo largo de la mandíbula.
Las órbitas eran
proporcionalmente grandes, característica relacionada con globos oculares
de considerable tamaño. La presencia de anillos escleróticos bien desarrollados
en algunos ejemplares ha permitido investigar aspectos de su sistema visual.
Sin embargo, inferir directamente hábitos nocturnos o diurnos únicamente a
partir del tamaño orbital debe hacerse con cautela, pues la actividad depende
del conjunto de la anatomía sensorial y de comparaciones cuantitativas con
animales actuales.
Más notable todavía
era el desarrollo del neurocráneo. Reconstrucciones endocraneales de
paravianos han demostrado que la expansión cerebral característica de las aves
comenzó antes del origen de Avialae. Algunos troodóntidos poseían encéfalos
relativamente grandes para su masa corporal, con regiones visuales y
vestibulares desarrolladas. Esta condición no puede traducirse directamente en
“inteligencia superior”, pero demuestra una importante reorganización
neurosensorial asociada probablemente con locomoción activa, coordinación,
visión y comportamientos complejos.
La dentición
troodóntida ofrece también información ecológica. Algunos géneros presentan
coronas pequeñas con dentículos relativamente grandes, mientras otros
poseen dientes más delgados y semejantes a los de pequeños depredadores
generalistas. Se han propuesto dietas que incluyen vertebrados pequeños,
invertebrados y posiblemente componentes omnívoros en determinadas especies.
Por ello, Troodontidae probablemente no representaba una única estrategia
alimentaria uniforme.
Figura
1. [Troodon
formosus] fue un troodóntido del Cretácico Superior de
Norteamérica, descrito por Joseph Leidy en 1856 a partir de un diente
aislado. Su nombre significa aproximadamente “diente que hiere, bien
formado”. Hoy suele considerarse un nomen dubium, y muchos fósiles
antes asignados al género se clasifican como Stenonychosaurus o Latenivenatrix.
Figura
1. [Cráneo
de troodóntido], alargado, bajo y ligero, con órbitas
grandes, hocico estrecho y neurocráneo expandido. Presentaba
numerosos dientes pequeños y recurvados, adecuados para capturar presas
pequeñas y posiblemente para una dieta parcialmente omnívora. Su
anatomía muestra un avanzado sistema neurosensorial, con especial
desarrollo de visión, equilibrio y coordinación dentro de Paraves.
Dromaeosauridae: conservar los dientes cortantes dentro de un cráneo
cada vez más aviano
Los dromeosáuridos
mantuvieron una condición depredadora mucho más evidente. Géneros como Velociraptor,
Deinonychus y Dromaeosaurus poseían dientes recurvados y
serrados, capaces de penetrar y cortar tejidos. Sus cráneos, sin embargo,
no eran simples versiones pequeñas del de un gran carnívoro como Tyrannosaurus.
La construcción craneal era relativamente ligera, las órbitas estaban
agrandadas y existían transformaciones progresivas en la región temporal y
cerebral.
Velociraptor, por ejemplo, poseía un cráneo largo y
bajo, con rostro estrecho y una gran fenestra anteorbital. Los dientes eran
relativamente pequeños pero numerosos y comprimidos lateralmente. La mandíbula
inferior permanecía alargada y ligera. Esta combinación sugiere una estrategia
basada en mordidas de corte y sujeción, acompañadas por la intervención
de las extremidades anteriores y posteriores durante la captura de las presas.
Otros
dromeosáuridos desarrollaron cráneos proporcionalmente más profundos. Dromaeosaurus,
por ejemplo, presenta una mandíbula más robusta y una región temporal poderosa.
Esta variación demuestra que incluso dentro de un conjunto aparentemente
especializado en la depredación existían diferencias importantes en mecánica
de mordida y selección de presas.
En términos
evolutivos, el cráneo dromeosáurido combina dos historias simultáneas. Por un
lado conserva elementos claramente ancestrales de los terópodos: dientes
serrados, maxilar dentado y aparato mandibular depredador. Por otro,
muestra transformaciones compartidas con otros paravianos: expansión orbital,
cambios del neurocráneo y reducción o modificación de ciertos huesos
circumorbitales. Por ello, un dromeosáurido podía presentar externamente una
cabeza de pequeño dinosaurio carnívoro mientras internamente su sistema
neurosensorial comenzaba a compartir características con las primeras aves
(Turner et al., 2012). Biodiversity Heritage Library
Figura
1. [Velociraptor
mongoliensis]
fue un dromeosáurido del Cretácico Superior de Mongolia, cuyo
nombre significa “ladrón veloz de Mongolia”. Descrito por Henry
Fairfield Osborn en 1924, era un depredador bípedo emplumado de unos
dos metros, con dientes serrados, brazos largos y una gran garra falciforme.
El fósil de los “Dinosaurios luchadores” documenta interacción directa
con Protoceratops.
Figura
1. [Cráneo
de Velociraptor mongoliensis], alargado, bajo y ligero, con órbitas
grandes, fenestra anteorbital y neurocráneo desarrollado. Poseía dientes
recurvados, comprimidos y serrados, adecuados para sujetar y desgarrar
tejidos. Su mandíbula no estaba especializada en triturar huesos. Combina una dentición
depredadora ancestral con rasgos craneales derivados propios de Paraves
y su evolución en mosaico.
Microraptorinos: un cráneo depredador en animales con capacidad aérea
Los microraptorinos,
pertenecientes a Dromaeosauridae, son especialmente importantes porque muestran
que algunos experimentos relacionados con la locomoción aérea ocurrieron
fuera de Avialae. Microraptor poseía plumas pennáceas desarrolladas en
brazos y piernas, pero su cráneo conservaba una dentición plenamente
funcional.
Esta combinación
demuestra que la aparición de alas aerodinámicamente útiles no estuvo ligada
necesariamente a la desaparición de los dientes. El cráneo permanecía alargado,
con órbitas grandes y dientes recurvados apropiados para capturar pequeños
animales. Contenidos digestivos y restos asociados indican que algunos
microraptorinos consumían vertebrados pequeños, incluidos mamíferos,
lagartos, peces y aves primitivas dependiendo del ejemplar estudiado.
La importancia de
estos animales para comprender el cráneo aviano radica precisamente en separar
procesos que antiguamente se imaginaban simultáneos. Plumas pennáceas,
locomoción aérea, expansión cerebral, reducción del hocico, aparición de un
pico y pérdida de los dientes evolucionaron en momentos distintos. Las aves
modernas reúnen estos caracteres, pero sus antepasados y parientes cercanos los
presentaron inicialmente en combinaciones diferentes.
Figura 1. [Microraptor
gui] fue un
pequeño dromeosáurido del Cretácico Inferior de China, descrito en 2003.
Poseía plumas pennáceas en brazos, patas y cola, formando cuatro
superficies aerodinámicas. Su dieta incluía pequeños vertebrados, y
probablemente podía planear y realizar maniobras aéreas. El plumaje habría sido
oscuro e iridiscente, con posibles funciones aerodinámicas y
comunicativas.
Figura
1. [Cráneo
de Microraptor gui], pequeño, alargado y ligero, con órbitas
grandes, fenestra anteorbital y mandíbula delgada. Conservaba numerosos dientes
pequeños, recurvados y puntiagudos, adecuados para capturar vertebrados
pequeños. Su anatomía combina un cráneo depredador ancestral con rasgos
neurosensoriales derivados, mostrando una clara evolución en mosaico
dentro de Paraves.
Avialae basal: no existe un instante único en que aparezca el cráneo de
ave
Avialae se utiliza paleontológicamente para un
linaje que comienza mucho antes de la aparición del aspecto craneal de las aves
actuales. Los avialanos más tempranos continuaban mostrando dientes,
maxilares bien desarrollados, huesos faciales separados, largas colas
vertebradas y numerosos caracteres propios de pequeños terópodos. Por ello,
definirlos simplemente mediante la presencia de un pico sería incorrecto.
En el esquema de Zhang
et al. (2008) adoptado aquí con fines didácticos, Epidexipteryx hui
fue recuperado cerca de la base de Avialae. Su cráneo muestra precisamente la
combinación de caracteres que hace tan difícil trazar una frontera sencilla.
Era corto y relativamente alto, con grandes órbitas y dientes anteriores
peculiares, muy distintos del aparato dental uniforme de muchos terópodos
depredadores. El estudio original lo interpretó como un avialano basal, aunque
su posición ha cambiado en análisis posteriores. Nature
El valor de estas
formas no reside únicamente en decidir si deben colocarse a uno u otro lado de
una rama del cladograma. Revelan que el cráneo paraviano estaba
experimentando rápidamente con nuevas proporciones y denticiones antes de
que apareciera un pico completamente desarrollado. La evolución avialana
comenzó, por tanto, dentro de un paisaje morfológico ya extremadamente diverso.
Figura
1. [Yi qi]fue un pequeño terópodo
escansoriopterígido del Jurásico de China, cuyo nombre significa “ala
extraña”. Descrito en 2015, poseía plumas y una singular membrana
alar sostenida por un elemento estiliforme. Probablemente planeaba. Su
anatomía recuerda superficialmente a los dragones, pero esa semejanza es
una curiosa convergencia entre imaginación humana y evolución real.
Figura
1. [Cráneo
de Yi qi], pequeño,
ligero y de órbitas grandes, con fenestra anteorbital y mandíbulas
delgadas. Conservaba dientes pequeños y ligeramente recurvados, sin pico
ni edentulia completa. Su anatomía combina un cráneo maniraptor ancestral
con un cuerpo especializado para planeo mediante membranas alares,
mostrando claramente la evolución en mosaico dentro de Paraves.
Archaeopteryx: un cráneo avialano todavía lleno de dientes
Archaeopteryx vivió durante el Jurásico Superior,
hace aproximadamente 150 millones de años, y continúa siendo uno de los
organismos más importantes para comprender el origen de las aves. Su cráneo no
era semejante al de una paloma moderna. Conservaba dientes verdaderos en
ambas mandíbulas, un rostro relativamente largo y numerosos huesos faciales
individualizados.
Los dientes eran
pequeños, puntiagudos y ligeramente recurvados. Aunque carecían de la robustez
de los dientes de grandes dromeosáuridos, seguían constituyendo un aparato
funcional para capturar y manipular alimentos. La región anterior del cráneo
todavía estaba dominada por el premaxilar y el maxilar dentados, sin una
gran ranfoteca completamente desdentada.
La órbita era
grande y el neurocráneo proporcionalmente expandido. Estudios del molde
endocraneal muestran una organización cerebral ya fuertemente modificada
respecto de terópodos más basales. Las regiones relacionadas con visión y
equilibrio estaban bien desarrolladas, aunque investigaciones comparativas
demuestran que varias de estas características también estaban presentes en
otros paravianos no avianos. Por tanto, Archaeopteryx no representa un
salto súbito hacia un cerebro moderno, sino otro punto dentro de una
transformación iniciada con anterioridad.
El paladar
resulta particularmente revelador. Las reconstrucciones tridimensionales de
cráneos fósiles indican que las primeras aves conservaron una organización
palatina mucho más próxima a la de los dinosaurios terópodos que a la condición
altamente cinética de muchas aves modernas. La movilidad coordinada del pico
superior característica de numerosos neornitinos apareció posteriormente
mediante modificaciones acumulativas del cuadrado, pterigoides, palatino y
barras faciales.
Externamente, Archaeopteryx
podía poseer alas y plumas de vuelo desarrolladas; cranealmente, sin embargo,
continuaba mostrando una combinación profundamente transicional: cerebro
relativamente expandido y órbitas grandes junto con mandíbulas dentadas y un
rostro todavía dinosauriano.
Figura
1. [Archaeopteryx
lithographica]
fue un avialano basal del Jurásico Superior, de hace unos 150
millones de años, cuyo nombre significa “ala antigua”. Descrito por Hermann
von Meyer en 1861, combinaba plumas de vuelo, alas desarrolladas,
dientes, garras manuales y larga cola vertebrada. Sus fósiles de Solnhofen
documentan claramente la evolución en mosaico entre dinosaurios
terópodos y aves tempranas.
Figura
1. [Cráneo
de Archaeopteryx],
todavía muy semejante al de otros paravianos, con mandíbulas dentadas,
huesos poco fusionados y un paladar esencialmente acinético. Aunque
presentaba órbitas grandes y un neurocráneo relativamente desarrollado,
carecía del pico, la fusión craneal y la cinesis de muchas aves
modernas. Su anatomía evidencia una clara evolución en mosaico.
De un rostro dentado hacia un rostro especializado
La evolución desde
los primeros paravianos hasta los avialanos tempranos no consistió simplemente
en reducir progresivamente el número de dientes. La pérdida dental ocurrió de
manera regional y repetida. Algunos linajes eliminaron primero los
dientes del premaxilar; otros conservaron pequeñas piezas posteriores; otros
desarrollaron edentulia completa de forma independiente.
Esta evolución
produjo modificaciones importantes en la arquitectura facial. Cuando
desaparecen los dientes, también dejan de ser necesarios numerosos alvéolos,
raíces y tejidos de reemplazo, permitiendo que la región rostral adopte
nuevas configuraciones. La superficie externa de los huesos puede desarrollar
además abundantes forámenes neurovasculares relacionados con una ranfoteca
queratinizada.
Sin embargo, el
pico moderno todavía estaba lejos de establecerse universalmente. Durante el
Jurásico Superior y Cretácico Inferior coexistieron avialanos con denticiones
completas, reducidas y ausentes. La diversidad del cráneo avialano temprano
fue, por tanto, considerablemente mayor que la que podría sugerir una secuencia
escolar simple de “dinosaurio con dientes” seguido por “ave con pico”.
Jeholornis: una cabeza parcialmente desdentada sobre un
cuerpo todavía provisto de larga cola
Jeholornis prima, del Cretácico Inferior de China,
representa un paso particularmente informativo porque combina un cráneo con
importantes modificaciones alimentarias con una larga cola ósea formada por
numerosas vértebras, condición muy distinta de las aves de cola corta
posteriores. Cerca de un centenar de ejemplares han sido atribuidos al género,
aunque la preservación bidimensional dificultó durante años conocer con
precisión su cráneo. Reconstrucciones tridimensionales recientes han permitido
resolver numerosos aspectos de su anatomía (Hu et al., 2023). OUP Academic
Su cráneo mantiene
una morfología globalmente plesiomórfica, es decir, conserva gran parte
del patrón ancestral, pero el rostro presenta una especialización mucho mayor.
El premaxilar era completamente desdentado, mientras quedaban muy pocos
dientes en posiciones posteriores. El estudio de numerosos ejemplares permitió
establecer para J. prima una fórmula dental aproximada de 0–2–3,
correspondiente respectivamente a dientes premaxilares, maxilares y dentarios.
Por tanto, el animal ya había eliminado la dentición anterior superior mientras
conservaba pequeñas piezas en sectores posteriores. OUP Academic
Esta distribución
constituye un excelente ejemplo de reducción dental regional. La pérdida
de dientes no ocurrió simultáneamente en toda la boca, sino mediante
modificaciones independientes de distintas zonas craneales. El rostro de Jeholornis
representa así un estado anatómico intermedio entre los pequeños paravianos
completamente dentados y las aves posteriores con mandíbulas totalmente
edéntulas.
El neurocráneo y los sentidos de Jeholornis
El conocimiento
tridimensional del cráneo de Jeholornis también ha permitido estudiar su
sistema neurosensorial. El encéfalo mostraba un prosencéfalo expandido,
característica compartida con otros paravianos, mientras la organización de las
regiones ópticas conservaba una configuración intermedia respecto de las aves
modernas.
Particularmente
interesantes eran los bulbos olfatorios relativamente grandes. Durante
mucho tiempo se popularizó la idea de que la evolución de las aves implicó
simplemente sustituir un buen olfato por una visión cada vez más dominante. Jeholornis
demuestra que esta interpretación es demasiado sencilla. Su sistema olfatorio
permanecía importante y probablemente desempeñaba funciones relevantes durante
la búsqueda y selección de alimentos. OUP Academic
La reconstrucción
del anillo esclerótico también ha permitido proponer una actividad
predominantemente diurna. Esta información debe interpretarse como una
inferencia comparativa, pero muestra el potencial del cráneo para reconstruir
aspectos de la ecología que no quedan registrados directamente en los huesos.
La anatomía
alimentaria coincide con otras evidencias ecológicas. Estudios de contenido
digestivo y morfología han sugerido que Jeholornis consumía frutos al
menos estacionalmente, y pudo participar en dispersión de semillas. Esto
representa una modificación ecológica profunda respecto de los pequeños
paravianos predominantemente depredadores, acompañada por reducción dental y
transformación del rostro. OUP Academic
Figura
1. [Jeholornis
prima] fue un avialano
basal del Cretácico Inferior de China, cuyo nombre significa “primera
ave de Jehol”. Descrito en 2002, conservaba una larga cola vertebrada,
alas desarrolladas y pocos dientes. Su anatomía sugiere frugivoría
estacional, posible dispersión de semillas y sentidos bien
desarrollados, combinando rasgos primitivos y avianos.
Figura
1. [Cráneo
de Jeholornis prima], todavía anatómicamente primitivo, con órbita
grande, huesos craneales poco fusionados y dentición muy reducida.
El premaxilar era desdentado, mientras persistían pocos dientes posteriores.
Presentaba bulbos olfatorios desarrollados y probable actividad diurna.
Su anatomía combina rasgos ancestrales y avianos, mostrando claramente
una evolución en mosaico durante la transición temprana de Avialae.
Jeholornis y el límite anatómico de este recorrido
A pesar de estas
modificaciones craneales, Jeholornis todavía conservaba una larga
cola vertebrada, característica inmediatamente reconocible como diferente
del perfil de la mayoría de las aves modernas. Esta combinación es
especialmente útil didácticamente: la cabeza ya muestra reducción considerable
de los dientes y cambios ecológicos importantes, mientras el esqueleto axial
conserva una condición mucho más ancestral.
Por ese motivo
estableceremos aquí un punto de parada arbitrario. No afirmamos que Jeholornis
constituya “la última forma dinosauriana” ni que los animales inmediatamente
posteriores sean las primeras aves. Avialae ya había comenzado mucho antes
y Archaeopteryx y Jeholornis son avialanos bajo las definiciones
paleontológicas utilizadas habitualmente. Tampoco Neoaves representa el
comienzo de Aves: Neoaves es un clado muy posterior perteneciente a la
radiación de las aves modernas.
El criterio
empleado aquí es exclusivamente morfológico y pedagógico. En los linajes
avialanos que estudiaremos posteriormente aparece una fuerte reducción de la
serie vertebral caudal, con las vértebras terminales fusionándose en un pigóstilo.
Esa transformación produce uno de los elementos más reconocibles de la silueta
moderna de un ave para un observador no especializado.
Detener el estudio
antes de Sapeornis permite separar dos etapas del problema. Hasta Jeholornis
analizamos principalmente cómo un cráneo terópodo dentado y depredador
fue adquiriendo órbitas grandes, un neurocráneo expandido, nuevas proporciones
faciales y una reducción regional de los dientes. A partir de los avialanos de
cola corta encontraremos otra radiación en la cual pico, edentulia, cinética
craneal y especializaciones alimentarias serán reorganizados nuevamente,
sin que ninguna de estas características aparezca obligatoriamente al mismo
tiempo que las demás.
Figura 6. Jeholornis
como punto de parada didáctico. Comparación entre el cráneo parcialmente
desdentado y especializado y la persistencia de una larga cola vertebrada,
inmediatamente antes de abordar los avialanos de cola abreviada.
Referencias
Balanoff, A. M.,
Bever, G. S., Rowe, T. B., & Norell, M. A. (2013). Evolutionary origins of
the avian brain. Nature, 501, 93–96. https://doi.org/10.1038/nature12424
Hu, H., Wang, Y.,
Fabbri, M., O’Connor, J. K., Zhou, Z., & Benson, R. B. J. (2023). Cranial
osteology and palaeobiology of the Early Cretaceous bird Jeholornis prima
(Aves: Jeholornithiformes). Zoological Journal of the Linnean Society, 198(1),
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Turner, A. H.,
Makovicky, P. J., & Norell, M. A. (2012). A review of dromaeosaurid
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Natural History, 371, 1–206. https://doi.org/10.1206/748.1
Zhang, F., Zhou, Z., Xu, X., Wang, X., & Sullivan, C. (2008). A bizarre Jurassic maniraptoran from China with elongate ribbon-like feathers. Nature, 455, 1105–1108. https://doi.org/10.1038/nature07447
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