Una hibridación
genética es un proceso de reproducción mediante el cual se combinan los alelos
de dos progenitores, produciendo descendientes con diferentes combinaciones
genotípicas. En genética clásica utilizamos este concepto para estudiar la
transmisión de uno o varios caracteres hereditarios, así como para
predecir las proporciones de genotipos y fenotipos que pueden
aparecer en la descendencia. El término híbrido se utiliza particularmente para
los individuos heterocigotos, aunque en el estudio de cruzamientos también
analizamos progenitores homocigotos y descendientes de diferentes
constituciones genéticas.
Según el número
de caracteres hereditarios considerados, podemos distinguir cuatro
categorías:
a) Monohíbrido:
estudia un solo carácter hereditario, representado mediante un locus. En
nuestro modelo de dos alelos, utilizaremos A/a, con los genotipos AA,
Aa y aa. Un cruzamiento monohíbrido permite analizar las consecuencias de
la segregación alélica sin incorporar otros caracteres.
b) Dihíbrido:
estudia simultáneamente dos caracteres hereditarios, representados
mediante los loci A/a y B/b. Un individuo AaBb es doble
heterocigoto. Cuando existe distribución independiente, podemos analizar
cada locus por separado y combinar posteriormente sus resultados.
c) Trihíbrido:
incorpora tres caracteres hereditarios, representados mediante A/a,
B/b y C/c. Un individuo AaBbCc es triple heterocigoto y puede
producir ocho clases de gametos cuando los tres loci presentan distribución
independiente.
d) Polihíbrido:
estudia varios loci simultáneamente. Aunque esta categoría incluye
formalmente los dihíbridos y trihíbridos, utilizaremos el término especialmente
para los sistemas con cuatro o más loci, como los tetrahíbridos y
pentahíbridos. Su estudio permite representar una variedad mucho mayor de
combinaciones hereditarias.
En todos estos
modelos debemos distinguir dos cuestiones: el número de combinaciones
posibles y la probabilidad de que aparezca una combinación particular.
El primer problema pertenece principalmente a la combinatoria; el segundo, al
cálculo de probabilidades. Aunque están relacionados, no debemos confundirlos,
pues los genotipos posibles no tienen necesariamente la misma probabilidad de
aparecer en un cruzamiento.
Inviabilidad práctica del cuadro de Punnett más allá del dihíbrido
La dificultad de
aplicar las técnicas convencionales de la genética clásica se hace
especialmente evidente al superar los modelos de dos o tres genes. No se trata
de que el cuadro de Punnett deje de ser matemáticamente válido, sino de
que su tamaño aumenta tan rápidamente que resulta poco práctico resolver
cruzamientos de numerosos loci utilizando únicamente lápiz y papel.
En un monohíbrido,
el cruzamiento entre dos heterocigotos se representa mediante una tabla de
cuatro casillas. En un dihíbrido, si ambos progenitores son dobles
heterocigotos, necesitamos dieciséis. Pero, al estudiar tres loci, cada
progenitor puede producir ocho tipos de gametos y, por tanto, el cuadro
completo alcanza 64 casillas.
Para comprobarlo,
consideraremos un cruzamiento entre dos individuos triples heterocigotos,
ambos con genotipo AaBbCc. Bajo el supuesto de distribución
independiente, cada progenitor puede producir los mismos ocho gametos: ABC,
ABc, AbC, Abc, aBC, aBc, abC y abc, cada uno con una probabilidad de 1/8.
Tabla 1. [Cuadro
de Punnett de un cruzamiento trihíbrido]. El cruzamiento AaBbCc × AaBbCc produce ocho gametos diferentes por
progenitor, generando 64 combinaciones gaméticas, 27 genotipos distintos y ocho
fenotipos bajo dominancia completa. Cada casilla tiene una probabilidad de
1/64, pero los genotipos repetidos acumulan probabilidades mayores. El triple
heterocigoto aparece con una frecuencia teórica del 12.5 %, calculable mediante
probabilidades independientes (Edwards, 2012).
|
Gametos |
ABC |
ABc |
AbC |
Abc |
aBC |
aBc |
abC |
abc |
|
ABC |
AABBCC |
AABBCc |
AABbCC |
AABbCc |
AaBBCC |
AaBBCc |
AaBbCC |
AaBbCc |
|
ABc |
AABBCc |
AABBcc |
AABbCc |
AABbcc |
AaBBCc |
AaBBcc |
AaBbCc |
AaBbcc |
|
AbC |
AABbCC |
AABbCc |
AAbbCC |
AAbbCc |
AaBbCC |
AaBbCc |
AabbCC |
AabbCc |
|
Abc |
AABbCc |
AABbcc |
AAbbCc |
AAbbcc |
AaBbCc |
AaBbcc |
AabbCc |
Aabbcc |
|
aBC |
AaBBCC |
AaBBCc |
AaBbCC |
AaBbCc |
aaBBCC |
aaBBCc |
aaBbCC |
aaBbCc |
|
aBc |
AaBBCc |
AaBBcc |
AaBbCc |
AaBbcc |
aaBBCc |
aaBBcc |
aaBbCc |
aaBbcc |
|
abC |
AaBbCC |
AaBbCc |
AabbCC |
AabbCc |
aaBbCC |
aaBbCc |
aabbCC |
aabbCc |
|
abc |
AaBbCc |
AaBbcc |
AabbCc |
Aabbcc |
aaBbCc |
aaBbcc |
aabbCc |
aabbcc |
Cada casilla
representa la unión de dos gametos haploides para formar un genotipo
diploide. El cuadro contiene 64 combinaciones de gametos, pero solamente 27
genotipos diferentes, porque numerosas casillas representan el mismo
genotipo. Bajo dominancia completa, esos 27 genotipos se agrupan en ocho
combinaciones fenotípicas.
Este tamaño ya
resulta incómodo, pero las dificultades aumentan al incorporar un cuarto locus.
El cruzamiento entre dos tetrahíbridos heterocigotos exigiría una tabla
de 16 filas por 16 columnas, con 256 casillas. Con cinco loci, el
número ascendería a 1 024 casillas. Construir semejantes tablas puede
ser posible, pero difícilmente constituye la manera más eficiente de resolver
un ejercicio escolar.
Esta es
precisamente la razón por la cual, desde el comienzo de nuestro curso de
genética, hemos introducido técnicas algebraicas más abstractas y
matemáticamente generales. En lugar de depender de enormes cuadros,
utilizaremos productos de polinomios, reglas de conteo y multiplicación
de probabilidades. Estos procedimientos permiten resolver desde un
monohíbrido elemental hasta engendros de complejidad aparentemente demoníaca,
como los tetrahíbridos, sin necesidad de dibujar cientos de casillas (Edwards, 2012).
La ventaja de este
enfoque no consiste únicamente en ahorrar espacio. También nos obliga a
comprender qué estamos haciendo: cada locus aporta determinadas
posibilidades y el resultado multilocus surge de combinarlas bajo condiciones
explícitas. El cuadro de Punnett sigue siendo útil para visualizar la formación
de genotipos; el álgebra permite expresar la misma lógica de manera más compacta.
Número de genotipos y fenotipos posibles
Antes de resolver
un cruzamiento polihíbrido podemos preguntarnos cuántos genotipos y fenotipos
diferentes admite nuestro modelo. Esta pregunta es importante porque el número
de combinaciones posibles no depende directamente del tamaño de una
población, sino de los estados genéticos que hemos definido y de la manera en
que pueden combinarse.
Como demostramos
anteriormente, el número total de combinaciones genotípicas puede
calcularse mediante el productorio de las cantidades de genotipos
admitidos en cada locus.
[Teorema del producto multilocus para genotipos]
[Demostración]
En esta expresión, nG
representa el número total de genotipos multilocus posibles, L
indica la cantidad de loci considerados y ngᵢ representa el
número de genotipos admitidos en el locus i. El operador productorio
multiplica las posibilidades individuales de cada posición genética.
El mismo principio
permite contar las combinaciones fenotípicas, siempre que podamos
distinguir los estados asociados con cada locus y combinarlos sin que
diferentes combinaciones se vuelvan fenotípicamente idénticas.
[Teorema del producto multilocus para fenotipos]
[Demostración]
Aquí, nF
representa el número total de combinaciones fenotípicas distinguibles y nfᵢ
corresponde al número de estados fenotípicos asociados con cada locus.
Tabla 2. [Combinaciones
genotípicas y fenotípicas en cruzamientos polihíbridos]. La tabla muestra cómo aumentan los genotipos
posibles y las combinaciones fenotípicas al incorporar nuevos loci. Desde el
monohíbrido hasta el hexahíbrido, los genotipos aumentan de 3 a 729 y los
fenotipos de 2 a 64. Estos valores proceden de los productos multilocus, bajo
condiciones de dominancia completa e independencia genética.
|
Tipo de
cruzamiento |
Loci |
Genotipos Posibles |
Fenotipos combinados |
|
Monohíbrido |
1 |
3 |
2 |
|
Dihíbrido |
2 |
9 |
4 |
|
Trihíbrido |
3 |
27 |
8 |
|
Tetrahíbrido |
4 |
81 |
16 |
|
Pentahíbrido |
5 |
243 |
32 |
|
Hexahíbrido |
6 |
729 |
64 |
Estas cantidades
representan el conjunto de posibilidades del modelo, no necesariamente
los genotipos y fenotipos producidos por cualquier pareja de progenitores. Un
cruzamiento particular puede generar solamente una parte de las combinaciones
teóricamente disponibles.
La fórmula
fenotípica requiere una precaución adicional: si varios genes influyen
conjuntamente en una misma característica, diferentes combinaciones pueden
generar un fenotipo global equivalente. Por ello, el productorio cuenta
correctamente las combinaciones de estados independientes, pero no
necesariamente todos los niveles observables de un carácter poligénico (Mackay
et al., 2009).
Los genotipos posibles
Aunque disponemos
de una fórmula para calcular el número total de genotipos, todavía
necesitamos identificar cuáles son esas combinaciones. Para hacerlo, la
solución más sencilla consiste en ejecutar un producto de polinomios,
utilizando la misma lógica de las baldosas algebraicas que hemos
empleado anteriormente.
Cada locus
puede representarse mediante una expresión cuyos términos corresponden a los genotipos
que admite. Si estudiamos varios loci, multiplicamos sus expresiones y
desarrollamos el producto mediante la propiedad distributiva. Cada
término resultante representa una combinación genotípica multilocus.
En nuestro modelo
bialélico, los estados genotípicos de cada locus se pueden agrupar como
expresiones formales. Para dos loci, la representación sería:
\[
(AA+Aa+aa)(BB+Bb+bb) \]
Al desarrollar este
producto obtenemos nueve términos diferentes, correspondientes a los nueve
genotipos dihíbridos posibles. La operación puede representarse mediante
una tabla de multiplicación rectangular, donde cada celda contiene uno de los
productos entre términos de los dos conjuntos.
Esta representación
tiene una ventaja considerable sobre un cuadro de Punnett convencional:
no estamos reconstruyendo la unión de todos los gametos parentales, sino
identificando directamente las combinaciones de estados genotípicos
disponibles. Por esta razón, el procedimiento es especialmente útil cuando
solamente deseamos enumerar los genotipos posibles, sin calcular todavía sus
probabilidades.
Para extenderlo a
un número L de loci se aconseja factorizar por partes, primero
resolvemos dos loci, y luego multiplicamos por el tercero, pero es poco
probable que necesitemos hacerlo, pues la complejidad aumentará
exponencialmente, lo que si es probable que pregunten para un polihíbrido
es la probabilidad concreta de uno de los elementos de la combinatoria,
no de todos.
Las probabilidades
Una vez
identificados los genotipos posibles, podemos formular una segunda
pregunta: ¿cuál es la probabilidad de obtener una combinación específica
en la descendencia?
En los modelos que
estudiaremos durante esta unidad, la respuesta se obtiene aplicando la regla
del producto de probabilidades. Cuando los loci presentan distribución
independiente, la probabilidad de obtener simultáneamente varios estados
genotípicos corresponde al producto de sus probabilidades individuales.
Esto significa que
podemos resolver un cruzamiento tetrahíbrido como si estuviéramos
estudiando cuatro cruzamientos monohíbridos. Primero determinamos los
genotipos parentales de cada locus; después calculamos sus probabilidades de
descendencia y, finalmente, seleccionamos los estados que componen la
combinación multilocus que deseamos estudiar.
La probabilidad
conjunta se obtiene multiplicando las probabilidades individuales:
[Probabilidad
de un genotipo polihíbrido con distribución independiente]
Aquí, P(G)
representa la probabilidad de una combinación genotípica multilocus
específica, mientras que P(g) corresponde a la probabilidad del
genotipo seleccionado en el locus g. El productorio reúne las probabilidades de
todos los loci implicados.
Este procedimiento
permite resolver problemas de numerosos genes mediante operaciones
relativamente sencillas. No necesitamos calcular previamente todos los
genotipos posibles ni construir un cuadro de Punnett completo cuando solamente
nos interesa una combinación particular.
El mismo
razonamiento puede aplicarse a combinaciones fenotípicas, siempre que
cada carácter posea una relación genotipo-fenotipo definida y los resultados
considerados sean independientes:
[Probabilidad
de un fenotipo polihíbrido de distribución independiente]
La probabilidad de
una combinación fenotípica multilocus se obtiene entonces multiplicando
las probabilidades de los estados fenotípicos seleccionados. Esta expresión
será especialmente útil para estudiar cruzamientos con dominancia completa,
donde distintos genotipos producen un mismo fenotipo.
Es importante
comprender que la distribución independiente constituye una condición
del modelo y no una propiedad universal de todos los genes. Los genes situados
en un mismo cromosoma pueden presentar ligamiento genético, mientras que
determinadas interacciones pueden modificar la relación entre genotipo y
fenotipo.
Por ahora, no
incorporaremos esas complicaciones. Los ejercicios de esta unidad estarán
construidos exclusivamente bajo los supuestos necesarios para aplicar la multiplicación
de probabilidades individuales: segregación mendeliana, distribución
independiente, reproducción sexual ordinaria del modelo diploide y ausencia
de restricciones adicionales que alteren las proporciones esperadas. El estudio
del ligamiento genético y de las interacciones génicas
corresponderá a otras unidades.
Bajo estas
condiciones, los cruzamientos polihíbridos dejan de ser enormes problemas de
construcción de tablas y se convierten en operaciones de probabilidad
elemental. La dificultad principal ya no consiste en llenar casillas, sino
en identificar correctamente los estados hereditarios y las probabilidades
individuales que debemos multiplicar.
Los mendelianos más puristas debían saber esto
A comienzos del
siglo XX, la relación entre los caracteres hereditarios discretos y la variación
continua provocó una controversia importante. Investigadores como William
Bateson, defensores del mendelismo, destacaban que muchos caracteres se
transmitían mediante categorías claramente diferenciadas. En cambio, los biometristas,
vinculados con Karl Pearson y la tradición darwiniana, estudiaban
características que variaban gradualmente entre individuos.
Uno de los
argumentos mendelianos era que la combinación de varios factores hereditarios
no necesariamente producía un número igualmente grande de fenotipos
distinguibles. Diferentes combinaciones genéticas podían desembocar en un
mismo resultado observable. Este fenómeno es real y constituye una advertencia
importante contra la identificación automática del número de genotipos
con el número de fenotipos.
En determinados
sistemas, varios loci contribuyen a una misma característica mediante
relaciones que producen superposiciones fenotípicas, mientras que en
otros existen interacciones génicas capaces de modificar o enmascarar
los efectos de determinados alelos. Estas situaciones forman parte de la
biología real y serán estudiadas posteriormente en la unidad dedicada a las interacciones
entre genes.
Sin embargo, la
existencia de caracteres claramente separados no significa que toda la
variación hereditaria deba organizarse en categorías visibles. Muchas
características de importancia evolutiva presentan variación cuantitativa,
entre ellas la estatura, la masa corporal y la pigmentación de
la piel. Tales características pueden depender de numerosos loci, cada uno
con una contribución relativamente pequeña y frecuentemente sensible a las
condiciones ambientales (Mackay et al., 2009).
Consideremos la pigmentación
cutánea. Su variación no depende de un único gen que determine dos colores
excluyentes, sino de procesos relacionados con la síntesis, la distribución
y las propiedades de la melanina, sobre los cuales influyen numerosos
factores genéticos. Las combinaciones de estos factores contribuyen a producir
una amplia variedad de tonalidades.
Cuando muchos efectos
hereditarios pequeños se acumulan, pueden aparecer numerosos valores
intermedios. En esas condiciones, la variación fenotípica puede
aproximarse a una distribución continua, aunque los alelos que
participan en su formación sigan siendo entidades hereditarias discretas.
Esta idea adquirió
especial importancia en 1918, cuando Ronald Aylmer Fisher publicó
un modelo matemático que relacionaba la herencia mendeliana con las
distribuciones estadísticas estudiadas por los biometristas. Fisher mostró que
la contribución conjunta de numerosos factores hereditarios podía generar
variación cuantitativa sin contradecir los principios fundamentales de la
segregación mendeliana (Fisher, 1918).
Por consiguiente,
el verdadero problema no consistía en decidir si la herencia mendeliana
o la variación darwiniana era correcta, sino en comprender cómo se
relacionaban. La primera permitía estudiar la transmisión de factores
hereditarios discretos, mientras que la segunda destacaba la importancia de
las diferencias cuantitativas sobre las cuales actúa la selección natural.
Ambas perspectivas podían integrarse mediante modelos matemáticos de múltiples
factores hereditarios.
Conviene reconocer,
además, que la posición histórica de Bateson y los mendelianos no puede
reducirse simplemente a un rechazo uniforme del darwinismo. Las controversias
incluían desacuerdos sobre la continuidad de la variación, la importancia de
las mutaciones, la interpretación de los resultados experimentales y los
mecanismos del cambio evolutivo.
En la unidad Genética
clásica II examinaremos con mayor profundidad esta controversia, junto con
las consecuencias de la herencia poligénica, las interacciones
génicas y la aparición de características cuantitativas continuas.
Por ahora, mantendremos nuestro análisis dentro del modelo de distribución
independiente, que permite resolver cruzamientos polihíbridos mediante
procedimientos algebraicos y probabilísticos elementales.
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