Su historia natural combina características extraordinariamente especializadas. Las equidnas poseen cuerpo cubierto de espinas, extremidades fuertes para excavar, hocico alargado y una lengua pegajosa y extensible. Carecen de dientes funcionales como adultas y procesan el alimento mediante estructuras queratinizadas. Tachyglossus aculeatus consume principalmente hormigas y termitas, mientras especies de Zaglossus incorporan más lombrices y larvas de artrópodos. Como los demás monotremas, son ovíparas, producen leche y carecen de pezones verdaderos. El registro fósil incluye formas mayores como Megalibgwilia, demostrando que Tachyglossidae tuvo una diversidad corporal superior en el pasado. ScienceDirect
Su éxito evolutivo reside especialmente en haber ocupado nichos terrestres especializados tras derivar probablemente de antepasados monotremas vinculados a ambientes acuáticos. La combinación de excavación, dieta insectívora, protección mediante espinas, metabolismo relativamente bajo y reproducción monotremada permitió su persistencia en Australia y Nueva Guinea. Las equidnas no son, por tanto, “fósiles vivientes” inmóviles: representan una radiación especializada que modificó profundamente anatomía, alimentación y ecología después de separarse del linaje del ornitorrinco. Sus genomas confirman además una combinación de caracteres ancestrales y novedosos propia de la evolución monotrema. PubMed Central (PMC)
Paper sobre el origen y diversificación de las equidnas · Revisión del registro fósil de los monotremas · Genomas del ornitorrinco y la equidna
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