Los fósiles de Acanthostega gunnari ofrecen una pista especialmente importante. El estudio histológico de sus húmeros reveló que incluso individuos cercanos al tamaño máximo conocido seguían siendo juveniles. Durante una primera etapa crecían con los huesos de las extremidades todavía poco osificados; después comenzaba una fase juvenil más avanzada que podía prolongarse al menos seis años. Esto indica una prolongada dependencia del medio acuático, pero no demuestra una metamorfosis semejante a la transformación de un renacuajo. Tampoco sabemos si las crías poseían una apariencia mucho más pisciforme que los adultos, porque las fases iniciales apenas están representadas en el registro fósil. Nature
Los tetrápodos paleozoicos posteriores proporcionan mejores series ontogenéticas. En numerosos temnospóndilos se conocen pequeñas larvas con branquias externas, parecidas superficialmente a larvas de salamandra; algunas adquirían las características adultas lentamente, mientras determinados linajes desarrollaron posteriormente una metamorfosis rápida y profunda. Esto sugiere que la condición ancestral probablemente fue un desarrollo acuático prolongado y gradual, y que la metamorfosis espectacular de muchos anfibios modernos evolucionó posteriormente mediante la concentración de transformaciones antes distribuidas durante buena parte del crecimiento. PubMed
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