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Un tetrápodo transicional es un vertebrado fósil que
presenta una combinación de caracteres propios de peces sarcopterigios y
rasgos característicos de los primeros tetrápodos. No representa
necesariamente un ancestro directo, sino una rama cercana que ayuda a
reconstruir cómo ocurrieron cambios como la separación entre cráneo y
cintura pectoral, la reducción del opérculo, la transformación del aparato
hioideo, el desarrollo de una región cervical y la reorganización de
las aletas hacia extremidades capaces de soportar parcialmente el cuerpo.
Ejemplos como Panderichthys, Tiktaalik, Ventastega,
Acanthostega e Ichthyostega muestran que la transición del agua a
tierra fue gradual, ramificada y no lineal. Algunos conservaron aletas
con radios dérmicos, mientras otros ya poseían dígitos; algunos
tenían estructuras respiratorias y locomotoras todavía muy acuáticas, pero
cráneos cada vez más semejantes a los de los tetrápodos. Su importancia radica
en revelar que las características terrestres aparecieron por etapas y en
distintos momentos evolutivos.
Bóveda craneana
La transición entre
peces de aletas lobuladas y vertebrados con extremidades ocurrió dentro
de los sarcopterigios tetrapodomorfos durante el Devónico. Conviene
distinguir entre los tetrapodomorfos con aletas, como Eusthenopteron,
Panderichthys, Elpistostege y Tiktaalik, y los primeros
vertebrados provistos de extremidades con dígitos, como Acanthostega
e Ichthyostega. Los tetrápodos no surgieron mediante un salto súbito
hacia la vida terrestre: la transformación afectó progresivamente al cráneo,
aparato hioideo, respiración, cintura pectoral, columna vertebral y
extremidades, dentro de animales que todavía dependían considerablemente
del agua (Kardong, 2019; Clack, 2012).
Figura 1. [Los
primeros tetrápodos] probablemente tuvieron juveniles acuáticos
y un desarrollo prolongado, pero no necesariamente una metamorfosis abrupta
como la de las ranas. Fósiles como Acanthostega muestran crecimiento
juvenil extendido y fuerte dependencia del agua. En tetrápodos paleozoicos
posteriores aparecen larvas con branquias externas, sugiriendo que la
metamorfosis intensa evolucionó después a partir de transformaciones
originalmente más graduales.
El cráneo permite
seguir especialmente bien esta transición. Muchos tetrapodomorfos tempranos
conservaban una articulación intracraneal que dividía el neurocráneo en
una región anterior y otra posterior; esta movilidad fue eliminándose y el neurocráneo
se consolidó en los primeros tetrápodos. Paralelamente, el techo craneal
tendió a hacerse ancho y aplanado, con los ojos desplazados dorsalmente
en formas como Panderichthys y Tiktaalik. Esta geometría se ha
asociado con alimentación en aguas someras, donde una cabeza deprimida
facilita aproximarse a presas próximas a la superficie o al sustrato. No
implica, por sí misma, que estos animales cazaran regularmente artrópodos
terrestres (Ahlberg et al., 1996; Daeschler et al., 2006). Nature
Los dientes de
numerosos tetrapodomorfos poseían plicidentina, una dentina plegada
internamente que produce en sección un patrón laberíntico. De allí procede el
término histórico “laberintodonto”, útil como descripción dental, pero
inadecuado como categoría taxonómica moderna.
Figura 2. [La
transición los tetrápodos]. La transición hacia los tetrápodos
implicó cráneos más anchos y aplanados, reducción del opérculo,
separación entre cráneo y cintura pectoral y aparición de un cuello
funcional. Paralelamente, la región del espiráculo se reorganizó y
la hiomandíbula perdió su función suspensora, participando después en el
oído. Fue una evolución mosaica, gradual y ramificada, no una secuencia
lineal.
Mandíbula
La mandíbula
inferior de los primeros tetrápodos no se simplificó inmediatamente. Por el
contrario, conservó numerosos huesos heredados de sus antepasados pisciformes,
entre ellos dentario, angular, surangular, prearticular y articular. La
transformación fundamental ocurrió en la relación entre el aparato
mandibular, arco hioideo y región ótica. En los peces tetrapodomorfos, la hiomandíbula
todavía participaba en la suspensión del aparato mandibular; durante la
aproximación hacia Tetrapoda se acortó, perdió progresivamente esa función y
pasó a relacionarse más estrechamente con la cápsula ótica (Brazeau &
Ahlberg, 2006). Nature
Esta transformación
no significa que “el espiráculo se convirtió directamente en oído”. La primera
hendidura faríngea, situada entre el arco mandibular y el hioideo, originó
una región espiracular cada vez más especializada. En los tetrápodos, derivados
de esta región participaron en la formación de la cavidad del oído medio y
la trompa faringotimpánica, mientras la antigua hiomandíbula se convirtió
en la columela o estribo. En Acanthostega, el estribo ya
contactaba con la fenestra vestibuli, pero era un hueso grueso y poco
adecuado para transmitir eficazmente sonidos aéreos; probablemente conservaba
todavía funciones estructurales importantes (Clack, 1994). Nature
El cuadrado y el
articular continuaron formando la articulación mandibular en los primeros
tetrápodos y conservaron esa función en la mayoría de los linajes no
mamalianos. Solo mucho después, dentro de la evolución de los mamíferos, serían
cooptados como yunque y martillo.
Cintura pectoral
En los peces óseos
la cintura pectoral no forma literalmente parte del cráneo, pero está
fuertemente conectada a él mediante una serie de huesos dérmicos,
especialmente elementos como el postemporal. Esta unión estabiliza la cabeza
respecto del tronco y ayuda a transmitir fuerzas durante la alimentación y
ventilación branquial. Por ello, los peces carecen de un cuello
anatómicamente comparable al de los tetrápodos.
En los
tetrapodomorfos más próximos a Tetrapoda, esa conexión comenzó a desaparecer. Tiktaalik
roseae conserva una cintura pectoral robusta, pero carece de la
conexión ósea posterior que la fijaba directamente al cráneo. La pérdida de ese
puente permitió que la cabeza adquiriera mayor movilidad independiente
respecto del tronco, una condición equivalente al comienzo de una verdadera
región cervical. Tiktaalik conservaba cleitro y otros componentes de la
cintura, pero había perdido elementos dérmicos que anteriormente unían
rígidamente cabeza y hombros (Daeschler et al., 2006; Shubin et al., 2006). Nature
Paralelamente, la
desaparición del gran opérculo óseo, la reducción de estructuras
branquiales y la consolidación del neurocráneo modificaron profundamente la
arquitectura cefálica. Esta separación se mantuvo en los primeros tetrápodos
con dígitos.
Limitaciones paleontológicas
Nuestra
reconstrucción de la transición agua–tierra depende de un registro fósil incompleto
y geográficamente desigual. Durante mucho tiempo, los fósiles corporales
mejor conocidos procedieron principalmente de depósitos continentales o
acuáticos del Devónico tardío, lo que favoreció modelos centrados en ríos,
deltas, lagunas y llanuras inundables. Sin embargo, las huellas de Zachełmie,
en Polonia, datadas aproximadamente en 390–395 millones de años,
demostraron que animales con extremidades digitadas existían mucho antes que
los esqueletos corporales clásicos de Acanthostega e Ichthyostega
(Niedźwiedzki et al., 2010). Nature
Figura 3. [Las
huellas de Zachełmie], de hace aproximadamente 390–395 millones
de años, demuestran que vertebrados con extremidades digitadas
existían antes que muchos fósiles corporales clásicos. Su hallazgo obliga a
interpretar la transición pez–tetrápodo como un proceso ramificado y mosaico.
Aunque inicialmente se propuso un ambiente marino, estudios posteriores
sugieren lagos efímeros no marinos, manteniendo abierto el debate
ecológico sobre su origen.
El ambiente de
estas huellas ha sido objeto de discusión. Inicialmente se interpretó como una planicie
mareal marina, mientras estudios posteriores propusieron un sistema de lagos
efímeros no marinos; esta reinterpretación tampoco ha eliminado por
completo el debate sedimentológico. Lo seguro es que las huellas incluyen
impresiones digitales y muestran locomoción cuadrúpeda, pero no existe
todavía un esqueleto asociado directamente con el productor de esas huellas
(Qvarnström et al., 2018). Nature Esta
discrepancia entre icnofósiles y fósiles corporales indica que gran parte de la
diversidad temprana de los tetrápodos sigue sin conocerse.
Los primeros ripidistios
El término ripidistio
posee actualmente un valor principalmente histórico. En sentido moderno resulta
preferible hablar de tetrapodomorfos basales, entre los cuales Eusthenopteron
foordi ocupa una posición particularmente importante. Este pez del Devónico
tardío conservaba una anatomía plenamente acuática: poseía aletas con radios
dérmicos, opérculo, arcos branquiales y cintura pectoral conectada al cráneo.
Sin embargo, su esqueleto interno de las aletas mostraba elementos homologables
con húmero, radio y ulna, anticipando parte del patrón que después
caracterizaría al quiridio.
Figura 4. [El
cráneo de Eusthenopteron fordii]. Eusthenopteron fordii fue
un tetrapodomorfo acuático con cráneo unido a la cintura pectoral,
sin cuello móvil. Conservaba hiomandíbula, ceratohial, arcos branquiales
y cartílago de Meckel. Su aleta pectoral contenía elementos homólogos a húmero,
radio y ulna, pero terminaba en radios dérmicos. Su anatomía muestra una
etapa clave previa a la separación craneocervical y a las extremidades
digitadas de los tetrápodos.
Su cráneo
conservaba una articulación intracraneal, una hiomandíbula
funcionalmente asociada con el sistema mandibular y dientes provistos de plicidentina
laberíntica. Estos rasgos no convierten a Eusthenopteron en un
ancestro directo de los tetrápodos, sino en un representante cercano de una
etapa anatómica desde la cual pueden reconstruirse transformaciones posteriores
(Kardong, 2019). Su importancia radica precisamente en mostrar que varias
características que posteriormente participarían en locomoción terrestre ya
existían dentro de peces completamente acuáticos.
Panderichthys y otros elpistostegalios
Panderichthys
rhombolepis representa un
estado más derivado dentro de los elpistostegalios. Su cráneo era ancho
y deprimido, con ojos situados dorsalmente y una silueta semejante a la
observada posteriormente en Tiktaalik. Sin embargo, internamente
conservaba una articulación intracraneal característica de
sarcopterigios más basales; la transformación hacia un neurocráneo
completamente consolidado ocurrió posteriormente (Ahlberg et al., 1996). Nature
La hiomandíbula
de Panderichthys era más corta que la de Eusthenopteron y había
perdido parte de su función suspensora. Al mismo tiempo, la región espiracular
se aproximaba anatómicamente a la condición observada en los primeros
tetrápodos, proporcionando evidencia de que la futura arquitectura del oído
medio comenzó a reorganizarse cuando estos animales todavía eran peces (Brazeau
& Ahlberg, 2006). Nature
Figura 5. [El
cráneo de Panderichthys]. En Panderichthys, la hiomandíbula
se acorta y reduce su participación en la suspensión mandibular. Su
porción dorsal será posteriormente cooptada como columela o estribo,
mientras componentes ventrales como el ceratohial permanecen asociados
al aparato hioideo. Paralelamente, el espiráculo se amplía. Este
proceso muestra una cooptación evolutiva desde funciones respiratorias y
mandibulares hacia la transmisión de vibraciones del futuro oído medio.
La transición de
aleta a extremidad tampoco fue lineal. Estudios mediante tomografía revelaron
en Panderichthys radiales distales más complejos de lo que
mostraban las primeras reconstrucciones (Boisvert et al., 2008).
Posteriormente, un ejemplar excepcionalmente completo de Elpistostege
watsoni mostró dentro de la aleta un patrón de carpales y elementos
semejantes a dígitos, todavía acompañado por radios dérmicos de aleta. Este
hallazgo demuestra que buena parte de la organización de la futura mano
apareció dentro de una aleta acuática antes del origen de las extremidades
verdaderas (Cloutier et al., 2020). Nature
Tiktaalik roseae
Tiktaalik roseae, del Devónico tardío del Ártico canadiense,
combina caracteres propios de peces sarcopterigios con rasgos que
posteriormente caracterizarían a los tetrápodos. Conservaba escamas, aletas
con lepidotriquias y estructuras branquiales, pero presentaba un cráneo
aplanado, pérdida del gran opérculo, cintura pectoral desconectada del cráneo,
costillas desarrolladas y una aleta anterior capaz de adoptar posturas de apoyo
sobre el sustrato (Daeschler et al., 2006; Shubin et al., 2006). Nature
Figura 6. [Tiktaalik
roseae] combinaba rasgos de pez sarcopterigio y tetrápodo
temprano. Poseía cráneo aplanado, ojos dorsales, reducción del opérculo
y una cintura pectoral separada del cráneo, formando un cuello
funcional. Sus aletas contenían húmero, radio y ulna, pero aún
conservaban radios dérmicos. Representa una etapa clave hacia las extremidades
digitadas y mayor independencia cefálica.
Su característica
craneal más importante es la aparición de un cuello funcional. La cabeza
podía moverse con cierta independencia respecto al tronco porque la cintura
escapular había dejado de estar fijada directamente al techo craneal. Además,
el endocráneo y el palatocuadrado muestran una combinación de caracteres
primitivos y derivados, confirmando que las distintas partes de la cabeza no
evolucionaron simultáneamente (Downs et al., 2008). Nature
Tiktaalik tampoco debe presentarse como “el ancestro”
de los tetrápodos. Es una rama próxima al origen de los vertebrados con
extremidades, útil porque preserva una combinación anatómica intermedia. La
existencia de elpistostegalios con adaptaciones diferentes, incluidos algunos
más especializados para la natación, demuestra que esta radiación fue
ecológicamente diversa y no una escalera evolutiva dirigida hacia tierra firme.
Nature
Ventastega
Ventastega
curonica, del Devónico
tardío de Letonia, pertenece ya al tallo de los tetrápodos con extremidades,
aunque conserva numerosos caracteres pisciformes. Se conoce a partir de
material craneal y postcraneal suficiente para reconstruir buena parte de su
anatomía anterior. Su cráneo comparte rasgos con Tiktaalik y con
tetrápodos posteriores como Acanthostega, pero presenta una combinación
propia que demuestra que la transición fue mosaica y ramificada, no una
sucesión de especies cada vez “más terrestres” (Ahlberg et al., 2008). Nature
La región ótica
resulta especialmente informativa. La transformación del espiráculo
ancestral en una región relacionada con el oído medio aparece aquí en un
estado intermedio entre peces tetrapodomorfos y tetrápodos posteriores. La
ausencia de partes distales completas de las extremidades impide conocer con
certeza su número de dígitos.
Acanthostega gunnari
Acanthostega
gunnari demuestra
claramente que la aparición de extremidades con dígitos precedió a una
locomoción terrestre plenamente eficiente. Sus miembros anteriores poseían ocho
dígitos, y varios caracteres del tronco, cola y aparato respiratorio
indican una marcada dependencia del medio acuático (Coates & Clack, 1990). Nature
Figura 7. [El
cráneo de Acanthostega gunnari]. En Acanthostega gunnari, la
antigua hiomandíbula ya se había transformado en una columela o
estribo robusto, probablemente todavía poco eficiente para la audición
aérea. Su función pudo combinar soporte mecánico y transmisión de vibraciones
acuáticas o de baja frecuencia. Mientras tanto, otros elementos del aparato
hioideo y los arcos branquiales conservaban funciones relacionadas
con ventilación y soporte faríngeo.
La antigua hiomandíbula
se había convertido ya en un estribo, cuyo extremo proximal encajaba en
la fenestra vestibuli. Sin embargo, este estribo era grueso y se encontraba
firmemente instalado, por lo que difícilmente funcionaba como el delicado
transmisor de vibraciones aéreas de tetrápodos posteriores. La evidencia
sugiere que el oído medio especializado para audición aérea apareció
gradualmente, después de que la hiomandíbula perdiera su función original
en la suspensión mandibular (Clack, 1989, 1994). Nature
Ichthyostega y otros tetrápodos primitivos
Ichthyostega poseía una anatomía postcraneal más robusta
que Acanthostega, con costillas grandes, columna vertebral
regionalizada y una cintura pélvica poderosa. Su miembro posterior tenía siete
dígitos, demostrando que la pentadactilia todavía no era la condición
ancestral obligatoria de los primeros tetrápodos (Coates & Clack, 1990). Nature
Su locomoción
terrestre, sin embargo, no debe imaginarse como la de una salamandra moderna.
Reconstrucciones tridimensionales de sus articulaciones indican que hombros y
caderas tenían una movilidad rotacional limitada, incompatible con una
marcha alternante típica de tetrápodos actuales. Probablemente utilizaba
movimientos especializados para desplazarse en aguas someras y quizá realizar
incursiones sobre sustratos emergidos, pero no era un caminador terrestre
plenamente eficiente (Pierce et al., 2012). Nature
Otros taxones como Elginerpeton
pancheni muestran que la diversificación de los primeros tetrápodos comenzó
antes de Acanthostega e Ichthyostega. Elginerpeton,
conocido a partir de restos fragmentarios del Devónico tardío de Escocia, posee
una combinación craneal propia y ocupa una posición temprana dentro del tallo
tetrápodo, reforzando la idea de que durante esta transición coexistieron
numerosas formas anatómicas y ecológicas, muchas de las cuales todavía
están pobremente representadas en el registro fósil (Ahlberg, 1995). Nature
Referencias
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