La diversidad ecológica fue extraordinaria. Grandes formas como Mastodonsaurus, Metoposaurus y varios archegosauriformes fueron importantes depredadores acuáticos, provistos de mandíbulas largas, dientes cónicos y, frecuentemente, grandes colmillos palatales capaces de retener peces y otros tetrápodos. Otros temnospóndilos, especialmente pequeños dissorophoideos, ocuparon ambientes terrestres y probablemente consumieron principalmente artrópodos y pequeños vertebrados. La herbivoría estricta no parece haber sido característica importante del grupo; la mayoría de las formas conocidas fueron carnívoras, piscívoras o insectívoras. La variación del cráneo refleja esta diversificación, desde cabezas cortas y robustas hasta estructuras extremadamente anchas o elongadas asociadas con diferentes mecanismos de captura.
Estos tetrápodos estuvieron entre los primeros vertebrados que explotaron extensamente riberas, llanuras de inundación, pantanos, lagos y ambientes terrestres húmedos, aunque muchos continuaron dependiendo intensamente del agua para reproducción y desarrollo larvario. Su historia tampoco terminó con una única extinción: numerosos linajes desaparecieron durante las crisis del Pérmico, pero los temnospóndilos sobrevivieron y experimentaron una nueva radiación durante el Triásico. Algunos persistieron incluso mucho después, como Koolasuchus en el Cretácico temprano. Así, su evolución constituye una extensa radiación paralela y parcialmente ancestral respecto del origen de los lisanfibios modernos.
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