Durante el ataque, la hiomandíbula rota y modifica su orientación, mientras el ceratohial se desplaza en coordinación con otros elementos del aparato hioideo. Estos movimientos contribuyen a alejar las mandíbulas del neurocráneo y permiten que la boca se proyecte hacia adelante. El desplazamiento no ocurre porque la mandíbula simplemente “caiga” por gravedad, sino mediante la acción activa de músculos craneales, ligamentos y articulaciones cartilaginosas. Al mismo tiempo, la mandíbula inferior desciende y la superior puede avanzar, aumentando considerablemente la abertura bucal y colocando los dientes en una posición más favorable para penetrar o sujetar a la presa.
Esta movilidad constituye una forma especializada de quinesia craneana y proporciona una importante ventaja funcional. Durante la natación normal, las mandíbulas retraídas reducen la resistencia hidrodinámica; durante la captura, su rápida protrusión aumenta el alcance de la mordida y mejora el contacto entre dientes y presa. La hiomandíbula y el ceratohial forman así parte de un mecanismo ancestralmente relacionado con los arcos faríngeos, pero posteriormente cooptado para mejorar la alimentación. La evolución de esta suspensión mandibular permitió combinar eficiencia locomotora, velocidad de ataque y potencia de mordida dentro de una misma arquitectura craneal.
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