La lengua del oso hormiguero es una estructura extraordinariamente
larga, cilíndrica y protráctil, especializada en la captura de insectos
sociales como hormigas y termitas. Puede extenderse más de 50 centímetros en
especies grandes, superando ampliamente la longitud del cráneo. A diferencia de
muchos mamíferos, la lengua no está firmemente anclada al piso de la cavidad
oral, sino que se inserta profundamente en la región torácica mediante un
complejo sistema muscular asociado al aparato hioideo elongado. Esta
disposición permite una proyección rápida y repetida, esencial para explotar
colonias densas de insectos.
La superficie lingual está recubierta por un epitelio
resistente y presenta una capa abundante de secreciones salivales pegajosas,
producidas por glándulas salivales hipertrofiadas. Estas secreciones permiten
que hormigas y termitas queden adheridas instantáneamente al contacto. La
lengua se mueve hacia dentro y fuera a gran velocidad, en ciclos que pueden
repetirse varias veces por segundo. Además, la musculatura longitudinal
facilita la retracción eficiente una vez capturada la presa. El oso hormiguero
carece de dientes funcionales, por lo que la lengua cumple un papel central en
la obtención y transporte del alimento hacia el esófago.
Desde el punto de vista evolutivo, esta lengua representa
una adaptación extrema dentro de los mamíferos insectívoros especializados,
particularmente en el orden Pilosa. La combinación de longitud, movilidad y
adhesividad compensa la ausencia de dentición y la estrechez del hocico
tubular. El cráneo alargado, la mandíbula reducida y la potente musculatura
cervical trabajan coordinadamente con la lengua para acceder a túneles y
galerías subterráneas. Así, la lengua del oso hormiguero no es solo un órgano
manipulador, sino una herramienta altamente especializada que define su
estrategia trófica y su éxito ecológico en ambientes tropicales.
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