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[Sistema esquelético]
Los pterosaurios
resolvieron el problema del vuelo de una manera diferente a la de las aves y,
en muchos aspectos, también distinta a la de los murciélagos. Aunque varios
pterosaurios basales poseían colas largas y algunos desarrollaron una vela
terminal o expansión de tejidos blandos, no puede afirmarse que el grupo
dependiera siempre de una cola estabilizadora grande como ocurre en otros
vertebrados voladores. En las formas tempranas, la cola y el uropatagio,
membrana extendida entre las extremidades posteriores y relacionada en distinto
grado con la base caudal, probablemente contribuyeron a la estabilidad y al
control aerodinámico. Sin embargo, durante la evolución hacia los
pterodactiloideos la cola se redujo drásticamente y el uropatagio también
disminuyó, demostrando que el control del vuelo podía transferirse hacia las alas,
el cuerpo y las extremidades posteriores sin necesidad de conservar una
larga superficie estabilizadora posterior (Hone & Prondvai, 2025). PubMed
Esta reducción
resulta especialmente importante porque permite entender que los pterosaurios
no fueron simplemente reptiles planeadores con alas añadidas. Desde muy
temprano poseyeron un aparato de vuelo activo altamente integrado,
dominado por un enorme cuarto dedo que sostenía la membrana alar
principal. La cola larga de numerosos taxones basales probablemente colaboraba
con el control de cabeceo y guiñada, mientras que la vela terminal pudo
modificar la estabilidad aerodinámica; sin embargo, los pterodactiloideos
demostraron que una cola extensa no era indispensable. En ellos, la reducción
caudal coincidió con cambios profundos en la geometría corporal, el cuello,
el metacarpo y las membranas de vuelo, produciendo animales capaces de
alcanzar grandes tamaños y una enorme diversidad ecológica (Lü et al., 2010). PubMed Central (PMC)
Figura 1. [Dimorphodon]
fue un pterosaurio basal del Jurásico Inferior, con cráneo
grande, dentición heterodonta, cola larga y alas sostenidas
por un cuarto dedo elongado. Conservaba separadas la narina externa
y la fenestra anteorbital. Su anatomía combina vuelo activo,
control aerodinámico caudal y un aparato alimentario especializado, mostrando
una condición temprana previa a los pterodactiloideos derivados.
Pterosaurios basales: cráneos cortos y condición bifenestrada
Los primeros pterosaurios
presentaban cráneos relativamente conservadores en comparación con muchas
formas cretácicas. Exceptuando algunas líneas especializadas, tendían a poseer
un hocico relativamente corto, una órbita proporcionalmente grande y una
región posterior del cráneo también considerable. La característica más
importante se encuentra delante de la órbita: la narina externa y la fenestra
anteorbital permanecían separadas mediante una barra ósea formada por
prolongaciones del maxilar y del nasal. Esta organización recibe habitualmente
el nombre de condición bifenestrada (Prondvai, 2011). American Association for Anatomy
El patrón conserva
claramente la herencia arcosauria. Desde adelante hacia atrás podían
reconocerse la narina, la fenestra anteorbital, la órbita y las aberturas
temporales. Todos los pterosaurios bifenestrados bien conocidos conservaron
además dentición, aunque la cantidad, tamaño y orientación de los
dientes variaban considerablemente entre especies. Algunas formas presentaban
dientes cónicos adecuados para capturar pequeños vertebrados, mientras otras
desarrollaron dientes finos o extraordinariamente especializados. La
coexistencia de una narina independiente, una fenestra anteorbital y
dientes funcionales constituye, por tanto, una combinación frecuente entre los
taxones basales (Prondvai, 2011). American Association for Anatomy
La forma general de
estos cráneos tampoco era idéntica entre todos los grupos. Los anurognátidos,
por ejemplo, desarrollaron cabezas proporcionalmente cortas y anchas,
probablemente vinculadas con captura de presas pequeñas durante el vuelo. Otros
pterosaurios basales presentaban hocicos más elongados y mandíbulas armadas con
dientes prominentes. Aun así, los análisis de morfometría craneal indican que
los representantes tempranos conservaron, en términos generales, una diversidad
de formas más restringida que la observada posteriormente en Monofenestrata
y Pterodactyloidea (Foth et al., 2012). Wiley Online Library
Figura 2. [Cráneo
de Dimorphodon], pterosaurio
basal con cabeza grande, narina externa y fenestra anteorbital
separadas, condición bifenestrada típica de formas tempranas. Presentaba
una gran órbita y marcada heterodoncia, con dientes anteriores
grandes y posteriores pequeños. Su cráneo ligero y fenestrado antecede las
modificaciones de los pterodactiloideos derivados, como el rostro elongado y la
fenestra nasoanteorbital.
La transición hacia Monofenestrata
Una de las
transformaciones craneales más importantes de Pterosauria ocurrió cuando la
barra que separaba la narina externa de la fenestra anteorbital
desapareció. Ambas aberturas confluyeron formando una enorme fenestra
nasoanteorbital. Esta condición caracteriza a Monofenestrata,
conjunto que incluye a los pterodactiloideos y a algunos grupos transicionales
próximos a ellos (Prondvai, 2011). American Association for Anatomy
El descubrimiento
de Darwinopterus permitió comprender mejor que esta transición no
ocurrió mediante una transformación simultánea de todo el cuerpo. Este animal
poseía un cráneo y cuello relativamente derivados, semejantes en varios
aspectos a los de los pterodactiloideos, pero conservaba un cuerpo posterior
con caracteres más basales, incluida una cola larga. Esta combinación
proporcionó una evidencia notable de evolución modular: diferentes
regiones anatómicas pudieron cambiar a ritmos distintos durante la transición
evolutiva (Lü et al., 2010). PubMed Central (PMC)
En la primera fase
de esta transformación ocurrió un alargamiento del cráneo, desapareció
la barra entre narina y fenestra anteorbital, aumentó proporcionalmente la
región asociada a la caja encefálica y se simplificó la dentición.
Paralelamente se modificaron las vértebras cervicales y se redujeron las
costillas cervicales. Posteriormente, durante la aparición de los
pterodactiloideos verdaderos, cambiaron otros módulos corporales: la cola se
redujo profundamente, el metacarpo se alargó y el quinto dedo del pie
disminuyó considerablemente (Lü et al., 2010). PubMed Central (PMC)
Figura 3. [Darwinopterus]
fue un pterosaurio monofenestrado del Jurásico Medio que
combinaba un cráneo alargado y derivado con una cola larga y
rasgos corporales basales. Su gran fenestra nasoanteorbital evidencia
afinidades con formas avanzadas. Esta mezcla anatómica apoya la idea de evolución
modular, donde distintas regiones corporales cambian a ritmos diferentes
durante grandes transiciones evolutivas.
Figura 4. [Cráneo
de Darwinopterus], pterosaurio monofenestrado con rostro
alargado, gran fenestra nasoanteorbital, órbita amplia y
fenestras temporales posteriores. El premaxilar y el maxilar
forman gran parte del hocico y sostienen dientes cónicos. Su combinación de cráneo
derivado con rasgos corporales basales, como la cola larga, constituye una
evidencia importante de evolución modular en Pterosauria.
El cráneo de los pterodactiloideos
Los pterodactiloideos
llevaron esta reorganización mucho más lejos. En numerosos grupos el rostro se
alargó extraordinariamente, mientras que la órbita y la región posterior del
cráneo se hicieron proporcionalmente menores. La enorme fenestra
nasoanteorbital podía ocupar buena parte de la región anterior del cráneo y
contribuir a mantener una cabeza extensa sin aumentar excesivamente su masa.
Los análisis morfométricos muestran que la aparición de Monofenestrata coincide
con un cambio importante desde cráneos relativamente cortos hacia formas de hocico
elongado, aunque la relación funcional exacta entre ambos fenómenos
continúa siendo investigada (Foth et al., 2012). Wiley Online Library
Figura 5. [Anhanguera
blittersdorffi] fue un pterosaurio pterodactiloideo del Cretácico
Inferior de Brasil, con cráneo alargado, cresta premaxilar y
gran fenestra nasoanteorbital. Su dentición cónica formaba una
eficaz trampa para peces, indicando dieta principalmente piscívora.
Poseía alas amplias, huesos ligeros y potente musculatura de vuelo,
adaptaciones propias de un depredador aéreo de ambientes costeros.
El alargamiento
afectó particularmente al premaxilar y al maxilar, produciendo hocicos
que en algunos taxones representaban una parte extraordinariamente grande de la
longitud total del cráneo. Simultáneamente, la forma de la fenestra
nasoanteorbital cambió entre linajes: podía ser triangular, trapezoidal o
extremadamente alargada. En ciertos pterosaurios derivados esta abertura
representaba más del 45 % de la longitud craneal, una proporción difícil de
encontrar en los arcosaurios basales (Rodrigues & Kellner, 2013). PubMed Central (PMC)
La mandíbula
también se transformó. Los pterosaurios generalmente carecieron de una gran fenestra
mandibular externa comparable con la evidente en muchos dinosaurios, de
modo que el aligeramiento craneal se concentró principalmente en otras
regiones. El resultado fue una arquitectura en la cual largas barras óseas
delimitaban enormes aberturas y sostenían mandíbulas que podían estar armadas
con dientes, parcialmente desdentadas o completamente cubiertas por un pico
córneo.
Diversificación de la dentición y del aparato alimentario
Los pterosaurios
desarrollaron una extraordinaria variedad de denticiones. En algunos
grupos piscívoros, los dientes eran largos, cónicos y ligeramente recurvados,
adecuados para perforar y sujetar presas resbaladizas. En otros taxones
evolucionaron dientes finos y numerosos que pudieron funcionar como sistemas de
filtración o captura de pequeños organismos. También existieron pterosaurios
con denticiones robustas y regionalizadas, capaces de procesar alimentos
relativamente resistentes.
Durante la
evolución posterior apareció repetidamente la edentulia, es decir, la
pérdida completa de dientes. Los pteranodóntidos y varios azdarcoideos
desarrollaron mandíbulas completamente desdentadas, mientras los
dsungariptéridos perdieron los dientes en la región anterior del hocico pero
conservaron piezas posteriores. Esto demuestra que el pico desdentado
evolucionó independientemente en más de una línea de Pterosauria y no
constituye una característica única ni universal del grupo (Labita &
Martill, 2020). ScienceDirect
En especies como Anhanguera
blittersdorffi, por el contrario, la dentición permaneció muy desarrollada.
El hocico alargado poseía dientes cónicos prominentes, especialmente
grandes hacia la región anterior, capaces de formar una suerte de trampa para
peces. Esta configuración craneodental estaba acompañada por una cresta situada
sobre el extremo anterior del rostro.
Figura 6. [Cráneo
de Anhanguera blittersdorffi], pterosaurio pterodactiloideo
con hocico muy alargado, gran fenestra nasoanteorbital y órbita
posterior. Presentaba dientes cónicos especialmente grandes hacia la
región anterior, formando una eficaz trampa dental para peces. La cresta
premaxilar, el aligeramiento craneal y la elongación rostral reflejan
especializaciones asociadas con piscivoría y vuelo activo.
Crestas craneales y diversidad morfológica
Una de las
características más espectaculares de muchos pterosaurios derivados fue el
desarrollo de crestas craneales. Estas estructuras podían originarse a
partir del premaxilar, frontal, parietal u otros huesos, y en determinadas
especies fueron complementadas por tejidos blandos que aumentaban
considerablemente su tamaño aparente. Las crestas no siguieron un único patrón
evolutivo y aparecieron en diferentes grupos con formas extremadamente
variables.
Los estudios sobre
Wukongopteridae muestran que incluso algunos pterosaurios no pterodactiloideos
desarrollaron crestas premaxilares, por lo que estas estructuras no
constituyen una innovación exclusiva de los pterodactiloideos. Su presencia y
tamaño pueden variar entre individuos y durante el crecimiento, circunstancia
que dificulta utilizar exclusivamente las crestas para distinguir especies
(Cheng et al., 2017). PubMed
Este problema
resulta especialmente evidente en Anhanguera. Varias especies fueron
históricamente diferenciadas mediante variaciones relativamente pequeñas en la forma
y posición de la cresta craneal, pero análisis posteriores han mostrado que
algunas diferencias pueden relacionarse con ontogenia o variación
individual. Por ello, la diversidad real del género posiblemente haya sido
sobreestimada en algunas clasificaciones tradicionales (Pinheiro &
Rodrigues, 2017). PubMed
Las funciones de
las crestas tampoco fueron necesariamente idénticas. Diferentes hipótesis han
propuesto participación en exhibición sexual, reconocimiento específico,
aerodinámica o termorregulación, y estas funciones no son mutuamente
excluyentes. En Pteranodon, el marcado dimorfismo de tamaño de las
crestas ha sido interpretado como evidencia importante de una función de exhibición
sexual (Bennett, 1992). Taylor & Francis Online
En azdarcoideos
como Tupuxuara, las crestas podían alcanzar proporciones enormes y
cambiaban considerablemente durante el crecimiento. Los ejemplares juveniles
presentan estructuras menos desarrolladas, mientras los adultos muestran
expansiones mucho mayores, demostrando que la ontogenia craneal debe
considerarse antes de utilizar estos rasgos con fines taxonómicos (Martill
& Naish, 2006). Palaeontological Association
Figura 7. [Tupuxuara]
fue un pterosaurio azdarcoideo del Cretácico Inferior de la
cuenca de Araripe, Brasil, hace aproximadamente 115–105 millones de años.
Poseía una gran cresta sagital, mandíbulas edentadas y una amplia
fenestra nasoanteorbital. Sus fósiles, conservados en museos como el Museu
Nacional de Río de Janeiro, son importantes para estudiar la ontogenia y
diversidad craneal de los pterosaurios.
Figura 8. [Cráneo
de Tupuxuara], pterosaurio azdarcoideo con rostro elongado,
gran fenestra nasoanteorbital y mandíbulas edentadas
probablemente recubiertas por una ranfoteca. Destaca una enorme cresta
craneal cuyo desarrollo aumentaba con la ontogenia y pudo participar
en comunicación visual y selección sexual. Su arquitectura combina aligeramiento
craneal, especialización alimentaria y exhibición dentro de Pterosauria
derivada.
Gigantismo y especialización craneal
Los
pterodactiloideos alcanzaron una diversidad corporal que superó ampliamente la
de las formas basales. Algunos conservaron tamaños relativamente pequeños,
mientras otros evolucionaron hacia animales gigantes. Este aumento de tamaño
fue posible sin convertir necesariamente el cráneo en una estructura
excesivamente pesada gracias a una combinación de huesos delgados,
fenestración extensa, cavidades neumáticas y redistribución de los elementos
óseos.
Los azdárquidos
representan uno de los extremos de esta tendencia. Poseían cuellos
extraordinariamente elongados y cabezas largas con mandíbulas generalmente
desdentadas. En ellos la fenestra nasoanteorbital continuaba formando
parte de una arquitectura craneal muy ligera, mientras el rostro podía
proyectarse considerablemente por delante de la caja encefálica. La pérdida
dental reducía además parte de la masa situada en el extremo del cuello.
Los pteranodóntidos
llevaron la especialización en otra dirección. Pteranodon poseía un
largo pico desdentado combinado con una cresta posterior craneal
extremadamente desarrollada en algunos individuos. Aquí el aligeramiento no
dependía simplemente de reducir el tamaño de la cabeza, sino de construir una
cabeza grande mediante paredes óseas relativamente ligeras y extensas
superficies delgadas.
En conjunto, el
cambio desde los pterosaurios basales hacia los pterodactiloideos implicó una
transformación coordinada de cráneo, cuello, cola, extremidades y membranas
de vuelo. Los primeros representantes conservaron generalmente colas
largas, cráneos bifenestrados y dentición; las formas transicionales combinaron
caracteres basales y derivados; finalmente, los pterodactiloideos desarrollaron
colas muy reducidas, rostros elongados, una gran fenestra nasoanteorbital y
una diversidad extraordinaria de denticiones, picos y crestas. Esta
evolución produjo desde pequeños cazadores de insectos hasta gigantes voladores
de cuello largo, demostrando la extraordinaria plasticidad anatómica alcanzada
por Pterosauria durante el Mesozoico.
Figura 9. [Quetzalcoatlus]
fue un pterosaurio azdárquido gigante del Cretácico Superior, con
una envergadura cercana a 10 m, cuello muy largo y cráneo elongado y
ligero. Sus mandíbulas eran edentadas y probablemente cubiertas por
una ranfoteca. Combinaba locomoción cuadrúpeda terrestre con vuelo
activo, representando una especialización extrema de Azhdarchidae en
gigantismo, aligeramiento y alimentación terrestre.
Figura 10. [Cráneo
de Quetzalcoatlus], azdárquido gigante con rostro
extremadamente alargado, gran fenestra nasoanteorbital y pico
edentado probablemente cubierto por ranfoteca. La cresta craneal,
las paredes óseas delgadas y la intensa neumatización reducían masa.
Esta arquitectura se integraba con un cuello muy largo, favoreciendo
gigantismo, alimentación terrestre y vuelo activo.
Referencias
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comments on cranial crests. Journal of Vertebrate Paleontology, 12(4),
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Martill, D. M.,
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Pinheiro, F. L.,
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Prondvai, E.
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Rodrigues, T., & Kellner, A. W. A. (2013). Taxonomic review of the Ornithocheirus complex (Pterosauria) from the Cretaceous of England. ZooKeys, 308, 1–112. https://doi.org/10.3897/zookeys.308.5559
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