La robustez del estribo sugiere que todavía no funcionaba principalmente como un eficiente transmisor de sonido aéreo. El agua transmite muy bien las ondas de presión acústica, pero en un animal acuático las vibraciones pueden alcanzar el oído interno a través de los tejidos corporales y del cráneo, sin necesitar necesariamente un tímpano especializado. En Acanthostega probablemente no existía todavía un auténtico oído medio timpánico comparable al de tetrápodos posteriores. Se ha propuesto que el estribo robusto pudo conservar una función mecánica de apuntalamiento, estabilizando la región ótica y palatal, mientras simultáneamente transmitía algunas vibraciones de baja frecuencia hacia el oído interno.
Esta condición probablemente representa una etapa de cooptación funcional gradual, donde una estructura puede desempeñar durante cierto tiempo varias funciones con eficacia limitada. El aparato hioideo seguía relacionado con el piso de la boca y la ventilación, mientras los arcos branquiales reducidos evidencian que Acanthostega conservaba respiración acuática. Al mismo tiempo, la transformación de la antigua hiomandíbula liberaba este elemento de la mandíbula y lo aproximaba al sistema auditivo. Así, el estribo temprano probablemente combinó funciones estructurales y sensoriales antes de especializarse posteriormente en la transmisión de vibraciones aéreas.
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