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Los
reptiles constituyen una de las grandes radiaciones de Amniota,
pero su diversidad craneal es tan extrema que resulta poco útil buscar un único
“cráneo reptiliano” representativo. Desde pequeñas formas terrestres
paleozoicas hasta tortugas, lepidosaurios, arcosaurios y gigantescos
reptiles marinos mesozoicos, la evolución modificó repetidamente las fenestras
temporales, barras óseas, paladar, mandíbula y articulaciones craneales.
Por ello, en este capítulo conviene abandonar los modelos generales ya estudiados
y utilizar formas más derivadas para observar hasta dónde puede transformarse
la arquitectura amniota. Un ejemplo espectacular es el pliosáurido colombiano Monquirasaurus
boyacensis, antiguamente denominado Kronosaurus boyacensis, cuyo
enorme cráneo representa una especialización depredadora marina muy alejada del
patrón superficial de los primeros reptiles (Noè & Gómez-Pérez, 2022). ScienceDirect
Figura
1. [La
condición diápsida] posee dos fenestras temporales, aunque la
superior puede orientarse sobre el techo craneal y no ser evidente
lateralmente. Históricamente, los amniotas se clasificaron según el número de aberturas
temporales. Hoy sabemos que estas pueden abrirse, cerrarse o fusionarse,
por lo que deben interpretarse junto con sus límites óseos y relaciones
filogenéticas.
Figura 2. [Cráneo
de Monquirasaurus boyacensis]. Este
pliosaurio antes Kronosaurus boyacensis, fue hallado en Monquirá,
Boyacá, en rocas de la Formación Paja del Cretácico Inferior. Su
esqueleto permanece en el Museo Comunitario El Fósil. El enorme cráneo,
las mandíbulas robustas y los dientes cónicos indican un pliosáurido
macropredador, especializado en soportar fuertes cargas durante la captura
de grandes presas marinas.
Quinesis craneana de los reptiles
La quinesis
craneana consiste en movimientos apreciables entre huesos o conjuntos de
huesos del cráneo, además del movimiento normal de la mandíbula. Es
especialmente importante entre numerosos lepidosaurios y aves, aunque su
presencia, amplitud y función varían enormemente entre especies. No debe
imaginarse como una propiedad binaria en la que un cráneo sea simplemente
“móvil” o “inmóvil”: existen articulaciones flexibles, zonas de flexión,
suturas parcialmente móviles y sistemas musculares capaces de producir o
limitar movimientos muy pequeños. De hecho, incluso especies tradicionalmente
descritas como quinéticas pueden mostrar desplazamientos reducidos durante la
alimentación (Wilken et al., 2019). El texto original reconoce correctamente la
quinesis como uno de los ejes principales para comprender la diversidad del
cráneo reptiliano. Markdown pegado
Entre las
categorías descriptivas clásicas se encuentran la metaquinesis, asociada
con movilidad entre la región posterior del dermatocráneo y el neurocráneo; la mesoquinesis,
generalmente relacionada con una zona de flexión aproximadamente
frontoparietal; y la proquinesis, particularmente desarrollada en muchas
aves, donde el rostro puede moverse respecto del neurocráneo. Sin embargo,
estas categorías no deben aplicarse mecánicamente a todos los reptiles. En los
escamosos resulta especialmente importante la estreptostilia, es decir,
la rotación del cuadrado respecto del cráneo. Como el cuadrado continúa
articulándose inferiormente con el articular mandibular, pequeños
desplazamientos suyos pueden modificar considerablemente la orientación de la
mandíbula y del aparato palatal (Wilken et al., 2019). The Company of Biologists
Figura 3. [La quinesis craneana] permite
movimientos entre distintas regiones del cráneo. La metaquinesis afecta
la zona posterior; la mesoquinesis, la región media cercana al contacto
frontal-parietal; y la proquinesis, el hocico. Estos mecanismos pueden
combinarse con estreptostilia del cuadrado. Su funcionamiento depende de
suturas, ligamentos, músculos y cartílagos, mostrando la gran plasticidad
biomecánica del cráneo diápsido.
Figura 4. [La estreptostilia] es
una forma de quinesis craneana en la que el cuadrado puede
moverse respecto del cráneo, modificando directamente la posición de la
mandíbula. En lepidosaurios y serpientes aumenta la apertura bucal y
facilita manipular presas. Puede combinarse con otras quinesis. En
cocodrilianos se reduce por mayor rigidez, mientras en aves participa en
movimientos del pico.
La quinesis tampoco
evolucionó siempre hacia una movilidad creciente. Los mosasaurios,
grandes escamosos marinos del Cretácico, poseían en muchas formas un cuadrado
móvil y articulaciones que permitían redistribuir movimientos durante la
captura y deglución. Sin embargo, el mosasaurino especializado Plotosaurus
bennisoni reforzó contactos entre frontal, prefrontal, postorbitofrontal,
parietal y neurocráneo, reduciendo la mesoquinesis, metaquinesis y
probablemente la estreptostilia. La evolución, por tanto, puede favorecer
nuevamente un cráneo rígido cuando la ecología alimentaria lo hace ventajoso
(LeBlanc et al., 2013). Taylor & Francis Online
Tortugas, anápsidos
Las tortugas fueron
clasificadas históricamente como anápsidos porque sus cráneos adultos
carecen de las dos fenestras temporales completamente delimitadas
características del patrón diápsido. Hoy esta interpretación se considera
insuficiente. Evidencias moleculares, embrionarias y fósiles indican que Testudines
deriva de antepasados diápsidos, por lo que su región temporal cerrada
representa una condición secundariamente modificada. Fósiles del linaje
troncal han permitido reconstruir etapas intermedias del proceso de
transformación, aunque la posición exacta de determinados taxones tempranos
continúa siendo discutida (Schoch & Sues, 2016; Chiari et al., 2012). ScienceDirect
Figura 5. [Los diápsidos] incluyen
una enorme diversidad de amniotas, desde lepidosaurios y tortugas hasta
arcosaurios. Entre sus formas extinguidas destacan ictiosaurios,
plesiosaurios, pliosaurios, mosasaurios, pterosaurios y dinosaurios no avianos.
Muchas adaptaciones acuáticas o voladoras evolucionaron independientemente. Las
aves modernas son dinosaurios terópodos supervivientes, por lo que
forman parte de esta gran radiación reptiliana.
En lugar de
fenestras completamente encerradas por hueso, muchas tortugas desarrollan
profundas emarginaciones temporales, es decir, escotaduras que parten
del borde posterior del cráneo. Estas permiten reorganizar la musculatura
aductora mandibular sin reconstruir necesariamente la condición diápsida
ancestral. El resultado es un cráneo que puede parecer externamente
“primitivo”, pero que en realidad constituye una especialización derivada. Por
esta razón, anápsido resulta más seguro como descripción morfológica que
como nombre de un linaje evolutivo.
Otro cambio extremo
es la pérdida completa de dientes en las tortugas modernas. Los márgenes
de premaxilar, maxilar y dentario sostienen una cubierta queratinizada que
constituye el pico córneo o ranfoteca. Su forma puede especializarse
para cortar vegetación, triturar estructuras duras, arrancar tejidos o capturar
animales. El cráneo de las tortugas demuestra así que la pérdida de fenestras o
dientes no representa necesariamente simplificación funcional: puede
acompañarse de profundas reorganizaciones musculares y biomecánicas
(Kardong, 2019).
Tatuaras
Las tuátaras,
género Sphenodon, constituyen los únicos representantes actuales de Rhynchocephalia,
grupo hermano de Squamata dentro de Lepidosauria. Su cráneo conserva claramente
las dos fenestras temporales del patrón diápsido y, sobre todo, mantiene
completas las barras superior e inferior. Esto produce una arquitectura
considerablemente más rígida que la de muchas lagartijas y serpientes.
Por ello, aunque las tuátaras conservan numerosos caracteres tempranos de los
lepidosaurios, no deben calificarse simplemente como “fósiles vivientes”: los
linajes actuales también acumularon millones de años de evolución
independiente.
Figura 6. [El cráneo de las tuátaras] El cráneo de las tuátaras
conserva claramente el patrón diápsido, con dos fenestras temporales
delimitadas por barras óseas completas. El cuadrado permanece firmemente
integrado, por lo que la quinesis craneal es limitada. La articulación cuadrado-articular
y la dentición acrodonta forman un sistema resistente, útil como
referencia del patrón lepidosaurio temprano, aunque Sphenodon también
presenta especializaciones propias.
Una corrección
importante respecto de interpretaciones tradicionales es que el cuadrado de
la tuátara no presenta la amplia estreptostilia típica de numerosos escamosos.
Se encuentra firmemente integrado con la región posterior del cráneo,
contribuyendo a una condición esencialmente aquinética. La
especialización alimentaria depende menos de modificar la forma completa del
cráneo y más de movimientos mandibulares particulares. Los dientes son acrodontos,
firmemente fusionados a los márgenes de los huesos mandibulares, y la mandíbula
inferior puede desplazarse ligeramente hacia adelante y atrás durante la
mordida, generando un eficiente movimiento de corte (Kardong, 2019).
Squamata, lagartos
Los lagartos
muestran una diversidad craneal enorme y no existe un único patrón cinético
aplicable a todo Squamata. Una tendencia frecuente es la reducción de la
barra temporal inferior, especialmente mediante pérdida o disminución del
cuadratoyugal y modificación de los contactos del yugal. Al liberar al cuadrado
de conexiones rígidas, puede desarrollarse estreptostilia. En algunos
grupos también existe flexión alrededor de la unión frontoparietal,
combinándose con articulaciones palatales para producir grados variables de
mesoquinesis. Sin embargo, la amplitud real de estos movimientos depende de
músculos, ligamentos y tejidos articulares, y puede ser mucho menor que la
inferida únicamente a partir de esqueletos secos (Wilken et al., 2019). The Company of Biologists
Los varanos
proporcionan un buen modelo de esta organización. En Varanus exanthematicus,
las relaciones entre cuadrado, pterigoides, palatino y sutura frontoparietal
permiten deformaciones controladas del cráneo durante la alimentación. La
quinesis podría facilitar la manipulación de la presa y redistribuir cargas,
pero no debe interpretarse automáticamente como un mecanismo destinado a
aumentar la fuerza máxima de mordida. Un cráneo rígido puede transmitir fuerzas
más eficientemente, mientras uno flexible puede favorecer velocidad,
acomodación o manipulación (Wilken et al., 2019).
Figura 7. [El cráneo de los lagartos monitores] muestra
reducción de la barra temporal inferior, pérdida del cuadratoyugal
y modificación de otros huesos temporales. La fenestra inferior queda abierta
hacia la mandíbula, exponiendo surangular, angular y articular, mientras
la superior se orienta dorsalmente. Esta arquitectura favorece estreptostilia
y cierta quinesis craneana, aumentando movilidad a costa de rigidez
estructural.
Figura 8. [El cráneo de los camaleones] conserva
el patrón diápsido, pero con una fenestra temporal inferior
ampliamente abierta hacia la mandíbula y una fenestra superior desplazada dorsalmente.
La reducción de barras temporales disminuye masa, mientras parietal y
escamoso pueden formar cascos o crestas. Mantienen articulación cuadrado-articular
y combinan rigidez relativa con especializaciones ligadas a alimentación y
exhibición.
Los mosasaurios
llevaron la arquitectura escamosa hacia grandes depredadores marinos. En formas
como Mosasaurus hoffmannii, el cuadrado es enorme y participa
directamente en la articulación mandibular, mientras la mandíbula conserva
movilidad entre varios de sus componentes. Sin embargo, la interpretación
clásica de todos los mosasaurios como extraordinariamente quinéticos debe
matizarse: en formas muy derivadas como Plotosaurus parte de esa
movilidad se redujo por refuerzo secundario del cráneo (LeBlanc et al.,
2013). Taylor & Francis Online
Figura 9. [El
cráneo de los mosasaurios] combina un patrón diápsido muy modificado con grandes aberturas
temporales, dientes cónicos y una mandíbula especializada. El enorme cuadrado
conserva la articulación cuadrado-articular y cierta estreptostilia,
mientras los pterigoides ayudan a retener presas. La mandíbula multiósea
puede presentar movilidad intramandibular, equilibrando quinesis,
resistencia estructural y captura de grandes vertebrados marinos.
Squamata, serpientes
Las serpientes
representan uno de los extremos de movilidad craneal entre los tetrápodos, pero
no porque “disloquen” la mandíbula. Su extraordinaria capacidad para ingerir
presas grandes depende de numerosas articulaciones móviles que permanecen
anatómicamente normales. El cuadrado presenta marcada estreptostilia,
el complejo palatino-pterigoideo puede desplazarse, los lados derecho e
izquierdo de la mandíbula se encuentran unidos anteriormente mediante tejidos
blandos flexibles y, en varios linajes, existen articulaciones adicionales
dentro de la propia mandíbula. Esta combinación permite aumentar el diámetro
funcional de la boca sin separar traumáticamente ninguna articulación.
El movimiento
palatal también permite el característico transporte unilateral de la presa:
diferentes partes del aparato maxilopalatino pueden avanzar y retraerse
alternativamente sobre el alimento. Sin embargo, esta condición extrema no
estuvo presente desde el origen de las serpientes. Fósiles como Sanajeh
indicus muestran un aparato palatomaxilar más restringido, aunque ya
poseían movilidad intramandibular, indicando que la hiperquinesis de muchas
serpientes actuales se adquirió gradualmente (Zaher et al., 2023). OUP Academic
Figura
10. [El
cráneo de las serpientes] presenta una quinesis extrema, con reducción de barras temporales
y un cuadrado móvil que amplía la apertura bucal. Las hemimandíbulas
están unidas por tejidos flexibles y el paladar móvil ayuda a
transportar la presa. En víboras, la maxila rota para elevar los colmillos.
Esta arquitectura facilita ingerir presas proporcionalmente muy grandes.
En víboras, además,
la movilidad del maxilar está asociada con el mecanismo de erección de
los grandes colmillos inoculadores. Cuando la boca se abre, movimientos
coordinados del cuadrado, ectopterigoides y pterigoides contribuyen a rotar el
maxilar y colocar los colmillos en posición funcional. La elevada movilidad
constituye, por tanto, un sistema tridimensional de huesos, articulaciones,
músculos y ligamentos, no una simple bisagra anterior.
Cocodrilos
Los cocodrilianos
representan una trayectoria prácticamente opuesta. Aunque pertenecen a Diapsida
y conservan las fenestras temporales del patrón arcosauriano, su cráneo moderno
es esencialmente aquinético. Numerosas suturas firmes integran rostro,
paladar y neurocráneo en una estructura capaz de resistir grandes cargas. El
cuadrado continúa articulándose con el articular mandibular, pero está
firmemente incorporado al cráneo y no realiza la estreptostilia característica
de numerosos escamosos (Kardong, 2019). La elevada fuerza de mordida de estos
animales deriva principalmente de su musculatura aductora, brazos de palanca
mandibulares y arquitectura craneal resistente, no de la presencia de una
única abertura ósea (Sellers et al., 2022). American Association for Anatomy
Figura 8. [El
cráneo de los cocodrilianos] es extremadamente robusto y se
complementa con osteodermos sobre la nuca y el dorso. Sin embargo, la unión
craneocervical debe conservar movilidad y concentra estructuras vitales,
como el foramen magno, médula, vasos y músculos profundos. Por eso,
históricamente se reconoció detrás de la nuca una zona relativamente
vulnerable frente al resto de la cabeza.
Una de las
especializaciones fundamentales es el paladar secundario óseo. Procesos
de premaxilares, maxilares, palatinos y pterigoides separan
progresivamente la vía respiratoria de la cavidad oral y desplazan las coanas
hacia la región posterior. Esta configuración permite mantener las narinas
comunicadas con las vías respiratorias mientras gran parte de la boca permanece
ocupada por una presa o se encuentra sumergida. La evolución del paladar
secundario ocurrió progresivamente entre los crocodilomorfos y muestra
configuraciones diferentes en linajes fósiles (Dollman, 2022). American Association for Anatomy
La mandíbula posee
además una gran fenestra mandibular externa, típica de los arcosaurios,
delimitada por varios huesos postdentarios. Esta abertura participa en la
organización estructural y muscular de la mandíbula, pero no constituye por sí
sola el “secreto” de la poderosa mordida crocodiliana. La capacidad de soportar
fuerzas elevadas surge del funcionamiento integrado de dentario, surangular,
angular, articular, cuadrado, suturas craneales y músculos aductores. Los
cocodrilianos actuales son, por tanto, ejemplos de cómo un linaje derivado de
antepasados diápsidos puede evolucionar hacia un cráneo extremadamente rígido,
reforzado y resistente, mientras otros reptiles siguieron la dirección
opuesta hacia una quinesis cada vez mayor.
Referencias
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Sellers, K. C., Middleton, K. M., Davis, J. L., & Holliday, C. M.
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