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La historia del cráneo
de los mamíferos no puede representarse como una fila sencilla en la que
una especie se transforma directamente en la siguiente. Desde los terápsidos
del Pérmico hasta los primeros mamaliaformes del Triásico y Jurásico
aparecen tantos fósiles, combinaciones anatómicas y ramas laterales que el
resultado se parece más a un enorme mosaico evolutivo. Algunos
organismos poseen un dentario muy desarrollado, pero todavía conservan
la antigua articulación mandibular; otros presentan una articulación nueva
mientras los huesos del oído permanecen unidos a la mandíbula; otros muestran
denticiones extremadamente especializadas sin poseer todavía todas las características
del cráneo de los mamíferos modernos. Esta aparente complejidad no debilita la
evidencia evolutiva: precisamente muestra que diferentes estructuras podían
modificarse a velocidades distintas y combinarse temporalmente de
numerosas maneras (Luo, 2007; Anthwal & Tucker, 2023). Nature
En los primeros sinápsidos,
la mandíbula inferior estaba formada por numerosos huesos. El dentario,
que portaba los dientes, era solamente uno de ellos. En su extremo posterior se
encontraban el articular, angular, supraangular y prearticular, mientras
el articular se unía al cuadrado del cráneo formando la principal articulación
mandibular. Durante la evolución de los cinodontos, el dentario
creció progresivamente, desarrolló un gran proceso coronoides para la
inserción de músculos mandibulares y comenzó a soportar una proporción
creciente de las fuerzas producidas durante la masticación.
Simultáneamente, los huesos postdentarios disminuyeron de tamaño. La
adquisición de una nueva articulación entre dentario y escamoso permitió
finalmente separar las funciones de masticación y audición, aunque
investigaciones recientes muestran que este cambio ocurrió mediante varios
experimentos anatómicos y no como una secuencia universal idéntica en todos los
linajes (Rawson et al., 2024). Nature
Figura
1.
[Las
series evolutivas] son reconstrucciones didácticas y no cadenas
directas de ancestros. Algunas etapas pueden reflejar convergencias,
pero demuestran que existieron formas intermedias funcionales. En los
sinápsidos, el dentario creció mientras se redujeron huesos postdentarios y
coexistieron dos articulaciones mandibulares. Finalmente, articular y
cuadrado fueron reutilizados como martillo y yunque, evidenciando
transformación gradual.
Mammaliaformes: cerca de Mammalia, pero no todos son mamíferos modernos
Mammaliaformes designa un grupo más amplio que Mammalia.
Incluye a los mamíferos actuales y numerosos linajes fósiles que
presentan muchas características mamalianas pero se encuentran por fuera del
grupo corona formado por el ancestro común de los mamíferos vivientes y todos
sus descendientes. Entre las formas clásicas aparecen Morganucodon, Sinoconodon,
docodontos, haramiyidanos y muchos otros animales mesozoicos. Esta diversidad
hace difícil escoger un único fósil como el “primer mamífero”. La transición es
tan gradual que la respuesta cambia dependiendo de qué carácter se utilice: mandíbula,
dentición, oído medio, reemplazo dental, cerebro o articulación
craneomandibular.
Morganucodon, cercano al límite Triásico-Jurásico,
ilustra particularmente bien esta condición. Poseía una articulación
dentario–escamoso funcional, pero conservaba al mismo tiempo la antigua
articulación articular–cuadrado. La nueva unión soportaba gran parte de
las fuerzas de la mandíbula mientras los elementos de la articulación ancestral
disminuían su participación mecánica. Los huesos postdentarios permanecían
asociados a la mandíbula dentro de una depresión, por lo que su sistema
auditivo todavía era diferente del oído medio completamente separado de
los mamíferos actuales (Maier & Ruf, 2016; Mao et al., 2024). PubMed Central (PMC)
Este patrón explica
por qué el registro fósil de Mammaliaformes parece un pastiche de caracteres.
Algunas especies desarrollaron dientes capaces de cortar; otras evolucionaron
superficies para triturar; varias adquirieron estilos de locomoción
especializados. Durante el Mesozoico existieron mamaliaformes excavadores,
arborícolas, semiacuáticos e incluso formas planeadoras. Por eso ya no resulta
adecuado imaginar a todos estos animales como pequeñas criaturas insectívoras
uniformes esperando que desaparecieran los dinosaurios. La diversificación
ecológica de los mamaliaformes comenzó mucho antes, produciendo
experimentos independientes en dentición, mandíbula, locomoción y audición
(Luo, 2007). Nature
Figura
2.
[Morganucodon]
fue un mamaliaforme basal de hace aproximadamente 205–190 millones de
años. Presentaba dentición diferenciada, pequeño tamaño y probable
dieta insectívora. Su mandíbula conservaba simultáneamente las articulaciones dentario–escamoso
y articular–cuadrado. Los huesos postdentarios aún permanecían
vinculados a la mandíbula, mostrando una etapa clave en la evolución gradual
del oído medio mamaliano.
Figura
3.
[El
cráneo de Morganucodon] presenta un dentario dominante,
proceso coronoides elevado y dentición diferenciada con oclusión precisa.
Conservaba simultáneamente las articulaciones dentario–escamoso y articular–cuadrado,
mientras los huesos postdentarios permanecían reducidos. Su anatomía muestra
cómo mandíbula, dentición y oído medio evolucionaron a ritmos distintos,
constituyendo un excelente ejemplo de evolución en mosaico.
La historia excepcional de los huesos del oído medio
Entre todas estas
transformaciones, pocas pueden seguirse con tanta claridad como la evolución
del oído medio mamaliano. En los primeros sinápsidos, el articular
de la mandíbula y el cuadrado del cráneo formaban una articulación
indispensable para alimentarse. En los mamíferos actuales esos mismos elementos
sobreviven profundamente modificados: el articular es homólogo al martillo
y el cuadrado al yunque. El tercer huesecillo, el estribo, deriva
de la columela presente en antepasados más antiguos. Así, estructuras que
originalmente contribuían a sostener y mover la mandíbula terminaron formando
un sistema especializado en transmitir vibraciones sonoras hacia el oído
interno (Maier & Ruf, 2016; Tucker et al., 2013). PubMed Central (PMC)
Este cambio no
ocurrió porque una generación perdiera repentinamente su articulación
mandibular. Durante millones de años existieron etapas en las que la nueva articulación
dentario–escamoso y la antigua cuadrado–articular funcionaban
simultáneamente. Después, el dentario asumió progresivamente la transmisión de
las fuerzas de mordida y los antiguos huesos articulares pudieron hacerse más
pequeños. En varios mamaliaformes tempranos estos elementos todavía permanecían
conectados a la mandíbula y constituyen lo que los investigadores denominan oído
medio mandibular. Fósiles recientemente estudiados, como Dianoconodon
youngi y Feredocodon chowi, muestran distintas fases de disminución
de la carga soportada por el complejo articular–cuadrado antes de su separación
completa (Mao et al., 2024). Nature
La evolución fue
incluso más complicada de lo esperado. El oído medio definitivo,
completamente separado de la mandíbula, parece haber aparecido independientemente
en varios linajes mamalianos, una excelente demostración de evolución
convergente. El registro fósil conserva configuraciones intermedias donde
los huesecillos permanecían conectados mediante el cartílago de Meckel,
otras donde se alojaban en una depresión del dentario y otras donde ya estaban
suspendidos bajo la región auditiva del cráneo. Esta variedad explica por qué
construir una única “escalera” entre cinodontos y mamíferos resulta
científicamente incorrecto: existen numerosas ramas experimentando con
soluciones similares (Mao et al., 2024; Meng et al., 2019). Nature
La reducción de
estos elementos tuvo enormes consecuencias funcionales. Los huesecillos
pequeños pueden responder mejor a vibraciones de alta frecuencia,
mientras la separación entre audición y masticación permite que ambos sistemas
evolucionen con mayor independencia. Morganucodon, aunque conservaba
elementos auditivos asociados a la mandíbula, probablemente poseía ya una
capacidad considerable para detectar sonidos de alta frecuencia. Por tanto, el
oído mamaliano no apareció solamente cuando sus huesecillos finalmente se
separaron: la especialización auditiva comenzó mucho antes durante la
reducción progresiva del antiguo aparato mandibular (Maier & Ruf, 2016). PubMed Central (PMC)
Un cráneo construido por evolución en mosaico
Mientras cambiaba el oído, otras regiones evolucionaban de manera parcialmente independiente. El dentario aumentó de tamaño y terminó convirtiéndose en el único hueso de la mandíbula inferior de los mamíferos adultos. El paladar secundario permitió separar mejor la respiración de la manipulación del alimento. Los dientes desarrollaron una oclusión más precisa, de manera que los dientes superiores e inferiores comenzaron a encontrarse siguiendo trayectorias específicas. Esta precisión hizo posible cortar, triturar o perforar los alimentos con mayor eficacia, pero también exigió cambios en los músculos masticatorios, articulaciones y crecimiento dental.
Figura
4.
[Asioryctes]
fue un pequeño euterio basal del Cretácico Superior, conocido en
Mongolia hace unos 80–72 millones de años. Presentaba cráneo pequeño,
hocico estrecho, dentición diferenciada y molares tribosfénicos, adecuados
para procesar pequeños invertebrados. Su anatomía ayuda a reconstruir la
evolución temprana de Eutheria y muestra cómo los rasgos del cráneo
placentario surgieron gradualmente.
Figura
5.
[El
cráneo de Asioryctes nemegtensis] muestra rasgos euterios
tempranos, con hocico estrecho, dentario dominante y articulación dentario–escamoso.
Su dentición diferenciada incluye molares tribosfénicos, capaces de
cortar y triturar alimento. El oído medio ya estaba separado de la
mandíbula. Su anatomía evidencia que muchos caracteres básicos de los mamíferos
terios estaban establecidos durante el Cretácico Superior
Los primeros mamaliaformes muestran además una impresionante diversidad de dientes. El patrón relativamente sencillo de cúspides alineadas observado en formas tempranas dio origen, repetidamente, a denticiones con nuevas cúspides y superficies trituradoras. Docodontos, haramiyidanos y mamíferos propiamente dichos exploraron soluciones diferentes. Incluso algunas semejanzas aparentemente muy específicas evolucionaron más de una vez. La investigación reciente de las primeras denticiones mamaliaformes muestra que varias arquitecturas molares surgieron mediante homoplasia, es decir, mediante evolución independiente de caracteres similares (Mao et al., 2024). PubMed Central (PMC)
Algo parecido ocurrió con la articulación de la mandíbula. El contacto dentario–escamoso, durante décadas utilizado casi como una frontera sencilla entre formas “reptilianas” y “mamalianas”, presenta una historia mucho más dinámica. Nuevos estudios de cinodontos brasileños muestran que ciertos contactos entre estos huesos aparecieron independientemente y que algunos taxones considerados extremadamente próximos a Mammaliaformes todavía conservaban configuraciones diferentes de las esperadas. Esto refuerza la idea de que no existió un único programa que transformara simultáneamente todos los componentes del cráneo (Rawson et al., 2024). Nature
Mammalia y la separación de sus grandes linajes
Dentro de Mammalia,
los linajes actuales pertenecen a dos grandes ramas: Monotremata y Theria.
Los monotremas actuales comprenden el ornitorrinco y las equidnas, mientras
Theria reúne marsupiales y placentarios. La separación entre estos grupos
ocurrió profundamente en el Mesozoico, por lo que los monotremas no representan
una “etapa” por la que atravesaron los mamíferos terios. Son una rama
independiente que ha evolucionado durante más de cien millones de años y
combina características heredadas ancestralmente con numerosas especializaciones
propias.
Los monotremas son
especialmente importantes porque demuestran que características populares como
el nacimiento de crías vivas no definen por sí mismas a Mammalia. Los
monotremas ponen huevos, pero poseen pelo, glándulas mamarias, tres
huesecillos del oído medio y mandíbula formada por el dentario, además de
muchas otras características inequívocamente mamalianas. Su reproducción
ovípara representa la conservación de una condición ancestral de los amniotas,
mientras otros aspectos de su anatomía han evolucionado profundamente dentro de
su propia historia.
El registro fósil
ayuda a comprender esa antigüedad. Formas cretácicas australianas como Teinolophos
trusleri y Steropodon galmani han sido fundamentales para investigar
los primeros monotremas, aunque su posición exacta ha sido revisada
repetidamente. Teinolophos, con más de 120 millones de años,
muestra que los representantes tempranos de este linaje ya poseían una
mandíbula plenamente mamaliana y probablemente un oído medio separado de la
mandíbula. Estudios mediante tomografía no encontraron la depresión
postdentaria esperada si los huesecillos hubieran permanecido unidos al
dentario (Rowe et al., 2008). PubMed Central (PMC)
Figura
6.
[Los
mamíferos vivientes]. Los mamíferos actuales se agrupan en monotremas,
marsupiales y euterios, pero este esquema representa solo los linajes
supervivientes. Durante el Mesozoico coexistieron numerosas ramas hoy
extintas, como multituberculados, docodontos y eutriconodontos. Por
ello, un dendrograma moderno es una simplificación: la evolución de Mammalia
fue una radiación ramificada, con múltiples linajes, adaptaciones y
extinciones.
Monotremas: mamíferos especializados, no fósiles vivientes congelados
Los monotremas
actuales pertenecen a dos familias. Ornithorhynchidae incluye al
ornitorrinco, Ornithorhynchus anatinus, mientras Tachyglossidae
comprende a las equidnas de los géneros Tachyglossus y Zaglossus.
Aunque frecuentemente reciben el nombre de “fósiles vivientes”, esta
expresión puede resultar engañosa si se interpreta como si hubieran permanecido
sin cambiar. Tanto ornitorrincos como equidnas presentan numerosas
modificaciones recientes y especializadas; simplemente representan una rama muy
antigua del árbol mamaliano.
El cráneo del ornitorrinco
se encuentra extraordinariamente modificado para una vida semiacuática.
Su rostro se prolonga formando un pico ancho revestido por piel altamente
sensible. Los adultos carecen de dientes funcionales y utilizan placas
queratinizadas para procesar pequeños animales acuáticos. El pico contiene
numerosos receptores mecánicos y electrorreceptores capaces de detectar
señales producidas por la actividad muscular de las presas. Durante la búsqueda
de alimento, el ornitorrinco puede cerrar ojos, oídos y narinas y orientarse
principalmente mediante estos sistemas sensoriales.
El cráneo de las equidnas
siguió otra trayectoria. Poseen un rostro extremadamente alargado y estrecho
asociado con una lengua especializada para capturar hormigas, termitas y
otros invertebrados. También han perdido los dientes en la etapa adulta. La
comparación genética, anatómica y paleontológica sugiere que las equidnas
evolucionaron a partir de antepasados más semejantes ecológicamente a
monotremas semiacuáticos y que su especialización terrestre es relativamente
posterior. Estimaciones moleculares han situado la divergencia entre los
linajes del ornitorrinco y las equidnas mucho después del origen profundo de
Monotremata, posiblemente entre unos 19 y 48 millones de años, aunque
las fechas exactas dependen de los métodos y calibraciones utilizados (Phillips
et al., 2009). PubMed Central (PMC)
Figura
7.
[Las
equidnas] son monotremas de la familia Tachyglossidae,
adaptados principalmente a dietas de invertebrados mediante hocico alargado,
lengua protráctil y fuertes extremidades excavadoras. Son ovíparas,
producen leche y carecen de pezones. Su éxito evolutivo se relaciona con la especialización
alimentaria, defensa mediante espinas, metabolismo bajo y capacidad excavadora,
que favorecieron su persistencia en Australia y Nueva Guinea.
Figura
8.
[El
cráneo de las equidnas] está altamente especializado para capturar invertebrados,
con rostro alargado, hocico tubular y ausencia de dientes funcionales en
adultos. El dentario forma la mandíbula y se articula con el escamoso.
Presentan oído medio mamaliano, cóclea corta, mecanorreceptores y
electrorrecepción residual. Su anatomía refleja una fuerte especialización
terrestre, no una condición evolutiva primitiva.
El oído y la mandíbula de los monotremas
El cráneo monotremo
confirma que la transformación comenzada en los terápsidos alcanzó
plenamente la condición mamaliana. La mandíbula inferior está formada
esencialmente por un gran dentario, articulado con el escamoso, mientras
martillo, yunque y estribo se encuentran dedicados a la audición. Los
antiguos componentes mandibulares ya no intervienen como articulación
funcional. Sin embargo, la forma y disposición del oído monotremo presentan
particularidades propias, recordándonos nuevamente que la evolución no se
detuvo cuando apareció el oído medio mamaliano.
El oído interno
de los monotremas también difiere en algunos aspectos del de los terios. La
cóclea es relativamente corta y menos enrollada, mostrando que el diseño
mamaliano de la audición continuó diversificándose después de la separación
entre monotremas y terios. Estas diferencias no significan que el oído
monotremo sea un oído “incompleto”; representa una solución funcional propia
desarrollada durante una extensa historia independiente (Ekdale, 2013). PubMed Central (PMC)
Precisamente por
ello los monotremas son tan valiosos para la anatomía comparada. Al
comparar un terápsido, un cinodonto avanzado, un mamaliaforme basal y un
monotremo actual pueden reconocerse homologías que conectan estructuras
aparentemente diferentes. El articular de una mandíbula ancestral
corresponde al martillo; el cuadrado corresponde al yunque;
el angular está relacionado con el anillo timpánico o ectotimpánico.
El registro fósil conserva estados intermedios donde estas estructuras todavía
estaban asociadas físicamente a la mandíbula, proporcionando una de las
secuencias mejor documentadas de transformación anatómica de los vertebrados
(Maier & Ruf, 2016; Mao et al., 2024). PubMed Central (PMC)
Figura
9.
[El
ornitorrinco], Ornithorhynchus anatinus, es un monotrema
semiacuático de Australia y Tasmania. Posee pelaje impermeable, patas
palmeadas, pico con electrorreceptores y alimentación basada en
invertebrados acuáticos. Las hembras ponen huevos y producen leche, mientras
los machos poseen espolones venenosos. Su éxito refleja una profunda especialización
ecológica, no una condición evolutiva primitiva.
Figura
10.
[El
cráneo del ornitorrinco], Ornithorhynchus anatinus, muestra que su
supuesto “pico de pato” es solo una semejanza externa. Anatómicamente
conserva un cráneo mamaliano, con dentario único y articulación
dentario–escamoso. Su rostro ensanchado alberga numerosos mecanorreceptores
y electrorreceptores, especializados en detectar presas bajo el agua. Es un
cráneo altamente derivado y sensorialmente especializado.
De los monotremas hacia los terios
Los monotremas
permiten cerrar esta parte de la historia sin convertirlos en antepasados de
marsupiales o placentarios. Monotremata y Theria son ramas hermanas dentro
de Mammalia, separadas desde el Mesozoico y sometidas desde entonces a
trayectorias evolutivas independientes. El ornitorrinco no representa un
“mamífero a medio terminar”, del mismo modo que una equidna no es una
reconstrucción viviente del antepasado de todos los mamíferos. Ambos son
supervivientes altamente especializados de una antigua radiación mamaliana.
Al otro lado de
esta separación se encuentran los terios, cuyo cráneo desarrollará
nuevas combinaciones anatómicas. En ellos aparecerán transformaciones
importantes relacionadas con el oído, caja craneana, dentición tribosfénica,
paladar, mandíbula y sistemas sensoriales, además de grandes diferencias
entre los linajes que posteriormente originarán Metatheria, donde se
encuentran los marsupiales, y Eutheria, donde se incluyen los
placentarios. La siguiente lección se concentrará en esa radiación y en cómo el
cráneo terio adquirió las configuraciones que dominan actualmente la diversidad
de los mamíferos.
Referencias
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