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miércoles, 25 de febrero de 2026

Figura. Lengua de la jirafa

 
La lengua de la jirafa es una estructura notablemente larga, musculosa y prensil, adaptada a su dieta folívora especializada. Puede alcanzar entre 40 y 50 centímetros de longitud, lo que le permite acceder a hojas situadas en ramas altas, especialmente de acacias. Su coloración oscura, que varía entre púrpura y azul negruzco, se asocia con una alta concentración de melanina, lo que proporciona protección frente a radiación solar intensa durante largas horas de alimentación. Esta pigmentación reduce el riesgo de daño tisular en un órgano frecuentemente expuesto al exterior.

Desde el punto de vista funcional, la lengua actúa como un órgano prensil altamente flexible, capaz de enrollarse alrededor de ramas y seleccionar hojas individuales. La superficie presenta un epitelio grueso y parcialmente queratinizado, lo que confiere resistencia frente a espinas y superficies ásperas. Las papilas linguales, especialmente las filiformes, contribuyen a la manipulación del alimento y facilitan el arrastre hacia la cavidad oral. La combinación de musculatura potente y epitelio resistente permite a la jirafa alimentarse de plantas espinosas sin sufrir lesiones significativas. Además, la lengua trabaja coordinadamente con los labios móviles y el paladar duro, formando un sistema integrado de recolección vegetal.

En términos evolutivos, esta lengua representa una adaptación extrema dentro de los mamíferos rumiantes de gran tamaño, optimizada para explotar nichos alimentarios elevados. La capacidad de extensión, torsión y retracción rápida maximiza la eficiencia energética al minimizar el desplazamiento corporal. Así, la lengua de la jirafa no solo es un rasgo anatómico llamativo, sino una herramienta funcional clave que sustenta su estrategia trófica y su éxito ecológico en sabanas africanas.

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