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Los marsupiales
y placentarios pertenecen a Theria, una de las grandes ramas de Mammalia.
Conviene precisar que los marsupiales también son mamíferos: la comparación
correcta es entre Metatheria, que incluye a los marsupiales y sus
parientes fósiles, y Eutheria, que incluye a los placentarios y sus
parientes fósiles. Ambos linajes heredaron una arquitectura craneal muy
distinta de la observada anteriormente en cinodontos y mamaliaformes tempranos.
La mandíbula inferior está constituida esencialmente por un único hueso, el dentario,
que se articula directamente con el escamoso. Los antiguos huesos
postdentarios dejaron completamente la mandíbula: el articular se
transformó evolutivamente en el martillo, el cuadrado en el yunque
y, junto con el estribo, forman los tres huesecillos del oído medio. La
larga transición estudiada desde los terápsidos queda así completada en los
terios modernos.
La dentición
también alcanzó una organización extraordinariamente eficaz. Los primeros
terios poseían molares tribosfénicos, dientes cuyas cúspides permiten
combinar corte y trituración en una misma pieza. En los molares
inferiores existe una región llamada talónido, mientras en los
superiores aparece el protocono; durante la mordida ambas superficies
interactúan para triturar alimento, mientras otras crestas funcionan como
pequeñas cuchillas. Esta innovación proporcionó una gran flexibilidad
alimentaria y posteriormente pudo modificarse para producir dientes especializados
en carne, hojas, frutos, semillas o insectos. El sistema tribosfénico está
relacionado también con movimientos tridimensionales de la mandíbula y una
compleja coordinación de la musculatura masticatoria (Luo et al., 2001;
Bhullar et al., 2019). Nature
[Los
marsupiales actuales] se agrupan
en siete órdenes principales: Didelphimorphia, Paucituberculata,
Microbiotheria, Dasyuromorphia, Peramelemorphia, Notoryctemorphia y
Diprotodontia. Australidelphia incluye a Microbiotheria y los
órdenes australianos. Su distribución moderna no refleja por sí sola su
parentesco. La diversidad marsupial comprende formas herbívoras, carnívoras, insectívoras y excavadoras,
resultado de una amplia radiación evolutiva ramificada.
La separación entre
los linajes que posteriormente producirían marsupiales y placentarios
ocurrió durante el Mesozoico. A primera vista sus cráneos adultos conservan
numerosos elementos comunes: premaxilar, maxilar, nasal, frontal, parietal,
escamoso, jugal, palatino y dentario, además de un oído medio completamente
separado de la mandíbula. Sin embargo, la evolución posterior produjo
diferencias importantes en las proporciones de estos huesos, la dentición y,
especialmente, el desarrollo embrionario del cráneo.
Los marsupiales
desarrollaron una estrategia reproductiva extrema. La gestación suele ser
relativamente corta y las crías nacen en un estado muy inmaduro. Un recién
nacido de muchas especies debe desplazarse hasta una glándula mamaria y
comenzar a alimentarse cuando una gran parte de su cuerpo todavía está poco
desarrollada. Esto genera una exigencia extraordinaria: la región utilizada
para succionar, respirar y sujetarse al pezón debe funcionar antes que
otras partes del cráneo. Por esta razón, huesos próximos a la cavidad oral,
especialmente el dentario, maxilar y premaxilar, aparecen o establecen
conexiones relativamente temprano durante el desarrollo (Spiekman &
Werneburg, 2017). Nature
La cabeza de un
marsupial recién nacido parece así desarrollarse siguiendo prioridades
distintas de las observadas en muchos placentarios. Mientras ciertas regiones
relacionadas con la boca están funcionalmente adelantadas, otras partes pueden
encontrarse todavía poco osificadas. Estudios comparativos han mostrado que
esta heterocronía, es decir, un cambio evolutivo en el momento en que
aparecen determinadas estructuras, afecta profundamente a la formación del
cráneo. La evolución marsupial no representa simplemente una versión
“primitiva” del desarrollo mamaliano. Estudios morfométricos recientes sugieren
incluso que el patrón marsupial es particularmente derivado y presenta
características de pedomorfosis craneal, mientras el desarrollo
placentario parece conservar mejor algunos aspectos reconstruidos para el
antepasado terio (White et al., 2023). ScienceDirect
[El
canguro rojo], Osphranter rufus, es el marsupial viviente
de mayor tamaño y un representante de Diprotodontia. Habita ambientes áridos
y semiáridos de Australia, consume principalmente gramíneas y se desplaza
mediante saltos energéticamente eficientes. Su éxito evolutivo combina locomoción
especializada, dieta herbívora, reproducción marsupial flexible y tolerancia a
la aridez, favoreciendo poblaciones abundantes.
[El
cráneo del canguro rojo], Osphranter rufus, presenta rostro
alargado, diastema e incisivos prominentes, adaptados a una dieta
herbívora. Sus molares amplios y la fuerte musculatura masticatoria
permiten triturar vegetación fibrosa. Conserva el patrón terio de dentario
único, articulación dentario–escamoso y oído medio con tres huesecillos,
dentro de una especialización propia de los macropódidos.
Estas diferencias
tempranas pueden influir posteriormente en las posibilidades evolutivas del
cráneo. Durante mucho tiempo se propuso que la necesidad de tener una boca
funcional inmediatamente después del nacimiento restringía fuertemente la
diversidad craneal de los marsupiales. La hipótesis tiene cierto apoyo para
determinadas regiones: los huesos asociados directamente con alimentación
temprana parecen encontrarse más condicionados durante el desarrollo. Sin embargo,
cuando se estudia todo el cráneo, los marsupiales pueden alcanzar una
considerable diversidad de formas. Existen cráneos extremadamente diferentes
entre zarigüeyas, canguros, koalas, wombats, topos marsupiales y depredadores
como el demonio de Tasmania. La restricción, por tanto, no significa ausencia
de evolución, sino que ciertas regiones pueden disponer de menos libertad
para modificar sus primeras etapas de desarrollo (Bennett & Goswami,
2013; Spiekman & Werneburg, 2017). PubMed Central (PMC)
Los placentarios
siguieron otro camino reproductivo. La permanencia embrionaria dentro del útero
puede ser mucho más prolongada y la placenta permite un intercambio
fisiológico sostenido entre madre y embrión. Esto no significa que todos los
placentarios nazcan muy desarrollados —un ratón recién nacido es extremadamente
inmaduro—, sino que las presiones evolutivas que actúan sobre el momento de
funcionamiento de la boca y las extremidades son diferentes. Como resultado, la
evolución placentaria produjo una diversidad craneal extraordinaria: desde el
diminuto cráneo de una musaraña hasta los cráneos gigantes de elefantes y
ballenas.
Una característica
fundamental del cráneo mamaliano es su modularidad. El cráneo no
funciona como una única pieza que deba transformarse completamente al mismo
tiempo. Rostro, bóveda cerebral, base craneal, aparato masticatorio y región
auditiva poseen historias de desarrollo relacionadas pero parcialmente
independientes. Un análisis de más de 300 euterios vivientes y fósiles encontró
que distintas regiones craneales poseen velocidades evolutivas diferentes,
relacionadas tanto con su origen embrionario como con sus funciones ecológicas.
El hocico puede alargarse enormemente sin exigir una transformación equivalente
de la región auditiva; los huesos que soportan colmillos pueden modificarse
rápidamente mientras otras partes permanecen relativamente conservadas (Goswami
et al., 2023). PubMed Central (PMC)
[El
tilacino], Thylacinus cynocephalus, fue el último representante
de Thylacinidae y un gran marsupial carnívoro de Australia y
Tasmania. Presentaba hocico alargado, dentición depredadora y fuerte convergencia
evolutiva con los cánidos. Su linaje tuvo éxito durante millones de años,
pero la especie desapareció en 1936 tras persecución humana, alteración del
hábitat y baja diversidad genética.
[El
cráneo del tilacino], Thylacinus cynocephalus, presentaba hocico
alargado, grandes caninos y dientes posteriores cortantes, adaptados a una
dieta carnívora. La mandíbula poseía una abertura mandibular por donde
ingresaban nervios y vasos hacia los dientes inferiores. Su anatomía muestra
una fuerte convergencia con los cánidos, aunque conservaba una
arquitectura craneal típicamente marsupial.
La dentición
muestra quizá todavía mejor esta capacidad evolutiva. El molar tribosfénico
ancestral puede transformarse radicalmente. En carnívoros, algunas crestas
aumentan y producen dientes especializados para cizallar carne; en
herbívoros pueden aparecer coronas altas, superficies plegadas o complejas
baterías trituradoras; en especies insectívoras pueden mantenerse cúspides
puntiagudas apropiadas para romper exoesqueletos. Incluso estructuras
semejantes pueden surgir independientemente en marsupiales y placentarios
sometidos a presiones ecológicas parecidas. Los dientes carniceros del lobo y
del extinto tilacino, por ejemplo, pertenecen a linajes diferentes y fueron
producidos mediante convergencia evolutiva, no heredados de un
depredador común especializado.
Esta flexibilidad
procede de un sistema que ya combinaba corte y trituración. Los molares
tribosfénicos constituyeron así una plataforma anatómica sobre la cual la
selección natural pudo producir numerosas configuraciones. Sin embargo, la
tribosfenia tampoco debe presentarse como una invención que apareció una única
vez en toda la historia mamaliana. Existen estructuras semejantes en grupos
mesozoicos cuya interpretación filogenética indica episodios de convergencia,
lo que muestra nuevamente que una solución funcional útil puede evolucionar
independientemente (Luo et al., 2001). Nature
Atlantogenata
Dentro de los
mamíferos placentarios actuales se reconocen cuatro grandes agrupaciones: Afrotheria,
Xenarthra, Laurasiatheria y Euarchontoglires. Laurasiatheria incluye, entre
otros, murciélagos, carnívoros, caballos, cetáceos y ungulados pares;
Euarchontoglires incluye primates, roedores, lagomorfos, dermópteros y
escandentios. Estos dos grandes grupos forman Boreoeutheria. Afrotheria
reúne linajes tan diferentes como elefantes, damanes, sirenios, tenrecs,
musarañas elefante y cerdo hormiguero. Xenarthra comprende armadillos,
perezosos y osos hormigueros.
[Atlantogenata]
reúne, según una hipótesis filogenética, a Xenarthra y Afrotheria.
Sus principales linajes probablemente comenzaron a separarse antes del límite K–Pg,
pero tras la extinción de hace 66 millones de años ocurrió una rápida radiación
ecológica. Surgieron formas herbívoras, excavadoras, insectívoras y
acuáticas, favorecidas por nuevos nichos ecológicos y posteriores
procesos de convergencia evolutiva.
La hipótesis
denominada Atlantogenata propone que Afrotheria y Xenarthra son grupos
hermanos y que juntos forman la rama hermana de Boreoeutheria. Grandes análisis
genómicos han encontrado apoyo para esta relación (Wildman et al., 2007;
Hallström et al., 2007). PubMed Sin embargo, es importante presentar esta
parte del árbol con cierta cautela. La separación de estos grandes linajes
ocurrió en un intervalo evolutivamente breve y muy antiguo, dejando ramas
internas cortas. Algunos análisis recuperan alternativamente a Afrotheria
como la primera rama divergente de Placentalia, formando la hipótesis
denominada Exafroplacentalia. Incluso estudios modernos continúan reconociendo
esta incertidumbre, aunque Atlantogenata recibe un apoyo considerable en
numerosos conjuntos filogenómicos (Upham et al., 2019). PLOS
[Los
armadillos]pertenecen a Cingulata, dentro de Xenarthra. Su nombre
alude a su característica coraza de osteodermos. Presentan garras
excavadoras, hocico alargado y dentición simplificada, y muchas especies
consumen invertebrados. Su éxito evolutivo se relaciona con protección
corporal, excavación, dieta flexible y tolerancia ecológica, aunque los
actuales representan solo una fracción de una radiación cenozoica mucho mayor.
[El
cráneo de los armadillos] es alargado y bajo, con rostro estrecho,
arco cigomático completo y dientes molariformes simples. La cabeza está
protegida por osteodermos dérmicos, separados del cráneo verdadero. Su
dentición presenta escasa diferenciación y, en muchas especies, reducción del
esmalte. Esta anatomía refleja una alimentación generalista y una marcada especialización
protectora y excavadora.
Lo sorprendente es
que observar solamente los cráneos difícilmente permitiría descubrir estas
relaciones. Un elefante, un tenrec, un manatí y un cerdo
hormiguero parecen animales profundamente diferentes, pero los datos
moleculares los reúnen dentro de Afrotheria. Algo semejante ocurre entre un
perezoso, un armadillo y un oso hormiguero dentro de Xenarthra. Esto demuestra
una limitación importante de la anatomía comparada: millones de años de adaptación
ecológica pueden modificar radicalmente la apariencia de estructuras
homólogas.
En Afrotheria
existen cráneos adaptados a funciones extremadamente distintas. Los elefantes
presentan enormes alveolos para los incisivos transformados en defensas,
un rostro modificado por la trompa y extensas superficies para musculatura
masticatoria. Los sirenios poseen cráneos densos y especializados para la
alimentación acuática. Los tenrecs pueden tener hocicos pequeños y alargados
relacionados con insectivoría. Incluso el oído interno muestra fuertes
modificaciones y convergencias ecológicas dentro de Afrotheria, demostrando que
la historia filogenética y la forma visible del cráneo no siempre coinciden
fácilmente (Schwab et al., 2024). Nature
Xenarthra presenta
otras especializaciones. En los armadillos, el cráneo suele ser alargado y
bajo, mientras numerosos dientes son simplificados y carecen del esmalte
complejo típico de muchos otros mamíferos. Los osos hormigueros llevaron esta
tendencia mucho más lejos: perdieron completamente los dientes y desarrollaron
un rostro tubular extremadamente largo, acompañado por una lengua
especializada para capturar insectos sociales. Los perezosos poseen una
dentición reducida y altamente modificada, sin los incisivos y caninos típicos
de muchos terios. Estas diferencias hacen evidente que pertenecer a un mismo
gran linaje no obliga a conservar una forma craneal parecida.
[Los
elefantes] son los únicos proboscídeos vivientes, descendientes de
una radiación iniciada hace unos 60 millones de años. Evolucionaron gran
tamaño, defensas, trompa muscular, extremidades columnares y complejas
conductas sociales. Su éxito se relacionó con la diversificación ecológica,
migraciones y ocupación de numerosos ambientes. Actualmente sobreviven pocas
especies frente a la enorme diversidad fósil de Proboscidea.
[El
cráneo de los elefantes] presenta una enorme abertura nasal
para la trompa y órbitas pequeñas situadas lateralmente. Su forma pudo inspirar
interpretaciones antiguas: algunos propusieron que cráneos fósiles de elefantes
fueron confundidos con cíclopes de un solo ojo. Aunque esa hipótesis no
está demostrada, sí existen evidencias de fósiles asociados culturalmente con gigantes,
héroes y monstruos.
Los placentarios
muestran así una capacidad extraordinaria para modificar los componentes del
cráneo conservando una estructura mamaliana fundamental: dentario único,
articulación dentario–escamoso, oído medio de tres huesecillos, paladar
secundario y dentición regionalizada cuando los dientes están presentes.
Sobre esta base común, la evolución puede alterar tamaño, proporciones, número
de dientes, musculatura, sistemas sensoriales y orientación de las órbitas.
El estudio de marsupiales,
afroterios y xenartros también permite comprender que un cráneo no puede
clasificarse únicamente como “avanzado” o “primitivo”. Una especie puede
conservar determinados caracteres ancestrales y simultáneamente presentar
especializaciones extremas en otras regiones. Los marsupiales poseen un
desarrollo neonatal muy particular; los elefantes transformaron incisivos en
enormes defensas; los osos hormigueros eliminaron completamente su dentición;
los cetáceos reorganizaron rostro, oído y vías respiratorias. Todos estos
animales son igualmente modernos y han recorrido historias evolutivas
independientes desde sus respectivos ancestros.
Figura 6.
Modularidad craneal en los mamíferos: rostro, dentición, caja cerebral y oído
como regiones parcialmente independientes.
Referencias
Bennett, C. V.,
& Goswami, A. (2013). Statistical support for the hypothesis of
developmental constraint in marsupial skull evolution. BMC Biology, 11,
52. Artículo en acceso abierto
Bhullar, B.-A. S.,
Manafzadeh, A. R., Miyamae, J. A., Hoffman, E. A., Brainerd, E. L., Musinsky,
C., & Crompton, A. W. (2019). Rolling of the jaw is essential for mammalian
chewing and tribosphenic molar function. Nature, 566, 528–532. Artículo en Nature
Hallström, B. M.,
Kullberg, M., Nilsson, M. A., & Janke, A. (2007). Phylogenomic data
analyses provide evidence that Xenarthra and Afrotheria are sister groups. Molecular
Biology and Evolution, 24(9), 2059–2068. Artículo en Molecular Biology and Evolution
Luo, Z.-X.,
Cifelli, R. L., & Kielan-Jaworowska, Z. (2001). Dual origin of tribosphenic
mammals. Nature, 409, 53–57. Artículo en Nature
Smith, K. K.
(1997). Comparative patterns of craniofacial development in eutherian and
metatherian mammals. Evolution, 51(5), 1663–1678. Artículo en Evolution
Spiekman, S. N. F.,
& Werneburg, I. (2017). Patterns in the bony skull development of
marsupials: High variation in onset of ossification and conserved regions of
bone contact. Scientific Reports, 7, 43197. Artículo en Scientific Reports
Upham, N. S.,
Esselstyn, J. A., & Jetz, W. (2019). Inferring the mammal tree:
Species-level sets of phylogenies for questions in ecology, evolution, and
conservation. PLOS Biology, 17(12), e3000494. Artículo en PLOS Biology
White, H. E., et
al. (2023). Pedomorphosis in the ancestry of marsupial mammals. Current
Biology, 33. ScienceDirect
Wildman, D. E., Chen, C., Erez, O., Grossman, L. I., Goodman, M., & Romero, R. (2007). Evolution of the mammalian placenta revealed by phylogenetic analysis. Proceedings of the National Academy of Sciences. PubMed
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