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Los anfibios
modernos, reunidos en Lissamphibia, poseen cráneos profundamente
modificados respecto de los grandes tetrápodos paleozoicos. En muchos de
aquellos primeros vertebrados terrestres, el dermatocráneo formaba un
techo continuo compuesto por numerosos huesos, mientras que en salamandras y
ranas modernas buena parte de esa cubierta se ha reducido, fusionado o
dejado de osificar. La tendencia no debe interpretarse como una pérdida
progresiva de “complejidad evolutiva”, sino como una reorganización funcional:
un cráneo con menos elementos puede ser más ligero, permitir músculos
mandibulares diferentes y facilitar nuevas formas de alimentación. En la región
temporal, precisamente, la reducción del dermatocráneo caracteriza a gran parte
de los batracios modernos, mientras muchos tetrápodos paleozoicos mantenían una
cobertura ósea mucho más continua (Kardong, 2019; Abel & Werneburg, 2021). Wiley Online Library
Figura 1. [El
término anfibio] puede usarse ampliamente para tetrápodos con vida
acuática y terrestre, aunque estos no formen un clado natural. En sentido
filogenético, Amphibia depende de la definición adoptada, mientras Lissamphibia
corresponde al grupo corona de anfibios actuales: anuros, salamandras y
cecilias. Estos supervivientes presentan anatomías muy derivadas y no
representan directamente a los tetrápodos paleozoicos.
Los otros tetrápodos transicionales
Después de Ichthyostega, hemos
establecido una separación expositiva artificial antes de iniciar el
estudio de los anfibios modernos. Esta división no representa una frontera
evolutiva natural, pues los tetrápodos paleozoicos posteriores
constituyen una extensa radiación de linajes y no una sucesión ordenada que
conduzca directamente hacia ranas, salamandras, cecilias o amniotas. Además,
reconstruir sus parentescos resulta especialmente difícil debido a la fragmentación
del registro fósil, la ausencia de muchas formas intermedias y la
combinación de caracteres primitivos y derivados que presentan numerosos
taxones. Géneros como Hynerpeton, Tulerpeton y Crassigyrinus,
junto con grupos como bafétidos, colosteidos, whatcheeriidos, embolómeros,
gephyrostégidos y seymouriamorfos, ocupan posiciones diferentes según las
matrices anatómicas y los métodos filogenéticos empleados. Incluso análisis
extensos basados en centenares de caracteres han mostrado que algunas de estas
relaciones permanecen sensibles a la selección y ponderación de caracteres,
especialmente cerca del origen de los grandes linajes de tetrápodos (Ruta et
al., 2003; Kardong, 2019). Por ello, resulta más prudente interpretar este
intervalo como una radiación ramificada de tetrápodos tempranos, dentro
de la cual coexistieron numerosos experimentos anatómicos posteriormente
extinguidos. PubMed
Figura 2. [El
cráneo de Ichthyostega]. Ichthyostega funciona como taxón
nodal entre los tetrapodomorfos acuáticos y los tetrápodos posteriores.
Poseía cráneo ancho y aplanado, dermatocráneo complejo, paladar
dentado y dentición con plicidentina. La pérdida del opérculo
permitió mayor movilidad cervical. Su antigua hiomandíbula se transformó
en una columela robusta, probablemente todavía combinando soporte
mecánico y transmisión de vibraciones antes de especializarse en audición
aérea.
En el cráneo,
los tetrápodos posteriores a Ichthyostega conservaron inicialmente una
arquitectura muy diferente de la observada en los lisanfibios modernos. El dermatocráneo
seguía constituido por numerosos huesos firmemente suturados que producían un
techo craneal relativamente continuo, aunque durante el Paleozoico tardío
ocurrió una tendencia general hacia la reducción del número de huesos y
reorganización de sus contactos. Esta reducción no significó necesariamente
una simplificación estructural: los estudios de redes anatómicas muestran que
la pérdida de elementos craneales pudo ir acompañada por un aumento de la complejidad
topológica, debido a que los huesos restantes establecieron nuevas
relaciones y contactos entre sí (Rawson et al., 2022). Formas como los bafétidos
desarrollaron cráneos anchos y aplanados con modificaciones muy particulares
alrededor de las órbitas, mientras Crassigyrinus conservó una cabeza
elongada y robusta asociada con una vida predominantemente acuática. Otros
grupos, como los embolómeros, presentaron también cráneos bajos y
mandíbulas extensas. En todos estos casos encontramos combinaciones propias de frontales,
parietales, postparietales, yugales, escamosos y otros elementos dérmicos,
por lo que no deben imaginarse simplemente como versiones primitivas de sapos o
salamandras actuales (Kardong, 2019; Rawson et al., 2022). PubMed
También continuaron
transformándose el esplancnocráneo, la mandíbula, el paladar y la región
ótica. La mandíbula inferior conservaba numerosos huesos además del dentario,
mientras el cuadrado permanecía formando parte de la articulación
mandibular y todavía no había sido incorporado al oído medio, como ocurriría
mucho más tarde en la línea evolutiva de los mamíferos. El antiguo elemento
hiomandibular ya estaba representado por la columela o estribo, pero
esto tampoco significa que todos estos tetrápodos poseyeran un oído timpánico
moderno. En Acanthostega, por ejemplo, el estribo era grueso y se
encontraba firmemente relacionado con la pared del neurocráneo, una condición
incompatible con imaginarlo simplemente como un delicado transmisor de sonidos
aéreos semejante al de muchos tetrápodos actuales (Clack, 1994). La adquisición
de una audición aérea eficaz implicó, por tanto, posteriores transformaciones
de la fenestra vestibuli, estribo, cavidad del oído medio y estructuras
timpánicas. Paralelamente, muchos tetrápodos tempranos conservaron un paladar
extenso y frecuentemente dentado, compuesto por vómeres, palatinos,
ectopterigoides y pterigoides, que participaban directamente en la captura y
retención de las presas (Clack, 2012; Kardong, 2019). Nature
Durante el Carbonífero
y el Pérmico, estos linajes divergieron cada vez más en anatomía, ecología
y locomoción. Algunos permanecieron predominantemente acuáticos, mientras otros
adquirieron esqueletos mejor adaptados para soportar el cuerpo y desplazarse
sobre tierra firme. Los seymouriamorfos, por ejemplo, desarrollaron
cráneos robustos y una anatomía postcraneal fuertemente terrestre, aunque no
fueron amniotas verdaderos. Otros linajes se aproximaron filogenéticamente a la
divergencia entre los grupos que finalmente darían origen a Lissamphibia y
Amniota, pero la posición de varias formas paleozoicas continúa siendo
objeto de discusión. Por ello, el árbol de los primeros tetrápodos debe
entenderse como una hipótesis filogenética susceptible de modificación,
especialmente en zonas donde los fósiles son incompletos o presentan mosaicos
anatómicos difíciles de interpretar (Ruta et al., 2003). Antes de estudiar
ranas, salamandras y cecilias resulta fundamental reconocer esta diversidad:
los lisanfibios modernos representan solamente una rama superviviente y
altamente especializada, caracterizada por una marcada reducción y
reorganización craneal respecto de buena parte de los tetrápodos paleozoicos
que los precedieron (Rawson et al., 2022; Kardong, 2019). PubMed
Temnospondilos
Durante el Carbonífero
y Pérmico apareció una enorme radiación de tetrápodos que tradicionalmente
fueron reunidos de manera informal bajo el nombre de “anfibios primitivos”.
Entre ellos se encuentran numerosos temnospóndilos, como Dendrerpeton,
Eryops y Sclerocephalus, cuyos cráneos conservaban una extensa
cubierta de huesos dérmicos, amplias mandíbulas y una morfología
generalmente deprimida. Algunas especies fueron principalmente acuáticas, otras
semiterrestres y varias alcanzaron tamaños comparables con los de grandes
reptiles actuales. Incluso cuando poseían ciclos de vida con larvas
acuáticas y branquias externas, su anatomía adulta no correspondía a la de
una salamandra moderna: el cráneo era mucho más cerrado, pesado y complejo,
y la cintura escapular, las vértebras y las costillas seguían configuraciones
propias de linajes hoy extinguidos. La semejanza superficial con ciertos
anfibios actuales refleja principalmente una combinación de cuerpo alargado,
cuatro extremidades y dependencia del agua, no una identidad anatómica
directa.
Figura 3. [Los
primeros grandes anfibios paleozoicos]. Los temnospóndilos fueron
tetrápodos paleozoicos con cráneos anchos, robustos y fuertemente osificados,
muy distintos de los lisanfibios modernos. Incluyeron grandes depredadores
acuáticos como Mastodonsaurus y formas terrestres menores. Ocuparon riberas,
pantanos y ambientes húmedos, conservaron fuerte dependencia del agua y
sobrevivieron varias crisis del Pérmico, diversificándose nuevamente durante el
Triásico antes de extinguirse definitivamente.
La diversidad se
hizo todavía mayor con linajes como los lepospóndilos, entre los cuales
aparecen formas tan peculiares como Diplocaulus, con enormes
prolongaciones laterales del cráneo, o animales serpentiformes con extremidades
muy reducidas. Paralelamente, ciertos temnospóndilos pequeños, especialmente
los dissorophoideos, desarrollaron cráneos más ligeros y modificaciones
que se aproximan en algunos aspectos a los lisanfibios. La relación exacta
entre estos grupos y los anfibios modernos fue debatida durante mucho
tiempo, pero la evidencia anatómica y fósil reciente favorece una relación
estrecha entre los lisanfibios y determinados temnospóndilos dissorophoideos.
Esto significa que ranas, salamandras y cecilias representan solo una rama
altamente especializada de una diversidad paleozoica mucho mayor, y no
modelos vivos adecuados para reconstruir directamente a la mayoría de aquellos
tetrápodos (Carroll, 2007; Kligman et al., 2023).
Por ello, al
reconstruir animales desde Ichthyostega hasta los grandes
temnospóndilos, conviene evitar tanto la apariencia de sapo gigante como
la de salamandra moderna sobredimensionada. Sus cabezas estaban
dominadas por un dermatocráneo extenso, con numerosos huesos firmemente
suturados; las mandíbulas conservaban múltiples elementos posteriores, el estribo
podía seguir siendo robusto y poco especializado para audición aérea, y la
musculatura debía acomodarse a una arquitectura craneal diferente. La reducción
extrema del número de huesos, las grandes aberturas del techo craneal y la
ligereza característica de muchos lisanfibios aparecieron posteriormente
mediante pérdidas, fusiones y reorganizaciones evolutivas. Los primeros
tetrápodos terrestres y los anfibios paleozoicos deben imaginarse, por tanto,
como organismos con una anatomía propia: algunos semejantes superficialmente a
grandes depredadores acuáticos de cabeza plana, otros más robustos y
terrestres, y solo ciertos linajes tardíos aproximándose gradualmente al patrón
craneal simplificado de los anfibios modernos.
Figura 1. Título
provisional: Cráneo de un anfibio paleozoico con techo dermatocraneal extenso y
numerosos elementos óseos.
Cecilias
Las cecilias, pertenecientes a Gymnophiona, constituyen una excepción notable a la tendencia general de reducción del techo craneal observada en ranas y salamandras. Sus cráneos son compactos, firmemente osificados y mecánicamente resistentes, una condición estrechamente relacionada con su modo de vida fosorial. Muchas especies excavan utilizando la cabeza como una cuña, de manera que el cráneo recibe fuerzas de compresión importantes. La fusión de varios elementos origina huesos compuestos capaces de distribuir esas cargas; entre ellos aparecen estructuras como el maxilopalatino y el pseudodentario, características de la organización craneal de las cecilias modernas y sus parientes fósiles (Kligman et al., 2023). Nature
Figura 4. [El
cráneo de las cecilias]. Las cecilias poseen cráneos compactos,
cerrados y fuertemente osificados, parecidos superficialmente a algunos
tetrápodos antiguos, aunque son animales muy derivados y fosoriales. La columela
participa en la transmisión de vibraciones, mientras el aparato hioideo
interviene en alimentación y ventilación. En especies con larvas acuáticas, los
arcos branquiales funcionan temporalmente antes de reorganizarse durante
la metamorfosis.
Por ello, su apariencia aparentemente “ancestral” puede resultar engañosa. El cráneo cerrado de muchas cecilias no constituye simplemente una supervivencia intacta del cráneo de los primeros tetrápodos, sino también una especialización derivada para excavar. En varias especies, los huesos del techo forman una cubierta continua, condición denominada estegocrotafia, mientras otras presentan excavaciones posteriores entre parietal y escamoso. La condición completamente cubierta parece haber estado presente tempranamente en la evolución de las cecilias, pero las configuraciones más abiertas evolucionaron varias veces dentro del grupo (Abel & Werneburg, 2021). Wiley Online Library
La estrecha
integración entre piel y huesos craneales también constituye una
adaptación al desplazamiento bajo tierra. En ciertas cecilias existen
depresiones óseas donde se insertan redes de colágeno que mantienen la piel
firmemente unida al cráneo, mientras glándulas mucosas ayudan a lubricar el
cuerpo durante la excavación. El aparato mandibular presenta además un sistema
particular de cierre en el que músculos relacionados con la región hioidea
pueden contribuir a producir fuerza mandibular. Estas transformaciones
demuestran que el cráneo de las cecilias es una estructura altamente
especializada, no un simple modelo del estado ancestral de los anfibios
(Kligman et al., 2023). Nature
Salamandras
Las salamandras,
orden Caudata, presentan generalmente cráneos más abiertos y ligeros
que las cecilias. La reducción de numerosos huesos de la región temporal crea
amplios espacios ocupados por músculos, cartílagos y otros tejidos blandos. En
especies acuáticas y especialmente en formas pedomórficas, algunas
regiones del condrocráneo permanecen cartilaginosas durante toda la vida
adulta. Necturus, por ejemplo, conserva branquias externas, hendiduras
faríngeas y numerosos caracteres larvarios; por ello, su cráneo constituye un
excelente modelo para estudiar la relación entre desarrollo, pedomorfosis y
reducción de la osificación (Kardong, 2019).
Figura 5. [El
cráneo de las salamandras]. Cryptobranchus posee un cráneo ancho,
aplanado y ligero, adaptado a la alimentación por succión. El dentario
y otros huesos mandibulares conservan la articulación ancestral con el cuadrado,
mientras la columela transmite vibraciones al oído interno. El aparato
hioideo expande rápidamente la cavidad bucofaríngea, generando presión
negativa para aspirar agua y capturar presas.
Figura 6. [La
alimentación por succión en salamandras] acuáticas ocurre mediante
una rápida expansión de la cavidad bucofaríngea. La apertura mandibular,
elevación del cráneo y descenso del aparato hioideo generan presión
negativa, aspirando agua y presa. Después, el hioides retorna y el agua se
expulsa. El mecanismo conserva principios ancestrales de ventilación y
alimentación acuática de los vertebrados.
El condrocráneo
de una salamandra no forma una cápsula continua y completamente osificada como
el cráneo de un mamífero. Regiones occipitales y óticas protegen la parte
posterior del encéfalo, mientras estructuras cartilaginosas participan en la
región anterior. El piso craneal tampoco debe atribuirse al maxilar: gran parte
de la región ventral se encuentra reforzada por el parasfenoides, un
hueso dérmico medio que puede expandirse ampliamente bajo el neurocráneo. Por
encima y lateralmente se integran otros componentes del dermatocráneo, mientras
el esplancnocráneo queda representado principalmente por estructuras
mandibulares, hioideas y del oído medio.
Las salamandras
muestran además con especial claridad cómo la transformación del aparato
hiobranquial acompaña el cambio de medio y de mecanismo alimentario. En las
larvas acuáticas, los arcos hioideos y branquiales sostienen las branquias y
participan activamente en la alimentación por succión. La rápida
depresión del aparato hiobranquial aumenta el volumen de la cavidad
bucofaríngea y produce un gradiente de presión negativa que impulsa agua
y presa hacia el interior. Los elementos del aparato pueden compararse
directamente con regiones equivalentes de tetrapodomorfos y primeros
tetrápodos, lo que muestra una notable continuidad anatómica del sistema de
alimentación acuática (Carroll, 2007). Wiley Online Library
Durante la
alimentación acuática de muchas larvas, el agua entra por la boca y sale
posteriormente por las hendiduras faríngeas, estableciendo un flujo
predominantemente unidireccional. Los rastrillos branquiales pueden
contribuir a impedir que las partículas alimenticias escapen junto con el agua.
En salamandras que completan la metamorfosis, las branquias externas
desaparecen y las hendiduras faríngeas se cierran. Si el adulto regresa al agua
y utiliza succión, el líquido introducido debe ser expulsado nuevamente por la
boca, por lo que el flujo se hace bidireccional. Esta diferencia entre
larvas y adultos muestra cómo una misma estrategia general puede funcionar con
circuitos hidráulicos diferentes (Carroll, 2007).
No todas las
salamandras siguen este patrón. Algunas, como Necturus, conservan
branquias y una configuración larvaria durante toda la vida; otras se vuelven
principalmente terrestres. Las salamandras acuáticas modernas pueden generar
una potente succión mediante el descenso y expansión posterolateral del aparato
hiobranquial, acompañado por movimientos mandibulares y elevación cefálica.
Estudios biomecánicos en salamandras gigantes confirman que la expansión de
esta región puede producir grandes aumentos del volumen bucal y atraer
rápidamente agua y presa hacia la boca (Matsumoto et al., 2024). Wiley Online Library
En las formas
terrestres, el aparato hioideo cambia de función y pasa a participar
intensamente en el movimiento de la lengua. En numerosas salamandras, el
esqueleto hioideo puede desplazarse hacia adelante junto con tejidos linguales,
permitiendo capturar artrópodos fuera del agua. De esta manera, un sistema
originalmente ligado a ventilación branquial y succión acuática fue
cooptado para la alimentación terrestre. La comparación entre larvas acuáticas,
adultos terrestres y especies pedomórficas convierte a las salamandras en uno
de los mejores grupos para estudiar esta transición funcional.
Sapos y ranas
En los anuros,
orden Anura, la reducción y reorganización craneal alcanza un grado
todavía mayor. El condrocráneo embrionario se forma inicialmente como
una compleja estructura cartilaginosa alrededor del encéfalo y órganos
sensoriales, pero durante el desarrollo solo determinadas regiones experimentan
una osificación extensa. El cráneo adulto incorpora huesos dérmicos como premaxilar,
maxilar, nasal, frontoparietal, escamoso, pterigoides, vómer y parasfenoides,
mientras otras partes permanecen cartilaginosas. El número, tamaño y grado de
fusión varía ampliamente entre linajes. Algunas ranas presentan cráneos
extraordinariamente ligeros y abiertos; otras desarrollan hiperosificación,
produciendo bóvedas densas y compactas asociadas con funciones defensivas,
alimentación especializada o resistencia mecánica (Abel & Werneburg, 2021).
Wiley Online Library
Figura
7. [El
cráneo de una rana adulta] está fuertemente simplificado, con pocos
huesos y amplias regiones cartilaginosas. El frontoparietal y el parasfenoides
dominan gran parte del neurocráneo. La mandíbula conserva articulación cuadrado-articular,
mientras el estribo transmite vibraciones al oído interno. El aparato
hioideo, derivado del sistema hiobranquial larvario, participa en respiración,
deglución, alimentación y vocalización.
El parasfenoides
suele expandirse ampliamente por debajo del neurocráneo y constituye una
importante superficie de soporte del piso craneal. Los huesos frontales y
parietales pueden fusionarse formando frontoparietales, mientras el
techo temporal queda mucho más abierto que en numerosos tetrápodos paleozoicos.
Esta reducción proporciona espacio para músculos mandibulares y contribuye a
disminuir la masa de la cabeza. El esplancnocráneo, tan voluminoso en
los peces, se encuentra reducido, aunque varios de sus derivados siguen
desempeñando funciones esenciales.
Uno de ellos es el estribo
o columela, homólogo de la antigua hiomandíbula de los peces. En los
anfibios adultos participa en la transmisión de vibraciones hacia el oído
interno. Los otros elementos ancestrales del arco mandibular no forman todavía
los tres huesecillos del oído medio característicos de los mamíferos: el cuadrado
continúa relacionado con la articulación mandibular superior y el articular
permanece vinculado con la mandíbula inferior. Por ello, el oído medio anfibio
posee una historia evolutiva distinta de la configuración mamaliana, aunque
ambas derivan finalmente de la reorganización de antiguos componentes del
esplancnocráneo (Kardong, 2019).
La metamorfosis de
los anuros transforma de manera extraordinaria el aparato hiobranquial.
Los renacuajos poseen una organización adaptada principalmente a respiración
acuática y procesamiento de partículas, mientras el adulto desarrolla una gran placa
hioidea asociada con respiración pulmonar, movimientos del piso bucal y
vocalización. El hioides adulto sostiene la base de la lengua y participa en
cambios de volumen de la cavidad bucofaríngea. Comparado con el aparato de
salamandras y cecilias, el hioides de los anuros está particularmente
modificado después de la metamorfosis (Kunisch et al., 2021). PubMed Central (PMC)
En tierra, muchas
ranas capturan presas utilizando una lengua protráctil y adhesiva. La
lengua se fija anteriormente en el piso de la boca y puede voltearse
rápidamente hacia afuera mediante movimientos coordinados de músculos y
mandíbula. El hioides no suele salir de la boca junto con la lengua como ocurre
en varias salamandras, pero constituye una plataforma muscular esencial para la
alimentación, respiración y, en los machos de muchas especies, vocalización.
Los mecanismos de succión continúan siendo importantes en determinados anuros
acuáticos, especialmente en linajes especializados, demostrando que la
transición desde alimentación hidráulica hasta captura lingual no eliminó
completamente la capacidad de utilizar movimientos de la cavidad bucal.
El contraste entre
cecilias, salamandras y anuros muestra que la aparente “simplificación” del
cráneo anfibio produjo en realidad arquitecturas funcionales muy diferentes.
Las cecilias reforzaron el cráneo para excavar; las salamandras conservaron una
gran variedad de configuraciones ligadas a succión acuática y proyección
lingual; y los anuros reorganizaron profundamente cráneo e hioides en relación
con salto, respiración, alimentación y comunicación acústica. Estas
diferencias son modificaciones derivadas dentro de Lissamphibia y no
representan escalones sucesivos de una única tendencia evolutiva.
Referencias
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