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Los condrictios
comprenden tiburones, rayas y quimeras, y se caracterizan por un endoesqueleto
predominantemente cartilaginoso. Sin embargo, describirlos simplemente como
peces cuyo esqueleto “nunca llegó a formar hueso” resulta engañoso. La
evidencia paleontológica y del desarrollo indica que la reducción de los
tejidos óseos fue probablemente una condición secundaria dentro del
linaje. Los primeros gnatóstomos poseían una diversidad de tejidos
mineralizados mayor de lo supuesto tradicionalmente, mientras que los
condrictios modernos redujeron drásticamente el hueso dérmico y el hueso
endocondral, conservando otros tejidos mineralizados especializados
(Brazeau et al., 2020; Atake & Eames, 2021). Nature
Por esta razón,
tampoco es correcto afirmar que los únicos “huesos” de un tiburón sean sus
mandíbulas. El palatocuadrado, que constituye funcionalmente la
mandíbula superior, y el cartílago de Meckel, que forma el armazón de la
mandíbula inferior, son fundamentalmente cartílagos, aunque pueden
presentar una intensa mineralización superficial. Los dientes y dentículos
dérmicos contienen tejidos altamente mineralizados como dentina y enameloide,
pero no convierten las mandíbulas en huesos comparables al dentario de un
mamífero o al maxilar de un pez óseo (Sire & Huysseune, 2003; Kardong,
2019).
La característica
particularmente llamativa del cráneo condrictio es la enorme reducción del dermatocráneo
óseo. En los osteíctios y tetrápodos, numerosos huesos dérmicos recubren y
complementan al condrocráneo; en los condrictios modernos, en cambio, el condrocráneo
asume directamente gran parte de la función de protección y soporte de la
cabeza. Esto no significa que su caja craneal sea “no homóloga” con la de otros
vertebrados. El condrocráneo pertenece al mismo componente craneal ancestral;
lo derivado en los condrictios es que permanece predominantemente cartilaginoso
y se desarrolla extensamente sin quedar encerrado por un amplio sistema de
huesos dérmicos (Kardong, 2019).
De los primeros tiburones a la condición moderna
Los primeros
condrictios estaban lejos de ser versiones idénticas de los tiburones modernos.
La idea popular de que los tiburones han permanecido prácticamente sin
cambios durante cientos de millones de años confunde la conservación de una
silueta hidrodinámica general con estabilidad anatómica. La evolución de los
condrictios modificó profundamente la suspensión mandibular, dentición,
aparato hioideo, neurocráneo y mecanismos de alimentación. Los tiburones
paleozoicos presentaban frecuentemente una menor quinesia craneana y un
arco hioideo menos involucrado en la suspensión de las mandíbulas que muchas
formas modernas (Wilga et al., 2007). PubMed
Cladoselache, conocido principalmente del Devónico
tardío, constituye un ejemplo clásico de esta condición temprana. Su cuerpo
era claramente hidrodinámico y reconociblemente semejante al de un tiburón,
pero la organización de las mandíbulas difería de la mayoría de los tiburones
actuales. El palatocuadrado presentaba conexiones relativamente firmes
con el neurocráneo y la hiomandíbula no funcionaba como el principal
elemento suspensor de las mandíbulas. Esta configuración se aproxima al patrón
denominado anfistilia, en el cual la mandíbula superior mantiene
conexiones directas con el cráneo mientras recibe cierto soporte posterior del
aparato hioideo. En comparación con las condiciones altamente móviles de
numerosos elasmobranquios modernos, la protrusión mandibular habría sido más
limitada (Kardong, 2019; Wilga et al., 2007). ResearchGate
Figura 1. [Cladoselache]
fue un condrictio devónico con cuerpo hidrodinámico y esqueleto
principalmente cartilaginoso. Su arco mandibular, formado por palatocuadrado
y cartílago de Meckel, mantenía conexiones relativamente firmes con el
cráneo. Detrás se disponían el arco hioideo y los arcos branquiales.
Su anatomía muestra una etapa temprana previa a la elevada protrusión
mandibular de muchos tiburones modernos.
La posición relativamente anterior de la boca de Cladoselache contrasta además con el perfil de muchos tiburones actuales, donde la región etmoidal del condrocráneo se proyecta por delante de la abertura oral formando un hocico pronunciado. Este cambio tiene implicaciones hidrodinámicas y alimentarias. Mantener la boca retraída bajo la región rostral permite conservar durante la natación un perfil anterior continuo, mientras la movilidad mandibular permite llevar las mandíbulas hacia delante únicamente cuando el animal captura una presa. De esta manera, la evolución pudo combinar una forma hidrodinámica en reposo con una configuración extremadamente efectiva durante el ataque.
Figura 2. [En Squalus acanthias], el condrocráneo se divide en regiones etmoidal, orbital y ótico-occipital. El arco mandibular incluye palatocuadrado y cartílago de Meckel, mientras el arco hioideo, especialmente la hiomandíbula, participa en la suspensión de la mandíbula. Su desplazamiento anterior reduce una abertura faríngea hasta formar el espiráculo, mostrando cooptación, reducción y reorganización funcional.
Figura 3. [El
espiráculo de los condrictios] es el
remanente de la primera hendidura faríngea, situada entre el arco
mandibular y el arco hioideo. En algunos tiburones y rayas participa
en la ventilación branquial, mientras en otros se reduce o desaparece.
Evolutivamente, esta región fue reorganizada en tetrápodos, contribuyendo al oído
medio, mientras la hiomandíbula originó la columela o estribo.
Figura 4. [El
cráneo del tiburón martillo] forma un amplio cefalofolio por
expansión lateral del condrocráneo. Esta estructura separa ojos y narinas,
amplía el campo visual y mejora la detección química. Su superficie contiene
abundantes ampollas de Lorenzini, favoreciendo la electrorrecepción.
Además, modifica la hidrodinámica y la maniobrabilidad, mientras las
mandíbulas conservan una elevada protrusión funcional durante la
captura.
Figura 5. En las [mantas],
el cráneo se vuelve ancho y aplanado, con órbitas dorsales y boca
ventral o anterior. La suspensión mandibular euhiostílica depende casi
por completo de las hiomandíbulas, dando gran movilidad a las
mandíbulas. Los arcos branquiales se especializan en filtración,
mientras los lóbulos cefálicos canalizan agua hacia la boca durante la
alimentación
Condrocráneo, aparato hioideo y espiráculo
En un tiburón moderno como Squalus acanthias, el condrocráneo constituye una unidad continua que puede dividirse descriptivamente en regiones etmoidal, orbital y ótico-occipital. La zona etmoidal se encuentra anteriormente, relacionada con las cápsulas olfatorias y el rostro; la región orbital rodea y sostiene los ojos y otras estructuras sensoriales; y la región ótico-occipital contiene las cápsulas asociadas con el oído interno y establece la transición hacia la columna vertebral. El desarrollo de este condrocráneo proporciona una caja profunda y tridimensional para proteger al encéfalo y órganos sensoriales sin requerir la extensa cubierta de hueso dérmico característica de los osteíctios.El arco hioideo adquirió una importancia creciente en la evolución de muchos tiburones. Su elemento dorsal, la hiomandíbula, puede actuar como puntal entre la mandíbula y el neurocráneo. Los tipos de suspensión mandibular forman un espectro. En la anfistilia, el palatocuadrado conserva contactos importantes con el cráneo y recibe apoyo del hioides; en la hiostilia, la hiomandíbula desempeña un papel suspensor mucho mayor y las conexiones de la mandíbula superior con el cráneo son relativamente móviles; los esqualiformes como Squalus presentan una configuración denominada frecuentemente orbitostilia, mientras las rayas alcanzan una condición euhiostílica, donde las mandíbulas pueden estar prácticamente suspendidas por las hiomandíbulas (Wilga, 2005; Wilga et al., 2007). PubMed
La reorganización del arco hioideo también está relacionada con el espiráculo. Este no es un “arco branquial degenerado”, sino una modificación de la primera abertura faríngea, situada ancestralmente entre el arco mandibular y el arco hioideo. Al modificarse la región hioidea y aumentar su participación en el sistema mandibular, esta abertura se redujo en numerosos linajes. En algunos tiburones permanece funcional y permite introducir agua hacia la faringe, especialmente cuando el animal descansa sobre el fondo o cuando la boca está ocupada; en otros, como varios grandes tiburones pelágicos, puede reducirse extraordinariamente o desaparecer (Kardong, 2019).
Existe una relación
evolutiva particularmente interesante con el oído de los tetrápodos,
aunque debe expresarse con precisión. No puede afirmarse simplemente que “el
espiráculo se convirtió en oído”. Durante la evolución de los tetrápodos,
estructuras asociadas con la primera hendidura y bolsa faríngea
participaron en la formación de la cavidad del oído medio y la trompa auditiva,
mientras la antigua hiomandíbula fue cooptada como la columela o
estribo. Es, por tanto, todo el territorio anatómico entre los primeros arcos
faríngeos el que fue profundamente reorganizado durante la transición hacia la
audición aérea (Kaucka & Adameyko, 2019).
Quinesia mandibular y protrusión de las mandíbulas
Una de las
innovaciones funcionales más impresionantes de muchos tiburones modernos es la
elevada movilidad de las mandíbulas respecto al condrocráneo. En reposo,
el palatocuadrado y el cartílago de Meckel se mantienen retraídos bajo el
hocico. Durante la alimentación, ambas mandíbulas pueden desplazarse
anteriormente y modificar rápidamente la geometría de la boca. Esta movilidad
constituye una forma especializada de quinesia craneana, aunque se
concentra principalmente en el aparato mandibular y su suspensión, no en
movimientos extensos entre los componentes del condrocráneo.
Es importante
eliminar una explicación intuitiva pero incorrecta: la gravedad no es el
motor principal de la protrusión mandibular. Los tiburones se encuentran
sumergidos y su aparato mandibular es controlado activamente por músculos,
ligamentos y articulaciones cartilaginosas. Músculos como los preorbitales
y otros componentes asociados con el palatocuadrado y el hioides pueden
protruir, elevar o retraer las mandíbulas siguiendo secuencias coordinadas. La
función exacta de cada músculo varía entre linajes, lo que demuestra que la
protrusión evolucionó mediante distintos mecanismos biomecánicos (Wilga &
Motta, 1998; Wilga, 2005). PubMed
El cazón espinoso, Squalus
acanthias, proporciona un ejemplo especialmente notable: estudios mediante video
de alta velocidad y electromiografía mostraron que su mandíbula superior
puede protruir una distancia cercana al 30 % de la longitud de la cabeza.
La protrusión contribuye al cierre rápido de la boca porque la mandíbula
superior avanza al mismo tiempo que la inferior se eleva. Este comportamiento
demuestra que incluso una configuración orbitostílica puede permitir una
movilidad mandibular considerable (Wilga & Motta, 1998). DigitalCommons@URI
En tiburones
macropredadores, la protrusión permite reorientar los dientes y
llevarlos desde una posición relativamente protegida hacia una configuración
adecuada para penetrar, cortar o desgarrar tejidos. En otros elasmobranquios
facilita succión, trituración, excavación o manipulación de presas. La
evolución de mandíbulas altamente móviles se relaciona, por ello, con la gran
diversidad alimentaria de tiburones y rayas. Los condrictios modernos utilizan
combinaciones variables de embestida, mordida, succión y filtración,
demostrando que la quinesia mandibular no responde a una sola estrategia
ecológica (Wilga et al., 2007). PubMed
Figura 6. [La
protrusión mandibular de los tiburones] depende de la acción
coordinada de hiomandíbula, ceratohial, músculos y ligamentos. En
reposo, las mandíbulas permanecen retraídas para mantener la hidrodinámica;
durante el ataque avanzan hacia la presa. Esta quinesia craneana aumenta
la abertura bucal, mejora la posición de los dientes y combina
eficazmente natación, alcance y potencia de mordida.
El contraste con
varios condrictios paleozoicos es significativo. En numerosas formas antiguas,
las mandíbulas mantenían contactos más firmes con el neurocráneo y el arco
hioideo era menos suspensor, limitando parcialmente la protrusión. La
evolución posterior liberó progresivamente el palatocuadrado, redistribuyó
conexiones ligamentosas y musculares y aumentó la participación de la
hiomandíbula. La ventaja no consistía simplemente en “sacar la mandíbula”:
permitía alternar entre una configuración hidrodinámica durante el
desplazamiento y una geometría de ataque especializada durante pocos
instantes.
¿Qué tan resistente es un cráneo hecho de cartílago?
El término cartílago
puede producir una impresión equivocada porque normalmente pensamos en tejidos
humanos relativamente blandos, como los de la nariz o la oreja. El esqueleto de
los condrictios utiliza un tejido mucho más especializado. Gran parte del
cartílago está recubierto por una corteza mineralizada formada por pequeñas
unidades poligonales denominadas teselas. Este material recibe el nombre
de cartílago calcificado teselado y forma una superficie rígida
alrededor de un núcleo cartilaginoso menos mineralizado (Dean & Summers,
2006; Seidel et al., 2020). PubMed
Las teselas no
forman una placa continua y quebradiza. Están conectadas mediante regiones
fibrosas que permiten distribuir deformaciones y cargas, mientras la
matriz rica en colágeno contribuye a evitar fracturas catastróficas. Esta
combinación produce un material compuesto que puede ser simultáneamente ligero,
resistente y relativamente tolerante a la deformación. La organización
microscópica varía según la región del esqueleto, la especie, la edad y las
fuerzas experimentadas; las zonas sometidas a mayores cargas pueden presentar
mayor mineralización o múltiples capas de teselas (Seidel et al., 2021). PubMed
En el condrocráneo,
la protección del encéfalo no depende únicamente de la dureza del material.
También intervienen el espesor de las paredes, geometría tridimensional,
distribución de las cargas y tejidos blandos circundantes. Una caja craneal
de cartílago mineralizado puede absorber energía y resistir deformaciones sin
necesitar alcanzar la rigidez extrema del hueso cortical. Además, un esqueleto
menos denso contribuye a reducir masa, una característica relevante en peces que
carecen de vejiga natatoria y deben controlar activamente su
flotabilidad.
Las mandíbulas y
sus elementos suspensorios ilustran particularmente bien esta relación entre mineralización
y esfuerzo mecánico. Estudios experimentales sobre hiomandíbulas de
diferentes elasmobranquios muestran que una mayor mineralización se relaciona
con una mayor resistencia antes de la deformación permanente, mientras
la geometría del elemento modifica la fuerza total que puede soportar. Esto
confirma que el cartílago condrictio no debe interpretarse como un sustituto
débil del hueso, sino como un material esquelético altamente especializado
cuyas propiedades se ajustan a las demandas funcionales del animal. PubMed
Incluso la
afirmación de que los condrictios carecen absolutamente de tejidos semejantes
al hueso está siendo revisada. Estudios histológicos y moleculares han
identificado patrones de mineralización y tejidos con características
parcialmente óseas en determinadas regiones de rayas y otros condrictios.
Todavía se discute hasta qué punto estos tejidos son homólogos al hueso de los
osteíctios, pero estos descubrimientos muestran que la oposición escolar entre
“pez óseo” y “pez cartilaginoso” simplifica una historia evolutiva mucho más
compleja (Atake & Eames, 2021). PubMed Central (PMC)
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