La mesoquinesis presenta la principal zona de flexión aproximadamente en la región media del techo craneal, habitualmente cerca del contacto frontal-parietal. En este caso, la parte anterior del cráneo puede moverse ligeramente respecto de la región posterior. Este mecanismo aparece con distintos grados en algunos lepidosaurios, especialmente lagartos, y suele combinarse con movimientos del cuadrado y del paladar. No debe imaginarse como una fractura o una bisagra mecánica perfecta: los desplazamientos dependen de ligamentos, músculos, cartílagos y suturas flexibles, y en muchos animales son pequeños aunque biomecánicamente importantes.
La proquinesis desplaza la zona principal de movimiento hacia la parte anterior del cráneo, de manera que el rostro o hocico puede elevarse o descender respecto del neurocráneo. Esta condición alcanza especial desarrollo en numerosas aves, donde el movimiento del cuadrado y de los elementos palatales transmite fuerzas hacia el pico superior. Los tres términos representan modelos descriptivos y pueden combinarse con otros mecanismos como la estreptostilia, correspondiente a la movilidad del hueso cuadrado. Por ello, un cráneo puede presentar simultáneamente varias formas de quinesis. La diversidad de estos mecanismos demuestra que el cráneo diápsido constituye un sistema modular y biomecánicamente plástico, capaz de reorganizarse repetidamente según las exigencias de captura, manipulación y procesamiento del alimento.
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