La lengua es un órgano muscular móvil ubicado en el piso de la cavidad oral, compuesto principalmente por músculo estriado esquelético y recubierto por una mucosa especializada. Su estructura incluye fibras intrínsecas, que modifican su forma (aplanarla, alargarla o ensancharla), y fibras extrínsecas, que la desplazan dentro de la boca. Está anclada al hueso hioides y parcialmente a la mandíbula, lo que le permite actuar con gran precisión y fuerza controlada.
Funcionalmente, la lengua participa en la manipulación
del alimento, la formación del bolo alimenticio y el inicio de la deglución.
Además, alberga receptores del gusto distribuidos en papilas gustativas,
contribuyendo a la percepción sensorial química. En humanos y otros
mamíferos, también desempeña un papel fundamental en la fonación, al
modular el flujo de aire y articular sonidos dentro del tracto vocal.
Así, aunque es un órgano aparentemente simple, constituye una pieza central en
la integración de funciones digestivas, sensoriales y comunicativas.
Funciones
La lengua es un órgano muscular cuya
versatilidad funcional se expresa de distintas maneras a lo largo de los vertebrados.
En un sentido amplio, puede desempeñar múltiples funciones, que se integran de
forma variable según el linaje.
1.
Captura de alimento,
claramente observable en anfibios como la rana toro (Lithobates catesbeianus),
cuya lengua protráctil se proyecta con gran aceleración para adherirse a
la presa mediante secreciones viscosas.
2.
Manipulación intraoral,
como ocurre en mamíferos del clado Mammalia, por ejemplo el ser humano (Homo
sapiens), donde la lengua reposiciona el alimento contra el paladar y los
dientes para optimizar la masticación.
3.
Formación y transporte
del bolo alimenticio, función evidente en primates y otros
mamíferos, donde la lengua comprime el alimento contra el paladar duro y
lo impulsa hacia la faringe durante la fase oral de la deglución.
4.
Ventilación
bucofaríngea, característica en muchos anfibios como Rhinella
marina, donde el descenso y elevación del piso oral —con participación del
aparato hioideo— facilita el movimiento de aire hacia los pulmones.
Enlace a la [Figura:
Lengua humana]
5.
Percepción gustativa,
presente en vertebrados con papilas gustativas desarrolladas, como en el clado Osteichthyes
y en mamíferos, donde receptores especializados detectan moléculas disueltas y
contribuyen al sentido del gusto.
6.
Exploración sensorial
química, particularmente evidente en reptiles del clado Squamata,
como la serpiente real (Lampropeltis getula), cuya lengua bífida recoge
partículas del ambiente y las transfiere al órgano vomeronasal.
7.
Termorregulación,
observable en cánidos como el perro doméstico (Canis lupus familiaris),
donde el jadeo incrementa la evaporación de agua sobre la superficie lingual,
permitiendo la disipación de calor corporal mediante enfriamiento
evaporativo.
8.
Fonación,
destacada en mamíferos como Homo sapiens, donde la lengua modula el
flujo de aire dentro del tracto vocal, ajustando la resonancia y
articulación necesarias para producir sonidos complejos y estructurados.
9. Comunicación
social e interacción conductual, función que integra la fonación
con gestos y posturas linguales visibles. En primates como el chimpancé (Pan
troglodytes), la lengua participa en vocalizaciones moduladas y en
expresiones orales asociadas a señales sociales. En Homo sapiens, esta
función alcanza su máximo desarrollo al combinar la articulación precisa del lenguaje
con expresiones faciales y gestos bucofaciales que refuerzan el significado. En
otros mamíferos sociales, como el lobo (Canis lupus), la exposición de
la lengua también forma parte de señales conductuales relacionadas con
sumisión, juego o afiliación. Así, la lengua no solo interviene en la
producción acústica, sino que también actúa como elemento visible en la comunicación
social, integrando sonido, postura y conducta dentro de sistemas complejos
de interacción.
Enlace
a la [Figura:
Lengua de las ranas]
Superficie o epitelio de la lengua
La superficie de
la lengua no es uniforme entre vertebrados, sino que responde directamente
al ambiente, al grado de humedad, al tipo de dieta y a la
función predominante —captura, manipulación, quimiosensación o abrasión
mecánica—. La histología del epitelio lingual, especialmente el grado de
queratinización, la presencia de células secretoras y el
desarrollo de papilas, refleja esa adaptación funcional. En términos
generales, pueden reconocerse varios tipos morfofuncionales.
Primero, las lenguas
húmedas y secretoras, típicas de ambientes acuáticos o
semiaquáticos. En anfibios como Rana catesbeiana (clado Anura), el
epitelio suele ser no queratinizado y abundante en gránulos
secretorios, que cumplen una función análoga a la saliva. Estas lenguas
combinan captura de presas con humectación del alimento y
presentan papilas gustativas prominentes. En sapos más terrestres como Rhinella
marina, ciertas regiones expuestas muestran menor secreción y tendencia a
mayor resistencia superficial.
Segundo, las lenguas
queratinizadas protectoras, asociadas a hábitats secos o con alta
fricción. En muchos reptiles del clado Squamata el epitelio es estratificado
y queratinizado, protegiendo frente a desecación. En tortugas terrestres
como Testudo graeca la queratinización es marcada, mientras que en
tortugas de agua dulce como Trionyx cartilagineus el epitelio es menos
queratinizado y más secretor. Este contraste muestra cómo la humedad ambiental
modula directamente la estructura lingual.
Tercero, las lenguas
quimiosensoriales especializadas, donde la función principal no es
alimentar sino detectar señales químicas. En serpientes como Elaphe
climacophora, la lengua es bífida, relativamente delgada y su
epitelio contiene componentes lipídicos que favorecen la captura de odorantes,
los cuales son transferidos al órgano vomeronasal. Aquí la superficie
está optimizada para exploración aérea más que para manipulación mecánica.
Cuarto, las lenguas
mecánico-abrasivas, frecuentes en aves y mamíferos. En aves como Anser
fabalis (orden Aves), la lengua presenta papilas queratinizadas y
estructuras endurecidas que cooperan con el pico en la retención del alimento.
En mamíferos como Rattus norvegicus (clado Mammalia), las papilas
filiformes están fuertemente queratinizadas y orientadas hacia la raíz lingual,
facilitando el transporte del alimento hacia la faringe y resistiendo desgaste
por alimentos duros.
Quinto, las lenguas
altamente protráctiles de captura, donde la superficie combina
secreción adhesiva y arquitectura especializada. En camaleones como Chamaeleo
calyptratus, la lengua posee abundantes células mucosas y una superficie
adaptada a la adhesión rápida, reflejando una función predominantemente
predatoria.
Órgano del gusto limitado
La lengua es un órgano sensorial del gusto,
pero su papel es más limitado de lo que sugiere la creencia popular. La mayor
parte de lo que percibimos como “sabor” depende en realidad del olfato
retronasal, es decir, de las moléculas volátiles que ascienden desde la
cavidad oral hacia la cavidad nasal durante la masticación y la
deglución. El sistema gustativo detecta solo un conjunto relativamente reducido
de cualidades básicas —dulce, salado, ácido, amargo y umami— mediante quimiorreceptores
especializados ubicados en los botones gustativos.
Enlace
a la [Figura:
Lenguas bífidas]
El conocido “mapa de la lengua” que asigna regiones
exclusivas a cada sabor es incorrecto. Los botones gustativos están
ampliamente distribuidos en la superficie lingual, aunque con variaciones de
densidad. Se concentran principalmente en tres tipos de papilas gustativas:
las papilas fungiformes (dispersas sobre todo en la parte anterior), las
papilas circunvaladas (dispuestas en una fila posterior en forma de V) y las
papilas foliadas (en los bordes laterales). Sin embargo, cada región puede
detectar múltiples modalidades gustativas; no existen zonas estrictamente
especializadas para un solo sabor.
Las papilas filiformes, que son las más abundantes,
no contienen botones gustativos y cumplen una función principalmente mecánica,
ayudando a manipular y retener el alimento. Las diferencias morfológicas entre
papilas —filiformes, fungiformes, foliadas y circunvaladas— reflejan más bien
variaciones en función estructural y en densidad de receptores, no una
segregación cualitativa de sabores. En conjunto, la lengua actúa como un
detector químico general, mientras que la percepción compleja del “sabor”
emerge de la integración entre gusto, olfato, textura y
temperatura dentro del sistema nervioso central.
Múltiples orígenes evolutivos
La lengua, entendida como una masa muscular móvil
ubicada en el piso de la cavidad oral, no posee un origen filogenético
único en sentido estricto comparable al de la mandíbula o los dientes,
que sí derivan claramente de estructuras específicas del primer arco
faríngeo y del ectomesénquima asociado. El ectomesénquima es un
tejido embrionario derivado de las células de la cresta neural que
migran hacia la región cefálica para dar origen a la mayoría de los tejidos
conectivos y esqueléticos de la cara y el cráneo.
En sentido amplio
(“lengua” como cualquier estructura lingual), han evolucionado varias
soluciones funcionalmente equivalentes en distintos linajes de vertebrados.
En peces óseos (Osteichthyes) existen elevaciones basihiales poco
móviles que a veces se denominan lengua, pero no constituyen una lengua
muscular verdadera. En condrictios (Chondrichthyes), la estructura es
principalmente cartilaginosa y fija. Estas formas representan estados
estructurales distintos que cumplen funciones limitadas de soporte o
manipulación.
En peces
sin mandíbula, como la lamprea adulta —un agnato del clado Petromyzontida—
existe un órgano denominado “pistón lingual” situado en la abertura oral; sin
embargo, esta estructura no es homóloga a la lengua de los gnatóstomos.
Cuando la lamprea se fija a su presa mediante el disco oral, los dientes del
pistón raspan y cortan el tejido del huésped. Aunque su función mecánica puede
recordar a la de ciertas lenguas de tetrápodos, su origen evolutivo y su
organización anatómica son distintos.
Las estructuras accesorias para la captura y manipulación
de alimento parecen haber estado presentes en algunos peces sin mandíbula,
pero desaparecen en los peces con mandíbula y reaparecen en forma transformada
en los tetrápodos. Esto indica que la lengua de la lamprea y la lengua
muscular de los tetrápodos constituyen un caso de convergencia evolutiva,
no una continuidad filogenética directa. De hecho, las larvas de lamprea —los
ammocoetes— carecen de pistón lingual y se alimentan por filtración,
absorbiendo pequeñas partículas suspendidas en el agua y conduciéndolas al
canal digestivo tras el tamizado. Así, la lengua muscular de los tetrápodos no
deriva del pistón de los agnatos, sino que representa una innovación
independiente asociada a la reorganización del aparato hioideo durante
la transición a la vida terrestre.
En los peces con mandíbula (Gnathostomata), la
musculatura asociada a la lengua no surge como una estructura nueva
independiente, sino como un derivado del aparato hipobranquial, presente
en todos los vertebrados. En agnatos y gnatóstomos acuáticos, este
aparato forma parte de la musculatura vinculada a las branquias,
desempeñando un papel esencial en la respiración y en la ventilación
faríngea.
Musculatura interna
La lengua es, en esencia, un órgano predominantemente
muscular, pero su arquitectura interna no es idéntica en todos los
vertebrados. En los tetrápodos, la lengua verdadera está compuesta por
dos grandes sistemas musculares: los músculos intrínsecos, que modifican
la forma (acortan, aplanan, curvan o afinan la lengua), y los músculos
extrínsecos, que la desplazan dentro de la cavidad oral. Estos músculos
derivan evolutivamente de la musculatura hipobranquial y, en amniotas,
de los somitas occipitales, estando inervados por el nervio hipogloso
(XII). El patrón básico —intrínsecos más extrínsecos— es ampliamente
conservado, pero su proporción, orientación de fibras y grado de independencia
varían notablemente entre clados según la función predominante (protrusión
rápida, manipulación fina, fonación, etc.).
No todas las lenguas poseen el mismo nivel de complejidad
muscular. En muchos anfibios, la musculatura intrínseca es relativamente
simple, mientras que en mamíferos como Homo sapiens (clado Mammalia)
existe una organización altamente sofisticada que permite movimientos
extremadamente precisos asociados a la articulación del habla. En
reptiles con lenguas protráctiles, como los camaleones (clado Squamata),
la musculatura está reorganizada para almacenar energía elástica y proyectar la
lengua a gran velocidad.
Lengua verdadera tetrápoda
La lengua muscular verdadera, con fibras intrínsecas
y extrínsecas capaces de deformación activa, surge en el linaje de los Tetrapoda,
asociada a la transformación del aparato hioideo tras la transición al
medio terrestre. Es esta lengua la que heredaron los vertebrados terrestres
—anfibios, reptiles, aves y mamíferos— aunque posteriormente se modificó de
manera independiente en cada grupo. Por tanto, en sentido estricto, puede hablarse
de una única lengua tetrapoda con origen común, pero en sentido amplio
(“lenguas” como estructuras del piso oral) han existido varias configuraciones
convergentes en vertebrados acuáticos. La lengua que heredamos los humanos es
la lengua tetrapoda derivada del aparato hioideo, posteriormente altamente
especializada dentro de los Mammalia para manipulación fina y fonación
compleja.
Enlace
a la [Figura:
Cráneo en los tetrápodos primitivos]
Las primeras evidencias de lenguas
A diferencia de los dientes y la mandíbula,
que son estructuras rígidas —óseas o cartilaginosas— con alto potencial de fosilización,
la lengua está compuesta casi por completo de tejido muscular y
mucoso, lo que dificulta enormemente su preservación en el registro fósil.
Incluso el cartílago, aunque menos duradero que el hueso, puede dejar huellas
indirectas; en cambio, el músculo rara vez se conserva, y cuando lo hace es en
condiciones excepcionales. Por ello, no disponemos de evidencia directa de la
evolución temprana de la lengua en los primeros tetrápodos, ni en formas
transicionales del Devónico o Carbonífero.
Ante esta limitación, la reconstrucción evolutiva de la
lengua debe apoyarse en la anatomía comparada, la embriología y
el estudio de organismos actuales. En particular, los lisanfibios
modernos —como las ranas del clado Anura— ofrecen un modelo útil para inferir
estados ancestrales, ya que conservan una organización relativamente basal del aparato
hioideo y muestran cómo este puede reorganizarse entre etapas larvales
acuáticas y adultos terrestres. A partir de estas comparaciones funcionales y
del análisis del esqueleto hioideo en fósiles, es posible proponer hipótesis
razonables sobre la aparición progresiva de una lengua muscular en el
linaje de los Tetrapoda, aun cuando la evidencia directa del tejido
blando sea prácticamente inexistente.
Lenguas
en los anfibios. Los renacuajos de Lithobates catesbeianus
y otras especies del clado Anura no poseen una hiomandíbula funcional
como elemento suspensor; desde el desarrollo temprano, el segundo arco faríngeo
ya está diferenciado en columela (o estribo) y aparato hioideo.
Sin embargo, este primer aparato hioideo larval no sustenta una lengua
muscular verdadera, sino que participa principalmente en la ventilación
bucofaríngea y en el soporte del piso oral acuático. Esto sugiere dos
implicaciones evolutivas: primero, que la separación entre columela y aparato
hioideo ocurrió antes de la aparición de una lengua plenamente funcional; y
segundo, que la lengua no surgió simultáneamente con esa división, sino como
una adaptación posterior asociada a la vida terrestre.
Recordemos que los peces se alimentan mediante un mecanismo
de succión, generando un gradiente de presión al expandir rápidamente la
cavidad bucal; al aumentar el volumen interno disminuye la presión,
produciendo un efecto de vacío que arrastra agua y presas hacia la boca. Este
sistema funciona eficazmente en un medio acuático, donde la densidad y
viscosidad del agua permiten transmitir fuerzas con eficiencia. En tierra, en
cambio, el aire es menos denso y ofrece menor resistencia hidrodinámica,
lo que hace ineficiente la succión como mecanismo principal de captura. Por
ello, la evolución de una lengua muscular móvil en los tetrápodos
puede interpretarse como una innovación destinada a mejorar la manipulación
del alimento y facilitar la deglución en un medio seco, donde el
transporte del bolo ya no puede depender de la dinámica de fluidos acuáticos.
Las lenguas verdaderas —es decir, aquellas con
movilidad muscular independiente y capacidad de manipulación activa— están
asociadas a modificaciones profundas del aparato hioideo, derivado del
segundo y parte de los arcos faríngeos posteriores. En vertebrados con lengua
funcional desarrollada, el hioides deja de ser principalmente un soporte de
ventilación branquial y se convierte en un armazón de anclaje muscular
complejo. Las modificaciones clave incluyen: 1) expansión del basihial
como plataforma central; 2) desarrollo de prolongaciones laterales
(ceratohiales) que permiten inserciones de músculos extrínsecos; 3) reducción o
desaparición de arcos branquiales posteriores; y 4) reorganización de
articulaciones que permiten movilidad tridimensional del conjunto. Estas
transformaciones son visibles en anfibios adultos como Rana temporaria,
en reptiles del clado Squamata y de manera extrema en camaleones (Chamaeleo
calyptratus), donde el aparato hioideo está altamente elongado y
especializado para protrusión lingual.
En mamíferos como Homo sapiens, el hueso hioides
está suspendido por músculos supra e infrahioideos y no articula rígidamente
con otros huesos, lo que permite una movilidad fina asociada a la deglución
y la fonación. El desarrollo de múltiples puntos de inserción muscular y
la independencia del hioides respecto al cráneo son indicadores anatómicos de
una lengua activa y compleja. En contraste, en peces con estructuras basihiales
simples, el hioides es robusto y funcionalmente ligado a la ventilación
acuática, sin evidencia de musculatura lingual diferenciada.
En fósiles, dado que el músculo no se preserva, inferimos
la presencia de una lengua verdadera cuando observamos: reducción
marcada de arcos branquiales, expansión del basihial, superficies
rugosas de inserción muscular en elementos hioideos, y pérdida de
articulaciones típicas de suspensión branquial. En tetrápodos tempranos
donde el aparato hioideo muestra estas características —aunque no tengamos
tejido blando— podemos proponer con cautela la existencia de una lengua
funcional. Así, el hioides fosilizado se convierte en el principal
indicador indirecto para reconstruir la evolución temprana de la lengua en los Tetrapoda,
permitiendo inferencias biomecánicas basadas exclusivamente en la arquitectura
ósea preservada.
Lenguas en los amniotas
Reptiles
Los reptiles ocupan una amplia variedad de ambientes:
pueden habitar agua dulce, agua marina o medios completamente terrestres.
Incluso dentro del medio terrestre, las condiciones ecológicas varían
considerablemente. Algunas especies viven en regiones con temperaturas
extremadamente altas y elevada humedad; otras soportan baja humedad
con fuertes oscilaciones térmicas; y otras prosperan en climas de temperatura y
humedad moderadas. Esta diversidad ambiental se refleja de manera directa en la
estructura histológica de la lengua, cuyas características muestran
claras adaptaciones tanto a la desecación como a la exposición al agua
salina. A pesar de estas variaciones, dos rasgos son frecuentes en la mayoría
de los reptiles: la estratificación del epitelio lingual y cierto grado
de queratinización, que proporcionan resistencia mecánica y protección
frente a la pérdida de agua.
En términos sensoriales, los reptiles suelen presentar papilas
gustativas distribuidas en el epitelio lingual, y en muchos casos estas
también aparecen en el epitelio gingival a lo largo de los dientes. En
contraste, en aves y mamíferos, las papilas gustativas se
concentran principalmente dentro del epitelio de la lengua. Otra diferencia
relevante es que en los reptiles terrestres las glándulas salivales
están claramente separadas de la lengua, y el número de células con gránulos
secretores dentro del epitelio lingual es relativamente bajo. Esta
tendencia hacia la separación estructural entre lengua y salivación se acentúa
aún más en los mamíferos, donde las glándulas salivales mayores constituyen
órganos independientes bien desarrollados.
Serpientes.
Dentro de los reptiles, las lenguas presentan notables variaciones morfológicas
y funcionales entre especies. En las serpientes, la lengua no desempeña un
papel primario en la ingestión directa del alimento; su función principal es quimiosensorial.
La lengua bífida actúa en estrecha cooperación con los órganos vomeronasales
de Jacobson, especializados en la detección de moléculas químicas
ambientales. El característico movimiento rápido de protrusión y retracción
permite capturar partículas odoríferas suspendidas en el aire. El epitelio de
la porción anterior de la lengua, implicada en este “flicking”, contiene
numerosos gránulos ricos en lípidos pegajosos, adecuados para adsorber
moléculas asociadas a la presencia de presas u otros estímulos químicos. Dado
que la afinidad de muchas moléculas odorantes por los lípidos es elevada, estos
gránulos facilitan su captura y posterior transferencia al órgano de Jacobson.
Debe recordarse que en las serpientes —como en la mayoría de
los reptiles— no existe un paladar secundario completo; por ello no hay
una separación estricta entre cavidad bucal y cavidad nasal. Esta condición
anatómica permite que la lengua transporte directamente las moléculas
capturadas hacia la región perceptora del sistema vomeronasal. El vértice
bifurcado de la lengua, que se expone repetidamente al aire seco, sufre
desgaste y se desprende junto con la epidermis durante la muda.
En la mayoría de las serpientes, por tanto, la lengua no
participa de manera significativa en la manipulación mecánica del alimento;
existe una relación más directa entre detección química y mordida.
En contraste, en muchos otros lagartos, donde la lengua interviene activamente
en la captura y manipulación de presas, las papilas gustativas tanto linguales
como gingivales desempeñan un papel funcional relevante en la alimentación.
Camaleones.
A diferencia de las serpientes, la lengua de los camaleones está íntimamente
especializada para la alimentación activa. En estos reptiles, una gran
proporción del epitelio lingual está constituida por células con
abundantes gránulos secretores, principalmente mucosos y en menor medida
serosos, lo que favorece la adhesión a la presa. Todos los camaleones son
esencialmente insectívoros y capturan alimento proyectando de manera
balística su lengua desde la boca hacia presas situadas a cierta distancia.
Tradicionalmente se ha estimado que la lengua puede alcanzar entre una vez y
media y dos veces la longitud corporal (sin incluir la cola). Sin embargo,
estudios recientes han demostrado que los camaleones más pequeños —ya sea por
pertenecer a especies de menor tamaño o por tratarse de individuos juveniles—
poseen aparatos linguales proporcionalmente mayores que los de individuos
grandes. En consecuencia, los camaleones pequeños pueden proyectar la lengua
distancias relativamente mayores, incluso superando más del doble de la
longitud de su cuerpo, lo que modifica las estimaciones clásicas basadas en
especies de mayor tamaño.
Enlace
a la [Figura:
Lengua de camaleón]
El aparato lingual de los camaleones está compuesto por
elementos del aparato hioideo, musculatura especializada y componentes
colágenos altamente modificados. El hueso hioides presenta una prolongación
alargada de lados paralelos denominada apófisis entogloso, que actúa
como eje estructural del sistema. Sobre esta estructura se dispone un músculo
tubular conocido como músculo acelerador, cuya contracción alrededor del
proceso entogloso genera la fuerza necesaria para impulsar la lengua. Este
músculo no solo actúa directamente, sino que también carga elásticamente los
elementos colágenos situados entre el entogloso y el propio músculo acelerador.
El sistema funciona, por tanto, como un mecanismo de almacenamiento y
liberación de energía elástica. El músculo hiogloso, que actúa como
retractor, conecta el hioides con el músculo acelerador y permite devolver la
lengua a la cavidad oral tras la captura.
La proyección lingual en camaleones alcanza un rendimiento
biomecánico extraordinario: la lengua puede alcanzar la presa en
aproximadamente 0,07 segundos, con aceleraciones superiores a 41 g. La potencia
generada supera los 3000 W·kg⁻¹, valores
mayores a los que el músculo por sí solo
podría producir. Esto confirma la presencia de
un amplificador elástico de potencia, donde el retroceso de los
elementos colágenos desempeña un papel fundamental en la liberación súbita de
energía, explicando la eficacia del disparo lingual.
Tortugas
y lagartos. La diversidad morfológica de la lengua en reptiles
ilustra cómo la estructura se ajusta a la función y al ambiente. En las tortugas
de agua dulce, la mayor parte del epitelio lingual está formada por células
no queratinizadas ricas en gránulos secretores, coherentes con un
entorno húmedo. En cambio, en tortugas terrestres y tortugas marinas,
el epitelio se encuentra marcadamente queratinizado y carece de células
con gránulos secretores. Estas diferencias reflejan adaptaciones a la
disponibilidad de agua y a las exigencias mecánicas del medio, influyendo
potencialmente en la supervivencia de cada especie según su hábitat.
Enlace
a la [Figura:
Macrochelys temminckii]
En lagartos, también se observan variaciones
significativas en la morfología y en la histología del epitelio lingual entre
especies que habitan ambientes distintos. La diferencia más notable radica en
el grado y extensión de la queratinización. En algunos grupos, se ha
documentado un patrón regional dentro de la misma lengua: el epitelio del ápice
lingual suele estar queratinizado; la raíz lingual permanece no
queratinizada; y la región intermedia presenta una transición gradual entre
ambos estados. Esta organización sugiere una adaptación funcional localizada
según el tipo de contacto mecánico o exposición ambiental.
Cocodrilianos.
Aunque muchas diferencias en la queratinización parecen correlacionarse con el
grado de humedad del hábitat, existen excepciones notables. Los cocodrilianos,
como el caimán, son reptiles predominantemente acuáticos; sin embargo, su
epitelio lingual se encuentra fuertemente queratinizado. Esta condición podría
relacionarse no solo con el ambiente, sino también con el volumen de la lengua
y las condiciones necesarias para mantener su integridad estructural. Cuando el
animal permanece en tierra, la queratinización superficial evitaría la
desecación del tejido lingual. Así, incluso en reptiles asociados al medio
acuático, la lengua puede conservar rasgos protectores típicos de especies
terrestres, evidenciando que la adaptación estructural responde a múltiples
factores fisiológicos y ecológicos.
Aves y dinosaurios
Las aves ocupan ambientes extremadamente diversos:
vuelan en el aire, se desplazan por tierra firme y viven sobre o alrededor de agua
dulce y agua marina. A pesar de esta amplitud ecológica, presentan
un rasgo común en la estructura de la lengua: la queratinización del
epitelio lingual. Esta queratinización es especialmente evidente en la cara
ventral, donde se desarrolla una estructura característica conocida como “uña
lingual”, prominente en prácticamente todas las especies estudiadas. Es
probable que este patrón tenga raíces evolutivas en los ancestros terópodos de
las aves, en los cuales el epitelio lingual habría estado ya adaptado a
condiciones relativamente secas y a fricción mecánica intensa dentro de
la cavidad oral.
En muchas aves, las papilas linguales desempeñan un
papel crucial en la alimentación. Las especies que consumen alimentos duros
pueden presentar en el pico estructuras serradas —a veces descritas como “serraciones”
o pseudodenticiones del borde córneo— que actúan en conjunto con procesos
endurecidos ubicados en los bordes laterales de la lengua, conocidos
informalmente como “pseudodientes linguales”. Estas estructuras se
sitúan adyacentes a la cara interna del pico y funcionan de manera cooperativa
durante la manipulación y fragmentación del alimento. La superficie dorsal de
la lengua suele estar cubierta por numerosos procesos finos queratinizados,
que ayudan a mantener el alimento sobre la superficie lingual y evitan su
deslizamiento. Este mecanismo es particularmente útil en especies piscívoras,
donde tales procesos contribuyen a retener presas resbaladizas como peces.
Enlace
a la [Figura:
Pseudodientes linguales]
En cuanto a la percepción gustativa, las aves no
limitan sus papilas gustativas exclusivamente a la lengua. Al igual que en
muchos reptiles, los botones gustativos pueden encontrarse también en
otras regiones del epitelio oral. En algunos casos, se han identificado papilas
gustativas situadas en zonas profundas del epitelio de la raíz lingual
dorsal, conectadas a la superficie mediante conductos largos. Las aberturas
de estos conductos reciben el nombre de poros gustativos, permitiendo
que las sustancias químicas disueltas entren en contacto con las células
receptoras.
Respecto a los dinosaurios, la evidencia directa es
limitada debido a la escasa preservación de tejidos blandos. Sin embargo, los
datos osteológicos y comparativos sugieren que muchos dinosaurios no avianos
poseían lenguas relativamente simples y menos móviles que las de las aves
modernas. En varios terópodos, el aparato hioideo parece haber sido
corto y poco especializado, lo que indica que la lengua probablemente estaba
firmemente anclada al piso de la cavidad oral y no era altamente protráctil. En
cambio, en algunos dinosaurios ornitisquios herbívoros se han descrito elementos
hioideos más desarrollados, lo que podría indicar mayor capacidad de
manipulación intraoral. En las aves, descendientes directas de dinosaurios
terópodos, el aparato hioideo se elongó y diversificó notablemente, permitiendo
una mayor movilidad lingual y la especialización observada hoy en múltiples
linajes. Así, aunque la información sobre lenguas dinosaurianas es indirecta,
el estudio del hioides fósil permite inferir que la complejidad y
movilidad lingual aumentaron significativamente en el linaje que condujo a las
aves modernas.
Mamíferos
En los mamíferos, la estratificación es una
característica común de todo el epitelio oral; sin embargo, la queratinización
se asocia principalmente con la mucosa masticatoria que recubre la región
dorsal del cuerpo lingual. Esta queratinización cumple una función protectora,
proporcionando resistencia frente al desgaste mecánico producido durante
la masticación. En contraste, la mucosa labial y bucal, situadas
cerca de la abertura oral, permanecen generalmente no queratinizadas. Esto
indica que, a diferencia de lo observado en muchos reptiles, la presencia de
queratinización en mamíferos no depende exclusivamente de un ambiente seco,
sino también de las exigencias mecánicas locales. No obstante, se reconocen
diferencias estructurales en el epitelio lingual entre especies, vinculadas
tanto al hábitat como al tipo de alimentación. Con excepción de
los primates y algunas especies de la familia Procyonidae (Carnivora),
que emplean las manos para manipular alimento, la mayoría de los mamíferos
utiliza la boca como principal órgano de captura y procesamiento, por lo que la
lengua desempeña un papel esencial junto con los dientes. De manera general, la
combinación de estratificación y queratinización constituye un
rasgo fundamental del epitelio lingual mamífero, probablemente heredado de
ancestros plenamente terrestres.
Roedores.
En roedores como ratas y ratones, la queratinización del epitelio lingual
dorsal es particularmente intensa y se extiende a las papilas filiformes.
Este patrón se interpreta comúnmente como una adaptación al consumo de
alimentos duros y abrasivos. En la mayoría de los mamíferos, la estructura
histológica de las papilas filiformes es relativamente conservada: suelen
inclinarse hacia la raíz lingual, presentan una queratinización más marcada que
el epitelio interpapilar y su dureza puede compararse con la del cabello.
Además, la región anterior de cada papila es más blanda que la posterior, lo
que permite que se doblen fácilmente hacia la base pero no en sentido
contrario. Esta disposición facilita la retención y el desplazamiento del
alimento hacia la faringe. Existen, además, papilas filiformes especializadas
asociadas al aseo; en estas, la queratinización es aún más pronunciada,
lo que les permite soportar fuerzas físicas intensas durante el acicalamiento.
Mamíferos
marinos. En especies adaptadas al medio marino, como el lobo marino,
el delfín y la nutria marina, el desarrollo de las papilas filiformes puede
variar, pero la queratinización del epitelio lingual es claramente evidente. La
diversidad en la forma y tamaño de estas papilas sugiere que su papel en la
alimentación puede ser menos determinante que en mamíferos terrestres; aun así,
no se observan diferencias radicales en su estructura básica ni en su
localización entre mamíferos terrestres y acuáticos o semiacuáticos. Es posible
que la queratinización lingual, una vez establecida en los ancestros mamíferos
derivados de reptiles terrestres, se haya mantenido de manera evolutivamente
estable. Un fenómeno comparable podría haber ocurrido también en el linaje
aviano.
Depredadores
felinos. En grandes felinos como leones y tigres —y en realidad en
la mayoría de los felinos— las papilas filiformes están altamente
queratinizadas y adoptan forma de pequeños garfios curvados hacia atrás.
Estas estructuras funcionan casi como dientes accesorios, capaces de desgarrar
piel, carne y tejido conectivo, lo que permite a estos depredadores limpiar una
presa hasta el hueso. Además de su papel alimentario, estas papilas son esenciales
para el acicalamiento. Incluso la lengua de un gato doméstico puede raspar
perceptiblemente la piel humana debido a la rigidez y orientación de sus
papilas.
Otra característica relevante en los mamíferos es la amplia
distribución de las papilas gustativas sobre las superficies dorsal y
lateral de la lengua, lo que subraya su doble función en alimentación y percepción
gustativa. Las glándulas salivales mayores, altamente desarrolladas
en mamíferos, se encuentran separadas de la lengua y constituyen los
principales órganos de secreción salival. En cambio, las glándulas salivales
menores se ubican en regiones específicas del epitelio lingual. Un ejemplo
destacado es la glándula de Ebner, localizada bajo el surco que rodea
las papilas circunvaladas; esta secreta un fluido seroso que lava los surcos
gustativos, eliminando restos químicos y permitiendo una nueva estimulación de
los botones gustativos. Una correlación funcional similar entre papilas
gustativas y glándulas menores se observa en las papilas foliadas,
también características de mamíferos.
Enlace
a la [Figura:
Lengua de los félidos]
El epitelio de la mucosa oral que rodea la lengua tiende a
ser más suave en mamíferos que en aves, debido a la mayor humedad generada por
el abundante desarrollo de glándulas salivales. Sin embargo, la importancia
funcional de la lengua en la alimentación varía entre grupos. En primates,
pandas, mapaches (Procyonidae), nutrias marinas (Enhydra) y otros
carnívoros que utilizan las manos para manipular alimento, la dependencia
mecánica de la lengua puede ser menor que en especies que procesan
exclusivamente con la boca. En humanos, además, la preparación culinaria reduce
la dureza del alimento, lo que probablemente contribuye a que la
queratinización del epitelio lingual sea menos intensa que en muchos otros
mamíferos.
Enlace
a la [Figura:
Lengua de las jirafas]
Enlace
a la [Figura: Lengua del oso hormiguero]
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