La región craneal posterior conserva varias particularidades propias de Monotremata. La caja craneana es relativamente baja y el rostro ocupa una proporción notable del cráneo. El sistema olfativo está bien desarrollado, pero el hocico también contiene abundantes mecanorreceptores y electrorreceptores, especialmente útiles durante la búsqueda de alimento. Aunque la electrorrecepción es mucho más importante en el ornitorrinco, las equidnas mantienen una capacidad residual que evidencia la historia evolutiva compartida de los monotremas. Su oído interno presenta una cóclea relativamente corta y poco enrollada comparada con la de muchos terios. (pmc.ncbi.nlm.nih.gov)
Estas características muestran que el cráneo de una equidna no representa un modelo “primitivo” detenido en el tiempo. Es el resultado de una larga especialización evolutiva terrestre, probablemente derivada de antepasados monotremas con mayor relación ecológica con ambientes acuáticos. La reducción dental, el alargamiento del rostro y la modificación de la musculatura mandibular constituyen adaptaciones asociadas con una dieta de pequeñas presas. Por ello, su anatomía combina rasgos mamalianos ancestrales con innovaciones propias de Tachyglossidae, demostrando nuevamente que la evolución produce mosaicos funcionales, no organismos incompletos. (nature.com)
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