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Los sinápsidos
constituyen una de las dos grandes ramas de Amniota y comprenden tanto a
numerosos linajes fósiles del Paleozoico y Mesozoico como a los mamíferos
actuales. Su historia puede seguirse hasta el Carbonífero tardío, hace más
de 310 millones de años. Tradicionalmente se reconocían por poseer una
única fenestra temporal inferior situada detrás de la órbita. Aunque
esta abertura continúa siendo útil para comprender su anatomía, actualmente
Synapsida se define filogenéticamente, no simplemente por contar
agujeros craneales: las fenestras temporales pueden modificarse, fusionarse con
otras aberturas o evolucionar convergentemente en distintos tetrápodos (Abel et
al., 2021). Wiley Online Library Revisión sobre la región temporal de los tetrápodos
La fenestra
temporal sinápsida permitía reorganizar la región posterior del cráneo y
proporcionaba bordes adicionales para el origen y expansión de la musculatura
aductora mandibular. Su límite inferior estaba formado por una barra de
hueso en la que participaban principalmente jugal y escamoso. Es
importante corregir una simplificación frecuente: estos huesos no tienen que
estar “fusionados”. En muchos sinápsidos mantienen una sutura entre ellos; lo
relevante es que juntos forman la barra temporal inferior, precursora
anatómica del arco cigomático de los mamíferos. A lo largo de la
evolución sinápsida, la abertura temporal tendió a ampliarse y la región de la
mejilla a reorganizarse, permitiendo aumentar y redistribuir los músculos
mandibulares. The Company of Biologists
Los animales
llamados históricamente “pelicosaurios” representan varios linajes
tempranos de sinápsidos, pero este término no designa actualmente un clado
natural: agrupa de manera informal numerosos sinápsidos no terápsidos.
Entre ellos aparecieron formas insectívoras, herbívoras y grandes depredadores.
Sus cráneos todavía retenían numerosos huesos presentes en los primeros
amniotas, una mandíbula inferior formada por varios elementos y una
articulación mandibular primaria entre articular y cuadrado.
Figura 1. [En
los sinápsidos], la fenestra
temporal se amplió progresivamente y permitió mayor desarrollo de la musculatura
mandibular. En terápsidos y mamíferos se redujeron huesos como el cuadratoyugal
y desapareció la barra postorbital, formando una amplia región orbitotemporal.
El arco cigomático deriva principalmente de jugal y escamoso; el cráneo
mamaliano sigue siendo filogenéticamente sinápsido.
Figura 2. [La
diversificación de Synapsida]. Durante el Pérmico, Synapsida experimentó
una gran diversificación craneal. Con Therapsida surgieron linajes como Biarmosuchia,
Dinocephalia, Anomodontia, Gorgonopsia, Therocephalia y Cynodontia, con
distintas formas de cráneo y dentición. Solo Cynodontia incluye a
Mammalia. La evolución de estos grupos fue una radiación ramificada, no
una secuencia lineal dirigida hacia los mamíferos.
Dimetrodon y la condición sinápsida temprana
Dimetrodon es uno de los sinápsidos basales más
conocidos, aunque la cultura popular lo coloque frecuentemente junto a los
dinosaurios. Vivió durante el Pérmico temprano, decenas de millones de
años antes de la aparición de Dinosauria, y pertenece a Sphenacodontidae,
una rama mucho más cercana evolutivamente a los terápsidos y mamíferos que a
cualquier dinosaurio. Su conocida vela dorsal no debe distraer de la
importancia de su cráneo para comprender la evolución temprana de Synapsida.
El cráneo era alto,
relativamente alargado y profundamente fenestrado detrás de la órbita. La
fenestra temporal proporcionaba espacio para una musculatura mandibular
considerable, mientras el borde inferior estaba reforzado por la región
jugal-escamosal. En comparación con sinápsidos aún más antiguos, es posible
reconocer una creciente especialización del aparato aductor y una
diferenciación funcional de la dentición. Los análisis modernos de sinápsidos
carnívoros pérmicos muestran que la evolución craneal estuvo estrechamente
relacionada con diferentes estrategias tróficas, desde formas de mordida
relativamente rápida hasta verdaderos especialistas en potencia. Nature
La dentición de Dimetrodon
ya contradice la idea de que los sinápsidos tempranos poseían simplemente una
serie uniforme de dientes cónicos. Su propio nombre significa “diente de dos
medidas”, haciendo referencia a la presencia de dientes de diferentes
tamaños. Existían dientes anteriores, grandes caniniformes y piezas
posteriores menores, una forma temprana de heterodontia. Todavía no
encontramos incisivos, caninos, premolares y molares equivalentes exactamente a
los de un mamífero moderno, pero aparece una diferenciación regional del
aparato dental que se intensificará enormemente en Therapsida.
Esta
especialización debe interpretarse funcionalmente. Los grandes caniniformes
permitían perforar y sujetar tejidos, mientras otras piezas podían desempeñar
funciones distintas durante el procesamiento de las presas. No es necesario
afirmar que estaban específicamente diseñados para “penetrar arterias”: una
función tan precisa raramente puede inferirse del fósil. Lo que sí podemos
reconocer es una progresiva división del trabajo entre regiones de la
dentición.
Figura 3. [Dimetrodon]
fue un sinápsido esfenacodóntido del Pérmico temprano, anterior a los
dinosaurios. Su nombre significa “diente de dos medidas”, por su marcada
heterodontia. Fue un gran depredador terrestre, con caniniformes
desarrollados, amplia fenestra temporal y musculatura mandibular potente. Su
éxito se relacionó con su especialización carnívora, diversidad ecológica y
larga permanencia evolutiva.
Figura 4. [Cráneo
de Dimetrodon], con articulación mandibular ancestral entre
el cuadrado y el articular. Aunque ambos huesos muestran cierta reducción
relativa, todavía soportan funcionalmente la mandíbula. El dentario
aumenta de tamaño, pero comparte la mandíbula con varios huesos postdentarios.
Esta condición antecede la futura articulación dentario–escamoso y la
transformación de cuadrado y articular en yunque y martillo.
Therapsida: la gran radiación pérmica de los sinápsidos
Therapsida surgió durante el Pérmico y experimentó una
enorme radiación mucho antes de la aparición de los dinosaurios. Contrariamente
a una representación popular influida por la antigua “escala natural”,
los terápsidos no fueron animales que aparecieron después de la desaparición de
Dinosauria como una etapa destinada a producir mamíferos. Cuando los
dinosaurios todavía no existían, diversas ramas de Therapsida ya dominaban
numerosos ecosistemas terrestres.
Durante el Pérmico
medio y tardío coexistieron biarmosuquios, dinocefálios, anomodontos,
gorgonopsios y teriodontos, con cráneos y denticiones extremadamente
diferentes. Algunos fueron grandes herbívoros; otros, pequeños consumidores de
vegetación; otros ocuparon nichos de depredadores de alto nivel. Los terápsidos
sobrevivieron además a la devastadora extinción Pérmico–Triásico.
Algunos linajes, particularmente dicinodontos, terocéfalos y cinodontos,
siguieron siendo importantes durante el Triásico temprano. Posteriormente, la
diversificación de arcosaurios y finalmente de dinosaurios cambió profundamente
las comunidades terrestres, pero varios terápsidos persistieron durante gran
parte del Triásico.
En el cráneo se
observa una tendencia importante hacia el agrandamiento de la fenestra
temporal, reducción de ciertos elementos posteriores y expansión del dentario,
el gran hueso portador de dientes de la mandíbula inferior. Las regiones
temporales se hicieron progresivamente más amplias porque la musculatura
aductora adquirió mayor importancia. No se trata de una simple carrera hacia
una mordida cada vez más fuerte: diferentes terápsidos desarrollaron geometrías
craneales distintas según su alimentación (Pusch et al., 2024). PubMed Revisión moderna del origen y evolución de Cynodontia
Figura 5. [Eotitanosuchus
olsoni]fue un terápsido basal del Pérmico medio, de unos 268–265
millones de años. Su nombre significa aproximadamente “cocodrilo gigante
del amanecer”. Presentaba grandes caninos recurvados, hocico robusto
y hábitos carnívoros. El holotipo procede de Rusia y su clasificación sigue
debatida, pues podría representar un individuo adulto relacionado con Biarmosuchus
tener.
Figura 6. [El
cráneo de Eotitanosuchus olsoni] muestra una condición terápsida
temprana, con rostro alargado, grandes caninos, fenestra
temporal ampliada y musculatura mandibular potente. Conservaba la articulación
ancestral cuadrado–articular y varios huesos postdentarios,
incluido el angular. Su anatomía refleja una evolución en mosaico,
combinando especializaciones depredadoras avanzadas con rasgos mandibulares
todavía ancestrales.
Figura 7. [Thrinaxodon
liorhinus] fue un cinodonto basal del Triásico Inferior, de hace
unos 251–247 millones de años. Presentaba heterodontia, paladar
secundario y hocico estrecho. Fósiles en madrigueras indican hábitos fosoriales,
posiblemente útiles para sobrevivir tras la extinción Pérmico–Triásico. Su
éxito se relacionó con pequeño tamaño, refugio subterráneo, dieta flexible y
resistencia ambiental.
Figura 8. [Cráneo
de Thrinaxodon liorhinus], con dentario ampliado, proceso
coronoides elevado y heterodontia desarrollada. Conservaba la
articulación mandibular ancestral entre cuadrado y articular, mientras
el paladar secundario todavía no estaba completamente cerrado. La región
temporal ampliada alojaba mayor musculatura mandibular. Su anatomía ejemplifica
una clara evolución en mosaico hacia la condición mamaliana.
Heterodontia: cuando cada diente comienza a hacer un trabajo diferente
Una de las
transformaciones más importantes de la historia sinápsida fue la creciente heterodontia,
es decir, la diferenciación de los dientes según su posición y función. Esta
característica no surgió repentinamente con los mamíferos. Puede seguirse
gradualmente a través de numerosos sinápsidos, desde diferencias relativamente
sencillas de tamaño hasta denticiones muy regionalizadas.
En grandes
depredadores terápsidos como gorgonopsios y algunos biarmosuquios aparecen caninos
hipertrofiados, acompañados por incisivos anteriores y dientes postcaninos
más pequeños. Eotitanosuchus olsoni, un enorme terápsido del Pérmico
medio relacionado con los primeros biarmosuquios, poseía grandes caniniformes y
un cráneo adaptado a la depredación. Su función más prudente de inferir es penetrar,
sujetar y lesionar profundamente las presas, no localizar estructuras
vasculares específicas.
La especialización
fue todavía más extrema en otras ramas. Los dicinodontos perdieron gran
parte de la dentición y muchos desarrollaron solamente un par de grandes
colmillos acompañados de un pico córneo. Esos colmillos no son homólogos
en sentido estricto a los caninos de los teriodontos: su identidad posicional y
desarrollo son diferentes. PLOS
En Cynodontia, la
heterodontia alcanzó niveles mucho mayores. Los dientes anteriores, caninos y postcaninos
comenzaron a diferenciarse no solo por tamaño, sino también por la geometría de
la corona. Algunos cinodontos herbívoros del Triásico, especialmente los gomfodontes,
desarrollaron dientes postcaninos expandidos transversalmente y superficies
capaces de producir un contacto relativamente preciso entre las filas superior
e inferior. Los gomfodontes se cuentan entre los primeros sinápsidos en
desarrollar patrones oclusales complejos, y ciertas ramas incluso
evolucionaron independientemente hacia dientes de corona alta (Hendrickx et
al., 2024). American Association for Anatomy Estudio sobre la complejidad dental de Gomphodontia
Esta transformación
alteró la alimentación de manera decisiva. Un diente que simplemente perfora
puede funcionar aunque el superior y el inferior no se encuentren con gran
precisión. En cambio, cortar, triturar o moler eficientemente requiere
un control más exacto de la trayectoria mandibular y de la oclusión.
El paladar secundario y la reorganización de la respiración
Otra innovación
fundamental fue el desarrollo del paladar secundario óseo, que separa
progresivamente el trayecto del aire de la cavidad oral. En los primeros
amniotas, las coanas internas se abrían relativamente hacia la parte anterior
de la boca. Al extenderse medialmente el premaxilar, maxilar y palatino,
se formó un techo óseo sobre la cavidad oral y las aberturas nasales internas
quedaron desplazadas posteriormente.
Esta transformación
aparece de distintas maneras dentro de Therapsida. No fue una invención única
que después simplemente heredaran todos los descendientes. La evidencia actual
indica que estructuras semejantes a un paladar secundario evolucionaron
de forma convergente en varias ramas de terápsidos, incluidos dicinodontos,
algunos terocéfalos y los primeros cinodontos. Esto constituye otro ejemplo de
cómo una innovación funcional puede surgir repetidamente cuando distintos
linajes enfrentan problemas biomecánicos y fisiológicos semejantes. Frontiers
En Cynodontia el
paladar secundario alcanzó un desarrollo especialmente importante. Permitía mantener
una vía aérea mientras la boca contenía alimento, facilitando un
procesamiento oral prolongado. Sin embargo, conviene evitar la explicación
simplista de que el paladar secundario “creó la endotermia”. Sus funciones
probablemente estuvieron integradas con cambios en respiración, alimentación,
tejidos nasales y metabolismo, pero las relaciones causales exactas son más
complejas.
En los cinodontos
avanzados también aparecen evidencias internas relacionadas con la evolución de
tejidos nasales y estructuras sensoriales. La microtomografía moderna
permite estudiar canales maxilares, oído interno, cavidades nasales y otros
caracteres que antes permanecían ocultos en el fósil, aportando información
sobre el origen de características fisiológicas mamalianas (Benoit et al.,
2023). PubMed Central (PMC) Revisión sobre anatomía craneodental de cinodontos y
mammaliaformes
Figura 4.
Evolución del paladar secundario. Comparación ventral entre un sinápsido basal, un terápsido con cierre
parcial y un cinodonto con separación más completa de las vías oral y nasal.
Cynodontia: el dentario conquista la mandíbula
Los cinodontos
aparecen de manera inequívoca hacia el Pérmico tardío y sobrevivieron la crisis
Pérmico–Triásico. Constituyen la rama de Therapsida dentro de la cual se
originaron los mammaliaformes y finalmente Mammalia. Su evolución
craneal no consistió simplemente en “hacerse mamíferos”, pues numerosas ramas
desarrollaron sus propias especializaciones y se extinguieron sin dejar
descendientes.
Una tendencia muy
marcada fue el crecimiento del dentario. En los primeros sinápsidos, la
mandíbula inferior estaba formada por varios huesos relativamente importantes:
dentario, angular, surangular, articular y otros. En los cinodontos derivados,
el dentario aumenta progresivamente de tamaño mientras los huesos
postdentarios se reducen.
Simultáneamente se
desarrolló un proceso coronoides cada vez más alto para proporcionar
inserción a músculos mandibulares poderosos. La musculatura dejó de actuar
únicamente mediante el patrón ancestral y comenzó a aproximarse a la
organización temporal y masetérica característica de los mamíferos. Esta reorganización
permitió movimientos mandibulares más controlados y una oclusión dental de
precisión creciente.
También ocurre un
cambio importante alrededor de la órbita. En sinápsidos ancestrales existía una
barra postorbital que separaba claramente la órbita de la abertura
temporal. En numerosos cinodontos avanzados esa barra se reduce o desaparece,
dejando una amplia abertura orbitotemporal. Esto no convierte al cráneo
en “anápsido”. Un cráneo anápsido, en el sentido morfológico tradicional,
carece de fenestras temporales; aquí sucede lo contrario: la región temporal se
ha expandido hasta confluir con el espacio orbitario. Wiley Online Library
Diarthrognathus y las dos articulaciones mandibulares
Uno de los fósiles
históricamente más importantes para comprender la transición hacia la mandíbula
mamaliana es Diarthrognathus broomi, un cinodonto avanzado del Jurásico
Inferior de Sudáfrica. Su nombre significa aproximadamente “mandíbula de dos
articulaciones”, y precisamente esa condición hizo que adquiriera enorme
importancia en anatomía comparada.
En los primeros
amniotas, la mandíbula se articula mediante el articular de la mandíbula
inferior y el cuadrado del cráneo. Los mamíferos actuales utilizan una
articulación completamente diferente: el dentario contacta directamente con
el escamoso, formando la articulación temporomandibular. Durante mucho
tiempo, comprender cómo un sistema podía transformarse en el otro constituyó
uno de los grandes problemas de la anatomía evolutiva.
Diarthrognathus fue interpretado clásicamente como una
forma en la que coexistían una articulación ancestral cuadrado–articular y
una articulación secundaria dentario–escamoso. El estudio clásico de
Crompton y Parkyn (1963) convirtió este animal en una referencia de la
transición mandibular. ZSL Publications Estudio clásico de la mandíbula de Diarthrognathus
Actualmente sabemos
que la historia fue todavía más compleja. Contactos entre dentario y escamoso
aparecieron de diferentes formas en varios cinodontos derivados, y
algunos pudieron evolucionar independientemente. El establecimiento definitivo
de la articulación mamaliana no debe imaginarse como una sola línea de especies
perfectamente ordenadas, sino como una radiación en mosaico en la que
varias ramas experimentaron soluciones biomecánicas semejantes. PubMed Central (PMC)
Figura 9. [Diarthrognathus
broomi] fue un cinodonto probainognatio del Jurásico Inferior,
de unos 200–190 millones de años. Su nombre significa “mandíbula de
dos articulaciones”. Presentaba simultáneamente las
articulaciones cuadrado–articular y dentario–escamoso, además de
un dentario expandido. Esta anatomía documenta una etapa clave de evolución
en mosaico hacia la mandíbula y el oído medio mamalianos.
Figura 10. [El
cráneo de Diarthrognathus] demuestra que una nueva articulación
mandibular pudo evolucionar sin inutilizar la anterior. Durante una etapa
transicional coexistieron la articulación cuadrado–articular ancestral y
la dentario–escamoso mamaliana. Esta redundancia funcional
permitió transferir progresivamente la carga mecánica. Después, cuadrado y
articular se transformaron en yunque y martillo, resolviendo la llamada paradoja
de Cuvier mediante evolución gradual.
De mandíbula a oído: una transformación que habría parecido imposible
La aparición de una
nueva articulación tuvo una consecuencia extraordinaria. Una vez que el dentario
y el escamoso podían soportar eficazmente la mandíbula, los antiguos
elementos responsables de la articulación primaria quedaron progresivamente
liberados de esa función. El articular terminaría formando el martillo,
mientras el cuadrado se transformaría en el yunque del oído medio
mamaliano. Junto con el estribo, estos huesos constituyen el sistema de tres
osículos característico de Mammalia (Tucker et al., 2013). PubMed Central (PMC) Revisión sobre la evolución conjunta de mandíbula y oído
medio
En mammaliaformes
tempranos como Morganucodon coexistían todavía la articulación
mandibular nueva y elementos del sistema ancestral asociados a la
mandíbula. Fósiles posteriores muestran diferentes grados de separación entre
los huesos postdentarios y el dentario. Finalmente, los elementos ancestrales
se incorporaron completamente al oído medio, mejorando especialmente la
transmisión de sonidos de alta frecuencia. La evidencia fósil,
embriológica y genética convierte esta transformación en uno de los ejemplos
mejor documentados de cambio de función de estructuras durante la evolución
(Maier & Ruf, 2016; Luo, 2011). PubMed Central (PMC) Revisión histórica sobre la evolución del oído medio
mamaliano
Puede hablarse aquí
de una aparente paradoja cuvieriana, aunque “paradoja de Cuvier” no
constituye un término anatómico formal reconocido. Georges Cuvier defendía
fuertemente la correlación de las partes: cada estructura estaba
integrada funcionalmente con las demás, y cambios importantes parecían
difíciles de imaginar sin destruir el funcionamiento del organismo. La
transición mandíbula–oído muestra cómo la evolución resuelve precisamente ese
problema. No desmontó primero la articulación ancestral para después inventar
otra; durante etapas intermedias coexistieron dos sistemas funcionales,
permitiendo que uno adquiriera progresivamente el papel mandibular mientras el
otro era liberado para especializarse en audición.
Figura 6. De la
articulación mandibular al oído medio. Secuencia simplificada desde la articulación cuadrado–articular,
pasando por una condición de doble articulación, hasta la articulación dentario–escamoso
y los tres osículos del oído mamaliano.
Del cráneo terápsido al cráneo mamaliano
A lo largo de la
evolución sinápsida, la transformación del cráneo involucró varios sistemas que
inicialmente podían parecer independientes. La fenestra temporal aumentó de
tamaño, el arco jugal-escamosal adquirió la configuración del arco
cigomático, el dentario dominó progresivamente la mandíbula, aparecieron dientes
regionalizados y oclusión más precisa, se desarrolló un paladar secundario
y los huesos postdentarios disminuyeron hasta participar en el oído medio.
Ninguno de estos
cambios surgió con el propósito de producir mamíferos. Therapsida comprendió
una enorme cantidad de ramas laterales exitosas, desde herbívoros
dicinodontos hasta grandes depredadores gorgonopsios. Incluso dentro de
Cynodontia existieron poderosas radiaciones herbívoras como Gomphodontia que
desarrollaron soluciones dentales altamente especializadas sin encontrarse
directamente en la línea que conduce a Mammalia. American Association for Anatomy
Figura 11. [Brasilitherium riograndensis] fue un cinodonto avanzado del Triásico Superior, de unos 225 millones de años, hallado en Brasil. Presentaba dentición compleja, paladar secundario desarrollado y cráneo muy próximo al patrón mamaliano. Su pequeño tamaño y probable dieta insectívora acompañaron una anatomía altamente especializada. Es clave para comprender la evolución gradual de Mammaliaformes mediante cambios en mosaico.
Figura 12. [El
cráneo de Brasilitherium riograndensis] presenta dentario muy
desarrollado, huesos postdentarios reducidos, paladar secundario
extendido y una cavidad nasal avanzada. Su anatomía combina caracteres
cinodontos con rasgos próximos a Mammaliaformes. Sin embargo, la articulación
mandibular seguía siendo principalmente cuadrado–articular, demostrando
que el cráneo mamaliano surgió mediante evolución en mosaico, con
distintos sistemas transformándose a ritmos diferentes.
La evolución
tampoco puede representarse adecuadamente mediante una fila Dimetrodon →
terápsido → cinodonto → mamífero. Cada uno de esos nombres representa
sectores de un árbol ramificado. Lo que el registro craneal permite
reconstruir es una sucesión de caracteres distribuidos entre ramas
relacionadas: aumento de la musculatura aductora, heterodontia, paladar
secundario, expansión del dentario, nueva articulación mandibular y
transformación de los antiguos huesos de la mandíbula en elementos auditivos.
El resultado final
puede observarse en nuestra propia cabeza. El arco cigomático humano, la
mandíbula formada exclusivamente por el dentario, la articulación
temporomandibular, los incisivos, caninos, premolares y molares, el paladar
secundario y el martillo y yunque del oído medio son versiones
extremadamente transformadas de estructuras cuya historia puede seguirse
durante más de 300 millones de años en el registro fósil de Synapsida.
Figura 7.
Transformaciones principales del cráneo sinápsido. Comparación entre un
sinápsido basal, un terápsido, un cinodonto avanzado y un mamífero, señalando fenestra
temporal, arco cigomático, heterodontia, paladar secundario, dentario y
articulación mandibular.
Referencias
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